PREGUNTA 11
¿Cómo evolucionaron los precios de los productos primarios en el curso del último cuarto del siglo XX?
A fi nales de los años setenta y principios de los años 2000, los países del Sur tuvieron que hacer frente a un cambio drástico: la caída del precio de las materias primas y de los productos agrícolas, que hasta entonces exportaban con una tendencia al alza.
Efectivamente, los préstamos se habían acordado en su mayor parte en monedas fuertes, como el dólar. Por lo tanto, y esto es un elemento esencial, los pagos debían efectuarse en la misma moneda en que se había contratado el préstamo, pues el acreedor que había prestado dólares, por ejemplo, quiere re- cuperarlos: no está en absoluto interesado en recibir francos congoleños de la RDC o cualquier otra moneda de un país en desarrollo. En el curso de los años setenta, con una deuda ga- lopante, los países deudores tuvieron que procurarse cada vez más divisas fuertes para pagar a sus acreedores. Para ello, no tenían más opción que vender sus productos a aquellos que poseían monedas fuertes. Los PED debieron por consiguiente orientar su política económica en función de las expectativas de los actores económicos situados en el exterior, en particular en los países industrializados.
Produzcamos aquello que necesitamos y consumamos lo que producimos en lugar de importarlo.
Condicionados por la prosecución de los pagos a toda cos- ta, los PED tuvieron que exportar cada vez en mayor cantidad sus productos «tropicales» o sus recursos mineros. Reforzaron así su especialización en ciertos productos básicos, de los que resultaron dependientes, como el cobre para Zambia y Chile, o la bauxita para Guinea y Jamaica. Actuando de este modo, pusieron al mismo tiempo en el mercado una cantidad mayor de los mismos bienes primarios (café, cacao, té, algodón, azúcar, cacahuete, minerales, petróleo, etc.), mientras que en el Norte la demanda no aumentaba en la misma proporción, a causa de la crisis que se había declarado. Los PED se vieron compitiendo entre ellos y de este modo el valor de los bienes primarios —in- cluido el petróleo, cuyo precio había experimentado en fuerte aumento a partir de 1973— se hundió. En 1981 tuvo lugar el giro fundamental cuando el precio del petróleo sufrió una fuerte caída, lo que provocó en 1982 la crisis de la deuda en México, un país exportador de crudo. Para ciertas materias primas el precio ya había caído unos años antes, como en el caso del co- bre, que se hundió en 1974 provocando una crisis de pago en el Zaire de Mobutu.1
Desde una perspectiva universal, esta caída fue irregular, con períodos de desplome de los precios seguidos de picos de alza más cortos. Pero la tendencia media en el período 1977-2001 fue netamente a la baja para todas las categorías de los productos primarios, a razón del 2,8% anual de promedio.2
Esta caída llego al 1,9% anual para los minerales y los metales, que en el caso de la plata, el estaño y el tungsteno fue superior al 5%. Entre 1997, año de la grave crisis económica sobrevenida en el sureste asiático, y el 2001, los precios descendieron, en promedio, «un 53% de su valor real [...] esto signifi ca que los productos básicos perdieron más de la mitad de su poder de compra con respecto a los artículos manufacturados».3Por lo
demás, el estudio de la estructura de las exportaciones mun- diales muestra que los países ricos exportan en valor dos de cada tres productos manufacturados, mientras que los países en
1. Véase el folleto «A qui profi tent toutes les richesses du peuple congolais. Pour un audit de la dette congolaise», CADTM, 2007, p. 15.
2. En dólares constantes de 1985. Véase CNUCED, Annuaire des produits de base, 2003. http://r0.unctad.org/infocomm/yearbook/coverpagefr.htm.
3. Véase CNUCED, Le développement économique en Afrique. Résultats commerciaux et dépendance à l’égard des produits de base, Ginebra, 2003.
75 La crisis de la deuda
desarrollo exportan más de uno de cada dos productos básicos. Es decir, los PED siguen siendo ante todo un lugar de cosecha y extracción, aportando el material en bruto indispensable para una economía mundializada, de la que no obtienen más que una magra parte de los benefi cios.
En todo caso, tras la inversión de tendencia de los precios de principios de los años ochenta, la situación fi nanciera de los países endeudados se ha vuelto más difícil. No sólo no basta acrecentar la producción, sino que aun agrava el fenómeno de una oferta demasiado importante en el mercado mundial. Las políticas de ajuste estructural que se aplicaron (véanse las preguntas 17 y 18) les han quitado las redes de protección que tenían.
El libre juego de las fuerzas del mercado asociado a la libera- lización y a la desregulación de los precios ha sido promovida como mecanismo que garantiza el reparto más efi caz de los recursos y de las ganancias socioeconómicas. El concepto de estabilización internacional de los precios de los productos básicos ha sido así severamente derrotado. (CNUCED)4
PREGUNTA 12
¿Qué papel desempeñó la evolución de los tipos de interés en la crisis de la deuda de 1982?
A fi nes del año 1979, para salir de la crisis que lo asolaba (como a la mayoría de los países industrializados), y reafi rmar su liderazgo mundial después de las vergonzosas derrotas en Vietnam en 1975, en Irán (derrocamiento del Sha en febrero de 1979) y en Nicaragua (derrocamiento del dictador Anastasio Somoza en julio de 1979), Estados Unidos inició un giro ultra- liberal, que proseguiría después del acceso de Ronald Reagan a la presidencia, en enero de 1981. Ya desde algunos meses atrás, el Reino Unido, bajo la férula del gobierno de Margaret Thatcher, había emprendido la variante neoliberal dura. Paul Volcker, director de la Reserva Federal estadounidense, decidió un fuerte aumento de las tasas de interés. Para quienes tenían
capitales disponibles esto signifi có que de pronto se hizo in- teresante colocarlos en Estados Unidos, pues obtendrían un mayor benefi cio. Este era precisamente uno de los objetivos de Volcker: atraer capitales para relanzar la maquinaria económica estadounidense (especialmente por un amplio programa militar- industrial). Los inversores de todo el planeta se abalanzaron con avidez. Uno tras otro, los gobiernos europeos siguieron el movimiento de subida de los tipos de interés a fi n de retener los capitales en casa.
Evolución de la prime rate (tasa de interés estadounidense) entre 1970 y 1981 20 16 12 8 4 0 -4 1970 1971 1972 1973 1974 1975 1976 1977 1978 1979 1980 1981 Tasa nominal Tasa real (deducida la infl ación)
Las cifras son elocuentes:
Año Tasa nominal Tasa real
(deducida la infl ación)
1970 7,9% 2,0%
1975 7,9% -1,3%
1979 12,7% 1,4%
1980 15,3% 1,8%
77 La crisis de la deuda
Como se ve, durante los años setenta el tipo de interés real era muy bajo, incluso negativo. Era entonces interesante endeu- darse: cuando el tipo de interés es negativo, la infl ación es más importante que el tipo de interés nominal, por lo que el coste del préstamo es bajo, cuando no nulo.
Durante este período, los gastos que representaba la amor- tización de la deuda eran sostenibles, tanto más si los ingresos por exportación eran altos y orientados al alza.
Con el giro de los años ochenta, la situación cambió ra- dicalmente. Las tasas de interés de los préstamos bancarios concedidos a los países del Sur eran bajas, pero variables y vinculadas a las tasas estadounidenses y británicas (de hecho, indexadas con el Prime Rate y el Libor, dos índices fi jados en Nueva York y en Londres). Del orden del 4-5% en los años 1970, pasaron al 16-18%, e incluso a un tipo aún mayor en lo más duro de la crisis, pues la prima de riesgo (véase el glosario) se hizo enorme. Así, de un día para otro, los países del Sur tu- vieron que pagar intereses tres veces más altos, mientras los ingresos por exportación descendían (véase la pregunta 11). Las reglas habían sido modifi cadas unilateralmente por los países acreedores. En efecto, por una parte fueron los Bancos Centrales de los países más industrializados, empezando por la Reserva Federal, los que decidieron de manera unilateral el aumento de los tipos de interés. Por otra parte, fueron también los países más industrializados los que empujaron a la baja los precios de los bienes primarios. La «trampa» se cerró sobre los países endeudados. Poco importa si se trató o no de un complot. El resultado está ahí: los países endeudados del Tercer Mundo cayeron bajo la férula de los acreedores.
Las consecuencias fueron terribles. Los países del Sur tuvie- ron que pagar mucho más aún disponiendo de menos ingresos: se encontraron apresados en la tenaza de la deuda, incapaces de hacer frente a los vencimientos de los reembolsos. Tuvieron que volver a endeudarse, pero esta vez a un precio mayor. La situación se deterioró muy rápidamente.
En agosto de 1982, México fue el primer país que declaró que ya no estaba en condiciones de pagar. Otros países endeu- dados, como Argentina y Brasil, lo siguieron. Fue la crisis de la deuda que sacudió todos los países del Sur. Incluso los países del Este europeo fueron alcanzados, en particular Polonia, y un poco más tarde Yugoslavia y Rumania.
El desarrollo según el modelo dominante
Lo que realmente pasó
Endeudamiento del Tercer Mundo por
emprétitos Ingresos por exportación en alza Modernización de la industria y de la agricultura para la exportación Reembolso de la deuda y participación en el crecimiento mundial Endeudamiento del
Tercer Mundo por empréstitos
Sobreendeudamiento y crisis de la deuda Aumento de las
tasas de interés y caída del precio
de los bienes primarios Aumento de la
exportación de bienes primarios
Esta crisis de la deuda resonó como un trueno. Las insti- tuciones internacionales, que se supone que deben regular el sistema y prevenir las crisis, no lanzaron mensajes de alerta y jugaron la carta de la serenidad.
Será más difícil para los países en desarrollo gestionar su deuda, pero [las tendencias] no anuncian ningún problema generalizado.
BANCO MUNDIAL, Informe sobre el desarrollo en el mundo 1981
Sin embargo, el Banco Mundial y el FMI veían que los nuba- rrones se acumulaban y sabían que se estaba formando un tifón, pero no querían hacer público el boletín real de la meteorología de la economía. Querían dar tiempo a los grandes bancos para retirarse sin sufrir daños.5 Y con razón, el presidente del Banco
Mundial no era otro que un ex principal directivo de uno de los mayores bancos privados de Estados Unidos, el Bank of America, que había prestado a troche y moche a México y al resto de Latinoamérica.
En resumen, la crisis de la deuda fue provocada por dos fenómenos que se sucedieron rápidamente:
– el crecimiento muy importante de las sumas a reembolsar, debido al fuerte aumento de las tasas de interés decidido por Washington;
5. Véase el capítulo 12 de Éric Toussaint, Banco Mundial. El golpe de Es- tado permanente.
79 La crisis de la deuda
– la caída también muy importante del precio en el mercado internacional de los productos exportados por los países endeudados, con los que pagan sus préstamos, a lo que se sumó el corte de los préstamos bancarios.6
Todos los países endeudados de Latinoamérica, de África y algunos de Asia, como Corea del Sur, cualquiera que fuese su gobierno, cualquiera que fuese el grado de corrupción y de democracia, se vieron enfrentados a la crisis de la deuda.
Las responsabilidades fundamentales se encuentran esen- cialmente en el lado de los países más industrializados, de sus Bancos Centrales, de su banca privada y de sus Bolsas (Chicago, Londres, etc.) que fi jan los precios de los bienes primarios. La corrupción, la megalomanía y la falta de democracia en el Sur (véase la pregunta 10) constituyeron, por supuesto, factores agravantes, pero no son los que desencadenaron la crisis.
La crisis de la deuda latinoamericana en los años ochenta fue provocada por el enorme aumento de los tipos de interés causado por la política monetaria restrictiva del presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker, en Estados Unidos.
JOSEPH STIGLITZ, El malestar en la globalización
PREGUNTA 13
¿Tuvieron alguna responsabilidad en la crisis de la deuda el Banco Mundial, el FMI y la banca privada?
Sí, por cierto. Desde 1960, el Banco Mundial identifi caba el peli- gro de estallido de una crisis de la deuda con la incapacidad de los principales países endeudados de mantener los desembolsos crecientes. Las señales de alerta se multiplicaron en el curso de los años sesenta hasta el shock petrolero de 1973. Tanto los directivos del Banco Mundial como los banqueros privados y el Tribunal de Cuentas de Estados Unidos (General Accounting
6. Dos razones de este corte: 1) los bancos preferían ahora colocar su dinero en Estados Unidos y otros países industrializados, que también aumentaron los tipos de interés; 2) los bancos comenzaron a temer que el dinero que prestaban al Sur no fuese reembolsado a causa del deterioro de la situación de los países endeudados del Tercer Mundo. Pero deteniendo los préstamos provocaron la crisis que temían.
Offi ce, GAO) publicaron informes que destacaban el peligro de crisis. A partir del aumento del precio del petróleo en 1973 y del reciclado de los petrodólares por los grandes bancos privados de los países industrializados, el tono cambió radicalmente. El Banco Mundial dejó de hablar de crisis, a pesar de que el ritmo de endeudamiento se aceleraba. De hecho, entró en competencia con la banca privada concediendo el mayor número de présta- mos en el menor tiempo posible. Hasta el estallido de la crisis de 1982 empleaba un doble discurso. Uno, ofi cial, dirigido al público y a los países endeudados, diciendo que no había mo- tivos para inquietarse excesivamente, que si surgían problemas éstos serían de corta duración. El otro, alarmante, lo mantenía a puerta cerrada, en las discusiones internas.
Pasemos revista a algunas de las declaraciones que demues- tran que la crisis de la deuda no se presentó como un trueno en un cielo azul.
En 1969, Nelson Rockefeller, hermano del presidente del Chase Manhattan Bank, explicaba en un informe al presidente de Estados Unidos los problemas a los que tendría que hacer frente Latinoamérica:
El considerable nivel de las sumas prestadas a ciertos países del hemisferio occidental, a fi n de mantener su desarrollo, es tal que el pago de los intereses y la amortización absorbe una gran parte de sus ingresos por exportaciones. [...] Mu- chos países se ven obligados, en efecto, a contratar nuevos préstamos para disponer de las divisas necesarias para pa- gar el interés más la amortización de préstamos anteriores, y esto a tipos de interés más altos.7
Muchas naciones pobres han alcanzado ya un nivel de en- deudamiento que supera sus posibilidades de pago.
General Accounting Offi ce. 19698
Algún tiempo después, en 1970, en un informe al presidente de Estados Unidos, Rudolph Petersen, presidente del Bank of America, activó la alarma:
7. Véase Nelson Rockfeller, Report on the Americas, Quadrangle Books, 1969, p. 87, citado por Cheryl Payer, Lent and lost. Foreign Credit and Third World Development, Zed Books, 1991, p. 58.
8. Véase Banking, noviembre 1969, p. 45, citado por Cheril Payer, op. cit., p. 69.
81 La crisis de la deuda
El peso de la deuda en muchos países en desarrollo consti- tuye en este momento un problema urgente. A pesar de que ya se había anunciado hace diez años, no se ha tenido en cuenta. Las razones son múltiples, pero en cualquier caso, en algunos países, los futuros ingresos por exportación están hipotecados en tal grado que esto comprometerá la continuación de las importaciones, de las inversiones y del desarrollo.9
En resumen: diferentes fuentes infl uyentes de Estados Uni- dos, todas relacionadas entre sí, consideraban desde fi nales de los años sesenta que una crisis de la deuda podía estallar unos años más tarde.
También Robert McNamara, por su parte, consideraba que el ritmo de crecimiento del endeudamiento del Tercer Mundo constituía un problema y declaró:
A fi nales de 1972, la deuda se elevaba a 75.000 millones de dólares y el servicio anual de la misma superaba los 7.000 millones de dólares. El servicio de la deuda aumentó el 18% en 1970 y el 20% en 1971. La tasa media de aumento de la deuda desde la década de los 60 representa casi el doble de la tasa de crecimiento de los ingresos por exportaciones, con los que los países endeudados deben asegurar el servicio de la deuda. Esta situación no puede continuar indefi nidamente.10
A pesar de esto, el Banco que presidía mantuvo la presión sobre los países del Tercer Mundo para que incrementaran su endeudamiento.
A partir de 1973, el aumento del precio del petróleo y de otros productos primarios provocó una huída hacia delante, con un mayor endeudamiento. Eran raros los pronósticos pe- simistas.
La inversión de los excedentes de los países exportadores de petróleo en los mercados fi nancieros nacionales e inter-
9. Véase «Task Force on International Development», U.S. Foreign Assistance in the 1970s: a new approach, Report to the President, Government Printing Offi ce, 1970, p. 10.
10 .Véase Robert McNamara, Cien países, dos mil millones de seres. Tecnos, 1973, p. 94.
nacionales, combinada con la expansión de la fi nanciación internacional (en forma de préstamos bilaterales y multilate- rales), ha constituido una forma satisfactoria de transferen- cia de fondos para paliar el défi cit de la balanza de cuenta corriente de los países importadores de petróleo.
FMI, Annual Report 1975 Robert McNamara mostraba una gran confi anza en la segun- da mitad de los años setenta. En 1977 declaró en su alocución presidencial anual: «Los principales bancos y los principales países prestatarios actúan sobre la base de previsiones con- cordantes» y concluía: «Estamos incluso más confi ados hoy que hace un año: el problema de la deuda es gestionable».11
En octubre de 1978, un vicepresidente del Banco Mundial, Peter Cargill, responsable de fi nanzas, dirigió al presidente McNamara un memorándum titulado «Grado de riesgo en los activos del Banco Mundial» (Riskness in IBRD’s loans portfolio). En este texto, Cargill urgía al Banco Mundial a prestar mucha más atención a la solvencia de los países endeudados.12 Se-
gún Cargill, el número de países endeudados que arrastraban atrasos de pagos con el Banco Mundial o que buscaban una renegociación de su deuda multilateral había pasado de tres a dieciocho entre 1974 y 1978. Por su parte, McNamara manifestó, internamente, su preocupación en muchas oportunidades. En un memorándum redactado en octubre de 1979 se puede leer que si los bancos perciben que los riesgos aumentan, reducirán sus préstamos y «podríamos ver que una gran cantidad de países se encontrarían en situaciones extremadamente difíciles» (29 de octubre de 1979).13
El Informe sobre el desarrollo en el mundo, editado por el Banco Mundial en 1980, presenta un futuro optimista, previendo que las tasas de interés real se estabilizarían en un nivel muy bajo del 1%. Totalmente irreal. La evolución real lo ha demos- trado. Lo edifi cante es saber, gracias a los historiadores del Banco Mundial, que en la primera versión, no publicada, del informe fi guraba una segunda hipótesis basada en un tipo de