• No results found

• Haber detenido y comenzado a reducir la propagación

del VIH/sida en 2015

A fi nales del año 2006, 39,5 millones de personas estaban in- fectadas por el virus del sida (dos tercios de ellos en el África Subsahariana), esto es, hubo un aumento de 2,6 millones de infectados desde 2004 y de 6,1 millones desde 2001. La epidemia se expande a gran velocidad en Asia y en el ex bloque soviético, mientras que el número de personas afectadas por el virus se

20. Véase PNUD, Informe Mundial sobre el Desarrollo Humano 2002. http: //hdr.undp.org/en/media/libro_hdr_entero.pdf.

ha estancado en el África Subsahariana. Cerca de 3 millones de personas murieron a causa de esta enfermedad en el año 2006, cifra que signifi ca un aumento de más de un tercio con respecto a los 2,2 millones de 2001.

La situación se agrava a pesar de que el mundo dispone de los medios fi nancieros, de los conocimientos técnicos y de tratamientos para contener la enfermedad. Son muy pocas las personas que pueden acceder a los medicamentos antirretro- virales: no fueron más que 700.000 los que se pudieron bene- fi ciar de ellos, por primera vez, en el año 2006, frente a los 4,3 millones de nuevos casos.

Si ellos son tan pocos, en gran parte es porque los laborato- rios farmacéuticos, afi rmados en sus patentes que les garantizan la obtención de jugosos benefi cios a costa de los enfermos, se niegan a la copia de las moléculas que sus servicios de inves- tigación y desarrollo han puesto a punto. Esta copia permitiría a los pacientes del Tercer Mundo acceder a ellas a un precio más razonable. Para frenar las iniciativas de los gobiernos del Sur tendientes a fabricar medicamentos genéricos, las multi- nacionales farmacéuticas intentaron en primer término la vía jurídica. En 1997, el gobierno sudafricano aprobó una legisla- ción sanitaria que autorizaba a las empresas locales a producir medicamentos contra el sida, o a importarlos, sin pasar por las patentes de las grandes empresas. Ese mismo año, 39 grandes fi rmas del sector presentaron denuncias contra Sudáfrica.21 El

vicepresidente estadounidense, Al Gore,22 al frente de la comi-

sión de relaciones internacionales Estados Unidos-Sudáfrica, tomaba el asunto en sus manos a fi n de defender los intereses de la industria farmacéutica de su país. Finalmente, bajo la presión de la opinión pública internacional y de las movilizaciones en

21. Jeffrey Trewhitt, portavoz de la FIIM (Federación internacional de la industria del medicamento), denunció las leyes sudafricanas porque creaban «un precedente muy, muy malo, que podría minar la protección legítima de las patentes en el mundo. Se puede esperar que este peligro potencial brote en muchos países en desarrollo». Citado por Mike McKee, «Tripping over Trips», IP Magazine, San Francisco, septiembre de 1999, http://www.ipmg.com. Para una presentación detallada del contexto de la demanda, véase: Martine Bulard, «Les fi rmes pharmaceutiques organisant l’apartheid sanitaire», Le Monde di- plomatique, enero de 2000.

22. Por entonces, Al Gore era el vicepresidente de Estados Unidos de Bill Clinton. En 2000 se presentó a la elección de presidente por el Partido Demócra- ta. El elegido fue George W. Bush. Unos años más tarde, Al Gore logró mejorar su imagen pública gracias a su compaña sobre el cambio climático.

37 Derechos humanos, desarrollo y deuda

los campus universitarios estadounidenses, las multinacionales se vieron obligadas a retirar sus demandas. Pero no abandona- ron el combate y plantearon el debate en el seno de la Organi- zación Mundial del Comercio (OMC, véase la pregunta 23). El 14 de noviembre de 2001, con ocasión de la cumbre de Doha, en Qatar, la OMC autorizó a los países a conceder a una empresa nacional una «licencia obligatoria» que le permite copiar un fármaco en caso de situación de urgencia sanitaria. Pero sólo unos pocos (India, Brasil, Tailandia) disponen de una industria farmacéutica capaz de producirlo, lo que reduce drásticamente el alcance de esa medida.

Unos días antes de la siguiente cumbre de la OMC en el año 2003, en Cancún, México, se presentó otro acuerdo que permite a los países del Sur, después de haber satisfecho unas condiciones draconianas, importar fármacos genéricos contra el sida derogan- do el derecho de las patentes. De todos modos, esto no permite la importación fácil y efi caz de medicamentos contra el sida: tan sólo en julio de 2007, esto es, cuatro años más tarde, Ruanda fue el primero que recurrió a este acuerdo. Por lo tanto, la OMC logró cumplir su misión: impedir al máximo que los intereses de los enfermos del Sur primen sobre los de las multinacionales far- macéuticas, que quieren continuar sacando el máximo benefi cio. ¿Cómo puede uno asombrarse entonces de que el correspondiente objetivo del milenio no se pueda alcanzar?

No veo por qué se exigiría a la industria farmacéutica un esfuerzo específi co. Nadie le ha pedido a Renault que dé automóviles a quienes no tienen.

BERNARD LEMOINE, director general del Sindicato Nacional de la Industria Farmacéutica

de Francia, 2002

• Haber detenido y comenzado a reducir, en 2015, la incidencia de la malaria y otras enfermedades graves

En 1970, el número de muertes anuales relacionadas con el paludismo había descendido hasta llegar a las 500.000. Pero ha habido un cambio importante de tendencia: según el Banco Mundial, el paludismo afecta cada año entre 300 y 500 millo- nes de personas y causa alrededor de 1,2 millones de muertes, principalmente niños, y en su mayor parte en África. Incluso ha reaparecido en regiones donde había desaparecido por completo,

como en Oriente Medio y en Turquía.23 Según la Organización

Mundial de la Salud (OMS),24 cada 30 segundos muere un niño.

Las consecuencias económicas son gravísimas.

Sin embargo, las soluciones existen. La utilización de mos- quiteros impregnados de insecticida25 y el tratamiento com-

binado con artemisina, llamado TCA, constituyen un progreso real puesto que en un medio «agresivo», su combinación es el medio más efi caz para evitar el paludismo. Pero en ningún caso es sufi ciente y se debe acompañar obligatoriamente de políticas públicas de saneamiento del medio, en especial, la disminución de aguas estancadas propicias para el desarrollo de los mos- quitos. El problema de las viviendas y de la evacuación de las aguas usadas está por consiguiente en estrecha relación con el problema del paludismo.

Por otra parte, la tuberculosis es la causa de por lo menos 1,6 millones de muertes por año, afectando esencialmente a las personas más desvalidas, sin acceso a los tratamientos (en par- ticular a unos 195.000 seropositivos). De acuerdo con la ONU,26

el total de nuevos casos sigue en aumento: 8,8 millones en el año 2005, 7,3 millones de los cuales en el África Subsahariana y en Asia.

Es indispensable sacar algunas conclusiones del fracaso de las políticas sanitarias internacionales recientes. En primer tér- mino, se impone el cuestionamiento de las nuevas estructuras institucionales del sector de la salud (coparticipación pública- privada, emergencia de una «gobernanza mundial de la salud», en la cual los partícipes y las fundaciones privadas se llevan la mejor parte). Pero sobre todo es esencial asumir el hecho de que la salud está determinada principalmente por factores sociales y por ello hay que atacar las causas estructurales de los fracasos

23. Véase Julie Castro y Damien Millet, «Malaria and Structural Adjuste- ment: Prof. By Contradiction» en Christophe Boëte, Genetically Modifi ed Mos- quitoes for Malaria Control, Eurekah/Landes Bioscience, 2005.

24. Véase http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs094/es/index.html y http://www.rollbackmalaria.org.

25. La naturaleza de este insecticida es discutida, porque puede producir irritación de los ojos y la piel, así como prurito, lo que frena la instalación de estos mosquiteros. Por otra parte, el producto se evapora y con el tiempo los mosquiteros no vuelva a ser impregnados.

26. Véase ONU, Objetivos del Milenio para el desarrollo, Informe 2007, http: //mdgs.un.org/unsd/mdg/Resources/Static/Products/Progress2007/UNSD_MDG_ Report_2007s.pdf. Salvo indicación en contrario, las citas de la ONU en esta cuestión están sacadas de esta publicación.

39 Derechos humanos, desarrollo y deuda

actuales. El recrudecimiento del paludismo y de la tuberculosis está íntimamente relacionado con la desnutrición, la insufi ciencia de ingresos, falta de material sanitario y de personal competente, a las políticas neoliberales dictadas por el Banco Mundial y el FMI y aplicadas dócilmente por la inmensa mayoría de los go- biernos del planeta. Así, la mejora de la salud de las poblaciones depende, sin la menor duda, de la combinación del aumento del gasto público en materia de sanidad (aumento de los servicios, mejora de su calidad, gratuidad, contratación de personal, aumen- to de su salario, perfeccionamiento de su formación) y de obras públicas, tales como la canalización y saneamiento de las aguas servidas, sin olvidar una profunda reforma del modelo económico neoliberal que provocó, y provoca, el desmantelamiento de los sistemas sanitarios. Los daños en la sanidad son sólo una parte de los múltiples daños sociales de los que el modelo económico es responsable.

Es revelador del mundo enloquecido en el que vivimos que el médico, el maestro de escuela o el enfermero se sientan más amenazados por el conservadurismo fi nanciero que un general o un comandante de la fuerza aérea.

AMARTYA SEN, Premio Nobel de economía, «Salud y desarrollo», discurso pronunciado en la 52ª asamblea mundial de la salud, Ginebra, mayo de 1999