Section 3.1 explains the search strategy undertaken; section 3.2 introduces MMIs followed by a detailed critique of their effectiveness as an admissions instrument in section 3.3 Section 3
3.3. What is the effectiveness of multiple mini interviews?
3.3.4 Feasibility
para la venta de nitratos en el exterior. A su vez, aumentaron las protestas contra el gobierno y un amplio sector de la sociedad se unió en el ataque al dictador Ibáñez, que acabó por rendirse. El presidente Ibáñez cruzó la frontera hacia el destierro, dejando tras de sí un país arruinado por él (según sus adversarios) y, sobre todo, por una crisis que golpeaba los mercados extranjeros y dejaba a la moneda chilena desprovista de casi todo su valor99.
Durante 1930, Chile careció de un gobierno estable y el coronel Marmaduke Grove se convirtió en la figura más conocida. Fue un gobierno ineficaz, pero se caracterizó porque propició el surgimiento de una nueva institución: el Partido Socialista100. Un año después se celebraron elecciones presidenciales y de nuevo el ganador fue una figura política conocida: Arturo Alessandri, más interesado en este momento en el orden, que en el cambio. Alessandri actuó con dureza contra la oposición, en especial la de izquierdas, y en política económica su gobierno obtuvo un éxito considerable y estable101.
3.1.1. Modernidad, vanguardia y literatura en la década 1920‐1930
Tras la independencia de los países hispanoamericanos (hecho que provocó la ruptura de los lazos culturales con la metrópoli y suscitó la búsqueda de nuevas inspiraciones y de nuevas corrientes culturales), las 99 THOMAS SKIDMORE & METER SMITH, op. cit., pág. 139. 100 TULIO HALPERIN DONGHI, op. cit., pág. 337. 101THOMAS SKIDMORE & METER SMITH, op. cit., pág. 139.
jóvenes naciones de América intentaron definirse cada vez más, abordando los temas más inmediatos (relacionados con sus situaciones políticas o económicas) y reclamando las reformas básicas y radicales que venían reivindicando desde siglos. La necesidad de inspirarse indefectiblemente en modelos literarios extranjeros se hizo menos precisa. Los problemas del indio, las consecuencias de la colonización, el odio nacional al imperialismo extranjero y el caudillismo fueron los temas más tratados. La literatura hispanoamericana surgía como una respuesta creativa a la complejidad cultural de la independencia.
Al mismo tiempo, en aquellos años, surgía la vanguardia hispánica de los años veinte, a partir de la cual se reactiva una puesta al día de los “ismos” europeos y una liquidación del Modernismo, junto con el intento de explorar los valores específicos del lenguaje y del poema.
Los años centrales del decenio de 1920 habían supuesto para la economía mundial una crisis dramática que no se conocía desde la Revolución Industrial. La humanidad se replanteaba nuevas formas de organización y convivencia, de forma simultánea y con distinto énfasis, en los ámbitos artístico‐literario, sociocultural y político.
América Latina buscaba, por una parte, obtener una identidad propia, sin que sirvieran modelos pre‐establecidos, y, por otra, los nuevos artistas participaban con entusiasmo de la cultura importada de Europa, especialmente de Francia. París era, sin duda, la cuna de las vanguardias europeas. Marinetti publicaba en 1909 en el periódico francés Le Figaro el “Manifiesto futurista”, cuyas repercusiones en América Latina fueron casi inmediatas. Vicente Huidobro advertía, un año después, de la necesidad
de transformar la estética tradicional, que soportaba el influjo del simbolismo decadentista de Rubén Darío. Borges, en su primera época, hacía referencia a través de la metáfora ultraísta a la voluntad de “ver con ojos nuevos”102.
La historia del arte ha designado con el nombre de vanguardia los diferentes movimientos artísticos que surgieron aproximadamente entre los dos grandes conflictos mundiales, cubriendo de manera simultánea el ámbito social, político y artístico. Sin embargo, el fenómeno de las vanguardias latinoamericanas, en su afán de autonomía, libertad y democratización, hay que “dejar de considerarlo como un epifenómeno de las vanguardias europeas para tratar de comprenderlo como respuesta a condiciones históricas concretas”103.
La vanguardia latinoamericana desarrolla su acción y propuesta en dos momentos igualmente importantes, uno que va desde 1915 a 1929 y otro que abarca desde 1930 a 1940. Estos dos momentos en que se desarrolla el proceso de la vanguardia se enmarcan históricamente por los hitos que corresponden a la Primera Guerra Mundial (1914‐1918), la crisis económica mundial conocida como el crack del '29 (1929‐1930) y el inicio de la Segunda Guerra Mundial.
102
JORGE SCHWARTZ, Las vanguardias Latinoamericanas, Textos programáticos y
críticos, Cátedra, Madrid, 1991. Cita de “Al margen de la lírica moderna”. Nelson
Osorio T. rastrea esta metáfora de lo nuevo en el Manifiesto Euforista de Batista y
Palés Matos, en la revista de avance de Cuba y en el manifiesto válvula de Caracas.
Cfr. el “Prólogo” a Manifiestos, proclamas y polémicas de la vanguardia literaria
hispanoamericana, Caracas, Ayacucho, 1988, pág. 33.
103
A. J ALBERTO DE LA FUENTE, “Vanguardias literarias ¿Una estética que nos sigue
interpelando?”, Lit. Lingüística, Universidad Católica Silva Henríquez, nº 16,
Es importante destacar que en América Latina las vanguardias políticas y artísticas nacen juntas o bastante próximas en el tiempo. Los precedentes inmediatos son el “porfiriato” mexicano (1876‐1910), el régimen de Estrada Cabrera (1899‐1920), y el final de la dictadura venezolana de Juan Vicente Gómez, en 1935. En Brasil, la oligarquía renace luego de la derrota del proyecto democrático de Floriano Peixoto (1894) y se prolonga hasta los años veinte. En Chile, alrededor de 1891, también se frustra el proyecto democrático del presidente Balmaceda. Mientras se va produciendo una reacomodación oligárquico‐liberal hacia la democratización burguesa, representada por sectores progresistas, se lleva a cabo la protesta universitaria de 1918 en la ciudad de Córdoba y con ello se abre un nuevo panorama, acompañado del protagonismo de las clases medias104.
Las manifestaciones literarias y políticas se unen en la resistencia a la dominación de la oligarquía liberal, en el ámbito político, y en sus formas de expresión cultural y de asociación a partir de la influencia extranjera, en el ámbito cultural. Ello produce una tensión entre vanguardia artística y vanguardia política cuyas consecuencias son las diversas influencias en la producción cultural de los años veinte, que varían de acuerdo con el momento, los contextos y las experiencias individuales de los miembros de cada movimiento. Como afirma Jorge Swartz “no es posible limitar la
vanguardia a un perfil estético único”105. A este respecto, Luis Veres afirma106:
Una característica de la vanguardia es la conjugación estética y política,
cuestión que descarta la teoría de que existen dos vanguardias en
Latinoamérica: una vanguardia artística que se asemeja a una aventura
formalista, y subjetiva; y una vanguardia revolucionaria que pretende
cambiar las estructuras políticas y económicas del país mediante una
estética realista para el gran público. Ambas realizaciones responden a un mismo deseo o necesidad de acercar la literatura a la vida, de rechazar la
literatura anterior y señalar las injusticias y fallos de la sociedad
burguesa.
Jorge Schwartz distingue dos tendencias en la literatura hispanoamericana de los años 20‐30, una cosmopolita y otra nacionalista, que no se contraponen sino que se complementan. Ambas corrientes buscan al mismo tiempo una expresión universal y personal, y ambas opciones se mueven en la dialéctica del autoexamen, que mueve toda cultura colonial o dependiente107. En los centros urbanos predomina una corriente y en las zonas rurales otra, aunque la vanguardia ofrece un amplio abanico de respuestas artísticas.
A lo largo de esta década los movimientos de vanguardia importados de Europa surgen como un “mosaico de paradojas”108, sin que tengan necesariamente una naturaleza compacta o formen un sistema coherente,
105
JORGE SCHWARTZ, op. cit., pág. 34.
106LUIS VERES, Periodismo y literatura de Vanguardia en América Latina,
Universidad Cardenal Herrera‐CEU, Valencia, 2003, pág. 85
107
JORGE SCHWARTZ, op. cit, pág. 15.
reflejo y consecuencia del desbarajuste político‐social imperante, y cuya unidad viene dada por el momento histórico en el que surgen. A todos estos movimientos les une un deseo común: encontrar una nueva identidad, a través de caminos diversos y propuestas artísticas diferentes. La nueva identidad se busca en todas partes y surge como consecuencia de la rapidez con la que el mundo cambia, a una velocidad de vértigo. Es el principio de la época inaugural señalada por Guillermo de Torre109:
En 1909 exactamente, año del manifiesto futurista – Bleirot realiza la
primera hazaña aérea: da un salto sobre el Canal de la Mancha; la
producción de Ford supera los diez mil coches anuales; Lee de Forest
realiza los primeros ensayos de radiotelefonía, transmitiendo la voz de
Caruso desde el Metropolitan de Nueva York; se ensaya la transmisión de
imágenes por radiotelegrafía y se hacen los primeros intentos de
televisión; se presentan los Ballets rusos en París. Dos años antes, en
1907, se habían botado dos grandes trasatlánticos, el Lusitania y el
Mauritania; se lanzan los primeros superdreadnoughts; el cinematógrafo
en mantillas quiere, aunque equivocando el camino, ser un nuevo arte.
En 1913, Elster y Gertel crean la fotocélula, de la que se derivan a la vez,
la televisión y el cine hablado. Aunque mecida en una cuna ambiental de
rasgos muy opuestos‐ Art noveau, secesión vienesa y las casas de Gaudí,
la arquitectura funcional, que ya desde 1900 con Llyod Wright, Tonuy
Garnier y otros se había insinuado, da sus primeros brotes: en 1909
exactamente se construye la primera ciudad jardín de Hellerau, en
Alemania. Recordamos estos avances técnicos porque, en general, los
puramente científicos tienen una mención más frecuente: teoría de la
109
GUILLERMO DE TORRE, Historias de las Literaturas de Vanguardia, Guadarrama,
relatividad, de los “quanta”, afirmación de la microfísica, experimentos del psicoanálisis.
En el camino de las artes plásticas, la música, el pensamiento y la literatura
110una nueva sensibilidad estaba surgiendo111:
Los movimientos de vanguardia son la respuesta a una nueva manera de
ver el mundo. Son los comienzos de un hondo cuestionamiento de
valores heredados y de una insurgencia contra una cultura anquilosada,
que abren vías a una nueva sensibilidad que se propagará por el mundo
en la década de los años veinte.
Hay un espíritu nuevo, que resulta de un deseo de ver el mundo con otros ojos y establecer nuevos valores, para lo cual hay que oponerse a lo viejo. Este es el lazo de unión que agrupa las distintas manifestaciones de vanguardia. El hombre de los movimientos de vanguardia “sueña con varias utopías y proyecta su imaginario en el futuro”112.
La más generalizada de las utopías vanguardistas es la cuestión de lo nuevo. Si para Adorno la disonancia es la marca registrada del modernismo, lo nuevo puede ser la marca registrada de la vanguardia113. Pero esta novedad no se limita a un aparente repudio por el pasado. El arte está ligado a los modernos medios de producción, a la alteración de las formas de consumo y a la ideología progresista legada por la revolución industrial. En un manifiesto de la revista Martín Fierro, Oliverio Girondo,
110
MARIO DE MICHELI, Las vanguardias artísticas del S.XX, Alianza Editorial,
Barcelona, 2008,, pág. 23.
111HUGO VERANI, Las vanguardias literarias en Hispanoamérica, Bulzoni, Milán,
1986, pág. 10.
112
JORGE SCHWARTZ, op. cit., pág. 40.
afirma: “Martín Fierro siente la necesidad imprescindible de definirse y de llamar a cuantos son capaces de percibir que nos hallamos en presencia de una NUEVA SENSIBILIDAD y de una NUEVA COMPRENSIÓN114.
La máxima del Eclesiastés, “Nada nuevo bajo el sol” se convierte para los vanguardistas en desafío a la autoridad bíblica y a la tradición. Huidobro, considerándose a sí mismo como un “pequeño Dios” y autoproclamado padre del Creacionismo, dice en su “Arte poética”:
Inventa nuevos mundos y cuida tu palabra. El adjetivo, cuando no da vida, mata. Solo para nosotros
viven todas las cosas bajo el sol
No es solo la novedad lo que se busca, hay una verdadera transformación formal de la poesía, en el verso libre heredado de Withman, en la irregularidad métrica o en la liberación extrema de la sintaxis mediante la “palabra en libertad” de Marinetti. Existe una verdadera búsqueda de expresión poética, estética, personal y universal, que rompa con los modelos precedentes, ya estrechos para el nuevo espíritu de la época. En este mundo que aparece como nuevo, el arte de los antiguos ya no posee validez. En este sentido, Walter Benjamín afirma que “se ha hecho saltar desde el ámbito de la creación, en cuanto que un círculo de hombres
114
OLIVERIO GIRONDO, «Manifiesto Martín Fierro», Martín Fierro, 4 (mayo de
1924), en Las Vanguardias Latinoamericanas, ed. de Jorge SCHWARTZ, FCE,
en estrecha unión han empujado la vida literaria hasta los límites extremos de lo imposible”115.
A estos cambios los acompaña un nuevo modo de percepción, un modo de “percepción en la dispersión”116, y ello supone la existencia de una sensibilidad muy diferente. El extrañamiento, el shock, se convierte en el efecto principal dentro de los objetivos de la vanguardia. Puesto que la coherencia del pasado había perdido su vigencia y el mundo había extraviado su imagen de totalidad, el arte no podía representar una sola perspectiva, sino que requería de múltiples perspectivas. El cubismo así lo entendió y la literatura reflejó este principio mediante la imagen fragmentaria y el montaje, que se adecuaban mejor al recién iniciado proceso de visión en la construcción de la obra 117.
El punto de partida de todas las vanguardias literarias era la libertad estética. Esa libertad era la piedra filosofal, que creaba formas novedosas y ampliaba el territorio de lo ya conocido, rompía con antiguos patrones estéticos y mundos subjetivos. Era el concepto de una libertad sin precedentes que buscaba una nueva identidad nacional, que tanteaba hasta encontrarse formada por muchas corrientes unidas por el solo nombre: las vanguardias. Esta llamada a la novedad era el emblema de los “ismos” de los años veinte.
En América Latina el vanguardismo literario comenzó “como una reacción contra el sistema expresivo del modernismo y su concepto de la poesía y
115WALTER BENJAMIN, Iluminaciones, Taurus, Madrid, 1971, pág. 44.
116
LUIS VERES, op. cit., págs. 78‐79. 117
PETER BÜRGER, Teoría de la Vanguardia, Península, Barcelona, 1987, págs. 137 y
del poeta”118. Los nuevos tiempos necesitaban nuevas formas de expresión. El modelo anterior se había convertido, ya en su etapa de decadencia, en un grupo de imitadores de Darío. El modernismo había perdido su carácter subversivo, como reivindicación de las preocupaciones e inquietudes políticas, eróticas o sentimentales de los poetas, y esta pérdida le hacía insuficiente para expresar y representar sentimientos, percepciones, acontecimientos que estaban surgiendo en las conflictivas sociedades de América Latina. Sin embargo, para comprender esta reacción de los movimientos de vanguardia, es preciso aclarar los múltiples aspectos que tuvo el modernismo. En palabras de Federico de Onís119:
El modernismo ‐como el Renacimiento o el Romanticismo‐ es una época y
no una escuela, y la unidad de esa época consistió en producir grandes
poetas individuales que cada uno se define por la unidad de su
personalidad, y todos juntos por el hecho de haber iniciado una literatura
independiente, de valor universal, que es principio y origen del gran
desarrollo de la literatura hispano‐americana posterior.
El poeta modernista consideraba la actividad poética como superior a la actividad política. Víctor Hugo representaba el ideal de poeta laureado que permanecía por encima de la lucha política. Si por una parte el poeta se veía a sí mismo como un proscrito de la sociedad, se trataba de un proscrito genial, y esta superioridad del poeta y sus dones proféticos iba a
118FEDERICO SCHOPF, Del vanguardismo a la antipoesía, Bulzoni, Roma, 1986, págs.
14‐15.
119
FEDERICO DE ONÍS, Antología de la poesía española e hispanoamericana, 1 Ed.,
influir hasta en el más conocidos de los versificadores y emblema del modernismo: Rubén Darío.
Si, por una parte, el poeta modernista enriquecía el pobre panorama literario, por otra, su obra reflejaba los gustos de la burguesía de la época. Y contra esos gustos se alzaban las vanguardias. El modernista era un mediador entre el gusto europeo y la barbarie hispanoamericana, y al mismo tiempo, no salía de los límites de los tabúes de la época, ocultando tensiones y contradicciones. Los ideales del poeta vanguardista y modernista eran distintos. El poeta modernista no conoció los cambios tecnológicos del vanguardismo, que transformaban la vida en Europa. Su experiencia e inquietud era su relación de dependencia con la cultura europea, su falta de tradición y su deseo de reafirmar su posición e identidad como artista120.
Los límites temporales del modernismo, aunque discutibles, se sitúan entre 1888 y 1905, es decir, desde la publicación de Azul de Darío hasta la de Cantos de vida y esperanza, libro con el que el modernismo alcanza su mayor altura espiritual. Después de esta fecha, el modernismo de Darío repite las grandes innovaciones realizadas y los jóvenes escritores se nutren de sus experiencias, desarrollando la teoría de la modernidad121. El famoso verso de Enrique González Martínez en su libro Senderos ocultos
120
GUILLERMO DíAZ PLAJA, Modernismo frente a noventa y ocho, Espasa‐Calpe,
Madrid, 1979, pág. 6.
(1911), “tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje”, pudo significar la fecha que daba término al modernismo122:
El cisne fue para Rubén Darío el símbolo de Eros, de la aristocracia
espiritual, de la torre de marfil, del arte refinado; para sus tácitos
enemigos, en cambio, se convirtió en el concepto sumo de la
deshumanización, de la artificialidad vacía de su mundo, poblado de seres de la fábula y de míticas figuras.
El cisne modernista es sustituido por el búho: el poeta es un vigía y un guía que orienta a las muchedumbres. De este modo, los metros, rimas, ritmos, metáforas y temas modernistas, comienzan a tambalearse y a cuestionarse como válidos en las nuevas generaciones. Incluso el abundante y refinado vocabulario modernista deja de resultar adecuado para los temas que preocupan a los poetas nuevos. Los vanguardistas reemplazan el vocabulario exquisito por un vocabulario menos sublimado. Podría decirse que los poetas de vanguardia democratizan la poesía y la transportan desde las clases privilegiadas hasta una clase media que iba creciendo y tomando posiciones.
Abundan en la poesía de vanguardia de los años veinte las imágenes de locomotoras, tranvías, aviones, hélices, paracaídas, etc. Hay una imagen tecnológica de la era moderna que decora la ciudad: rascacielos, túneles, puertos123. Pero con el tiempo, hay una conciencia de abuso de lo nuevo, que llegará a criticarse por autores tan diferenciados entre sí como Borges, Vallejo o Mariátegui. En esta crítica, los tres autores hacen referencia a
122
G. R. GUTIÉRREZ, “Literatura y sociedad”, en Texto crítico VI, nº 8 (Veracruz,
1997), pág. 2.
una máxima que Adorno formularía décadas más tarde: “Lo nuevo es el deseo de lo nuevo, no es lo nuevo en sí. Esta es la maldición de todo lo que es nuevo”124.
Por su parte, Federico Schopf afirma que no existe una definición o noción clara de lo que ha sido la vanguardia hispanoamericana, y puntualiza que ello debe ser objeto de una profunda investigación no desarrollada suficientemente125.
Octavio Paz y Saúl Yurkievich definen las vanguardias como una exasperación y una exageración de las tendencias precedentes, que se tradujo en el quebrantamiento de todas las preceptivas y la experimentación de todas las innovaciones126. A pesar de esta afirmación, es claro que sí pueden encontrarse rasgos propios que caracterizan los movimientos de vanguardia, sin que ello pretenda abarcar la totalidad de las vanguardias hispanoamericanas, ni asumir que esos rasgos, que actúan como signos distintivos, están presentes en cada obra. Entre estos rasgos