CHAPTER 6 Feature Selection and Creation
6.2 Feature Creation
Desde la primera publicación de MVLl, Los Jefes (1959), se refleja un machismo exacerbado, personajes que tratan de demostrar su virilidad a través de la fuerza, el dominio hacia los demás. Este libro que está conformado por seis cuentos, los cuales cada uno muestra esta tendencia. En Los jefes, el protagonista y Lu, luchan por la supremacía del grupo estudiantil, y aprovechan la revuelta de los estudiantes cuando el Director del Colegio tomó la decisión de no poner horarios a los exámenes finales, para demostrar esta actitud. En algunos casos llaman «maricón» al que supuestamente no lo es «Calla – repuso alguien de atrás-. ¡Calla Gallardo maricón!» (Vargas, 1981, p. 4), «Pareces un chivo3» (p. 21), incluso resalta que «Le han quitado el burro a una mujer. Juegan de lo lindo» (p. 22), nosotros resaltamos el término mujer pues suponemos que si hubiese sido hombre no lo hubiesen hecho. En “El desafío”, la demostración del más fuerte se lleva a cabo a través un desafío, por una cuestión de honor viril, un reto a duelo entre Justo y El Cojo «Bueno –dijo León-. Si tenían que pelear, mejor que sea así, con todas las de la ley» (p. 29) era su Ley, la del más fuerte, del más hombre. «¿Eres muy hombre? Gritó el Cojo. Más que tú –grito Justo» (p. 32). Más adelante, provocativamente diría «Quiero entenderme con un hombre –grité, sin responderle-. No con ese muñeco» (p. 34). Antes de la pelea, su padre Leonidas, le dice «… Ya vaya y pórtese como un hombre» (p. 37). Justo es muerto por el Cojo, mientras don Leonidas escucha «No llore, viejo –dijo León- No he conocido a nadie tan valiente como su hijo» (p. 42). En “El hermano menor”; el hermano mayor, David, guía al menor, Juan, en la búsqueda del indio que, supuestamente, había ultrajado a Leonor, su hermana. Un ajuste de cuentas que tenían que arreglarlo matando al violador, no era una simple cuestión de honor, cuando su hermana les dice que ya no los busquen «No te preocupes –dijo David-, olvídate de eso. Es un asunto de hombres» (p. 57). En “Día domingo”, dos adolescentes Miguel y Rubén se desafían, ingresar al mar lo más lejos posible en pleno invierno, para alcanzar el amor Flora. Aunque Rubén era el favorito por ser campeón en natación, gana Miguel y lo
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aplauden sus amigos «Te estás haciendo un hombre –le decía el Milanés» (Vargas, 1981, p. 82). En “Un visitante”, donde el Jamaiquino, haciendo uso de su situación aprovecha de Merceditas, una señora de edad, a quien hace beber cerveza a la fuerza solo para traicionar a Numa. «¿Está sorda? Le he dicho que se tome esa botella. ¡Salud!» (p. 85). En “El abuelo”, don Eulogio, trata de jugarle una broma a su nieto, al parecer por sentirse olvidado e ignorado por su familia. El dominio del uno sobre el otro.
En su segunda publicación y primera novela: La ciudad y los perros (1963), existen varios pasajes que denotan la masculinidad, hombría, machismo, virilidad que quieren demostrar tanto los adolescentes que juegan a ser adultos como los mismos adultos militares. Los protagonistas son el Jaguar, Ricardo Arana «El Esclavo» y Alberto Fernández Temple «El Poeta».
Desde el inicio, el juego de dados determinaría el dominio del Jaguar sobre los otros integrantes del Círculo. En la novela MVLl (1991) empieza asi:
-Cuatro -dijo el Jaguar. Los rostros se suavizaron en el resplandor vacilante que el globo de luz difundía por el recinto, a través de escasas partículas limpias de vidrio: el peligro había desaparecido para todos, salvo para Porfirio Cava. Los dados estaban quietos, marcaban tres y uno, su blancura contrastaba con el suelo sucio.
-Cuatro -repitió el Jaguar- ¿Quién? -Yo -murmuró Cava- Dije cuatro.
-Apúrate -replicó el Jaguar- Ya sabes, el segundo de la izquierda. (Vargas, 1991, p. 11).
Incluso, se evidencia más cuando regresa el Serrano Cava después de robar el examen: El Jaguar lo miró de arriba abajo. Se rio.
- Serrano cobarde -dijo- Te has orinado de miedo. Mírate los pantalones. (p. 15). El ensimismamiento de Ricardo Arana, apodado El Esclavo, producto del ambiente familiar en que vivía: una madre consentidora y un padre dominante y machista a quien había conocido muchos años después de nacer, MVLl (1991) lo narra así:
‘¿Cómo será?’, pensó. Y sintió, de nuevo, una ansiedad feroz, como tres días antes, cuando su madre, llamándolo aparte para que no los oyera la tía Adelina, le dijo: ‘tu papá no estaba muerto, era mentira. Acaba de volver de un viaje muy largo y nos espera en Lima’. ‘Ya llegamos’, dijo su madre. ‘¿Avenida
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Salaverry, si no me equivoco?’, cantó el chofer. ‘Sí, número treinta y ocho’, repuso la madre. Él cerró los ojos y se hizo el dormido. Su madre lo besó. ‘¿Por qué me besa en la boca?’, pensaba Ricardo; su mano derecha se aferraba al asiento. (pp. 15:16).
Apodo ganado por ser apacible y callado, no repetía la violencia de su padre.
Ha olvidado también que al día siguiente estuvo mucho tiempo con los ojos cerrados después de despertar. Al abrirse la puerta sintió nuevamente que el terror se instalaba en su cuerpo. Contuvo la respiración. Estaba seguro: era él y venía a golpearlo. Pero era su madre. Parecía muy seria y lo miraba fijamente. "¿Y él?" "Ya se fue, son más de las diez.- Respiró hondamente y se incorporó. La habitación estaba llena de luz. (p. 103).
Demostrando su machismo en todo momento. En la novela de MVLl (1991) se lee: Pero una mañana alguien retiró las sábanas de su cama cuando aún dormía; sintió frío, la luz clara del amanecer le obligó a abrir los ojos. Su corazón se detuvo: su padre estaba a su lado y tenía las pupilas incendiadas, igual que aquella noche. Oyó:
-¿Qué edad tienes? -Diez años - dijo.
-¿Eres un hombre? Responde. -Sí -balbuceó.
-Fuera de la cama, entonces - dijo la voz- Sólo las mujeres se pasan el día echadas, porque son ociosas y tienen derecho a serlo, para eso son mujeres. Te han criado como a una mujerzuela. Pero yo te haré un hombre.
Ya estaba fuera de la cama, vistiéndose, pero la precipitación era fatal: equivocaba el zapato, se ponía la camisa al revés, la abotonaba mal, no encontraba el cinturón, sus manos temblaban y no podían anudar los cordones. (pp. 148-149).
Dominio que ejercerá hasta el ingreso al colegio militar:
-Eso es - dijo el padre- Te inscribiré en una Academia y te compraré los cuestionarios desarrollados. Aunque me cueste mucha plata, vale la pena. Es por tu bien. Ahí te harán un hombre. Todavía estás a tiempo para corregirte. (p. 184).
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-¿Interno a un colegio de militares? -Sus pupilas ardían- Sería formidable, mamá, me gustaría mucho.
-Ah, las mujeres - dijo el padre, compasivamente- Todas son iguales. Estúpidas y sentimentales. Nunca comprenden nada. Anda, muchacho, explica a esta mujer que entrar al Colegio Militar es lo que más te conviene. (p. 183).
Alberto Fernández, vive con su madre, su padre se fue y viene de vez en cuando a dejarle dinero a la madre y a él. A Alberto casi no le interesa si viene o no; pero lamenta mucho que cuando los visita tenga problemas con su madre. Una mujer que sigue amando a su esposo… a pesar de todo.
-¿No has visto a mi papá? Ella volvió a suspirar y sus mejillas se sonrojaron. - Figúrate que vino el martes -dijo- Le abrí la puerta sin saber quién era. Ha perdido todo escrúpulo, Alberto, no tienes idea cómo está. Quería que fueras a verlo. Me ofreció plata otra vez. Se ha propuesto matarme de dolor.
- Entornó los párpados y bajó la voz: - Tienes que resignarte, hijo. (p. 75). Y las decisiones patriarcales y dominantes son las que imperan cuidando los apellidos, incluso sacrificando los prejuicios raciales:
-Pero esto se acabó -dijo el padre, sin prestar atención a la madre- Es un escándalo. No voy a dejar que eches mi apellido por el suelo. Mañana comienzas tus clases con un profesor particular para prepararte al ingreso. -¿Ingreso a dónde? -preguntó Alberto.
-Al Leoncio Prado. El internado te hará bien. -¿Interno? -Alberto lo miró asombrado.
-No me convence del todo ese colegio -dijo la madre-. Se puede enfermar. El clima de la Perla es muy húmedo.
-¿No te importa que vaya a un colegio de cholos? -dijo Alberto.
-No, si es la única manera de que te compongas -dijo el padre- Con los curas puedes jugar, pero no con los militares. Además, en mi familia todos hemos sido siempre muy demócratas. Y, por último, el que es gente es gente en todas partes. Ahora acuéstate y desde mañana a estudiar. Buenas noches. (p. 196). La diferencia entre estos tres protagonistas es de tipo socioeconómico: el Jaguar, proviene de una barriada, descuidado, casi delincuente, de clase baja; mientras Ricardo Arana, de clase media y Alberto Fernández perteneciente a la clase alta.
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La vida militar de por sí es de dominio y violencia, tal como lo retrata el capitán Garrido y el teniente Gamboa:
-Usted exagera, Gamboa -dijo el capitán, algo sorprendido. Había comenzado a pasear por la habitación, como durante la entrevista con Alberto- Yo no digo echar tierra a todo. Lo de los exámenes y lo del licor hay que castigarlo, naturalmente. Pero no olvide tampoco que lo primero que se aprende en el Ejército es a ser hombres. Los hombres fuman, se emborrachan, tiran contra, culean. Los cadetes saben que si son descubiertos se les expulsa. Ya han salido varios. Los que no se dejan pescar son los vivos. Para hacerse hombres, hay que correr riesgos, hay que ser audaz. Eso es el Ejército, Gamboa, no sólo la disciplina. También es osadía, ingenio. Pero, en fin, podemos discutir sobre eso después. Lo que me preocupa ahora es lo otro. Es un asunto completamente imbécil. Pero aun así, si llega hasta el coronel, puede traernos serios perjuicios. -Perdón, mi capitán -dijo Gamboa- Mientras yo no me dé cuenta, los cadetes de mi compañía pueden hacer todo lo que quieran, estoy de acuerdo con usted. Pero ya no puedo hacerme el desentendido, me sentiría cómplice. Ahora sé que hay algo que no marcha. El cadete Fernández ha venido a decirme nada menos que las tres secciones se han estado riendo en mi cara todo el tiempo, que me han tomado el pelo a su gusto.
-Se han hecho hombres, Gamboa -dijo el Capitán-. Entraron aquí adolescentes, afeminados. Y ahora, mírelos.” [el subrayado es nuestro] (pp. 260-261).
La casa verde (1966) es la segunda novela de MVLl, dado que la mayoría de personajes están en edad adulta, se denota con más violencia el machismo y el dominio hacia los demás, más aún cuando a la mujer se le utiliza como objeto sexual.
LCV4 está construida en base a tres personajes, tres historias que se cruzan, entrecruzan y, en determinado momento, tienen un encuentro que las unen haciendo una sola historia, las mismas que están inmersas en los comportamientos machistas y dominantes:
a. La vida de Anselmo que se desarrolla en función a la construcción de la Casa Verde. Su dominio y demostración de virilidad y machismo se encuentra en las mujeres que van llegando para prostituirse allí. Por otro lado, Anselmo rapta a Antonia y la viola,
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convive con ella en secreto. Tienen una hija y recién, Juana Baura (mujer que la adopta) se entera junto con el pueblo y, el sacerdote García instiga al pueblo a quemar el “antro de la perdición”. Asimismo, logra mantenerse en el pueblo, a pesar de las prédicas del padre García para cerrarlo.
b. La vida de Los Inconquistables. 4 amigos que se denominan Los Inconquistables (Josefino Rojas, José, El Mono y Lituma) sin oficio ni beneficio, vagos sin ideales futuros de progreso. Cuyo himno triunfal y estúpido era muestra de su exacerbado machismo y excesiva demostración de virilidad: «Los Inconquistables entraron como siempre: abriendo la puerta de un patadón y cantando el himno: Eran los Inconquistables, no sabían trabajar, sólo chupar, sólo timbear, eran los Inconquistables y ahora iban a culear» (Vargas, p. 223). Solo Lituma seconvierte en sargento de la Policía, conoce a Bonifacia y se casa con ella. Sin embargo, al ser encarcelado acusado de un crimen, abandona a su esposa y en su ausencia es asediada por Josefino quien la obliga a abortar el hijo de Anselmo. Finalmente, Lituma, al salir de la cárcel, se entera de lo sucedido y castiga a Bonifacia y Josefino, sin embargo, terminan prostituyéndola y usufructúan su trabajo. Los Inconquistables dominan y viven de “La Selvática”.
c. El viaje de Fushía y Aquilino. Fushía es un contrabandista brasileño – japonés que huye de Brasil y se interna en la Selva peruana, donde actúa con malicia y astucia, llegó a tener el dominio de una isla del río Santiago, cercana a la frontera de Ecuador; y a su lado, la adolescente Lalita, su mujer (que después pasó a lado del gobernador Reátegui y, finalmente de Adrián Nieves). Luego conforma una banda que se encargaría de asaltar a las tribus vecinas para robarles el caucho. Ejerce un dominio de explotación del hombre para enriquecerse y gozar de Lalita.
En la nouvelle Los Cachorros (1981), hay una especial connotación respecto al machismo y virilidad que se manifiesta en el continuum del tiempo en la historia de Cuellar, emasculado por el danés Judas. El lamentable juego de niños (el fútbol) que terminó en accidente (la mordida de Judas) nos introduce a la tragedia física que se convertirá, posteriormente, en una verdadera tragedia emocional, psicológica, social, humana. Como diría R. Sumalavia «es la sexualidad masculina enfrentada a la sociedad» (Sumalavia, 2016, p. 166); y por ende, dado tremenda “tragedia” sus padres, «con el fin de proteger a su hijo, pero también, con la intención de protegerse ellos mismos de las consecuencias sociales de aquella tragedia, conminan la niño a guardar silencio» (p. 167).
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Silencio que se va convirtiendo en una homosexualidad reprimida, enmascarada a través de actos violentos de Cuellar durante su adolescencia y juventud, incluso afectando a sus propios amigos de infancia quienes lo van dejando solo por su menoscabada virilidad.
Conversación en La Catedral (1996), es una novela plagada de escenas violentas en el ámbito familiar, social, político. Se nos muestra un mundo en constante degradación, llevado al fracaso a partir del gobierno de una dictadura que envuelve a la mediocridad a sus pobladores, embebida de poder. Barreto (2016) manifiesta que:
en la novela el poder ya está organizado y dividido entre ‘opresores’ y ‘oprimidos’, siendo el ‘sector dominante’ aquel que está de acuerdo con el sistema dictatorial, pero en vez de ser acérrimo partidario del Gobierno y mantener su estabilidad, solo se apropia del poder dado para satisfacer sus propios intereses. (p. 180).
Vemos el machismo y el exhibicionismo viril en toda su magnitud a través de Cayo Bermúdez dado a través del poder y el dinero. En la novela de MVLl (1996) se lee:
- Déjese de discurso ahora, Lama –dijo Cayo Bermúdez-. Necesito saber una cosa, y que sea absolutamente sincero. ¿Puede reforzar a la gente de Molina con unos veinte o treinta hombres? No importa el precio. Veinte o treinta que valgan la pena ¿Puede? (p. 417).
La mediocridad en Santiago Zavalita, pues se había negado a estudiar en una universidad privada «-No quiere entrar a Católica sino a San Marcos –dijo la señora Zoila-. Eso lo tiene hecho una noche a Fermín» (Vargas ídem:31), se casó con Ana aunque su familia no estuviera de acuerdo, desafiando todo prejuicio; y la derrota en Fermín (padre de Zavalita), la desmitificación del padre exitoso, de clase media, sin embargo, de doble vida, un pelele del Gobernante y amante homosexual pasivo; y Ambrosio (el chofer), quien con la caída del gobierno dictatorial y de Don Fermín Zavala, huye a Pucallpa para convertirse en un próspero empresario pero regresa fracasado viviendo en el submundo. Son los personajes principales de la novela.
El humor y la ironía se manifiestan abiertamente en Pantaleón y las visitadoras
(1973). Si en sus anteriores novelas y relatos MVLl resalta el machismo exacerbado a través de sus personajes, especialmente los protagonistas, a través de la violencia y sumisión, en esta novela se ríe de ella, parodia, con la maestría que lo caracteriza, este
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mundo violento que hizo de la convivencia del hombre en una jungla. En PLV5, Pantaleón Pantoja, un destacado militar, es caricaturizado a través de Pantita quien ha organizado Pantilandia (Servicio de Visitadoras para Guarniciones, Puesto de Frontera y Afines - SVGPFA) para solucionar el problema de las continuas violaciones que cometían los soldados en sus días de salida. El capitán Pantaleón Pantoja, que había ganado a pulso cada uno de sus galones, encargado de una misión delicada «-Ya ve, por una vez el Servicio de Inteligencia acertó –acaricia una fotocopia el coronel López López-. Tal cual: ni fumador, no borrachín ni ojo vivo», fue la apreciación sobre Pantoja.
A pesar, de la ironía, las conductas de la formación militar son a través de órdenes de los superiores, las mismas que se cumplen sin dudas ni murmuraciones. Es el dominio de los unos sobre los otros a través de las jerarquías o mandos superiores a inferiores. En PLV, existe la apariencia de seriedad con que se dan las órdenes y son cumplidas, como crear un prostíbulo ambulante con el nombre de «Servicio de visitadoras» ya es una cuestión honorable, seria. La misma sociedad, que juzga a través de un locutor de radio apodado El Sinchi, se siente motivado a sacar provecho a la situación a cambio de su silencio o justificando dicho servicio. Esta historia de Pantoja y las visitadoras se ve mezclada y, de alguna manera, enlazado con la del Hermano Francisco fundador de los Hermanos del Arca. Militarismo y misticismo se confunden en esta irónica novela de MVLl que no banaliza el arte de narrar una buena historia, sino la recrea y establece nuevas maneras de hacer crítica. Finalmente, las empresas en que se aventuran Pantaleón y el Hermano Francisco fracasan, el nuevo orden establecido por ellos no tiene un rumbo ni un futuro.
Se recalca incluso, que el mando se debe respetar sin dudas ni murmuraciones; en algún momento recae en un proxeneta. MVLl (1973):
- Quién lo comanda y quiénes lo integran –moja la punta del lápiz en los labios y anota Pantaleón Pantoja.
-Lo comanda este cristiano y van conmigo Coca, Pichuza y Sandra –indica Chupito- . Loco ya está dándole su mamadera a Dalila, así que podemos partir en diez minutos. (p. 105).
La tía Julia y el escribidor (1984), es una historia cercana al estilo de PLV, es irónica, realista, aunque la ironía de MVLl ya no radica en el autoritarismo de la vida militar, más
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bien es él quien se ríe de sí mismo, del deicida que vivió una dramática y fatalista historia de amor, probablemente al estilo de las de Corín Tellado; es la historia de amor que vivió en su juventud al lado de su tía y terminó consumándose en el matrimonio, para algunos Final Feliz; sin embargo, solo fue una “gran aventura”, que aunque forjó su trayectoria literaria, solo fue una aventura, un sueño del cual tuvo que despertar con la madurez que los años impone. Donde la historia de un extraordinario creador de radionovelas fue el pretexto para recordar este pasado y reírse de él mismo: Marito, el deicida. En esta novela se resalta el dominio de Marito sobre Julia en su afán de convertirse en escritor, la pasión