Chapter 2: Patterns of microhabitat utilization in the field
2.3 Materials and Methods
2.3.2 Field collections
Un propósito primordial de esta obra es mantener los estudios dogmáticos ligados a la Biblia. Esto requiere un claro reconocimiento de la importancia no-ética de la Escritura para un entendimiento correcto del orden óntico de la realidad creada. Pues la Escritura es la clave para todo auténtico conocimiento. Por eso también es la norma para toda reflexión teórica, incluyendo la teología. En su extensión total y en todas sus partes integralmente relacionadas, la Escritura habla con autoridad divina, redentora. Ella arroja su luz renovadora sobre cada sector de la vida. Esto incluye a la dogmática como una manera de oír y conocer y hacer la verdad.
Dada esta posición, el tema de cómo interpretar la Escritura adquiere crucial importancia. Por eso nos sentimos obligados a 'hacer una consideración de la hermenéutica bíblica, entendida como la teoría de la exégesis, como principios y métodos para entender y comunicar el mensaje histórico-redentor, Cristocéntrico de la revelación bíblica. Por eso, la hermenéutica bíblica sigue siendo una piedra de toque fundamental para la dogmática reformada.
Dado el cambio radical operado durante los dos siglos pasados hacia teologías antropológicas, acompañado por un interés casi obsesivo en los problemas epistemológicos, todo 10 cual recibió un ímpetu tremendo por el movimiento esclarecedor, la hermenéutica se ha convertido en forma creciente en el eje de prácticamente toda discusión teológica. Aparentemente todo tema de discusión termina siendo en el fondo un tema de hermenéutica. Antes o después aparece en la superficie la contraseña "muéstrame tu hermenéutica," como la prueba máxima en la toma de decisiones teológicas. Nuestro propósito aquí, en esta dogmática reformada, es articular una teología confesional, apoyada por una hermenéutica confesional, que haga justicia a la confesión reformada referida a la naturaleza de la autoridad bíblica. ¿Qué contorno y forma podemos dar a esa hermenéutica bíblica?
El paisaje teológico de nuestros tiempos abunda con una hueste de modelos hermenéuticos en competencia. El siglo pasado ha sido dominado por muchas variaciones del método de crítica histórica. En su forma más radical este método asume un concepto secular-humanista de la realidad. El mundo es considerado como un sistema cerrado, gobernado por el nexo de causa y efecto de la ley natural. El alcance de la posibilidad histórica de, por ejemplo, creatio ex nihilo, encarnación mediante nacimiento virginal, resurrección, es circunscripto por la ley de analogía. El concepto que el hombre moderno tiene de la Escritura, y, consecuentemente su elección de una hermenéutica bíblica, está basada en "los resultados seguros del método científico." Con este concepto el Antiguo Testamento es reducido a un mosaico de experiencias religiosas de Israel en su incansable búsqueda de Yahweh. De igual modo, el Nuevo Testamento es leído como si fuera un comentario tipo bricolaje que los primeros cristianos hicieron con referencia al hombre de Nazareth. Con esta actitud mental la teología liberal empleó sus herramientas hermenéuticas confiando que mediante el escrutinio de esos antiguos documentos pre-científicos, y desde la ventaja que ahora nos ofrece nuestro mayor desarrollo crítico, todavía sería posible descubrir y reconstruir a partir de las narraciones bíblicas "lo que realmente ocurrió." Confiando que en el proceso pudiéramos reconstruir al "verdadero Jesús histórico" de Galilea.
Las presuposiciones, principios y perspectivas fundamentales de tales métodos de la crítica histórica, son ajenos al concepto clásico reformado de la Escritura. Por eso no es motivo de asombro que tradicionalmente los pensadores reformados los repudiaban en forma casi unánime. Pero últimamente las actitudes han cambiado. Se afirma que en forma limitada se pueden usar los métodos de la crítica histórica. Porque la Escritura es una revelación histórica. Por lo tanto está abierta al estudio
histórico, aunque no a costas de su mensaje redentor. De manera que se hacen esfuerzos muy cuidadosos para decir simultáneamente tanto "si" como "no" a este método. Sus presupuestos subyacentes y su perspectiva global de la vida evocan una respuesta negativa. Al mismo tiempo sus herramientas y técnicas de estudio requieren una afirmación calificada. Este enfoque más positivo está basado en la afirmación de que los procedimientos científicos del método de la crítica histórica son operaciones relativamente "neutrales," comunes a todos los estudiosos.
Tal clase de hermenéutica mezclada resulta en una fuerte tensión entre el compromiso de la fe y el método teológico, entre confesión e interpretación. Están aquellos que confiesan que la Escritura es Palabra de Dios mientras emplean, al mismo tiempo, un método incapaz de incorporar esa confesión. Como cristiano, así prosigue el argumento, uno abraza la Escritura como revelación divina. Pero como teólogo involucrado en un estudio crítico histórico del texto de la Biblia, uno tiene que dejar metódicamente de lado este compromiso de fe. Las reglas científicas del juego requieren mantener apartadas las creencias personales a efectos de dar vía libre al método histórico. Porque las creencias religiosas están fuera del alcance de tales metodología s teológicas. Como asunto de la fe personal, uno puede confesar, por ejemplo, la resurrección de Cristo. Pero como teólogo histórico a lo sumo uno puede decir que ciertas personas, tales como los apóstoles, creyeron en ella y actuaron consecuentemente.
Con este enfoque no se puede recuperar un compromiso con el mensaje redentor de la Escritura excepto dando un salto de fe. Esta clase de lealtad dividida excluye la posibilidad de una teología confesional integralmente unificada. Encierra una tensión dialéctica entre fe y teología que pone a la confesión ya la hermenéutica en contraposición recíproca. Ciertamente es correcto que la fe y la teología, confesión y hermenéutica, puedan y tengan que ser diferenciadas. Porque, como se ha argumentado anteriormente, ello significa reconocer la diferencia de prioridad entre conocimiento por fe y reflexión teórica. Pero divorciarlas, meter una cuña entre ellas, lo deja a uno con una "casa divida contra sí misma." La liberación de una disposición mental tan esquizofrénica y la reconstrucción de un enfoque más holista solamente son posibles mediante una hermenéutica confesional, caracterizada por su poder formativo y contagioso de sus propios puntos de partida confesionales.