CHAPTER FOUR Discussion
4.8 Final comments on reflexivity & conclusive remarks
Desde siempre, las bibliotecas surgen, viven y evolucionan como espacios depositarios del saber mediante la información que guardan, con el paso de los años migran del ámbito privado de exclusividad y se abren a lo público, a partir de esa función social, promueven la equidad del conocimiento y con ello, igualan posibilidades de mejoría para la comunidad que atienden. Desde esa perspectiva, brindan un servicio social, educan y fungen como el fiel de la balanza para el bienestar humano, siendo la biblioteca pública donde estos propósitos se tornan esenciales y cobran forma.
Es en los Estados Unidos, bajo la visión filosófica del pragmatismo, donde se replantea y fortalece la biblioteca pública, concibiéndola como instrumento idóneo y eficaz para el desarrollo de la cultura, la educación y el progreso de la sociedad democrática que desean como nación.
Para lograrlo, estructuran un sistema de bibliotecas que evita la repetición de tareas y colecciones, lo que permite ampliar y diversificar los servicios bibliotecarios a disímiles sectores con el apoyo de espacios arquitectónicos funcionales. Además, congruentemente con su practicidad laboral, normalizan y perfeccionan rutinas y procesos técnicos y, sistematizan su aprendizaje mediante eficaces instrumentos, reglas y sistemas sobre la base del principio de la utilidad.
Puede decirse que los servicios bibliotecarios estadounidenses se conciben como solución práctica de las necesidades de una población altamente demandante que radica en los centros urbanos, los cuales proliferan incesantemente en toda la geografía de la nación pero así mismo, se considera también a la inmensa mayoría del medio rural.
En otras palabras, la biblioteca pública surgió para hacer frente a una necesidad típicamente americana. No había modelo que imitar y por tanto se desarrolló de manera original, algunas veces ruda y tosca, pero siempre constante y
progresivamente. (Carnovsky, 1941). Los resultados obtenidos, gracias al innovador
enfoque filosófico e instrumental que imprimen a la biblioteca y sus funciones, rápidamente les coloca en posición de asumir el liderazgo y superar la hegemonía de ese campo en la tradición europea.
Al respecto, Escolar (1987) resume que varias fueron las causas que propiciaron [el surgimiento de las bibliotecas públicas] el avance económico, la creciente urbanización, la disposición de fondos monetarios públicos para su sostén, la acción benefactora de renombrados capitalistas, la influencia del desarrollo bibliotecario europeo, el aumento de la producción editorial con la reducción de los precios, la instauración de la educación pública y la fe del pueblo norteamericano en el perfeccionamiento humano por medio de la enseñanza, el libro y la lectura.
Una característica distintiva del sistema educativo norteamericano, es que se adaptó a las necesidades sociales. Para ello coadyuvaron las empresas, las iglesias y los gobiernos de todos los niveles. Se puso especial énfasis en la educación superior la cual se diversificó mediante colegios privados, universidades públicas y privadas, institutos tecnológicos, escuelas profesionales y colegios comunitarios, dicho de otra forma, participo la sociedad en su conjunto. Paralelamente, la enseñanza bibliotecaria se profesionaliza e incorpora dentro de las universidades, donde cabe resaltar la carga de materias humanísticas.
Pero, quizá, la influencia más importante proviene de la Universidad de Chicago con
su Graduate Library School, que en 1928 establece el Doctorado de Filosofía en
Biblioteconomía, con el cual fija no solo un modelo a seguir sino también establece la relación entre la filosofía y otros campos del conocimiento, al considerar a la biblioteca no como un simple complemento utilitario de la enseñanza, sino como fuerza espiritual capaz de formar estudiantes con vocación científica y facilitar también la investigación entre los profesores. (Frías Guzmán y Rivera, 2008:25)
Con todo lo anterior, queda firmemente arraigada la convicción de que las bibliotecas y los bibliotecarios que las manejan, sean consideradas no solo como elementos relevantes del sistema educativo sino también de toda la sociedad. Los costos en cuanto a creación y sostenimiento de esa posición, son proporcionados por el Gobierno, aunque pronto se incorporan contribuciones de filántropos procedentes del sector industrial, comercial y financiero.
Con el tiempo, se irán diversificando las fuentes de financiamiento, adoptando y creando otras formas de captación de recursos: círculos de amigos, realización de actos sociales, creación de fundaciones, proyectos inmobiliarios, donaciones, subvenciones o fideicomisos (trust).
Dentro de estas formas de financiamiento, destacan los endowments que son pólizas mediante las cuales los donantes adquieren acciones de una biblioteca pública y reciben un certificado de su participación, aun y cuando, estas transacciones tienen un valor más simbólico que real. (Aalto, 2000:41-63).
Desde una perspectiva tradicional, Dowling y Field en Abdullahi (2009:567-569) establecen que la información y el libro requieren del espacio propio e integrador que les brindan las bibliotecas. Para cumplir este propósito, deben organizarse y fortalecerse, de ahí la importancia habrán de tener las asociaciones de bibliotecas nacionales, pues son reflejo del desarrollo histórico general y la transición de los países alrededor del mundo.
La historia de la creación de tales asociaciones comienza en Norteamérica y Europa cerca del final del siglo XIX, ya que es durante esa época que las necesidades de información se manifiestan y cobran mayor fuerza por la demanda de un público lector heterogéneo y creciente, así como por el aumento de la producción de nuevos conocimientos y el mejoramiento de la producción documental; elementos que en su conjunto rebasan las capacidades individuales de las bibliotecas.
En seguimiento cronológico de la formación de estas asociaciones se tiene: en Norteamérica, la creación en 1847 de la American Association for the Advancement of Science, donde gobierno y sociedad, colaboran para el impulso de la ciencia como motor del desarrollo y de donde nace una nueva forma de cooperación. En 1876, Dewey, funda la American Library Society y al año siguiente, se establece en el Reino Unido la Library Association, actualmente llamada Chartered Institute of Library and Information Professionals. En Austria en 1896, la Vereinigung Österreichischer Bibliothekarinnen und Bibliothekare y la Association des Bibliothécaires de France (ABF) en 1906.
Con el colapso de la Unión Soviética, muchas nuevas asociaciones bibliotecarias han sido reconstituidas, comenzando por la nueva Russian Library Association fue reorganizada en 1995. Mientras que para algunas de las nuevas repúblicas sucede otro tanto, como la Lithuanian Librarians Association, fundada originalmente en 1931 y que se restablece en 1990. En Eurasia la Uzbekistan Library Association se formó después del año 2000.
También surgen, en Norteamérica asociaciones de bibliotecas para disciplinas específicas: la American Association of Law Libraries en 1896, la Medical Library Association en 1898, la Special Libraries Association en 1909 y la Finnish Library Association en 1910.
Asia participa activamente en el movimiento asocianista bibliotecario. En Japón se funda en 1892 la Japanese Library Association, primera asociación de bibliotecas fuera de Estados Unidos y Europa. Otras asociaciones tempranas en la región incluyen a la Library and Information Association of New Zealand (1910) y la Philippine Library Association (1923). La Indian Library Association (1933) se fundó antes de la independencia del país, pero la Pakistan Library Association no fue creada hasta 1957.
En la región de Medio Oriente, las asociaciones de bibliotecas comienzan a formarse entre 1950 a 1960, con la Israeli Library Association en 1952, la Lebanese Library Association en 1960, la Iranian Library and Information Science Association en 1961y la Iraqui Library Association en 1968. El desarrollo de estas asociaciones en la región del golfo pérsico, se está iniciando con la Kuwait Library Association, establecida en 2005.
Mientras, en Latinoamérica, la formación de asociaciones nacionales de bibliotecas, fue una actividad un poco tardía. La primera fue la Asociación Mexicana de Bibliotecarios, A.C. (AMBAC) en 1924. Otras asociaciones nacionales en la región no fueron fundadas hasta 1950 o más tarde
Respecto de África, la primera asociación fue la South African Library Association creada en 1930, bajo el apartheid, se convirtió en una organización totalmente de blancos en 1962. Sin embargo, en 1964, se creó la African Association of South Africa for Black Library Workers y, en 1997 se funda una nueva asociación nacional con la fusión de asociaciones independientes, llamada Library and Information Association for South Africa (LIASA). En Egipto, la fundación de lo que es ahora la Egyptian Library and Archives Association data de 1946.
En otros países, la organización bibliotecaria comienza a partir de la independencia del dominio colonial en los años 60´s. La Zimbabwe Library Association fue originalmente fundada como la Library Association of Rhodesia and Nyasaland en 1959 y la Nigerian Library Association se fundó en 1962.
El asociacionismo bibliotecario es uno de esos raros ejemplos verdaderamente mundiales ya que se manifiesta en todas las regiones del planeta e independientemente del tamaño o cobertura que puedan tener esas organizaciones, todas requieren de complejas estructuras y canales fluidos de comunicación e interconexión para cumplir con sus propósitos. Al respecto, las tecnologías de información resultan imprescindibles por la utilidad que prestan en la realización de esas tareas.