CHAPTER THREE Analysis
3.5 Overarching Theme The Context
Insistir en considerar el uso que se le da a la información y poner en tela de juicio lo que puede y debe ser cuestionable, al final necesariamente, nos conduce a enfrentar un problema de carácter ético que a su vez está en correspondencia directa con los valores individuales de la persona y aquellos que se derivan de los de la sociedad en que se desarrolla y vive. Bajo tales valores, se tendría que conducir nuestro ser.
Bermello Crespo (2002: 3), hace una interesante reflexión refiriéndose a los bibliotecarios, o profesionales de la información, de quienes dice han de tener presentes que su conducta debe estar regida por valores éticos elevados.
En el ámbito informativo existe una infinidad de aspectos relacionados con la ética. La información es un importante recurso en posesión o con posibilidades de acceso de un grupo de individuos, mientras que muchos otros individuos están necesitados de esa información y pueden no conocerla o no tienen acceso a ella. Se puede perjudicar a las personas que necesitan información mediante restricciones indebidas a su acceso,
favoreciendo algunas fuentes informativas en detrimento de otras igual o más importantes, brindando respuestas mediocres a solicitudes importantes.
Por otra parte, no siempre somos conscientes de la adopción de posiciones incorrectas en el ejercicio de la profesión, por lo que se tendría que reflexionar sobre las implicaciones de nuestra conducta sobre nuestros usuarios, o clientes, y sobre la sociedad en general. Las convicciones éticas nos hacen mejores personas, más humanos, en la más amplia concepción del término. Unos sólidos valores éticos, nos proporcionan los medios para enfrentar situaciones en que nuestras decisiones pueden alcanzar consecuencias imprevisibles. (Bermello Crespo, 2002: 1-6).
Bajo la consideración de que se requiere el establecimiento de pautas que normen el trabajo de los profesionales de la información, existen en cada país y agrupación gremial propuestas concretas, respecto de las cuáles, se han realizado diversos trabajos que desde distintas perspectivas analizan los códigos de ética y proponen mejoras a raíz de los resultados obtenidos (Bermello Crespo, 2002; Fernández de Zamora, 2003; Martínez García, 2009)
Si bien son diferentes los espacios geográficos que cubren esos análisis, lo cierto es que permiten un acercamiento tangible a la realidad, que refleja ausencias, carencias y desde nuestro punto de vista, cierto alejamiento del entorno social en el sentido de que pareciera que se les da cumplimiento más como una disposición de carácter protocolario, burocrático o meramente administrativa, que con un propósito basado en convicciones y compromisos.
Fernández de Zamora, recuerda que en América Latina las asociaciones de bibliotecarios surgen en 1924 y en su análisis de la región encuentra que únicamente son diez los países que tienen un código de ética profesional (Brasil, Costa Rica, Chile, El Salvador, México, Panamá, Perú, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela).
También subraya la necesidad de que las asociaciones y colegios profesionales analicen y evalúen constantemente el contenido de sus códigos con el fin de adaptarlos al entorno local e internacional que los afecta así como considerar las nuevas resoluciones que mundialmente se han adoptado y los nuevos manifiestos que, día con día, cobran mayor importancia como: los derechos de autor, la libertad de expresión, el derecho a la información, la declaración sobre bibliotecas y libertad intelectual, como lo muestra el Manifiesto sobre Internet de IFLA (2006).
En otro aspecto del análisis realizado, Fernández de Zamora destaca que en la mayoría de los códigos, se privilegia el trabajo de los profesionales y queda al margen el resto del personal que labora en las bibliotecas, coincidimos plenamente en que se trata de una omisión grave.
Al reflexionar lo anterior, nos preguntamos si ¿la causa del abandono de estos importantes aspectos estructurales, es consecuencia de una tendencia acelerada hacia lo operativo con base en el uso y dependencia hacia las tecnologías de la información?, o ¿se debe a la carencia de una formación humanística que interrelacione estrechamente la actividad que se desarrolla con las necesidades sociales y los cambios del entorno?
Bermello Crespo, en su ―Análisis comparativo de doce códigos de ética bibliotecaria‖, realiza su trabajo haciendo una selección representativa mundial donde abarca países localizados en cuatro continentes: Canadá, Estados Unidos, Italia, Gran Bretaña, Portugal y Dinamarca, Australia, Nueva Zelandia, Japón y Hong Kong, México y Chile.
Aquí el trabajo muestra la heterogeneidad en la estructura y contenido de los códigos. Algunos no presentan los aspectos éticos agrupados en clases, sino que simplemente los relacionan uno a continuación del otro; algunos son más extensos y otros, pecan de concisos y reúnen varias características en un solo aspecto. También encuentra diferencias en el enfoque de la declaración de los aspectos éticos.
De entre los aspectos que llaman la atención en éste análisis y que además se enfatiza, es cuanto se refiere a aquellos puntos sustantivos con menos incidencias en la muestra estudiada los cuales se agrupan en los siguientes puntos: trato correcto y cortés a los usuarios, promover la preservación de la información, garantizar la transmisión del conocimiento y respetar los derechos de la propiedad intelectual.
Martínez García (2009), hace una glosa acerca de la ética y su relación con la bibliotecología y rescata lo que nos parece una de las contribuciones de mayor valía, cuando cita el trabajo de las autoras cubanas Caballero Valdés y Perón González (1998:3-13) las cuales proponen que para cumplir con la función social y los deberes que corresponden a los bibliotecarios, las carencias presentes en nuestras instituciones pueden sustituirse por principios éticos que, sin duda, influyen en la calidad de los servicios.
Y continúan marcando que en cuánto a cuáles deben ser tales principios éticos refieren que: El sentimiento de amor a la profesión y la vocación por la misma influye en la total consecución de los principios éticos que facilitan el desempeño de las tareas (…) El profesional de la información debe tener las siguientes cualidades: conciencia colectiva del deber y de su responsabilidad (…), disciplina y organización (…), la ayuda desinteresada a los demás, la no subestimación al trabajo de otros (…), la camaradería, la honradez, la modestia, la actitud crítica (…) además de ser cortés.
Por nuestra parte, el propósito de incluir el tema de la ética y su traslado a los códigos que regulan la actividad profesional, tiene como finalidad apreciar en perspectiva dos ángulos sustantivos relacionados. Por una parte, la falta de atención en determinar con claridad, actualidad y pertinencia social, un instrumento que guíe el trabajo en lo que hasta ahora es el principal centro de actividad de los profesionales de la información, es decir la biblioteca, la ausencia de valores que priva en el entorno debe ser atendida por aquellos cuya formación que además de ser técnica, también debe ser y muy significativamente, humanística.
El otro ángulo se refiere a la necesaria solución de los problemas de información, que deben ser apartados de las limitaciones materiales o económicas, como proponen Caballero Valdés y Perón González (op cit).
Y es que en un país, como lo es Cuba, con ideología diferente, pleno de carencias y hasta hace poco tiempo aislado del exterior, surge algo que hace tiempo parecía perdido, la creatividad, el servicio solidario a la comunidad, el compromiso con la labor que se hace y la necesidad de recobrar la plenitud del sentido humano.
De lo antes expuesto, se puede concluir que la figura de Otlet representa uno de los últimos eslabones del humanismo con la información. Conforme se reinterpreta su obra, queda claro que tanto la educación como el saber, permiten la convivencia y desarrollo pleno de toda sociedad. Hoy se toman como novedosas muchas de sus ideas aunque lo sustantivo sería que fuesen llevadas a la práctica guiadas por consideraciones de carácter ético, mismas que con alguna frecuencia, se omiten o no se llevan a cabo con plena convicción.
Se requiere que el desempeño del bibliotecario/documentalista, sea más comprometido y traspase el desempeño de las funciones tradicionales, para comprometerse de manera dinámica en las trasformaciones sociales de su entorno, usufructuando al máximo las ventajas de las herramientas modernas, por lo menos a un ritmo equiparable con la creatividad y sentido innovador conque lo están llevando a cabo los usuarios de la red.
La presencia de la tecnología desarrollada para la información, abruma y causa preocupación en diversos sectores científicos y académicos al considerar que existe una simbiosis de ésta con la existencia humana, por lo que se ha integrado un amplio movimiento vanguardista al que han llamado posthumanismo que crece aún y cuando se encuentra, todavía, en etapa de conocimiento y son incipientes las propuestas de solución que ofrece.
Resulta interesante observar que entre en algunos campos de actividad como por ejemplo el de los medioambientalistas, el reconocimiento de la diversidad forma parte sustantiva de sus pensamientos y acciones, por lo que pudiese extrapolarse esta actitud intelectual al campo de la información para así poder y establecer un novedoso frente de ayuda para restablecer los lazos entre información-bibliotecario/documentalista- sociedad.