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Findings on the effectiveness and acceptance of the systems

IV. SHARED CHALLENGES IN PERFORMANCE APPRAISAL

2. Findings on the effectiveness and acceptance of the systems

“La guerra de Malvinas dejó una enorme cantidad de muertos en el terri- torio helado que se fue a reconquistar. Esos muertos fueron víctimas, pero no del ejército hiperprofesional británico que fácilmente los masa- cró, sino de una junta militar que los envió a morir como parte de un plan macabro para mantenerse en el poder [...] Hay una dolorosa paradoja que los excombatientes de Malvinas deben sobrellevar: sufrieron y murieron (no por la soberanía y la gloria de la patria, como quisieron hacerlo y como reconfortaría creer que lo hicieron) sino como parte de un proyecto antidemocrático, bélico-político que buscó limpiar con una ‘guerra lim- pia’ los horrores de la ‘guerra sucia’. Esto no le quita la dignidad a ningu- no de los caídos. Al contrario, los queremos más por haber caído como víctimas de la debacle de un régimen tenebroso. Muchos argentinos quieren y abrazan a los argentinos de Malvinas porque –consideran– son los ‘otros desaparecidos’, las ‘otras’ víctimas de la dictadura.

Quienes murieron en esa guerra no murieron por la causa justa: murieron como parte del plan de una junta macabra. Esto no quita honor ni jerarquía al padeci- miento de los caídos, pero les quita gloria. Cosa que los vuelve más entraña- bles, más queribles para muchos de nosotros, que no sólo abominamos de la guerra sino muy especialmente de la junta genocida que la impulsó...”

La guerra y la gloria, José Pablo Feinmann, coguionista de la película El

a través de ellos, busca restablecer vínculos entre los personajes: conversa con uno, le ceba un matecito a otro, ofrece consejos, le prende velas al amor, oficia de celestina y para convocar al pasado apela a precarias sesiones espiritistas. El diálogo con los fan- tasmas, en tanto legado generacional, se reduce a una pantomima tragicómica.

En la película la relación con el pasado también se representa de otros modos. El director elige filmar algunas escenas en el cenotafio de la plaza San Martín, en la ciu- dad de Buenos Aires. Pedro sueña con ese lugar, más bien tiene una pesadilla en la que concurre al monumento y encuentra su nombre en la enumeración de los caídos. En otra escena va a visitar el cenotafio para constatar que allí está el nombre de su amigo muerto en Malvinas. La imagen de Pedro, con su mano ortopédica colgando, parado frente al cenotafio, es desoladora. ¿Cuánto queda allí del intento de hacer de las islas la metáfora de la Nación? ¿Cuánto sobrevive de los sentidos en pugna que hicieron de Malvinas una causa del fervor popular? Frente al monumento, que fue pensado como un lugar de la memoria, Pedro no encuentra alivio ni reparación, está tan solo como cuando se “atrinchera” en su habitación o como cuando lo visitan los fantasmas. La historia de la construcción del cenotafio permitirá vislumbrar mejor el contraste sugerido en esta escena.

El cenotafio, conocido como Monumento a los Caídos en la Guerra de

guró en 1990, durante la primera presiden- cia de Carlos Saúl Menem, quien mantuvo una política contradictoria en relación con Malvinas: tomó la causa como cuestión cen- tral en su discurso de campaña y se acercó a las asociaciones de excombatientes, pero abandonó los reclamos por la soberanía en pos de la rearticulación con Europa, la rea- pertura de la embajada británica en Buenos Aires y la llegada de inversores ingleses. La “desmalvinización” que el gobierno de Raúl Alfonsín había desplegado para evitar que las fuerzas armadas recobrasen su prestigio, es perpetuada por Carlos Saúl Menem pero bajo la picardía del doble discurso.

El monumento es un muro de mármol rosado opaco de dos metros de alto por veinticinco de largo, donde están exhibidas veinticinco planchas de mármol negro bri- llante; cada una lleva grabados veintiséis nombres de combatientes caídos en las islas. Estos aparecen sin grado militar ni orden alfabético “para sugerir que –más allá de los orígenes, historias, jerarquía militar o circunstancias de su sacrificio– fueron igualados por la muerte”, explica- ban en 1989 los integrantes de la comisión encargada de la construcción. Además de lo descripto, el monumento tiene distintos elementos que completan la simbología patriótica: los escudos de las veintitrés pro- vincias argentinas, la Ciudad de Buenos Aires y la República Argentina; una escara- pela y un mástil con la bandera. Está muy bien iluminado y siempre resguardado por 2.30años 12/10/07 2:00 PM Página 94

Está ubicado al pie de la barranca de la plaza San Martín, en una zona turística y habitada por sectores de clase media y alta, justo enfrente de la ex plaza Britannia –rebautizada Fuerza Aérea desde 1982– donde se levanta la conocida Torre de los Ingleses. Previamente a la construcción del cenotafio existió un acalorado debate en torno del proyecto. El gobierno quiso resolverlo con rapidez; los bloques partida- rios del justicialismo aprobaron la ley que proponía la construcción y se armó una comisión para decidir el formato y la ubi- cación. Las voces opositoras surgieron ni bien se dio a conocer el emplazamiento. Salieron al cruce los vecinos del lugar, aso- ciaciones de arquitectos y medios de comunicación de variada orientación ideo- lógica. El libro de Rosana Gubern recoge muchas de estas opiniones, que nos permi- ten seguir indagando en los sentidos en pugna que rodean la cuestión Malvinas.

García Vázquez, el ex presidente de la Sociedad Argentina de Arquitectos, envió

una carta al diario Clarín, el 21 de mayo de

1990, en la que decía: “Sí, estoy en desa- cuerdo con su ubicación y con la forma de este cenotafio. Es lógico que una construc- ción de este tipo se levante en un lugar tranquilo, propicio a la meditación, al res- peto y a la rememoración que merece todo homenaje. El lugar de la tranquilidad requerida se coloca en uno de los sectores

más conflictivos y contaminados de la ciu- dad [...] Por otra parte, ¿es válido colocar el monumento a pocos metros de la Torre de los Ingleses, cuando nuestro gobierno ve con alborozo la reanudación de las relacio- nes con Gran Bretaña? Además, con esta obra se mancilla simbólica y físicamente la figura del Libertador, ya que la plaza que lleva su nombre está protegida por estrictas normas que procuran mantener su concep- to de patrimonio histórico y urbano, lo que en el presente caso ha sido tirado por

la borda irrespetuosamente”.53

En una entrevista publicada en la revis-

ta Gente el 17 de mayo de 1990,

Quiñones, un excombatiente integrante de la comisión, respondía que no consideraba que el lugar elegido reavivara el odio hacia los ingleses: “Creo en la madurez de los