Al revisar la literatura sobre el clima en el contexto escolar se reconocen varias definiciones, entre las cuales la planteada por Moos (1974), se toma como principal para el estudio, este autor nos dice que el clima social escolar “consiste en las percepciones por parte de los alumnos del ambiente socio-psicológico en el que se produce el aprendizaje. Es decir, se trata de las percepciones que tienen los actores educativos respecto a las relaciones interpersonales que establecen en la institución escolar y el marco en el cual se dan estas relaciones”.
Fernández Ballesteros y Sierra (1982, citado en Mikulic y Cassullo, s.f.) refieren que el foco de interés ha sido para Moos la clase como el conjunto de profesor-alumnos reunidos en un lugar específico (el aula), para la realización de una tarea escolar (matemática, lengua, etc.).
31 Cornejo y Redondo (2001, citado por Mena y Valdés, 2008), señalan que el clima social escolar se refiere a “…la percepción que tienen los sujetos acerca de las relaciones interpersonales que establecen en el contexto escolar (a nivel de aula o de centro) y el contexto o marco en el cual estas interacciones se dan”. También una de las definiciones más citadas es la planteada por Cere (1993, citado en Mena y Valdés, 2008), este autor lo entiende como “…el conjunto de características psicosociales de un centro educativo, determinados por aquellos factores o elementos estructurales, personales y funcionales de la institución, que, integrados en un proceso dinámico específico, confieren un peculiar estilo a dicho centro, condicionante, a la vez de los distintos procesos educativos.” (p.30).
En forma más simple, Arón y Milicic (1999), lo definen como la percepción que los miembros de la institución escolar tienen respecto del ambiente en el cual desarrollan sus actividades habituales. Tales percepciones, se basarían en la experiencia que el propio individuo desarrolla en la interacción.
Una particularidad de las instituciones educativas, y que permite avistar una complejidad nueva del clima en este ámbito, es que a diferencia de la mayoría de las organizaciones, en ellas el destinatario de la finalidad de la organización es a la vez parte de ella: la misión institucional de toda escuela es la formación de personas y éstas (los estudiantes), son parte activa de la vida de la organización (Casassus, 2000, en Mena y Valdés, 2008).
Según Arón y Milicic (1999), los climas escolares se clasifican de la siguiente forma:
a. Climas nutritivos
Son aquellos que generan climas en que la convivencia social es más positiva, en que las personas sienten que es más agradable participar, en que hay una buena disposición a aprender y a cooperar, en que los estudiantes sienten que sus crisis emocionales pueden ser contenidas, y que en general contribuyen a que aflore la mejor parte de las personas. Se caracteriza por la percepción de justicia, énfasis en el reconocimiento, tolerancia a los errores, sentido de pertenencia, normas flexibles, espacio para la creatividad y
32 enfrentamiento constructivo de conflictos (Arón y cols, 1999, citado en Arón y Milicic, 1999).
Fernández (2005, citado en Morales 2011), señala que para el logro de un adecuado clima escolar deberíamos tener una «filosofía de la convivencia» basada en la dinámica del conflicto, donde las relaciones interpersonales y la organización escolar jugarán un papel fundamental, y que lo más importante es lograr encontrar el equilibrio entre el que hacer educativo y el desarrollo personal de sus miembros.
b. Climas tóxicos
Un clima social tóxico, caracteriza la institución escolar como un lugar donde se percibe injusticia, priman las descalificaciones, existe una sobre- focalización en los errores, sus miembros se sienten invisibles y no pertenecientes, las normas son rígidas, se obstaculiza la creatividad y los conflictos son invisibilizados o abordados autoritariamente. Tal escenario, puede generar apatía por la escuela, miedo al castigo y la equivocación (Ascorra, Arias y Graff, 2003, citado en Arón y Milicic, 1999).
Considerando que la presente investigación se centra en las relaciones interpersonales que se establecen en el aula y en el marco en el cual se dan las relaciones, se visualizan tres tipos de relaciones, las cuales definen todas las combinaciones que se producen. Tales relaciones son caracterizadas por Ortega (1996, citado en Milán y Vega, 2012) como sigue:
a. Profesor/a- alumna/o
Este tipo de relación se caracteriza porque el docente va a servir de fuente de motivación, de interés de implicación en la tarea para el alumno, además de poder ser un modelo para su desarrollo socio moral.
Según Morales (1999), refiere que en el supuesto que todo es relación, nos interesa reflexionar sobre esta visión en conjunto. Cómo es nuestro estilo de relación habitual, nuestra relación global con la clase y los efectos de esta relación en los alumnos. Podemos correr el peligro de entender por relación
33 lo más informal (si somos o no somos amables, si saludamos, etc.), cuando la verdad lo más profesional de nuestra actividad (como puede ser comentar el programa, organizar una actividad en clase, explicar un tema, etc.), es también un modo de relación o se da en un contexto relacional. También dice “Los profesores tenemos momentos o ámbitos específicos en las que nuestra relación con los alumnos es clara, diferenciada e importante; cuando hacemos preguntas orales en clase nos estamos relacionando con alumnos concretos”. Otro ámbito de relación y comunicación importante tiene que ver con la evaluación y lo que supone de comunicación de expectativas, de informar eficazmente para corregir errores, su relación con la motivación etc. Miranda (2008), indica que una variable importante en la relación profesor alumno es la percepción del estudiante respecto de la relación que tiene con su docente. Al respecto, se ha encontrado que un estudiante con características típicas en el Perú, pero que no tenga buenas relaciones con su docente, lograría un rendimiento aproximado en comprensión de textos de 313.4 (11 puntos menos que el promedio).
Así también Morales (1999), nos indica que la relación profesor-alumno es compleja y abarca varios aspectos; no se puede reducir ni a una fría relación didáctica ni a una cálida relación humana. Además, aunque estemos poniendo el acento en la relación del profesor con los alumnos (el profesor es el sujeto principal el que de alguna manera inicia la relación), los alumnos también influyen en el profesor: la relación que inicia el profesor influye en los alumnos que a su vez influyen en el profesor y refuerzan un determinado estilo de relación profesor- alumno.
b. Profesor/a-alumna/o-currículum
Terminan caracterizando buena parte de la vida académica. Dentro de este sistema se despliegan roles, se adquieren normas, se organizan subsistemas de poder, de valores, de actitudes, etc., que terminan dando sentido a las experiencias cotidianas.
34 c. Alumna/o-alumna/o
Es de especial importancia debido a los lazos afectivos y de comunicación que se establecen dentro del grupo, ya que de esta relación entre iguales surgen valores, normas, inquietudes, y unos deseos compartidos.
Para Weinstein (1997, citado en Orellana y Segovia, 2014), generalmente los docentes tienen poca relación con la formación de una clase como un todo siendo los directivos escolares quienes toman las decisiones básicas en cuanto al tamaño y la composición del grupo. Sin embargo, es el docente quien tiene que asumir las riendas del control en el aula, pues la influencia en el comportamiento de los alumnos y las relaciones que establecen entre sí, son de vital importancia.
A la vez Orellana y Segovia (2014), señala que un profesor dominador y autoritario, estimula a los estudiantes a asumir comportamientos de dominación con relación a sus compañeros, creándose un clima de desconfianza, represión y hasta agresión con relación a otros estudiantes. Es decir: el estudiante que sufre control autoritario, rehúye a ese control de forma evidente y violenta por medio de desinterés y de pasividad; y los estudiantes más fuertes transfieren dominación hacia los estudiantes más débiles.
Según Milic y Aron (1995), consideran que las características del contexto escolar desde las perspectivas de los estudiantes son:
Contexto escolar favorecedor del desarrollo personal Favorece la capacidad de vinculación.
Fomenta relaciones cooperativas.
Fomenta relaciones basadas en el respeto de los otros. Promueve un estilo de relación democrático.
Estimula una actitud de tolerancia.
Estimula la resolución de conflictos en forma no violenta. Favorece el desarrollo de la capacidad de negociación. Transmite roles flexibles en relación con el género.
35 Favorece el desarrollo de conductas pros sociales.
Contexto escolar frenador del desarrollo personal Genera desapego y falta de compromiso.
Fomenta relaciones competitivas.
No fomenta relaciones respetuosas inter e intra subsistemas. Promueve un estilo de relación autoritario.
Genera un ambiente que favorece el desarrollo de prejuicios. Niega la existencia de conflictos o los reprime en forma autoritaria. No desarrolla habilidades de negociación.
Transmite roles estereotipados en relación con el género. Favorece desarrollo de conductas individuales.
B. Características del Clima Social Escolar