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Data Analysis, Interpretation and Outcomes

6.4 Findings of the Study

gesto antirrealista en MF. Como resulta evidente, ya a partir

de sus primeros textos publicados en vida –NTVOA (1928),

PR (1929)-, el antirrealismo es principio constitutivo de los

textos. E inclusive antes, desde sus tempranos textos dispersos publicados en revistas diversas y que ya comenté, eludía, en un sentido estricto, la representación realista en sus crónicas, horadándola ya con la ironía, ya con un contenido uso del absurdo y la broma que después alcanzará un alto logro en sus escritos más conocidos. Como es sabido, esto último no es que sea incompatible con el trabajo mimético en el enun- ciado literario. Pero siempre en gran medida implican –las presencias de la ironía y de la broma respecto a lo contado- irrupciones de la enunciación en la estructura del enunciado, irrupciones de lo dialógico. En gran medida, así, resulta por lo menos difícil de precisar en qué momento rastrear el momento originario del antirrealismo en MF. Salvo que aquí retome la interacción de las series que he propuesto como vertebración

del presente análisis1.

En dicho sentido, considero que para comprender tanto la genealogía como los alcances del antirrealismo literario macedoniano, hay que enlazarlo con sus iniciales preocupaciones vitales, metafísicas y del ámbito de la teoría del conocimiento, sobre todo a partir de que adquieren ma- yor densidad filosófica y epistemológica, desde sus escritos metafísicos publicados e inéditos producidos desde 1897.

Antes destaqué lo esencial que resulta en dicho momento la lectura de William James por parte de MF, sobre

todo de sus Principles of Psychology (1890), en el que MF

encuentra una sugestiva síntesis de psicología experimental e integral preocupada por la persona o “individuo”, y un

1 Como se verá, en los capítulos 6 y 7 propongo una manera alter-

nativa de pensar realismo/antirrealismo, producto del recorrido de estos capítulos previos.

marco metafísico más abarcador, más inclusivo de las pre- ocupaciones humanas, que excedía los marcos filosóficos más restringidos de la psicología experimental de la época. Es, casualmente, el interés del joven MF por superar la vi- sión y los métodos “materialistas” y “cientificistas” de cuño positivista –sin ignorarlos- con el fin de encontrar respuestas metafísicas a los problemas humanos, el que converge con planteos como el de William James. Desde aquí también se torna comprensible el acento radicalizado pone MF en la importancia de las “Sensaciones” para pensar los “Estados del Ser”, para poder realizar un conocimiento y saber del “Universo o Realidad”, posible en y desde aquel examen de ese complejo que son las “Sensaciones” para el joven pensa- dor argentino (Fernández, Papeles, 115). He subrayado esta cuestión, crucial para reubicar en términos teóricos y artísticos el devenir vital e intelectual macedoniano.

La crítica radicalizada al realismo por parte de MF arranca, a mi criterio, aquí. Converge, si se quiere, con el afán del joven MF en la década de 1890-1900 de superar los métodos “cientificistas”, positivistas, de conocimiento y saber, “herencia” –según él mismo destaca en uno de sus primeros artículos- del siglo XIX. Y se entronca con la posibilidad de construir maneras de conocer y de expresar “en el” y “al” individuo en configuraciones alternativas de “Universo o Realidad” o Mundo. En este marco es donde se vuelve ca- pital su recepción y reelaboración de propuestas como la de James, con el enfoque singular ya deslindado (por ejemplo, cómo resta importancia a la facultad de la memoria, que en James sigue siendo central). Su valoración de la “Sensación” como el más complejo “Estado del Ser” equivale, en este sen- tido, a un esfuerzo de MF por volver “pensable” –y no sólo cognoscible- la “vida”: supuestamente, la vida no se puede reducir a cómo la representa el “realismo”, la “copia” realista

en literatura, o el “positivismo” en materia científica, ya que es algo más complejo, solamente explorable desde “estados” complejos de sentir y reflexionar.

Por esto, MF intensifica la puesta en duda de la correlación existente entre “mente” y “copia” que James detecta como problemática cuando examina las conexiones en la psicología humana entre sensación, percepción y pen- samiento. Las “copias” del entorno –elementos definitorios, desde la perspectiva macedoniana, de las estéticas realistas-, que la “mente” registra, no representan ningún conocimiento fiable ni mucho menos satisfactorio de la “Realidad”: frente a esto, el desplazamiento de perspectiva que MF realiza resulta extremo; más extremo inclusive que lo planteado por James.

En el capítulo 2 he detallado el inicio y carácter de la correspondencia MF-William James. Aquí voy a subrayar, nuevamente, lo que implica un fragmento de dicha correspon- dencia incluido en uno de sus artículos metafísicos de 1907 en tanto escena de lectura (con el carácter fundante que tienen las escenas de lectura para toda escritura, según detalla Sylvia

Molloy, Acto, 25-106). Recordemos que en los artículos de

este tipo, de la época, MF examina cómo pensar los “esta- dos del ser” y es aquí donde radicaliza su valoración de la “sensación” y la “percepción”. Lo anterior –la creencia en el “estado” de afección construido de una manera clave entre la sensación y el pensamiento- es lo que cuestiona James en su carta a MF, citada por primera vez en el ya aludido trabajo: ““Ensayo de una nueva teoría de la psiquis. Metafísica pre- liminar. Psicología psicológica” (1907). En el experimento/ experiencia en cuestión, mencionado en el artículo citado y al que me referí en capítulos precedentes, MF describe un estado entre la vigilia y el sueño, donde por momentos resulta inde- cidible caracterizar qué tipo de sensaciones e imágenes –dos nociones cruciales en su pensamiento- experimenta. Señala:

“En mitad del sueño aparece y se des- envuelve un ensueño durante el cual y también al despertarme, inmediatamente de cesado, lucho con una singular perplejidad que consiste en la imposibi- lidad de saber si las imágenes constitutivas de él son visuales o auditivas. Tal como el hecho se produjo creí un momento que cruzaba por mi espíritu la re- miniscencia auditiva de un pasaje de una novela (se

refiere a Hester Winne, de Gertrude Colmore); luego

parecióme que aquello era la imagen de la fachada de un edificio y, en fin, reconocí que se trataba de una serie de imágenes auditivas, una página de Mendelssohn, cuyas frases constituían el ensueño,

acompañadas naturalmente de tono grato o positivo,

como lo llama Boldoni“(Fernández, No toda, 36)2.

2 Resulta del mayor interés la mención de la novela de Gertru-

de Colmore, autora también de otra novela: The Daughter of the

Music. Estas obras, y su autora, forman parte, como dije, de lo

que se considera habitualmente como autora y obras “de época”, “lecturas de época”. Pero quiero llamar la atención en dos aspec- tos. Por una parte, las obras de Colmore integraban colecciones narrativas junto a, por ejemplo, las obras de Arthur Conan Doyle, ya que compartían a grandes rasgos las características del relato policial de enigma y suspenso. Sobre este punto voy a volver en el capítulo 6 del presente trabajo, ya que me parece notable que obras de este género, sustentado en una recepción activa y cere- bral por parte del lector, hayan atraído a MF desde muy joven. En otras palabras: ¿Cómo no relacionar la recepción de obras de este género –inscriptas en la tradición del policial y en la filosofía de la composición de Edgar Allan Poe, autor referenciado por MF a lo largo de su producción- con la importancia que después, en sus teorías artísticas, otorgará MF al trabajo conceptual del lector en la producción de la obra? Por otra parte, si bien MF desde sus primeros textos –y en el transcurso de sus escritos hasta su vejez- es muy humilde respecto a caracterizar su destreza en los idiomas extranjeros –en particular el inglés y francés-, desde muy joven

Las menciones y las descripciones macedonianas en esta escena no resultan, en su aparente nimiedad, dignas de olvido sino todo lo contrario. Entre otras cuestiones, la

mención de una novela solamente publicada en inglés (Hester

Winne), nunca reeditada, de autora de época, de género policial en su variante de enigma y que es una constante descripción de indicios y suspenso, nos remite a un género donde la lectura exige tanto de la sensación lectora como del trabajo mental, algo que MF buscará provocar en su futura literatura.

Además de todo lo que está en juego a nivel de materia de discusión acerca de teoría del conocimiento en la escena de la cita de James por MF, hay en la misma una serie de cruces que directamente nos llevan a otras cuestio- nes: están no solamente el diálogo e intercambio de saberes, sino también el problema de la traducción desde campos de conocimientos distintos; están las diferencias y cercanías entre dos dispares pensadores (de dos dispares lugares) animados claro está por la reciprocidad; y están la diferenciación en la alteridad y el diálogo.

James critica la radicalidad de MF en su alta valora- ción de las sensaciones. “La sensación sigue siendo una selva formidable. No habrá paz para la inteligencia mientras nada se nos ocurra decir ante una especificidad, la visual, que ofrece lee obras de procedencia extranjera en su idioma original. Ya lo vimos respecto a sus lecturas filosóficas y científicas predilectas, pero esto también se aprecia a propósito de la novela de Colmore, jamás traducida del inglés, y que debió tener una circulación de importancia en ciertos grupos letrados del Buenos Aires de en- tonces (la apelación de MF en su texto hace imaginar que lecturas como la de Colmore eran un código de lectura común a ciertos grupos). En otras palabras: ubica, una vez más, el problema de la traducción –y de la escritura- en MF. Lo cual a su vez se vincula directamente, como ha hecho notar Sylvia Molloy, con las escenas de lectura decisivas en la conformación de una escritura.

ocho o diez modos irreductibles y todos gratos…”, dice a su vez MF en “Ensayo de una nueva teoría de la psiquis”. Para él la sucesión de “Estados del Ser” se percibe en un constante presente –por lo tanto una sucesión de discontinuidades, de acuerdo a lo analizado en el capítulo 3-, experimentados di- chos “estados” por el “ser” desde sensaciones y percepciones. Y si esto es aceptado por James, éste no deja de otorgar similar importancia a otras “facultades”, inclusive a la memoria en tanto construcción material del individuo, facultad –la me- moria, los recuerdos- cuya posible existencia es negada radi- calmente por MF a principios del siglo XX (posteriormente, como dije, el escritor atenúa muy levemente esta posición).

Si subrayo la anterior escena de lectura de James por MF, es porque –con variaciones- la misma escena y otras múltiples referencias al psicólogo, filósofo y educador norteamericano son citadas, rescritas y transformadas en una diversidad de textos del escritor en las más diversas épocas. A partir de dicha escena de lectura, de 1906 y 1907, se pueden entender una serie de rasgos que se proyectan luego en los diferentes registros y modalidades discursivas practicadas por MF: desde sus textos más estrictamente filosóficos y de preocupación psicológica, hasta sus más deliberadamente literarios. Así ya en definiciones que da MF en un texto como “Metafísica”, de 1908, incide claramente aquella escena de lectura de James, autobiográfica en múltiples direcciones: porque marca la densa y transgresora orientación metafísica del MF que sigue; porque condensa cuestiones que éste ya venía pensando desde lecturas de Berkeley, Schopenhauer, Spencer, Hume, Kant y Hegel, entre otros; porque conco- mitante a la definición de un modo de pensar el ser surge una manera particular de construir el conocimiento y lo que luego será una poética, y porque desde la propia experiencia se perfila un tipo especial de tropología en la discursividad

macedoniana, aquella donde confluyen lo autobiográfico y lo epistemológico, y a la que podríamos entender al mismo tiempo como conjunción de las líneas internas/externas de las molduras sujeto/escritura, tal como piensa estas nociones

Gilles Deleuze en El pliegue.

Retomando entonces lo marcado respecto al carácter de reflexión teórica del espacio autobiográfico –simultánea a su carácter de práctica escritural-, en tanto espacio donde a la vez que el autoconocimiento y conocimiento de los demás, se juegan las posibilidades de todo tipo de conocimiento, me parece oportuno subrayar en MF la conexión entre esto y sus búsquedas en el orden de la teoría del conocimiento y en el orden estético. En esta dirección, sus preocupaciones, por ejemplo, por construir una estética alternativa al realismo no resulta ajena a una preocupación de época, y no sólo, por supuesto, en el Río de la Plata. Lo interesante, respecto a este punto, es indagar cómo MF deja leer ese momento histórico- cultural. Y explorar también posibles puntos de referencia histórico-culturales del momento histórico en Argentina respecto al debate realismo/antirrealismo, como puede ser el caso de las lecturas y valoraciones estéticas que desarrolla Paul Groussac.

4.3. El antirrealismo de Macedonio y su cuestionamiento