Research Design and Methodology
5.2 Multivariate Techniques
5.2.4 Structural Equation Modelling (SEM)
“Las autobiografías de Goethe y Spencer son quizá la causa de que llegue a escribir; éstas, con Emerson y Bacon, el más grande literato-pensador, me vuelven siempre a la mente la idea del beneficio, para el pobre intelectual, del libro de inmensa compañía que el pobre intelectual tanto necesita después de haberse perdido en el terrible griterío de la inacabable literatura universal tan plagada de falsa afirmación, jactancia, sobreafirmación, segunda intención, tonta coquetería de ceñimiento y po- sesión de verdad y, lo menos malo, error.”
Macedonio Fernández
El aspecto clave que me interesa subrayar en éste y en el siguiente capítulo es el siguiente: la importancia del espa- cio autobiográfico en MF, para formular tanto sus propuestas teóricas como su constante práctica escritural y artística. Este es un aspecto en el que insisto desde el capítulo 1; cuestión puntualizada inclusive con el deslinde de series –retomando a Gilles Deleuze- que realizo al final del mismo. Pero aquí, en los capítulos 3 y 4, quiero remarcar la crucialidad de dicho espacio –el autobiográfico-, a partir de instalar la lectura del devenir vital macedoniano y sus textos en relación a dos hori- zontes bien diferenciados: por una parte, el de ciertos debates estéticos y de conocimiento que atraviesan el campo literario (y de poder) de la primera parte del siglo XX argentino; por otra, cómo MF ha propuesto –inclusive desde los rasgos de su singular reinvención autobiográfica, o autoficcionalización- una lectura y reescritura del siglo XIX argentino, aún cuando pareciera, a simple vista, que es un escritor totalmente ajeno
a la atmósfera de dicho pasado. Esto último ha sido cuestio- nado desde el primer capítulo de este ensayo, por supuesto en diálogo con los trabajos críticos sobre el escritor que han
puesto similar acento (Mónica Bueno, Macedonio Fernández,
un escritor de Fin de Siglo: Genealogía de un vanguardista). Tanto en éste como en el siguiente capítulo quiero articular relaciones temáticas y formales entre ciertos aspectos a nivel de fábula y lenguaje de algunos textos del escritor, su búsqueda teórico-crítica emparentada a su muy sutil configuración discursiva autobiográfica, y la relación problemática de los órdenes anteriores con las dos formaciones discursivas e históricas antes enunciadas.
Conviene, antes de seguir, una puntualización. El “espacio autobiográfico” vendría a ser aquí ese borde, ese complejo lugar de intersección e interacción –tanto práctica como reflexiva- que asumimos entre vida y obra y que, en opinión de Angel Loureiro:
“…no es una línea clara y divisible, sino que atraviesa el cuerpo y el corpus del autor de ma- neras que solamente comenzamos a entrever, y que tanto una lectura de un sistema (…) como una lectura empírico-genética jamás han interrogado: no pode- mos separar radicalmente vida y obra pero tampoco podemos explicar la una por medio de la otra, sino que tenemos que empezar a pensar lo “autográfico” desde esa premisa del borde paradójico que separa, une y atraviesa al mismo tiempo corpus y cuerpo, vida
y obra.” (Loureiro, La autobiografía, 7).
Al estar el sujeto inscripto en lo histórico y al ins- cribirse lo histórico en esa subjetividad, tanto la historia como una decisiva preocupación por la “persona”, por el individuo –para usar los términos recurrentes en MF-, se delinean desde
la reflexión por lo autobiográfico. Pero a la vez en ese espacio, por lo pronto discursivo, es posible examinar cómo interactúan conocimiento, estética e historia, pensados desde la manera en que un sujeto se rescribe, se relata a sí mismo en la vida, en su historia presente. En ésta ese sujeto escribe, y escribe porque lee, y lee porque escribe: la escena de lectura sería la descripción y valoración conceptual de cómo se configuran dichas escenas y sus proyecciones. Si recordamos la lectura de Sigmund Freud por Jacques Lacan y Jacques Derrida, no sería vano entender la escena de lectura como la escena de la letra, del leer y del escribir en el vivir. En suma, aquella noción puede no ignorar ningún alcance –histórico, filosófico, psicológico, biológico-, si bien sobre todo aparece configurada como la re-presentación textual de una serie de actos, de poses de lectura, que podemos comprender al mismo tiempo como generadores de lo que nos es dado leer desde una posición
determinada (Molloy, Acto, 25-106).
Se trata de una modalidad –la del espacio autobio- gráfico- de reflexionar sobre la literatura y el conocimiento que permite ingresar, por otro lado, a cuestiones de carácter estético e intelectual, tal la oposición realismo/antirrealismo, si se quiere una convención necesaria como punto de partida a la hora de pensar sobre MF. Podemos ver así que existe una vinculación directa en el caso de MF entre su preocupación por el Individuo, por la “individualidad” (tal como tracé en los capítulos anteriores), las lecturas metafísicas y de psicolo- gía, sus búsquedas expresivas, y los registros y modalidades discursivas que construye. Si hay una posición casi inicial en MF del orden de la teoría del conocimiento, que por lo pronto busca trascender las oposiciones vigentes del fin del siglo XIX tales como positivismo/espiritualismo, materialismo/espiri- tualismo, dicha posición es el peculiar discurso autobiográfico macedoniano donde dicha búsqueda muestra sus contorsiones
(autobiográficos son de manera explícita, para empezar, sus escritos metafísicos que van desde fines del siglo XIX y se prolongan y acentúan con el correr de las primeras décadas del XX). Y es que si bien, por un lado las modalidades autobiográ- ficas muestran el movimiento de una subjetividad en relación a las coordenadas tempora-espaciales –y en este sentido no son ajenas a elementos clave del realismo, tanto estético como cognoscitivo, entendido aquel como un objeto representado denominado “realidad”-; por otra parte la problemática del espacio autobiográfico instala en un capital primer plano la relación sujeto/lenguaje, inclusive acentuando su carácter problemático, con la inevitable consecuencia de enfatizar los interrogantes sobre las posibilidades del conocimiento y del autoconocimiento imbricadas en la simultánea realización cognitiva, ética y estética de todo discurso.
Si queremos, por una parte están las consideracio- nes sobre el discurso biográfico –y de la mano de ellas las puntualizaciones sobre la novela de iniciación, picaresca y las hagiografías- de Mijaíl Bajtín, más atento a un diálogo
con las problemáticas del realismo (Bajtín, Estética, 164 y
ss.). Por otro lado, en el otro extremo de posiciones sobre lo autobiográfico, está una observación como la siguiente de Paul de Man, que constituye un rasgo esencial de lo autobiográfico: “El estudio de la autobiografía está atrapado en este doble movimiento, en la necesidad de escapar de la tropología del sujeto y la igualmente inevitable reinscripción de esta necesi- dad en un movimiento especular del conocimiento.” (de Man
en Loureiro, La autobiografía, 114). Ambos polos marcan,
a mi criterio, el espectro donde se juegan las concepciones sobre lo autobiográfico: desde una posición donde de Man entiende que el lenguaje como “máscara” es lo único existente del sujeto, pasando por posiciones que entienden que el ser,
postulan que hay un ser –y una realidad- preexistentes a las escrituras de sí y sobre sí mismo. Lo importante aquí es que escribir sobre uno mismo implica problematizar en alguna medida desde dónde, cuándo y cómo se conoce, y los alcan- ces y límites de dicho conocimiento. En el fondo, se busca así exceder comprensivamente las figuraciones del “yo”, las metáforas del “ser”, trabajarlas conscientemente, y a la vez, reinscribir esta necesidad en un movimiento especular del conocimiento desarrollado en el discurso.
De allí la relación entre escritura autobiográfica y teorización –o por lo menos, origen de teorización, génesis de especulación. Como vemos, en MF ese “yo”, ese “Ser” se está interrogando continuamente. Y por otra parte, las referencias a los “espejismos” del “Ser” y del “lenguaje”, del conocer y del saber, son recurrentes en sus textos, si bien aquí la metáfora del “espejismo” está alejada de la tradicional metáfora del “espejo” de la supuesta eficacia de los reflejos de las “copias” realistas, o en todo caso dialogan con esa idea de la mimesis fragmentada –en correlación con una percepción sólo subjetiva de la realidad- que advierte Eric Auerbach como sintomática de los escritores desde principios del siglo XX (escritores posteriores además al “realismo científico” propuesto por Emile Zola, también objeto ineludible de aná- lisis de Auerbach a la vez que referencia de realismo muy
respetada por MF) (Auerbach, Mimesis, 467-528). Así las
consideraciones previas sobre lo autobiográfico dejan traza- das una serie de coordenadas para los desarrollos de éste y el capítulo siguiente.
4.2. La reconstitución presente de la tradición artística de