Chapter 5 The Effect of Agglomeration Economies on Firm-level Productive
5.5 Results and Interpretation
5.5.4 Firm Characteristics and Technical Efficiency
Usó (1995:347) estima que la imagen de las drogas ilícitas en los medios de comunicación podría fomentar su consumo. “El tema de “la droga” parece elaborado como objeto de opinión pública a partir de una lógica circular, donde el énfasis en alarmantes vaticinios tiende a contribuir a la materialización de una realidad alarmante. Los elementos que contradicen el estereotipo son sistemáticamente ignorados”.
Según Usó (1995:344) la imagen de “la droga” tal como está definida contribuye a crear demanda entre ciertos individuos. Esta imagen estaría definida por unos rasgos espectaculares que le habrían permitido ganar una atención prioritaria:
1. Los desmesurados precios y beneficios de las drogas ilegales, lo que en un país como España, con los mayores índices de paro juvenil de Europa, convertirían al tráfico de heroína o cocaína en una de las “principales alternativas ocupacionales”.
2. Un segundo rasgo en importancia sería la adicción que crean las drogas, en el caso de la heroína presentada como casi instantánea. Algo que se alejaría de su naturaleza, pues en el contexto controlado de un laboratorio se necesitan no menos de tres semanas de uso diario de heroína pura, frente a una sustancia en la calle con una pureza media del 5%. Esta adicción otorgaría al heroinómano un estatuto de irresponsabilidad sobre sus actos.
3. Según Gamella la cobertura dada a la aguja y las venas en la prensa ha ayudado a acelerar la difusión del uso intravenoso, algo desconocido hasta los años 70. “Las imágenes de jóvenes inyectándose son usadas con profusión para ilustrar todo tipo de reportajes sobre drogas ilegales aun cuando nada tienen que ver con la historia que ilustra”.
4. Finalmente, las supuestas muertes por sobredosis han contribuido a centrar la atención social sobre la heroína. Sin embargo Usó afirma que las muertes atribuidas en nuestro país a la sobredosis “es un misterio médico”, ya que los síntomas de las muertes atribuidas oficialmente a sobredosis no coinciden con los síntomas del opiáceo. De la misma opinión es Escohotado. Las muertes oficiales por sobredosis habrían aumentado en una proporción muy superior al del número de consumidores, pasando de entre 0 y 5 a finales de los años 70, a más de 100 a mediados de los 80, 250 en 1988, 579 en 1989, hasta alcanzar un máximo histórico de 813 en 1991. Por otra parte, Usó también analiza que la sobredosis es una causa de muerte
“estadísticamente irrelevante” comparada con otras causas, como cáncer, infartos, accidentes de circulación, etc. Pese a lo cual este hecho se convierte siempre en noticia, lo que reafirma la visión de que “la droga mata”.
Todo esto lleva a Usó (1995:346) a concluir que “la droga” no es un concepto científico, sino un estereotipo que sirve para marginar a determinados colectivos y para generalizar un miedo social. A la misma conclusión llega Martínez (2000:265) al afirmar que la pretensión de un tipo generalizado de noticias sobre drogas no es informar sino que se pretenden objetivos no comunicativos, como son inducir alarma social sobre el fenómeno de las drogas.
En este sentido Vega hace notar que la información sobre drogas tiende a desarrollar un mito en torno a las drogas, que es poco coherente, lo que lleva a dudar de su veracidad; intenta producir miedo en los lectores; e intenta salvar los valores del sistema social establecido. (Vega, 1996). El informe MacBride (1988:306) coincide en acusar a los medios de comunicación de crear el miedo para provocar una reacción, una demanda masiva de seguridad.
Este estereotipo tendría consecuencias contrapreventivas, pues el miedo, en vez de alejar de las drogas, las haría más interesantes a ojos de los jóvenes. Además, intentar crear miedo en el caso habitualmente poco problemático del cannabis habría generado en los jóvenes que lo han consumido sin problemas aparentes, la impresión de que les habrían mentido de igual manera sobre el resto de las drogas, con lo que tenderían a rechazar los mensajes institucionales también sobre las drogas “duras”. De nuevo la imagen creada por los medios de comunicación y las instituciones contribuiría a acercar al consumo en vez de prevenirlo.
En cuanto a la cocaína, Usó (1995) describe cómo la industria del entretenimiento y la publicidad fomentan una imagen subliminal que la relaciona con un estilo de vida elitista, citando el ejemplo de series televisivas como Miami Vice (Corrupción en Miami), productos como la colonia “Cocaína en Flor”, o la publicidad televisiva de una
estación catalana de esquí en la que un mayordomo ofrecía un montón de “nieve a todo confort”.
La periodista Luisa Etxenike señala que los medios de comunicación transmiten mensajes “infantilizadores” a la gente joven, con lo que contribuyen a transmitir mensajes contradictorios en el ámbito de la responsabilidad personal (Markez, 2003:85). A esto se sumaría que los discursos sobre drogas serían demasiado
generales, poco precisos y poco adaptados a la recepción. Etxenike hace un llamamiento a que los periodistas eliminen la doble moral con la que elaboran informaciones sobre drogas como si les fueran completamente ajenas, cuando todas las personas, incluidos los periodistas, tienen su propia relación con las drogas. Por ello estima necesario eliminar las perspectivas neutras por otras más activas.
Martínez (2000:362) encuentra que el discurso de los medios de comunicación hace que lo legal se convierta en “bueno para comer”, obviando que esta legalidad se debe a razones culturales y económicas, y no a una falta de nocividad del consumo de alcohol y tabaco. “Por el contrario la prohibición legal del consumo de heroína, cocaína o hachís, convierte a estos productos automáticamente en perniciosos para el organismo independientemente de que el consumo de alguno de ellos, en
determinadas circunstancias de uso, ha revelado su inocuidad desde el punto de vista sanitario”.
De este modo, los medios de comunicación refuerzan un modelo de las drogodependencias que demanda una actuación represiva como vía de solución (Frojan, 1993, basándose en Alvarez et al, 1988; García et al, 1987 y Ferrer y Dacosta, 1993). El mensaje que se transmite define el fenómeno de las drogas como un problema de índole criminal que tiene que ser resuelto a través de las vías policiales y jurídicas.