Chapter 1 Introduction
4.3 The Stochastic Production Frontier (SPF)
4.3.4 Stochastic Production Frontier Model with Variables Explaining
En 2003 existían entre 15 y 20 asociaciones de tendencia cannábica activas en nuestro país, si bien los datos al respecto varían según el informador, “dado el carácter inestable y fugaz de muchas de ellas” (Barriuso, 2005:99). Gamella y Jiménez (2005:48 citado en Marín, 2008:236) localizaron en agosto del 2003 unas 39 asociaciones. Para la realización de su tesis doctoral, Isidro Marín, encontró hasta 57 asociaciones cannábicas
en internet, de las que sólo pudo contactar y obtener información directa de 14 asociaciones. Finalmente, Calafat et al. (2000:245) sostienen que en el momento de realizar su estudio existían 45 asociaciones.
La primera asociación cannábica con continuidad fue la catalana Asociación Ramón Santos de Estudios del Cannabis (Arsec), constituida en 1991. Durante los años 90 toda otra serie de organizaciones se fueron creando, como AMEC (Madrid), Kalamudia (Bilbao), SECA (Zaragoza), Arseca (Málaga), AECA (Huelva), AMA (Albacete), Amigos de María (León), AlaCannabis (Alicante), Bena Riamba (Valencia) y AMIC (Mallorca). Algunas de estas asociaciones y otras formaron la Coordinadora Estatal por la
Normalización del Cannabis en 1996, teniendo varias etapas de inactividad y resurgimiento hasta su desaparición en el año 2002 (Barriuso, 2005:100). Para sustituirla, en 2003 surgió la FAC (Federación de Asociaciones Cannábicas) en la que se agrupan unas quince asociaciones, con actividad en la actualidad.
Esta intensa actividad fundacional no ha pasado desapercibida a los autores. Barriuso (2005:100) califica este fenómeno social de “ boom de asociaciones”, mientras que Calafat et al. (2000:241) describen cómo en pocos años el movimiento pro-cannabis “ha crecido de forma espectacular”, hasta el punto de que “es muy probable que actualmente España sea uno de los países donde ha cobrado mayor fuerza y se muestre más activo”. Para este autor se trataría “de una red de apariencia informal que, sin embargo, en la práctica supone una organización que está logrando una buena cohesión de individuos y de grupos que participan en la definición y promoción de la cultura del cannabis”. Este movimiento estaría ganando aliados y simpatizantes en todos los ámbitos sociales, especialmente entre los jóvenes y los colectivos profesionales (Calafat et al., 2000: 268).
Sin embargo el número de miembros sería bastante pequeño, y distarían de ser homogéneas (Calafat et al., 2000: 245). Marín (2008:163) estima que el número de asociados varía desde más del millar de socios de asociaciones de grandes ciudades, como Arsec (Barcelona) o AMEC (Madrid) hasta poco más de cuatro docenas de socios en ciudades pequeñas.
También Barriuso (2005:99) considera que estas asociaciones son colectivos bastante heterogéneos, “tanto en su comportamiento como en sus planteamientos, dotados en general de medios precarios e impacto social directo más bien escaso, pero que han conseguido una serie de pequeños éxitos que han contribuido a un profundo
cambio social y cultural en torno al cáñamo de uso psicoactivo”. Calafat et al. (2000: 245) observa que mientras algunas asociaciones se centran en la defensa de la legalización de la marihuana, otras defienden la legalización de las drogas en general. De igual modo, indica que mientras algunas establecen vínculos de colaboración en favor de la legalización con partidos políticos progresistas, otras se mantienen apartadas de la vía política convencional “debido a su espíritu más anarquista”.
Puede ser importante realizar una observación semántica sobre la definición de estas asociaciones, pues mientras Calafat et al. (2000) se refieren a ellas como “pro-cannabis”, Barriuso (2005) prefiere definirlas como grupos cannábicos, vinculando la etiqueta “pro- cannabis” con “el entorno del Plan Nacional sobre Drogas”, concretamente a la publicación que venimos citando, Estrategia y organización de la cultura pro-cannabis, Calafat et al. (2000). La denominación “pro-cannabis” supondría que “el
antiprohibicionismo alienta el consumo de cannabis entre los jóvenes a fin de aumentar el negocio y los espacios de poder en torno a la planta” (Barriuso, 2005:99).
En cuanto a las vías de actuación de estas asociaciones, el presidente de la FAC, Martín Barriuso, señala que en vez de limitarse a reclamar a las instituciones cambios legislativos, “una de sus preocupaciones desde el primer momento ha sido la de encontrar fórmulas para poder ejercitar en la práctica ciertos derechos sin necesidad de cambiar esas leyes, buscando fisuras en las mismas”. En este sentido hay que entender la primera plantación colectiva y pública que realizó la Arsec en 1994. Esta asociación llevó a cabo la plantación de unas doscientas plantas de marihuana, destinadas al consumo de unos cien socios de la misma. Aunque previamente se había consultado al fiscal antidroga si el cultivo para el consumo privado era un delito, a lo que el fiscal respondió negativamente, la Guardia Civil intervino y evitó el cult ivo (Barriuso, 2005:100). En 1997, el Tribunal Supremo condenaba a los directivos de la asociación a cuatro meses de cárcel y a una multa de medio millón de pesetas (Barriuso, 2005:101).
Pese a esta primera experiencia fallida, la asociación vasca Kalamudia realizó en 1997 una nueva plantación de cientos de ejemplares, protagonizada por personas conocidas del mundo de la cultura, periodistas, políticos, sindicalistas, profesoras universitarias, médicos, etc., que aportaron sus datos personales y firmaron una declaración comprometiéndose a destinar las plantas a su consumo privado, que fueron entregadas en el juzgado. Las actuaciones judiciales se archivaron y la marihuana se recolectó sin impedimentos (Barriuso, 2005:101). Dado este éxito, en 2000 y 2001
Kalamudia repetiría su plantación con publicidad y sin ninguna reacción judicial. Otras actuaciones llevadas a cabo por las asociaciones cannábicas pueden resumirse de la siguiente manera:
- Clubes de consumidores y cultivadores de cannabis: se han constituido algunas asociaciones de usuarios de cannabis que pretenden autoabastecerse, apoyándose en el informe que la Junta de Andalucía solicitó en 1999 al Instituto Andaluz de Criminología acerca de las condiciones que debería reunir un local para poder dispensar cannabis sin contravenir las leyes.
- Copas o concursos de marihuana: los concursantes aportan una serie de muestras de marihuana, que es juzgada por un jurado según unos criterios de apariencia, olor, sabor, efectos psicoactivos, etc. Según Barriuso (2005:103) estas celebraciones se basan “en otra pirueta legal: el hecho de que, según la jurisprudencia, el consumo compartido entre adictos no es un delito”. Para ello, estos eventos se han celebrado en recintos privados, congregando desde decenas a cientos de socios y cultivadores según la ocasión.
- Manifestaciones: durante los años 90 y 2000 se han celebrado manifestaciones en diferentes ciudades de España, con la asistencia de varios miles de personas a las
convocatorias de Madrid.
- Defensa de socios: según Marín (2008:196) una de las funciones de las asociaciones es la defensa de sus socios cuando van a juicio, tanto si es por haberse autoinculpado en un cultivo colectivo como si sufren persecución por cultivos propios o individuales.
- Lobby político: para Barriuso (2005:104) la presión política habría sido más bien
secundaria dentro de la actividad de estos grupos, si bien considera que el movimiento cannábico se habría “apuntado unos cuantos tantos, con comparecencias y audiencias en diversos organismos, incluidos varios parlamentos autonómicos y el propio Parlamento español”.
- Coordinación internacional: en el terreno internacional varias asociaciones españolas participaron en la creación de la Coalición Internacional de ONGs por una Política de Drogas Justa y Eficaz que tuvo lugar en Turín en 1997, que posteriormente intervendría en la sesión especial sobre drogas de la ONU en 1998 (Barriuso, 2005:104).
las páginas propias de las asociaciones. Una de las principales páginas de coordinación del movimiento cannábico español es el cannabiscafe.net, que ha creado su propia asociación, la Asociación de Internautas del Cannabiscafe (AICC), que organiza diversas actividades, como la celebración de una reunión anual de sus socios y simpatizantes, denominada “Parade”, en la que se celebran charlas, conciertos, debates, etc.