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Para Simon, la Tecnología “no es más que otro nombre para el conocimiento humano”3.

Leyendo esta escueta frase se puede pensar que esta definición del término de “Tecnología” está incompleta; de hecho, en parte, es verdad. Sin embargo, es un caso que refleja perfectamente el sentido que le da el autor al concepto, puesto que concibe la “Tecnología” como conocimiento. Así, para el resto de los enfoques en los que habitualmente puede ser analizada la Tecnología –como quehacer y como producto–, Simon utiliza términos diferentes, como son “Ingeniería” o la expresión “mundo artificial”.

Considera Simon que “la Tecnología es conocimiento de cómo hacer las cosas (know how); pero, a veces, no todas las cosas que nos enseña a hacer han de ser hechas. Nosotros sabemos cómo construir un SST, más o menos, pero en la actualidad aún no lo hemos construido. A veces se dice que si una Tecnología nos muestra cómo hacer algo, nosotros no podemos resistirnos a no llevarlas a cabo. Naturalmente esto es una exageración: la decisión de aplicar la Tecnología es tomada en el seno de nuestras instituciones sociales”4. Distingue, de este modo, lo que es el proceso (tecnológico) de

lo que considera propiamente como “Tecnología”. Es decir, por una parte, atiende a las acciones que pueden dar lugar a un producto o artefacto; y, por otra parte, contempla el conocimiento que sustenta esas acciones y le parece más relevante. Semánticamente, la Tecnología tiene entonces –a su juicio– un claro status cognoscitivo, pues para el análisis desde un enfoque praxiológico utiliza otro tipo de vocablos.

En su descripción semántica, Herbert Simon tampoco se centra en el enfoque de la Tecnología como producto o artefacto en sí. Insiste, en efecto, en que “la Tecnología es simplemente conocimiento; de tal manera que no reside en las máquinas, sino en las mentes de las personas que las inventan, las desarrollan y las usan. Aunque se piense que las máquinas pueden ayudarnos a aprender sus características de uso, con todo, en última instancia, tenemos que pensar en la Tecnología en términos de conocimiento humano”5.

Queda claro, pues, que concede completa prioridad al enfoque cognitivo a la hora de definir el término de “Tecnología”; más aún, parece concebirlo como si fuera el único legítimo.

Según M. A. Quintanilla, el enfoque cognitivo se caracteriza generalmente por mantener que “la Tecnología es ante todo una forma de conocimiento práctico, con base científica, que nos permite diseñar artefactos eficientes para resolver problemas prácticos. El cambio tecnológico se produce, fundamentalmente, a través de la investigación científica aplicada y la mejora de los propios conocimientos tecnológicos y depende, en gran medida, del progreso científico”6. Precisamente, el profesor Simon

defiende esta postura en su artículo Technology and Environment: en efecto al analizar distintos problemas ambientales, mantiene que su única solución es mediante un mayor conocimiento tecnológico, lo que, naturalmente, requiere también de un aumento del conocimiento científico.

3S

IMON, H. A, “Technology and Environment”, Management Science, v. 19, n. 10, (1973), p. 1110. 4S

IMON, H. A, “Technology and Environment”, p. 1110. 5S

IMON, H. A., “The Steam Engine and the Computer: What Makes Technology Revolutionary”, en SIMON, H. A.,Models of Bounded Rationality. Vol. 3: Empirically Grounded Economic Reason, MIT Press, Cambridge, 1997, p. 171.

6Q

La Tecnología, para Herbert Simon, es conocimiento; pero la Ciencia también es conocimiento. Por lo tanto, cabe preguntarnos qué diferencias aprecia entre el conocimiento tecnológico y el conocimiento científico. La divergencia parece estar en la visión general: a la Tecnología la caracteriza como “el conocimiento de cómo hacer las cosas, de cómo conseguir los objetivos humanos”7; mientras que la Ciencia aparece

como la aproximación hacia el objetivo de la verdad. En tal caso, la Tecnología tendría una posición operativa: la consecución efectiva de los objetivos humanos, al tiempo que la Ciencia buscaría el aumento del conocimiento. En otras palabras la diferencia es epistemológica –varía el tipo de conocimiento– y metodológica –son distintos los procesos–, pues a su vez son diferentes sus objetivos y valores (el plano axiológico).

La diferencia, pues, entre Tecnología y Ciencia parece clara. Sin embargo, introduce en sus escritos algunos términos que nos pueden llevar a la confusión, como por ejemplo, las frases “Ciencias de lo Artificial” o “Ciencias de la Ingeniería”. Simon no aclara semánticamente las diferencias entre los distintos términos. De Ciencias de la Naturaleza habla como “un cuerpo de conocimiento sobre las clases de cosas (tanto objetos como fenómenos) que se dan en el mundo”8, y las Ciencias de lo Artificial es el “conocimiento

sobre los objetos y fenómenos artificiales”9. Parece, por tanto, que la diferencia entre

ambos tipos de saberes estriba sólo en el objeto de estudio. En tal caso, la Tecnología, entendida como conocimiento destinado a la consecución de unos objetivos, podría recurrir a ambas Ciencias para articularse.

Sin embargo, esto no se puede afirmar con demasiada contundencia, porque Simon tiene excesivas lagunas al desarrollar este tema. Resulta llamativo que la palabra “Tecnología” apenas aparezca citada en la última versión de The Sciences of the Artificial, publicada en 1996. Cabe sospechar, que al igual que sucede en M. Bunge, Simon podría utilizar en ciertas ocasiones la expresión “Ciencias de lo Artificial” como sustituto del término “Tecnología”.

Esta escasa presencia en Simon de referencias al término “Tecnología” en uno de sus libros emblemáticos resulta relevante. Además, en los artículos donde sí usa ese término, sucede que, aunque lo use de hecho, no forma parte después de las explicaciones fundamentales. Este es el caso del trabajo Technology and Environment, cuando defiende la utilización de la “Tecnología” para la solución de los problemas ambientales. Así, concluye que “los problemas ambientales serán resueltos a través de una vigorosa investigación en Ciencia Básica, una Ingeniería imaginativa y una sofisticada ‘Administración científica’ (o ‘Metatecnología’)”10. Utiliza así tres conceptos que, en ningún caso, son sinónimos de

lo que concibe como Tecnología. Más aún, tomados en conjunto los tres no corresponden a lo que llama “Tecnología”.

A mi juicio, Simon utiliza el término Tecnología de una manera bastante confusa, ya que lo circunscribe al ámbito cognoscitivo, pero luego no parece lograr diferenciarlo de las Ciencias de lo Artificial, quizá porque no tenga una noción clara de la “Ciencia

7S

IMON, H. A., “Technology and Environment”, p. 1110. 8S

IMON, H. A., The Sciences of the Artificial, 3ª ed., MIT Press, Cambridge, 1996, p. 1. 9S

IMON, H. A., The Sciences of the Artificial, 3ª ed., p. 3. 10S

Aplicada”11. Los problemas se incrementan al introducir la expresión “Metatecnología”

o “Administración Científica”. Con este giro el autor se refiere a algo que ya supone el saber tecnológico; “el conocimiento que influye y determina el camino por el cual nosotros decidimos aplicar la Tecnología”12. La Metatecnología, a su juicio, “amplía

nuestro abanico de alternativas tecnológicas, amplía nuestro poder para investigar las consecuencias reales o potenciales y sus interconexiones, y cambia nuestra postura con respecto al entorno, nuestros objetivos, y los suyos propios”13.

En definitiva, los términos de “Metatecnología” o “Administración Científica”, expresan un sentido que, de suyo, escinde el concepto de Tecnología en dos aspectos diferentes: por una parte, se encuentra la propia Tecnología o el conocimiento que nos permite alcanzar nuestros objetivos; y por otra, la “Metatecnología”, un conocimiento que influye la aplicación del conocimiento tecnológico, por lo que directamente no influye en la Tecnología, sino que –según su propia terminología– determina la Ingeniería, es decir, el quehacer (tecnológico). En definitiva, el planteamiento que realiza Simon de la Tecnología desde el punto de vista del conocimiento, además de carecer de un análisis semántico definido, tampoco utiliza los términos de una manera sistemática, por lo que en ciertas ocasiones puede generar confusión.