2.2 Flexible reasoning about coordination
2.2.3 Flexible commitments
Se observó en el capítulo primero que la participación de la mujer afrocolombiana resulta muy pobre. Frente a este fenómeno, la teología negra feminista sobre la cual el capítulo segundo se gira, respondió haciendo hincapié en los aspectos de la inculturación e interculturalidad a fin de que la mujer afro pudiera sentir acogida en la Iglesia.
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Girardi, Organizaciones Afroamericanas y Teología Negra de la liberación, 54.
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Debido a eso, resulta casi impensable e imposible emprender una acción evangelizadora adecuada y convincente sin tener en cuenta la inculturación y la interculturalidad. El uno no es sinónimo del otro, pero en cuanto a la eficacia de la misión evangelizadora de la Iglesia, en cierto modo, van de la mano y se complementan. La inculturación se entiende como el esfuerzo de la Iglesia por hacer que el mensaje evangélico penetre el mundo cultural al que se destina. Ella incluye la idea de crecimiento y enriquecimiento mutuos de las personas gracias a su encuentro con el Evangelio.
Jesús es el modelo por excelencia de la inculturación, puesto que su encarnación ha sido cultural. Por su encarnación, Él adoptó las condiciones sociales y culturales propias de los hombres y mujeres de su tiempo. Por extensión y por fidelidad al Maestro, la Iglesia se ve en la necesidad de apostar por la inculturación. A ella, y no otra, le corresponde poner a dialogar el Evangelio con la cultura, con el fin de hacer que la Buena Nueva sea significativa en la vida de las personas, sea fuente de vida, vida en abundancia; con el fin de hacer que el misterio cristiano se manifieste según el genio propio del pueblo al que se destina y haga producir frutos auténticos provenientes de la convicción personal de ser cristiano, de ser seguidor del Nazareno.
En su fidelidad al Maestro, la Iglesia universal y las iglesias particulares están llamadas a una evangelización enraizada en las culturas, si quieren ser fructíferas y creíbles. En sus programas pastorales, ellas han de tomar cuerpo y vida precisamente a través de las situaciones concretas que se viven en los diferentes escenarios sociales y culturales, viviendo conscientes de que “la evangelización pierde mucho de su fuerza y de su eficacia si no toma en consideración al pueblo concreto al que se dirige, si no utiliza su lengua, sus signos, sus símbolos, si no responde a las cuestiones que plantea, si no llega a su vida concreta”.102 Sí, a la Iglesia de Cristo le urge abrirse a las varias culturas, desde el esfuerzo de un
102 EN, 63.
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trasvase del mensaje evangélico al lenguaje antropológico y a los símbolos de la cultura en la que se inserta.103
Ahora una palabra sobre la interculturalidad. De manera sumaria, se puede decir que la interculturalidad es un proyecto que pone al centro el encuentro entre personas de distintas culturas con el fin de interactuar. Se trata de una realidad que emerge como una síntesis de procesos efectivos de interacción cultural que se funda en el previo consenso libre que se da entre las personas. La interculturalidad se manifiesta en comportamientos concretos y fundamentales, como el respeto, la confianza recíproca, la apertura a lo diverso, etc. Todo eso con el objetivo de construir una sociedad nueva fundada en la aceptación y el respeto de las diversidades.
La interculturalidad se define hoy como un nuevo paradigma pastoral y evangelizador. Pero apostar por una evangelización fundada en la interculturalidad no resulta nada fácil, eso debido a la continua diversificación cultural de los creyentes en Cristo. Pues hoy la heterogeneidad de la Iglesia no se limita sólo a razas, géneros, nacionalidades, sino también, y sobre todo a culturas.
Ciertamente, a la Iglesia le apremia hoy dar un salto de calidad con relación a su ser y a sus prácticas, para poder desempeñarse satisfactoriamente en las diferentes esferas pastorales. Le urge poner en marcha acciones pastorales atentas a la visión del mundo y a los escenarios de la historia, visiones y escenarios anclados en el reconocimiento y aceptación del otro en su singularidad, en su diversidad. Hoy la Iglesia está llamada a reconocer la otredad del campesino, del mestizo, del indígena, del negro, del blanco, del hombre urbano, del varón y de la mujer; en fin, está llamada a reconocer la pluralidad y la alteridad de sus integrantes.
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3.6 UNA PASTORAL QUE APOYE LA ACCIÓN AFIRMATIVA
Evidentemente se observó en la parte introductoria del presente capítulo que en las reflexiones teológicas de las teólogas afro feministas se hallan vacios y algunas perspectivas de la realidad de la mujer negra no son del todo tratadas. Uno de esos aspectos que todavía no ha sido abordado es el que tiene que ver con la acción afirmativa.
Efectivamente, una de las acciones pastorales que hará factible el empoderamiento y protagonismo de la mujer negra colombiana será la que apoye la acción afirmativa. La acción afirmativa es una norma legal cuya puesta en práctica pretende lograr la igualdad de oportunidades para los grupos menos favorecidos en la sociedad, como las mujeres, los pueblos indígenas, los afro- descendientes y otras poblaciones socialmente discriminadas.104 Su formulación parte del reconocimiento de la existencia de prácticas y modelos de discriminación y de exclusión social. La acción afirmativa pregona la necesidad de un cambio de mentalidad tanto de los poderes públicos como de las personas y entidades privadas. Ella se erige como un mecanismo poderoso para neutralizar los desequilibrios derivados de la etnia, del género, de la condición socio-económica, entre otros. En definitiva, la acción afirmativa alude a toda una serie de políticas públicas que, conscientemente, pretenden aumentar la participación e inclusión de las mujeres, de la gente negra, indígena y de personas discapacitadas en las escuelas, en las oficinas y altas autoridad, con el fin de que estas políticas socaven los procesos de opresión.105
La Iglesia como Sacramento visible de salvación ha de apoyar la acción afirmativa. Aunque ella irrumpa más como una realidad política, debe recibir el apoyo de la Iglesia, porque a la Iglesia nada le puede resultar ajeno; ella debe interesarse por todo cuanto sirve para promover y dignificar al hombre y a la mujer, para empoderarlos y emanciparlos; debe hacer suyos los dolores y alegrías
104
Cfr. Instituto Nacional de las mujeres, “Incorporación del enfoque étnico‐racial, elementos conceptuales”,
4‐5. 105