3. General methods
3.4. Video magnification
3.4.2 Flow phantom
La salud mental es mucho más que la ausencia de trastornos psiquiátricos o de patologías. Desde la OMS, se considera la salud mental como un “un estado de bienestar en el cual el individuo se da cuenta de sus propias aptitudes, puede afrontar las presiones normales de la vida, puede trabajar productiva y fructíferamente y es capaz de hacer una contribución a su comunidad. La perspectiva positiva concibe la salud mental como el estado de funcionamiento óptimo de la persona y, por tanto, define que hay que promover las cualidades del ser humano y facilitar su máximo desarrollo potencial” (5). En otras palabras la salud mental necesita la consideración de las emociones, la promoción de las potencialidades y las capacidades, la intersubjetividad de los vínculos y las relaciones interpersonales y, la calidad de los ambientes humanos en los cuales nos desarrollamos.
La importancia de esta mirada comprensiva de la salud mental positiva, nos permite entender lo esencial que es para poder lograr el bienestar y la felicidad individual y colectiva. Es así, que “la investigación muestra que indicadores de salud mental positiva, tales como satisfacción con la vida, ánimo positivo y bienestar psicológico, se asocian a múltiples y diversas variables de felicidad y calidad de vida, tales como: sentimiento de amistad, confianza hacia terceros, vecinos o la policía; menor mortalidad y niveles más bajos de presión arterial; mayor resistencia al estrés y menor declinación intelectual en la edad madura” (6). En otras palabras, si tenemos una mala salud mental, podemos no solo presentar trastornos como el stress, la depresión o las crisis de angustia, sino que también podemos tener relaciones sociales, familiares y laborales deficitarias, una mala evolución en las enfermedades físicas, mayores consecuencias por conductas de riesgo asociadas al uso del alcohol y otras drogas, y menos expectativas y calidad de vida.
De este modo, es posible que algunas personas no tengan síntomas de una enfermedad psiquiátrica, pero aún así posean una deficitaria salud mental. A su vez, existen personas que teniendo una enfermedad psiquiátrica severa, pueden gozar de un buen nivel de salud mental y ser felices, si su enfermedad es bien tratada.
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Cómo es la salud mental de los chileno/as
Diversos estudios nos hablan de problemas significativos de salud mental en la población chilena y de un modelo de sociedad de consumo que niega y externaliza las necesidades emocionales de las personas. Cuán común es ver en la consulta de salud mental y en la vida cotidiana, como las personas desconocen las emociones que presentan, no sabiendo cómo manejarlas ni cómo convivir con las emociones de otros. Pareciera que nos hace falta urgentemente una “alfabetización emocional y relacional”, que nos enseñe a vivir y compartir los afectos, y las emociones positivas y negativas. Hemos recibido tanta información y capacitación para aprender habilidades técnicas y profesionales, y tan pocas herramientas para cimentar una salud mental cálida y humana. Hoy cuándo necesitamos “humanizar la globalización”, es necesario realzar la importancia de la salud mental y la felicidad en lo macro de las políticas públicas y en lo cotidiano de la convivencia familiar.
El “II Estudio de carga de enfermedad y carga atribuible” del MINSAL/PUC del año 2008 (7), nos muestra que las condiciones neuro psiquiátricas son la principal causa de pérdida de años de vida saludables en la población chilena (AVISA), siendo responsables del 23, 2% del total de años saludables perdidos, debido principalmente a trastornos afectivos y a problemas con el alcohol y las drogas. Por otro lado, de acuerdo a la “2a Encuesta Nacional de Salud en
Chile” del MINSAL/PUC del 2009-2010 (8), el 17, 2 % de las personas ha presentado síntomas depresivos el último año, siendo esto más frecuente a menor nivel educacional. Menos de la mitad de aquéllos que presentan un trastorno prevalente (46,9%), recibieron cualquier tipo de atención de salud en los últimos seis meses, en tanto que solamente 38,5% recibió algún tipo de atención de salud mental. Aún es más preocupante saber que de acuerdo a las estadísticas de la OCDE del 2011, la tasa de suicidio en Chile ha aumentado en un 55% entre 1995-2009, siendo el país donde más ha aumentado el suicidio, después de Corea del Sur, falleciendo más de 1.500 personas al año por suicidio (9). ¡Si querer morir es la máxima expresión del malestar frente a la vida y la sociedad!, tenemos que hacernos la pregunta:¿qué nos estará ocurriendo como sociedad?
Al mirar la población infanto juvenil en Chile, tenemos recientemente los primeros resultados publicados del estudio de Vicente et al (10), que nos muestra preocupantemente que más de un tercio de la población infanto juvenil (38,3%) presenta algún trastorno psiquiátrico en un período de 12 meses y un 22, 5 % presenta este trastorno con un impedimento severo. En general, la presencia de estos trastornos se asocia a disfunción familiar y antecedentes de psicopatología en la familia, es decir, a un mundo adulto enfermo que hemos estado construyendo.
No enfrentar las necesidades y las brechas de prevención y tratamiento de salud mental, tiene graves implicancias para el desarrollo humano del país. La pobreza, el malestar social, la baja de logros educacionales, son consecuencias posibles derivadas de no prevenir
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Miradas del bienestar y felicidad en chile desde la salud mental
ni tratar las enfermedades mentales. Las enfermedades no tratadas pueden producir un funcionamiento familiar deteriorado, aumento del consumo y las consecuencias del uso de drogas, creciente número de embarazos de adolescentes, violencia intrafamiliar y social. Los trastornos psiquiátricos también tienen un impacto negativo en la calidad de vida, aumentando los índices de mortalidad (11). En conclusión, no promover la salud mental, ni prevenir y tratar los problemas de salud mental, se traduce en malestar subjetivo individual y colectivo. ¡Sin salud mental no hay buena salud! Se requiere una buena salud mental para tener bienestar y felicidad.
A pesar de estos antecedentes, la salud mental sigue relegada al ámbito sanitario, donde se terminan medicalizando muchos problemas psicosociales y las tensiones con el modelo de desarrollo. En la Atención Primaria, donde se espera que se “resuelvan” la mayor cantidad de casos, se vive a diario que los profesionales consideran injustificadas una alta proporción de consultas, que trascienden las competencias del equipo, siendo estos casos etiquetados como “trastornos de la personalidad” o problemas “psicosociales” (3).
Un país que busque el desarrollo no puede seguir desconociendo que uno de cada tres chilenos /as sufre algún trastorno mental durante su vida, siendo los más afectados los grupos más vulnerables de nuestra sociedad y aquellos con menor nivel educacional (11).
¿Por qué trabajar la salud mental, el bienestar y la felicidad?
Es necesario priorizar el trabajo en salud mental, porque no hacerse cargo de esta realidad genera pérdidas económicas, humanas y valóricas, que imposibilitan un desarrollo integral y sustentable en el tiempo.
Una estimación conservadora de los costos de los trastornos mentales oscila entre un 3 a 4% el PIB de los países desarrollados. Se estima que en Chile solo el consumo de drogas ilícitas y alcohol genera un costo equivalente a un 1,03% del PIB (11).
Además si consideramos la interrelación entre salud mental y física, los costos se hacen difíciles de dimensionar. Por ejemplo, la depresión, aumenta el uso y costo de los servicios generales de salud, y las personas con depresión triplican su riesgo de morir de una enfermedad cardiaca y tienen mayores impedimentos para el auto cuidado y la adherencia a tratamientos de enfermedades médicas crónicas. En el caso de personas que sufren de diabetes, el tener además un diagnóstico de depresión aumenta en 4,5 veces los costos de salud (12).
Un aspecto importante de la necesidad de invertir en salud mental es que hay evidencias claras de que existen intervenciones efectivas y eficientes. En una revisión reciente (13), investigadores de la London School of Economics demostraron que para 15 intervenciones de salud mental seleccionadas basadas en la evidencia, los retornos económicos pueden
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ser incluso de hasta 80 veces lo invertido. Estos beneficios se distribuyen en otros sectores además del de salud, y la mayoría se realizan en plazos cortos (menos de 5 años), con una rápida recuperación de los costos.
Finalmente, existe evidencia de una correlación directa entre felicidad y salud mental. Una revisión de más de 160 estudios llevada a cabo por Ed Diener y un equipo de la Gallup Organization de Princeton, en New Jersey, ha permitido demostrar de forma “clara” que la felicidad aumenta la esperanza de vida y mejora la salud física y mental (14), produciendo:
t Niveles más elevados y sostenidos de bienestar, lo que se traduce en más experiencias de alegría, satisfacción, gratitud y sentimientos amorosos positivos. La felicidad nos permite estar más en pareja y vivir en comunidad.
t Más autoconfianza, optimismo y autoestima para enfrentar dificultades y desafíos. t Mejores relaciones interpersonales, que nos permiten ser personas más sociables y empáticas, que pueden construir vínculos significativos y gratificantes que se mantienen en el tiempo. La felicidad nos permite recibir más ayuda cuando la necesitamos.
t Mejor salud mental. Los sentimientos positivos multiplican las conexiones neuronales del cerebro, lo que nos permite recuperarnos más rápida y profundamente de la pena y la tristeza. La felicidad nos da una mayor capacidad y rapidez para recuperar la felicidad y bienestar.
t Un sistema inmunológico más potente, que nos cuida físicamente. Mayor longevidad y calidad de vida.
t Mayor energía y creatividad para construir nuestros sueños. Mayor productividad y flexibilidad en nuestras capacidades para estudiar y trabajar.
t Mayor posibilidad de tener un desarrollo pleno e integral.
Si nos preocupáramos de nuestra salud mental individualmente y colectivamente como sociedad, y tomáramos el malestar trasformador de la sociedad para resignificar los proyectos de vida personales y colectivos hacia el bienestar, tal vez diríamos con Rainer Maria Rilke: “Quizá, todos los dragones de nuestra vida, no son sino princesas que esperan vernos felices y valientes”.
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Referencias bibliográficas
1. Programa para el Desarrollo Humano de las Naciones Unidas (PNUD). “Bienestar subjetivo: el desafío de repensar el desarrollo. Santiago de Chile: Salesianos Impresores Sociedad Anónima; Agosto 2012.
2. Almeida-Filho N. “Becoming modern after all these years: social change and mental health in Latin America”. Culture, Medicine and Psychiatry. 1998; volume 22.
3. Roberto Aceituno M., Gonzalo Miranda H. y Álvaro Jiménez M.”Experiencias del desasosiego: salud mental y malestar en Chile”. Revista Anales de la Universidad de Chile, julio del 2012.
4. Miranda Hiriart, G., Alvarado, S., Kaufman J. “Duración de las licencias médicas FONASA por trastornos mentales y del comportamiento”. Revista Médica de Chile. 2012; (140): 209-215.
5. Organización Mundial de la Salud. “Promoción de la Salud Mental: conceptos, evidencia emergente y práctica”. Informe compendiado del departamento de Salud Mental y abuso de sustancias de la OMS con la Fundación Victorian para la Promoción de la Salud (Vichealth) y la Universidad de Melbourne. Ginebra; 2004.
6. Canadian Institute for Health Information.”Improving the Health of Canadians: Exploring Positive Mental Health”. Ottawa; 2009.
7. Ministerio de Salud de Chile y Departamento de Salud Pública de Universidad Católica de Chile. “Estudio de carga de enfermedad y carga atribuible en Chile”. Julio 2008.
8. Ministerio de Salud, Universidad Católica y Observatorio Social Universidad Alberto Hurtado. “Encuesta Nacional de Salud ENS Chile 2009-2010”. 2011.
9. Rojas, I., “Plan Nacional de Prevención del Suicidio”, en Jornada Suicidio en Chile. Perspectivas Actuales, Santiago de Chile, Pontificia Universidad Católica, 2008.
10. Vicente, B., Saldivia S., De la Barra F., Mellipán R., Valdivia M., Kohn R. “Salud mental infanto – juvenil en Chile y brechas de atención sanitarias”. Rev Med Chile. 2012; (140): 447-457. 11. “Estrategia Nacional de Salud Mental: Un Salto Adelante Propuesta para una Construcción
Colectiva”, Documento de Trabajo de Subsecretaria de Salud Pública, Departamento de Salud Mental de MINSAL, Mayo 2011.
12. Valdés C., Errázuriz P. “Salud Mental en Chile: El Pariente Pobre del Sistema de Salud”. Instituto de Políticas Públicas Universidad Diego Portales, Agosto 2012; Número 11.
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13. Department of Health of London. “DH, Mental Health Promotion and Prevention: The Economic Case”. M. Knapp, D. McDaid, and M. Parsonage, Editors. January 2011.
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