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La línea divisoria del debate sobre el medio ambiente pasa por la distinción básica entre el antropocentrismo y el biocentrismo 83 . Como dice Dobson 84 ,

medioambientalistas y ecologistas están unidos por una preocupación por el medio ambiente, pero difieren en dos aspectos fundamentales:

a. en el diagnóstico de la crisis medioambiental: los medioambientalistas se centran en los síntomas, mientras que los ecologistas políticos indagan en las causas políticas y económicas;

b. en las soluciones: mientras los medioambientalistas creen que el daño medioambiental puede ser corregido dentro de las prácticas políticas, económicas y sociales actuales (bastando sólo introducir ciertos cambios en el “industrialismo”), en cambio los ecologistas políticos postulan el desmantelamiento del sistema y su sustitución

Desde la ecología política se argumenta que las sociedades desarrolladas arrastran al mundo al desastre medioambiental, no sólo por generar unos niveles de producción y consumo desproporcionadamente altos, sino además por configurar tales niveles como la aspiración de todos los países en vías de desarrollo (la sugestiva seducción del primer mundo). En consecuencia, los ecologistas políticos entienden que las respuestas tecnológicas a los problemas medioambientales pueden ser exitosas temporalmente, pero están abocadas al fracaso a largo plazo.

Por ello, el ecologismo político pone en cuestión los supuestos en que están basados el socialismo, el conservadurismo y el liberalismo, censurándoles su antropocentrismo: afrontan la crisis medioambiental desde la perspectiva de que el mundo ha sido hecho

83 También es frecuente aludir a esta distinción con las expresiones ecología superficial y ecología profunda. Ver NAESS, Arne, The shallow and the deep, Long-range Ecology Movement: A Summary,

Inquiry, nº 16, 1972.

84 DOBSON, Andrew. “El proyecto de una sociedad sostenible en el siglo XXI: el ecologismo político”,

en: ANTÓN MELLÓN, Joan (coord.), Las ideas políticas en el siglo XXI. Barcelona: Ariel Ciencia Política, 2002, pp. 147-149.

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para los humanos; por ello, uno de los objetivos básicos del ecologismo es la sustitución del antropocentrismo por el biocentrismo85.

Sobre el postulado biocéntrico recaen las más importantes críticas contra el ecologismo: primero, porque sostenibilidad y biocentrismo son antitéticos (la sostenibilidad se enuncia en términos humanos); segundo, porque reduce al ser humano a la misma consideración que cualquier otro ser vivo (una bacteria, una mosca,…); tercero, porque la reducción de la población humana (corolario del biocentrismo) entraña aspectos autoritarios cuestionables.

Esta confrontación entre dos visiones de la crisis medioambiental del presente plantea el cómo alcanzar un objetivo final de sostenibilidad; puede ser una cuestión de adopción de virtudes cívicas en la esfera puramente privada, o reformulación de los modelos de participación política o de criterios de distribución de cargas medioambientales. Cualquiera de estas formulaciones entraña una cuestión de ciudadanía, de posición de la persona en el seno de una comunidad.

a) La formulación de una ciudadanía ecológica.

La confluencia del ecologismo y el medioambientalismo tiene lugar en la aparición de un nuevo tipo de ciudadanía ligado a la defensa de los recursos naturales, denominado “ciudadanía ecológica” por Mark J. Smith 86 , y “ciudadanía medioambiental” por Dobson y Bell87.

Se puede explicar la ciudadanía ecológica como una cuarta fase del proceso de creación y ensanchamiento de la noción de ciudadanía, comenzando con la ciudadanía civil derivada del reconocimiento del derecho de propiedad con sus perfiles modernos, pasando después por la ciudadanía política derivada del reconocimiento del derecho de sufragio, después una ciudadanía social conseguida con la constitucionalización de los

85 RYLE. Martin. Ecology and Socialism. Londres: Radius, 1988, pp. 17-ss.

86 SMITH, Mark .J., Ecologism. Minneapolis: University of Minnesota Press, 1998.

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derechos sociales88 y, finalmente, la cuarta fase actual, marcada por la ciudadanía

ecológica que implica una nuevo tipo de relación del ser humano con el medio natural (o, con más amplitud, con su medio ambiente) y el reconocimiento de derechos a sujetos no representados en la relaciones jurídicas medioambientales: las generaciones futuras, los animales y los seres vivos en su conjunto89.

Esta idea de ciudadanía ecológica, que marca el momento actual de la cuestión medioambiental, se desarrolla en los tres niveles político, económico y social y, en cada uno de ellos, se proyectan las diferencias entre el medioambientalismo y la ecología política:

En su dimensión política la ciudadanía ecológica postula una nueva democracia ambiental que dé entrada a nuevas figuras de representación política (las generaciones futuras, los seres vivos no humanos,….) ya sea dentro de los cauces democráticos existentes (medioambientalistas) o mediante una ruptura que a veces tiene carácter revolucionario (la ecología política y la revolución verde).

En su dimensión económica todo el pensamiento verde asume que el ritmo de desarrollo actual es inviable y es necesario sacar las cuestiones medioambientales de las dinámicas de mercado (criterios de medición como el PIB o el PNB son cuestionados y se proponen otros como el Producto Nacional Ajustado –PNA-, la huella ecológica,…). Sin embargo, mientras el medioambientalismo defiende un crecimiento ajustado a las capacidades de carga de los ecosistemas (criterio de sostenibilidad), en cambio la ecología política formula propuestas maximalistas como el estado estacionario o incluso el decrecimiento humano.

Por último, es en la dimensión social de la ciudadanía ecológica donde mayores diferencias se manifiestan. Desde los postulados de la sostenibilidad se defiende

88 MARSHALL, Thomas H. "Citizenship and social class", en: Class, Citizenship And Social Development. Chicago: Chicago University Press, 1977 (publicado originalmente en 1949).

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la pervivencia del modelo social actual de los países desarrollados, propugnando la introducción progresiva de modulaciones en la conformación social que permitan armonizar el crecimiento económico con la preservación de los recursos naturales y la biodiversidad (tratamiento y reciclaje de residuos, pautas de consumo moderadas,….). La ecología política, en cambio, como corolario de su ruptura con la democracia liberal y la economía de mercado, propugna un modelo social que descansa en la idea de descentralización (se argumenta que si las relaciones ecológicas no son ni jerárquicas ni centralizadas, tampoco deben serlo las relaciones humanas), lo que permite por una parte acercar los puntos de producción y de consumo y, de otra parte, posibilita modelos democráticos participativos y con mayor protagonismo de la persona en la adopción de decisiones colectivas; la consecuencia de estas ideas es el biorregionalismo; y el modelo de organización social es la biorregión, que define Sale como:

“(…) una parte de la superficie de la Tierra y los límites abruptos de la cual están determinados por dictados naturales y no humanos, distinguible de otras áreas por atributos de flora, fauna, agua, clima, suelos y accidentes geográfico, y por las colonias humanas y las culturas que ha originado”90.

b) Ciudadanía ecológica y justicia.

Con las diferencias examinadas, la postulación de una ciudadanía medioambiental supone, como mínimo común denominador, la existencia de unos derechos estrictamente medioambientales, elevados generalmente a rango constitucional, y la atribución de su titularidad a todos los ciudadanos. El derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado, y la vinculación del mismo al desarrollo integral de la persona, constituye un patrimonio jurídico integrante de la condición de ciudadanía ecológica La adopción de formas de vida y de convivencia más sostenibles entraña la necesidad de

90 SALE, Kirkpatrick. “Mother of All”, en: SATISH KUMAR (ed.) The Schumacher lectures, volumen 2.

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surgimiento de una nueva democracia ambiental que rompa los diques de contención erigidos por el liberalismo entre la esfera económica del mercado y la esfera pública de la representación política. La democracia ambiental amplía los espacios de la democracia y reduce el terreno de juego del mercado y del individualismo, subordinándolos a valores de orden superior91.

Desde la perspectiva de la ciudadanía ecológica, la crisis medioambiental puede entonces representarse como una crisis de legitimación. La crisis ecológica es una crisis en las relaciones de la comunidad humana con la biosfera, y su permanente posposición trae como resultados la inflación retórica, el aplazamiento de las soluciones y la crisis de gobernabilidad92.

Consecuentemente la ciudadanía ecológica debe recuperar contenidos éticos y valores democráticos a la hora de afrontar las relaciones de las sociedades con el medio ambiente, y deben así abordarse líneas de fractura que han quedado generalmente apartadas del debate ecológico. Los conceptos de justicia y equidad deben de traerse también al ámbito de la ecología, y debe plantearse entonces la pregunta de si el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado, proclamado en gran número de textos constitucionales, es aplicable por igual a toda la comunidad humana.

Ya se han insinuado en los párrafos anteriores algunas líneas de ruptura en el disfrute de los recursos naturales. El caso de las generaciones futuras es un ejemplo claro (difícilmente podrán usar la biosfera de modo análogo al actual si las pautas de explotación no se rebajan); el caso de los países en vías de desarrollo y del tercer mundo es otro ejemplo entendible. Sin embargo, el debate sobre el medio ambiente exige una profundización mayor: examinar si hay líneas divisorias de clase, de raza, de capacidad económica, de origen nacional,….en el disfrute del derecho a un medio ambiente adecuado. Y, en el mismo sentido, indagar si las cargas medioambientales derivadas del modo de vida actual se reparten por igual, ya se trate de un contexto mundial, de un país,

91 TELLO, op. cit., pp 436-437. 92 TELLO, op. cit., pp 448-449.

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de una región, de una ciudad o de un barrio. Y es, en este discurso, donde surge el concepto de justicia medioambiental, que es objeto de la presente tesis doctoral.

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CAPÍTULO 2

LA JUSTICIA MEDIOAMBIENTAL: CONCEPTO Y CARACTERES.

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