El ser humano no es una cosa más entre otras cosas; las cosas se determinan una a las otras, pero el hombre, en última instancia, es su propio determinante. Lo que llegue a ser – dentro de los límites de sus facultades y de su entorno – lo tiene que hacer por sí mismo
(Victor Frankl60, 1980: 128)
A medida que los y las jóvenes van incorporando los cambios para sus vidas, van resignificando su experiencia como padres o madres, pues a razón de su embarazo o del nacimiento de sus hijos o hijas sufren transformaciones en su autovaloración, su sexualidad, su feminidad y masculinidad, así como, su sentido y proyecto de vida. Dependiendo del rol que cada integrante de la pareja tenga con relación a los hijos o hijas, la simbolización de la paternidad y maternidad tendrá variaciones de género.
4.2.1 Construcciones de paternidad
Algunos de los hombres consideran que para ellos su paternidad es valorada de manera vergonzosa pues además, de haber tenido un ejercicio irresponsable de su sexualidad por no asegurar la planificación, los chicos llegaron a ser padres cuando aún eran muy bastante jóvenes. Así lo comunica uno de los chicos:
“se nota que el muchacho es niño, y la niña es niña, se nota que pensaron solamente en el deseo, en el deseo y vea las consecuencias ahora, ahora a
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Victor Frankl es un psiquiatra vienés que sobrevivió al Holocausto judío donde su familia falleció. Esta experiencia constituyó un referente para que desarrollará la Logoterapia que tiene que ver con la voluntad del sentido.
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trabajar, ‘no tan joven y ya papá’, da vergüenza de que tan joven y ya con una niña embarazada” (Andrés, 18 años).
Sin embargo, los sentimientos de vergüenza también están asociados a que estos hombres y mujeres se dejaron llevar por la búsqueda de placer y como la práctica de la sexualidad y de las relaciones sexuales está negada a los y las jóvenes, es por esta razón que se juzga de manera negativa el embarazo juvenil. Igualmente se reprocha el hecho de que los jóvenes no hayan seguido el plan de vida que se supone debe cumplir una persona, en la que los hijos e hijas llegan cuando se han cumplido otras metas o cuando se está en medio de una unión conyugal.
Otro de los significados que se le atribuye a la paternidad tiene que ver con el nivel de madurez y responsabilidad que los jóvenes ganaron cuando se sintieron padres pues en virtud de la presencia de sus hijos o hijas. De ahora en adelante, cualquier decisión apresurada y errónea que tomen, va a incidir directamente en sus niños o niñas o en la relación que han construido como padres. Igualmente, los padres de familia consideran que ahora los jóvenes, debido a sus hijos e hijas van a alejarse de otros factores de riesgo que se presentan en la zona:
“él es papá, ya sé que es una persona responsable y aparte de eso madura joven y le sirvió para el tema de seguridad que hay por acá […] ya se va a preocupar por su hijo, ya no va andar con sus amigos, el trago, de pronto los vicios, muchas cosas ¿si?, o sea a eso me refiero” (José, 45 años).
Por argumentos como estos se sostiene que el significado que se le dé a la paternidad o maternidad también está sujeto a las condiciones socio-económicas en las que se desenvuelven los y las jóvenes, pues estas condiciones de riesgo adquieren cierta relevancia en el hecho de ser padres o madres.
Ahora bien, el proceso de gestación al no modificar el cuerpo de los hombres, les lleva a considerar que su paternidad empieza en el momento en el que se produce el nacimiento. Así lo cuenta un joven cuando vio por primera vez a su hijo:
“Ahí como que uno se empieza a sentir papá, al tener un bebé en las manos, que es de uno” (Deiner, 18 años).
Este tipo de creencias demuestran que los hombres configuran de manera diferente el ejercicio de su paternidad, pues necesitan estar en contacto con sus hijos para poder desempeñarse como padres. No obstante, hay hombres que si consideran que con cada hijo o hija que venga se construirá una relación diferente y la paternidad adquirirá nuevos significados. Es muy importante que los jóvenes vayan asimilando su paternidad desde antes de tener un hijo o hija y al parecer esto se logra cuando los hombres han participado en la crianza de otros niños o niñas, por ejemplo, sus sobrinos y sobrinas.
4.2.2 Percepciones sobre lo que significa ser madre joven
Al igual que los hombres, las mujeres también consideran que ser madres es un suceso vergonzoso para ellas por el hecho de ser jóvenes, tal como lo expresa Ana Milena (16 años):
“eso es terrible ¡ah! y es muy duro tener un bebé y estar estudiando y ser menor de edad, no, eso es durísimo”
A medida que va transcurriendo el tiempo, las jóvenes van asumiendo este nuevo rol, pero aún así no dejan de sentir añoranza por la tranquilidad que van dejando atrás para darse paso a las nuevas circunstancias en las que ya dejarán de ser niñas. Así lo deja entrever una de las jóvenes: “Me parecía increíble que yo ya fuera mamá, yo todavía me creo una niña” (Jessica, 16 años).
Así como algunos jóvenes consideraron que se convirtieron en hombres cuando tuvieron su experiencia sexual, la mayoría de las mujeres considera que dejaron de ser niñas cuando tuvieron a su primer hijo o hija. Para una de las jóvenes la maternidad es algo que marca la vida de una mujer:
“se vuelve mujer así sea una niña, ya a usted la ven con un hijo y no les importa que sea una niña, ya es una señora” (Jessica, 16 años).
Cuando se asume que las niñas llegan a ser mujeres porque han perdido su virginidad se continúa asociando la sexualidad a genitalidad y se desconocen otros aspectos que rodean el desarrollo personal, puesto que hay jóvenes que por sus historias de vida llegan a ser mujeres antes de lo esperado, aunque aún se hayan involucrado sexualmente con nadie. Pero no sólo se trata de los rótulos que reciben las jóvenes por tener un hijo o hija, la maternidad se constituye en un referente importante para algunas mujeres. Al respecto, Fernández citada por
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Puyana y Lamus (2003) menciona que la sociedad organiza significaciones respecto de la maternidad alrededor de la idea mujer = madre: “la maternidad es la función de la mujer y a través de ella, la mujer alcanza su realización y adultez […] la maternidad da sentido a la feminidad; la madre es el paradigma de la mujer”.
A través de los juegos infantiles las jóvenes se han ido preparando para la maternidad, por ejemplo, una joven participante en el grupo focal que aún no es madre argumenta:
“es importante para las mujeres ser mamás, yo dijo que sí porque es una sensación que uno experimenta, si con el simple hecho de uno ser niña que con su muñequita que la baña, que la viste como será uno grande cuando uno carga su propio bebé que ve que llora, que…” (Claudia, 19 años).
Esto se relación con lo que sustenta Puyana (2000) “La ecuación mujer igual madre permea la socialización desde la infancia, produce continuidades y discontinuidades durante el ciclo vital y altera los proyectos futuros” (p. 102).
Por otra parte, también se ha significado el dolor del alumbramiento como un evento que marca la construcción de la maternidad basada en el sufrimiento. Esta creencia también la transmiten las madres de familia pues como lo plantea una de ellas, la angustia que se deriva de la crianza es algo que caracteriza el hecho de ser madres:
“los papás les da como igual; mientras que uno si se preocupa más, porque uno ya ha sufrido, o sea uno es el que ha sufrido para tenerlo, para criarlo” (Ruby Enith, 40 años).
Esto se asocia con lo que propone Melo: “la posición de sujeto degradada, que se corresponde con la identidad de la joven madre (la madre adolescente), se ‘repara’ a través de la restitución de una identidad femenina tradicional a partir del sacrificio y el cuidado encarnado en la maternidad” (Melo, 2010: p. 137). Por esta razón, la maternidad en lugar de ser considerada gratificante se simboliza como una experiencia cuyo único destino es el padecimiento en virtud de los hijos e hijas. Este aprendizaje se complejiza aún más para las jóvenes dada su corta edad, sus condiciones socio-económicas y su aparente falta de planeación.
Como resultado de la idealización de la maternidad, las mujeres han logrado comprender que debido a la existencia de sus hijos e hijas ahora ya no volverán a estar solas. Así lo confirma una de las jóvenes:
“si le va a ser falta una familia porque dicen por ahí uno solo, uno se va a sentir solo y uno a veces va a necesitar el cariño de alguien y no puede ser solamente un amigo sino que debe ser del otro, de la propia familia de uno” (Ana Milena, 16 años).
En el modelo heteronormativo, existe una gran presión no sólo para que las mujeres contraigan nupcias sino para que sean madres, como lo hace notar Falquet61:
“Al envejecer, sobre todo las que no tienen hijas-os ni pareja, cada vez más mujeres se ven brutalmente enfrentadas a la miseria y al abandono, sin que la sociedad se indigne en lo más mínimo […]. El segundo problema (de las relaciones de poder) es el del ‘encierro de a dos’. Este encierro, más o menos marcado, es la consecuencia de la exclusividad sexual y afectiva” (Falquet, 2006: pp. 60 y 69).
Dentro de la unión de la pareja los hijos e hijas son imprescindibles pues esto le daría un sentido familiar al vínculo conyugal, sin embargo, si las mujeres no logran convivir con un hombre, se espera que por lo menos conciban un hijo o hija y así evitar el estigma social de ser “solteronas”, como lo indica una de las docentes:
“para ser mamá hay que ser muy joven porque lo deja el tren […] ese pensamiento todavía tenemos hasta nosotros” (Laura, 30 años).
Esto se sostiene en el argumento que presenta Ramírez cuando asegura que “estamos caracterizando un mundo sociocultural en el que se teme y se reprueba socialmente mucho más el hecho de ‘quedarse del tren’ que el de tomarlo demasiado temprano” (Ramírez, 2011: p. 35). El docente Dionangel (35 años) menciona que antiguamente la maternidad a temprana edad no representaba mayores inconvenientes porque las uniones conyugales también se daban cuando las mujeres eran adolescentes o jóvenes:
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Jules Falquet es doctora en sociología, graduada en el Instituto de Altos Estudios sobre América Latina de la Universidad de la Sorbona. Nació en Francia y ha vivido en Brasil, México y el Salvador. Es una teórica y activista lesbiana y feminista.
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“por la cultura machista que se veía en esa época, por ejemplo una niña de la edad de siete años según el manual de Carreño, ya tenía que prepararse para las labores domesticas, o sea la preparaban para que fuera esposa, ya a la edad de doce, trece años debía tener esposo y quedar embarazada. Para ellos era lo más normal siempre y cuando tuviera su esposo”.
Hacer parte de un vínculo conyugal garantizaba por una parte, que las mujeres no fueran abandonadas si el embarazo llegaba a presentarse y por otro lado, la pareja podía dar cumplimiento a los roles tradicionales asegurando que los hombres suministren los recursos necesarios para el mantenimiento del hogar y los hijos/as. Esto se relaciona con lo que señala Melo: “el estigma derivado de ‘la maternidad y la filiación ilegítimas’ que se preserva simbólicamente en el discurso perenne del ‘problema de la madre soltera’, no estaba asociado a ningún criterio de edad sino a la inexistencia de una alianza matrimonial legítima” (Melo, 2010: 45).