2.4 Acquisition Of Light Fields
2.4.2 The Focused Plenoptic Camera (2.0)
EL PRIMER ESCALÓN
271. Por más que todo texto escrito de koiné, según hemos dicho, revela una intención literaria y encubre, en lo posible, una fonética y una lengua populares, es claro que textos como los LXX o el NT, por no hablar de defixiones o de documentos privados en papiros, se dirigían a un público no culto, y buscaban un medio de comunicación con él, evitando alejar demasiado su lenguaje del de ese público. En cuanto al griego vulgar de la Vida de Esopo y otros textos, se trataba de un vulgarismo consciente y literario.
Pero los más de los textos prosaicos que se escribían a partir de la segunda mitad del siglo IV a. C. —no hablo de los poéticos, que resucitaban artificialmente los antiguos dialectos— se dirigían a un público culto de carácter internacional, una élite dentro de los distintos reinos helenísticos y Ligas de ciudades. Su transfondo cultural, para la prosa, estaba en el ático, cuyos géneros literarios (la Filosofía, la Historia, la Comedia, la erudición, a veces la Oratoria) continuaban vivos. Se añadían géneros nuevos como la novela o la
diatriba.
Y se trataba de no ensanchar el bache cultural con Atenas, que de todas maneras existía. Se escribía, pues, en una lengua que era una especie de intermedio, con toda suerte de gradaciones, entre la prosa ática y la koiné conversacional. Tenía elementos de la una y de la otra, por ello hemos podido utilizarla, sobre todo en el léxico, al describir la koiné conversacional, por más que difiriera en parte de ésta, fuera más allá en sus coincidencias con el ático.
Ésta es la prosa que hemos llamado koiné literaria o koiné culta helenística, primer grado de su evolución en época imperial. Hemos de insistir un poco más en ella.
272. El problema está en que son raros los textos de la primera
koiné literaria que se nos han conservado y en los que no está todo lo
bien estudiada que merecería. Precisamente es el crecimiento de la prosa más aticista o culta de a partir del comienzo de nuestra era, así como el crecimiento, también, de las obras de erudición y ciencia en la época del imperio romano, lo que hizo que la mayor parte de la prosa literaria helenística se perdiera. Tenemos que trabajar con escasos restos de la misma.
El comienzo está, ya lo he dicho, en las últimas obras de Platón, en Jenofonte, en Aristóteles; son los momentos germinales. Del último hemos de decir, primero, que sus obras son de varios registros, más culto el de las esotéricas, más popular y, al tiempo, científico, el de las exotéricas. Y, segundo, que está apenas estudiado desde el punto de vista lingüístico, ni más ni menos que el de su discípulo Teofrasto y los otros discípulos, conservados en fragmentos.
Más arriba (§ 245) han sido mencionados los textos de que podemos disponer para estudiar la koiné literaria de época helenística. De fecha un poco más reciente, ya augústea, pueden añadirse, entre otros, Diodoro de Sicilia y Estrabón. Por lo demás, existen algunos estudios sobre puntos concretos, pero ninguno de carácter general.
273. Para Menandro, cf. D. B. Durham 1969 (1913, muy parcial, sólo se ocupa del léxico); para Filón, M. Arnim 1912; para Aristeas G. H. Meecham 1935; para Epicuro, H. Widmann 1935 y P. Linde 1906; para Polibio, J. A. Foucault 1972; para los escritos hipocrático tardíos, U. Fleischer 1939 y J. Mendoza 1976; para Diodoro, J. Palm 1955. También es útil el libro de S. Wahlgren 1995, cf. § 277 y G. Horrocks 1997, p. 48 ss.
274. Lamentablemente, como digo, no existe ningún estudio de conjunto sobre este tipo de koiné: la literaria helenística o koiné culta en su primer escalón. Los estudios citados destacan sobre todo aspectos relativos al léxico: falta de términos áticos, aparición de otros «jónicos» o recientes, como ya se dijo. Una visión general, como la apuntada más arriba, falta. Sin embargo, algunas cosas relativas a varios dominios de la lengua sí pueden apuntarse.
Para comenzar, hay que decir que entre los escritores de la época había una clara conciencia de la existencia de los dos niveles: koiné
literaria y popular. Así, en los Evangelios, Lucas usa palabras áticas tradicionales frente a las populares de los otros evangelistas: κρανίον por Γολγοθᾶν, φόρος por κῆνσον, ἀπὸ τοῦνῦν por ἀπ' ἄρτι, σῶµα por πτῶµα, ἐσθίω por τρώγω, δέρω por κολαφίζω. Pero la totalidad de los Evangelios usaba con frecuencia un léxico que aticistas como Frínico y Moeris, que señalaban las palabras «áticas» y las «helenísticas», rechazaban: cf. R. Browning 1983, p. 47 ss.
Por otra parte, a partir del libro de H. Widmann sabemos que Epicuro posee una serie de rasgos no áticos: frecuente sustantivación del participio, disminución de la diferencia entre activa y media, formas verbales perifrásticas, confusión de aoristo y perfecto, subjuntivo en subordinadas, disminución del uso del optativo, aumento del de las preposiciones, etc.
Algunas cosas podrían añadirse de Polibio y otros autores (Estrabón y Diodoro), para los cuales A. Meillet 1975, p. 290 s. ofrece estadísticas sobre su escasísimo uso del optativo. J. Palm 1955 señala para Diodoro (aparte de muchas fluctuaciones debidas al influjo de sus fuentes) cosas como éstas: refuerzo de los casos con preposición; escaso uso, ya mencionado, del optativo; rareza del presente histórico; neutro pl. con verbo sg.; infinitivos con sujeto que repite el de la oración principal; conjugación perifrástica; etc.
En realidad, lo que caracteriza a la primera koiné literaria es más negativo que positivo: falta o rareza del léxico y la gramática del ático y el aticismo; y entrada de nuevos rasgos (de léxico y gramática) de
koiné, algunos eliminados luego.
Pero hay que llamar la atención sobre el hecho de que el griego literario helenístico no es unitario. Hay que señalar en él la presencia de la retórica poetizante de un Hegesias de Magnesia, estudiada por E. Norden 1958, llena de léxico poético y figuras gorgianas, de gramática ática también: despreciada por Cicerón, tuvo un gran impacto en la posteridad. Y, también, la presencia de la prosa técnica y científica, importante para el desarrollo lexical del griego, hemos de volver sobre ella.
EL ATICISMO
275. Hacia el comienzo de nuestra era, en época de Augusto y Tiberio, hubo un cambio de gusto literario que condujo a la prosa literaria de la coiné en una dirección arcaica. Es el movimiento llamado aticista, la revalorización de lo ático que también se impuso en la escultura (y que contribuyó a la pérdida de la prosa anterior).
Este movimiento nació en torno a teóricos del estilo como Cecilio de Caleacte, Longino y Dionisio de Halicarnaso; pero ya antes Aristófanes de Bizancio escribía sobre las palabras que había que repudiar. Otros han puesto sus raíces en el asianismo de Hegesias y otros rétores, otros (así Filóstrato en su Vidas de los sofistas) en rétores o «sofistas» (la «segunda sofística») que a partir de este tiempo hacían sus declamaciones o melétai en público sobre temas históricos o
imaginarios: de un Nicetas del que nada se conserva y de sus sucesores como Polemón (en época ya de Trajano) y los que vinieron después, a partir de Herodes Ático. En todo caso, el nuevo estilo dominó toda la prosa culta; y encontró sus exponentes prácticos en autores de diccionarios que, como los de Frínico y Moeris, señalaban las palabras proscritas.
En definitiva, la imitación de los antiguos buscaba poner a los griegos a un nivel cultural superior al de los romanos y procurarles un signo de identidad. Es interesante hacer notar, por lo que respecta al griego cristiano, que comenzó por un nivel popular, pero cuando el Cristianismo hizo en el siglo IV una conciliación con el imperio, sus grandes representantes, Sinesio, Basilio, los dos Gregorios y Juan Crisóstomo, entre otros, adoptaron el aticismo. Ni más ni menos que los últimos grandes paganos, como Libanio y Proclo. Con el cierre de la Universidad de Atenas por Justiniano (529) la balanza se inclinó definitivamente hacia los cristianos, a quienes incumbió la gran tarea de continuar la prosa griega de nivel aticista y salvar la antigua literatura griega.
276. Puede decirse que el aticismo fue adoptado por las clases griegas elevadas, que buscaban una seña de identidad frente a Roma y frente a las poblaciones sometidas, que hablaban un griego popular. Colaboraban con Roma, pero no dejaban de tener un sentido de su superioridad cultural y de su valía como nación.
En términos generales, se practicó la reintroducción gradual del léxico y la gramática áticas. Pero los autores no forman un todo homogéneo. Hay los que prefieren el ático de la prosa y los que lo llenan de palabras poéticas, hasta de Safo (Himerio). Hay los «sofistas» profesionales, como Dión Crisóstomo, los dos Filóstratos, Arístides y Favorino, cf. el libro de W. Schmid 1964 (1887-96), la obra fundamental sobre el tema, y escritores por ellos influidos (o sofistas «a tiempo parcial»), como Dionisio de Halicarnaso, Dión Casio, Arriano (redactor de la obra de Epicteto), Luciano, Eliano, etc. No hay un estudio completo: el libro de W. Schmid se ocupa de Dionisio de Halicarnaso, Arístides, Luciano y Eliano y es importante, pero incompleto a ciertos respectos, cf. Adrados 1948, p. 36.
Y esto no es todo. Puestos a hacer arcaísmo, algunos autores imitaron a Heródoto, así Dionisio de Halicarnaso y Josefo, o escribieron sin más en jonio (así Arriano, en su Indica). Y hay al lado la literatura técnica o científica, más o menos aticizante. Y la cristiana, que se adaptó desde el s. IV al movimiento.
277. Sobre los aticistas, cf. el libro de W. Schmid ya citado. Y mis aportaciones en F. R. Adrados 1948, p. 31 ss. Para los precedentes, cf. L. Zgusta 1980, p. 127. Para los herodotismos, cf. S. Ek 1942 y 1946. Para la literatura cristiana, cf. por ej. P. Gallay 1933.
Es muy importante el libro de S. Wahlgren 1995, que compara sistemáticamente, para una serie de rasgos como el dual, formas conjugadas anómalas, preposiciones, partículas, construcciones finales y consecutivas, la situación del griego clásico y
preclásico, de la koiné (LXX, Carta de Aristeas, Polibio y Diodoro) y de la prosa imperial temprana (Dionisio de Halicarnaso, Nicolao de Damasco, Estrabón y Filón de Alejandría). Se ve muy claramente en ésta los progresos del aticismo, que reintrodujo formas áticas o aumentó su frecuencia; siempre con diferencias según los autores y según los rasgos lingüísticos. Cf. también G. Horrocks 1997, p. 79 ss.
278. Más esencial es, sin duda, el hecho de que los aticismos (y poetismos) entraron en forma progresiva. En mi libro de 1948 senté que es a partir del año 100, más o menos, época de Trajano, luego de Adriano y Herodes Ático, cuando comenzó una nueva fase de la koiné literaria. El purismo hacía furor, como lo demuestran los léxicos de Frínico y Moeris, ya aludidos, que indicaban lo ático y lo helenístico. Y ciertas sátiras, como la del personaje que en Ateneo es llamado Κειτούκειτος por su constante pregunta Κεῖται ἢ οὐ κεῖται;, es decir, «¿Está documentado o no?». Hemos visto que Luciano, un aticista él mismo, satiriza también los excesos de los aticistas.
Por poner un ejemplo, señalemos en el libro de W. Schmid (I, p. 226 ss.) los aticismos de Luciano, que no es de los más exagerados aticistas, ya digo:
a) Morfología. Entre otras cosas: pl. δεσµά, νεώς, ἅτερος, οἷ como reflexivo indirecto, ἠδυνάµην, impvo. -όντων, µαντεύῃ; y al lado formas helenísticas.
b) Sintaxis. Sustantivación de adjetivos neutros, dual, plural de los abstractos, ciertos G. partitivos, G. agente, D. de relación, presente histórico, perf. con valor de presente, imperativo de perfecto medio, infinitivo final o consecutivo, optativo en subordinadas; etc. Al lado hay, igualmente, usos helenísticos.
En el libro citado, estudiando el léxico de la colección Augustana de las fábulas esópicas, establecí (p. 195 ss.) grupos de aticismos que no entraron en la nueva literatura hasta una fecha determinada, por ejemplo hasta el siglo II o hasta el IV y que son, por ello, utilizables
para fechar textos anónimos como éstos (que se deduce que no son anteriores al siglo IV). Claro que hay que distinguir, como ya dije, entre los aticismos propiamente dichos, prosaicos, y los poetismos de ciertos rétores, que también se incrementaron con el paso del tiempo. Y que la literatura técnica es más moderada en el aticismo. Habría que estudiar otros tipos de literatura, por ejemplo, la novela o los distintos tipos de literatura cristiana.
En todo caso, según señalé, hay una gran escalada en el aticismo y en el desarrollo del vocabulario abstracto, lo que se nota, por ejemplo, comparando Polibio con Plutarco. Aquí se admitieron términos de toda la koiné anterior, pero se añadieron otros muchos, normalmente de tipo culto. En esta época es más difícil que nunca separar la koiné popular de la literaria, aquélla permanece casi oculta para nosotros. Y hay una diferencia entre la koiné literaria aticizante y la poetizante, lo que se nota, por ejemplo, comparando la Colección Augustana de fábulas y Aftonio, ambos del siglo V d. C.
279. Pero, lo mismo en las fábulas que en otra literatura, sólo a comienzos del s. VI d. C. comenzó a retroceder el aticismo frente a la boga de la lengua popular y aun vulgar. Esta batalla continuó, con vario resultado, a lo largo de las edades bizantina y moderna.
Ahora bien, quiero insistir en que nos movemos en una terra
incognita, carecemos de estudios sistemáticos sobre la evolución del
griego helenístico y romano (he citado alguna excepción) y, sobre todo, sobre las variantes de las distintas escuelas aticistas y del aticismo de los distintos géneros. Puede haber, en algunos, una cierta mezcla de aticismos prosaicos y de poetismos, así en la colección de fábulas a que he hecho referencia. Y un mismo autor puede cambiar de estilo según el género que cultiva, esto se ve bien en Luciano y en Plutarco.
El hecho es que, progresivamente, la lengua de la prosa se alejó de la lengua conversacional, que cada vez es más difícil de adivinar. Esto sucede siempre que se introducen con fines literarios recursos manieristas, así por los gongorinos españoles o por los simbolistas franceses: se crea una escalada para renovar recursos cuyo efecto informativo se desgasta.
Con ello, la literatura griega se hizo cada vez más elitista, se dirigía a círculos cerrados de lectores. Hasta que vino el hundimiento, como ocurrió al entrar la Edad Media.
280. Antes de este momento, el griego desarrolló, a través de esta lengua artificial (y de la más artificial aún de la poesía), una notable literatura, en la que ha de incluirse la cristiana; y creó la base para su supervivencia como lengua de cultura. Más importante aún es, si cabe, el crecimiento del léxico culto y su influjo enorme en el latino. Este léxico greco-latino es el que se abrió paso luego, a través de múltiples vicisitudes, para llegar a las lenguas modernas, en las que sigue siendo esencial y en las que permanece vivo. Pero esto lo veremos más adelante, cf. §§ 294 ss.
Merece la pena, para alejarnos del léxico, detenernos un momento en un estudio moderno sobre la sintaxis de la literatura de los siglos V y VI: me refiero al de K. Hult 1990. Comparando varios autores, paganos y cristianos, de dicho siglo, esta autora ha conseguido distinguir un grupo de cinco autores más «cultos» (Eunapio, Teodoreto, Marino y Procopio) de otros dos más «populares» (Paladio y Calinico). Hay una serie de puntos en que divergen. Por ejemplo:
Variantes literarias: ὑπό y πρός como agentes, finales con ὡς, ὡς ἄν, ὅπως ἄν, participio de futuro indicando intención, infinitivo absoluto, indicativo en consecutivas, τυγχάνω con participio en nominativo, D. de agente, etc.
Variantes coloquiales: fin expresado por infinitivo con preposición, estilo directo en vez del indirecto, ὅτι tras verbos de pensamiento y visión, pasiva impersonal, ἵνα consecutivo y tras verbos de voluntad, ἔτυχε impersonal con Ac. e infinitivo, etc.
Como se ve, hay una serie de variaciones sutiles, pero a partir del año 100 d. C. tenemos un difícil acceso a la koiné popular: sólo variantes diversas de la literaria, influidas por tendencias diversas del aticismo y textos menos influidos.