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Formalizing Simulations in MapReduce

Tanto los valores personales como los rasgos de personalidad son aspectos básicos del individuo que, en condiciones normales, no se espera sufran importantes modificaciones a lo largo de su vida (McCrae, 2001; Schwartz, 2001). Las rasgos de personalidad, por ejemplo, se diferencian de los patrones psicopatológicos, en que los primeros son relativamente estables en la personalidad del individuo, mientras que los patrones psicopatológicos pueden ser modificados dentro de apropiados procesos de tratamiento para el buen funcionamiento y bienestar general de los pacientes.

El hecho de que ambos sean relativamente estables, puede alzar dudas sobre la pertinencia de subrayar su presencia y utilidad en esta investigación, así como su función en la explicación del consumo de cocaína. Si embargo, la razón para hacer uso paralelo de estos dos constructos no es otra que el considerar la complementariedad y el poder explicativo que ambos poseen sobre el comportamiento humano, tal y como se expondrá a continuación. Además, a pesar de que ni rasgos ni valores pueden ser completamente modificados, si que se espera que determinados eventos y circunstancias motiven pequeños cambios en las prioridades valorativas así como en las características (rasgos) de personalidad del sujeto.

Como se ha indicado líneas arriba, el marco teórico que aquí se utiliza para entender los valores personales es el que aporta Schwartz (2001), mientras que el marco teórico en lo referente a rasgos de personalidad es el Modelo de los Cinco Factores (Digman, 1990; Goldberg, 1990; McCrae y John, 1992). Antes de comentar las relaciones empíricas encontradas en anteriores estudios entre los rasgos de personalidad y los valores personales, será necesario recordar algunas connotaciones conceptuales.

Por rasgo de personalidad se entiende (Pervin, 2000, p.63): “una tendencia a comportarse de una manera particular, como la expresada en la conducta de una persona a lo largo de una serie de situaciones”. Mientras que los valores personales son:

(Schwartz, 2001, p.55): “metas deseables y transituacionales, que varían en importancia, que sirven como principios en la vida de una persona o de otra entidad social”.

Las diferencias entre ambos conceptos residen por lo tanto en que (Bilsky y Schwartz, 1994, p.165): “1) Los rasgos de personalidad son típicamente vistos como patrones de conducta observables, mientras que los valores son criterios que los individuos usan para juzgar la deseabilidad de la conducta, la gente y eventos. 2)Los rasgos de personalidad varían en términos de cuanta característica de personalidad un individuo exhibe, mientras que los valores varían en términos de la importancia que los individuos atribuyen a objetivos particulares. 3)Los rasgos de personalidad describen acciones que presumiblemente surgen de “la forma en como la gente es” sin importar sus intenciones, mientras que los valores se refieren a los objetivos intencionales de los individuos que están a disposición de la conciencia”. En síntesis, mientras que los rasgos de personalidad son atribuciones que se realizan a los sujetos según su comportamiento observable, los valores son experimentados como lo que una persona juzga o considera importante. La necesidad de emplear ambos en combinación en la investigación psicosocial, resulta más evidente aun cuando se toma en cuenta las especificidades de su acción en la explicación conductual: mientras que los rasgos de personalidad se refieren a aspectos de menor control cognitivo, más automáticos si cabe, los valores personales se aplican a aspectos del comportamiento humano con un mayor control volitivo, que implica evaluación de alternativas y acción reflexiva (Roccas et al., 2002).

No existe abundante bibliografía que, concentrándose en los modernos enfoques teóricos que aquí se han comentado, explore la relación existente entre rasgos de personalidad y valores personales, sin embargo se describen a continuación tres investigaciones especialmente relevantes.

Una investigación pionera en este ámbito es la de Bilsky y Schwartz (1994). En ella, los autores aplicaron el Cuestionario de Valores de Rokeach (RVS) y el Inventario de Personalidad de Freiburg (FPI) a 331 estudiantes de tres diferentes estados de la República Federal Alemana. La edad media era de 22 años y dos tercios de los mismos eran mujeres. A pesar de utilizar el instrumento de Rokeach, los valores son entendidos desde la perspectiva de Schwartz y Bilsky (1987), y aunque el instrumento de

personalidad empleado no contempla la totalidad de los “Cinco Factores”, hace mención explícita a dos de ellos (Extraversión y Emocionabilidad), ya que está basado en el instrumento de Eysenck antes comentado. Sus hipótesis las verificaron por medio de dos pruebas de Similarity Structure Analysis y encontraron que (Bilsky y Schwartz, 1994, p. 177): “Extraversión emergió cerca del borde entre las regiones de Hedonismo y Estimulación y en oposición a las regiones de Autotrascendencia y Conservación”. Mientras que Emocionabilidad o Neuroticismo: “emergió en el centro del mapa no mostrando fuertes asociaciones con ninguno de los tipos de valores”. De esta forma, los autores consiguen integrar valores y rasgos de personalidad en una estructura coherente y dinámica, relacionando compatibilidades y conflictos entre rasgos y valores, y demostrando su complementariedad en el análisis conductual (ver Figura 2.6).

Otra investigación de mayor actualidad es la que realizaron Roccas et al. (2002) y que busca relacionar y comparar el FFM con las prioridades valorativas que Schwartz (2001) propone. Además, los autores relacionaron valores y rasgos con otras dos variables, la religiosidad y el afecto positivo, lo que les permitió comparar el alcance explicativo de los valores personales y rasgos de personalidad. Para llevar a acabo este estudio aplicaron el Cuestionario de Valores de Schwartz (SVS) y el Inventario de Personalidad NEO-PI a 246 estudiantes israelíes, en donde la media de edad era de 22 años y el 65% de ellos eran mujeres. El afecto positivo fue medido por medio de 5 ítems recogidos de una escala de Bradburn, mientras que la religiosidad se midió preguntando, en una escala del 0 al 7, “que tan religioso eres, si es que lo eres”.

Los resultados en cuanto a las compatibilidades y conflictos entre valores y rasgos, coincidentes con la anterior investigación de Bilsky y Schwartz (1994), fueron los siguientes (Figura 2.6):

a) Extroversión correlacionó positivamente con Logro (r=0,31; p<0,01), Estimulación (r=0,26; p<0,01) y Hedonismo (r=0,18; p<0,01) y negativamente con Tradición (r=-0,29; p<0,01).

b) Apertura a la Experiencia correlacionó positivamente con Universalismo (r=0,47; p<0,01), Autodirección (r=0,48; p<0,01) y Estimulación (r=0,33; p<0,01). Mientras que lo hizo negativamente con Poder (r=-0,38; p<0,01),

Conformidad (r=-0,34; p<0,01), Seguridad (r=-0,29; p<0,01) y Tradición (r=-0,29; p<0,01).

c) Afabilidad correlacionó positivamente con Benevolencia (r=0,45; p<0,01), Tradición (r=0,36; p<0,01) y Conformidad (r=0,20; p<0,01) y correlacionó negativamente con Poder (r=-0,45; p<0,01), Logro (r=-0,41; p<0,01), Hedonismo (r=-0,34), Estimulación (r=-0,26; p<0,01) y Autodirección (r=- 0,25; p<0,01).

d) Conciencia o Tesón correlacionó positivamente con Logro (r=0,22; p<0,01), Seguridad (r=0,22; p<0,01) y Conformidad (r=0,16; p<0,01) y correlacionó negativamente con Estimulación (r=-0,24; p<0,01).

e) Neuroticismo o Estabilidad Emocional tuvo una asociación muy pequeña con los valores, mostrando mínimas correlaciones únicamente en algunas subescalas propias del instrumento de personalidad utilizado24.

Al relacionar los valores y rasgos con terceras variables, los investigadores pudieron encontrar que:

f) En cuanto a la asociación de valores y rasgos con la Religiosidad, se puede decir que los valores correlacionaron con la religiosidad en mayor medida que los rasgos, explicando un 42% de la varianza frente al 8% que explicaron los rasgos. Los valores que correlacionaron significativamente fueron: Tradición (r=0,59; p<0,01), Benevolencia (r=0,22; p<0,01) y Conformidad (r=0,18; p<0,01) de forma positiva, y Hedonismo (r=-0,44; p<0,01), Estimulación (r=-0,33; p<0,01), Autodirección (r=-0,24; p<0,01), Universalismo (r=-0,22; p<0,01) y Logro (r=-0,15; p<0,01) de manera negativa. Mientras que los rasgos que correlacionaron significativamente fueron: Afabilidad (r=0,19; p<0,01) y Apertura a la Experiencia (r=-0,18; p<0,01).

24

Es importante resaltar la implicación tanto práctica como teórica que esto tiene para la presente investigación. Aunque aparentemente la no correlación pueda parecer una incompatibilidad,

contrariamente a esto, la no correlación implica una complementariedad. Es decir, sugiere que allí donde los rasgos de personalidad no alcanzan a discriminar llegan los valores.

g) Por otra parte las correlaciones que se encontraron entre rasgos de personalidad y la variable Afecto Positivo son: Extraversión (r=0,31; p<0,01), Neuroticismo (r=-0,24; p<0,05), Abierto a la Experiencia (r=0,19; p<0,01) y Tesón (r=0,14; p<0,05), y los valores que correlacionaron significativamente fueron Autodirección (r=0,16; p<0,01), Estimulación (r=0,14; p<0,05), Universalismo (r=0,11; p<0,05), Poder (r=-0,16; p<0,01) y Conformidad (r=-0,12; p<0,05). En esta ocasión, los rasgos de personalidad tuvieron una mayor participación en el porcentaje de explicación de la varianza (11% vs. 5%).

Figura 2.6. Modelo teórico de las relaciones entre los tipos motivacionales, dimensiones de valores bipolares y rasgos de personalidad según el FFM (Bilsky y Schwartz, 1994;

Roccas et al., 2002). AUTOTRASCENDENCIA APERTURA CONSERVACIÓN AL CAMBIO AUTOPROMOCIÓN Universalismo Benevolencia Apertura a la Experiencia Afabilidad Neuroticismo Tesón Tesón Tradición Autodirección Conformidad Estimulación Seguridad Hedonismo Logro Extroversión Poder

Nota: La localización de los rasgos de personalidad dentro de la estructura circular de Schwartz (2001) se ha realizado tomando en cuenta las correlaciones que encontraron Roccas et al. (2002) no basándose en un SSA, por lo tanto, el resultado gráfico es aproximado, no exacto, y sólo se expone con el fin de ejemplificar las relaciones de compatibilidad e incompatibilidad entre valores y rasgos de personalidad.

Finalmente, al encontrar las correlaciones existentes entre valores personales y rasgos de personalidad, y poder comprobar la distinta forma en cómo estos constructos se comportaban con terceras variables (religiosidad y afectividad), los autores llegaron a la conclusión de que (Roccas et al., 2002, p.798): “Los valores podrían influir más

fuertemente actitudes y conductas que están bajo control cognitivo, control volitivo, mientras que los rasgos podrían afectar más fuertemente tendencias y conductas sujetas a poco control cognitivo”. Esto implica que, aun poseyendo unas capacidades explicativas distintas, ambos conceptos son perfectamente complementarios para la comprensión del comportamiento social. De hecho, Caprara, Schwartz, Capanna, Vecchione y Barbaranelli (2006), emplearon estos mismos conceptos e instrumentos similares (PVQ y BFQ) en el campo de la “elección política”, para llegar a la conclusión de que, siendo el voto una opción que los sujetos evalúan cuidadosamente, bajo control cognitivo, los valores personales resultan de mayor importancia en la explicación de la acción de votar (aunque los rasgos de personalidad demostraron también una participación notable).

Un último estudio realizado recientemente es el llevado a cabo por Olver y Mooradian (2003), con una muestra de 255 alumnos universitarios en los EEUU. Los autores también emplearon el SVS para medir valores personales y el NEO-FFI25 para medir rasgos de personalidad, y sus resultados pueden considerarse una réplica que confirma prácticamente en su totalidad las correlaciones encontradas por Roccas et al. (2002).

En síntesis, por todo lo expuesto, se considera que los rasgos de personalidad son atribuciones externas a la forma en cómo consistentemente un individuo se comporta, mientras que los valores implican juicios y metas deseables, que guían el comportamiento de las personas, siendo también relativamente estables. De esta manera, es posible reconocer la diferencia entre estos dos constructos teóricos, así como sus compatibilidades, incompatibilidades y complementariedades en la explicación conductual.