4.5 Runtime Implementation
4.6.4 Results for Custom Execution Policies
Antecedentes del estudio de valores
El estudio y empleo de los valores dentro de las ciencias sociales es una realidad que cuenta con una importante tradición (Garzón y Garcés, 1989; Ros, 2001a). En esta investigación se utiliza el concepto “valor”, ya que se considera un elemento central para la comprensión del comportamiento del individuo en sociedad (Ros, 2001a). La relación que existe entre los valores y otras variables fundamentales como la personalidad, el comportamiento o las actitudes, ya ha sido explorada por diferentes autores (Bilsky y Schwartz, 1994; Roccas, Sagiv, Schwartz y Knafo, 2002; Rockeach, 1968b) y se detalla líneas abajo.
Cuando los valores representan los criterios comunes que han resultado útiles a la hora de solucionar los problemas de la colectividad, es decir, cuando éstos se utilizan para caracterizar a las sociedades como un todo se denominan “valores culturales”, mientras que cuando se emplean para caracterizar las prioridades que orientan a las personas en relación con una conducta específica, como por ejemplo el consumo de cocaína, se denominan “valores personales” (Ros, 2001a). En esta investigación, dado que el análisis está centrado en un comportamiento determinado (consumo de cocaína) nos referiremos en todo momento a los “valores personales” en lugar de los “valores culturales”.
El estudio de los valores es un tema ya clásico en psicología, sociología y, por supuesto, psicología social. Una de las primeras aproximaciones a los valores personales es la de Maslow (1954, 1968). Este autor derivó su concepto de valor del de necesidad, introduciendo de manera original una jerarquía de las necesidades humanas. Esta jerarquía es una estructura organizacional con diferentes grados, en el que cuando un nivel de necesidades se satisface suficientemente, el siguiente nivel más alto se convierte en el foco de atención. De esta manera para Maslow (1968, p.194), el valor “.... es aquella necesidad – dentro de la jerarquía de las necesidades – por la que se siente dominado (un sujeto) durante un período en particular, sea la necesidad que sea”.
Tal y como puede verse en la Figura 2.1, Maslow (1968) distinguía entre necesidades básicas y necesidades de desarrollo. Las primeras serían las necesidades fisiológicas, de seguridad, de amor y pertenencia y de estima, mientras que necesidades de desarrollo son: la necesidad de autoactualización, que implica desarrollar el potencial de cada individuo; la necesidad de saber y comprender; y la necesidad de trascendencia, que es la necesidad de contribuir a la humanidad y está asociada con un sentido de la comunidad.2
Figura 2.1. Jerarquía de las necesidades humanas de Maslow (1954, 1968)
NECESIDADES FISIOLÓGICAS NECESIDADES DE SEGURIDAD NECESIDADES DE AMOR Y PERTENENCIA
NECESIDADES DE ESTIMA NEC. DE AUTOACTUALIZACIÓN
NEC. TRASCENDENCIA
VALORES “S”
NEC. DE SABER Y COMPRENDER
Necesidades del
Desarrollo
Necesidades Básicas
La satisfacción de estas necesidades (básicas y de desarrollo) conducen a lo que Maslow (1968) denominó Autorrealización y Valores “S”. La Autorrealización estaba entonces asociada con la plenitud humana y la satisfacción de todas estas necesidades. Los Valores “S”, por otra parte, son entendidos como aquellos característicos de personas auto-realizadas o que han tenido experiencias sumamente significativas para la persona (experiencias cumbre), y derivadas de la satisfacción y estimulación de las necesidades humanas. Estos Valores “S” son: totalidad, perfección, consumación, justicia, riqueza, simplicidad, belleza, bondad, unicidad, facilidad, alegría, verdad y autosuficiencia.
En resumen, una innovación realmente interesante que introdujo la teoría de Maslow (1968), es la de asociar valor con necesidad y ésta a su vez con motivación y acción. De esta manera, siendo los valores la representación de necesidades (básicas o
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Otras necesidades del desarrollo que Maslow (1954) no elaboró tan ampliamente como las anteriores son las necesidades estéticas.
de desarrollo) se consideraba que éstos influían por vía indirecta en la conducta. Además, este autor también consideró que la vía más efectiva de favorecer la salud en la sociedad, era promoviendo la satisfacción de las distintas necesidades-valores que establece en su jerarquía piramidal.
No obstante, esta concepción de los valores presentó algunas limitaciones importantes. En primer lugar, la jerarquía de necesidades fue una propuesta basada en el individuo y excluía necesidades originadas en la interacción social o sociedad. Así, aunque Maslow reconocía que el sujeto tenía la necesidad de amor y pertenencia o de trascendencia, no propuso valores como por ejemplo el “orden social”, que tendrían su origen en la supervivencia del grupo antes que en el individuo. Por otra parte, al establecer una jerarquía de necesidades y valores que determinaban al sujeto según eran satisfechas o desarrolladas, se excluía, en buena medida, la posibilidad de que el conjunto de valores influyesen simultáneamente, como una totalidad, en el comportamiento. En este sentido, se hecha de menos en su jerarquía un sistema dinámico, integral, que reconozca de manera más clara la influencia de diferentes necesidades-valores al mismo tiempo. Por último, el establecimiento de las necesidades y valores de forma piramidal se constituye a priori como algo rígido, que implicaba el paso de uno antes de llegar a otro, lo cual no permitiría que, por ejemplo, para un sujeto valores de autoactualización poseyesen una mayor importancia que valores de seguridad3.
Otro autor de gran influencia en el estudio de los valores personales fue Rokeach (1968a, 1973). Para este autor (1973), “el sistema de valores es un conjunto de creencias relativamente estables y organizadas jerárquicamente, en el cual ciertos modos de comportamiento (valores instrumentales) son preferidos a otros modos de comportamiento, y ciertos ideales finales (valores terminales) son preferibles a otros”. Esta definición implicaba un importante elemento en su teoría, la distinción entre valores instrumentales y valores finales. Los primeros son medios que utilizamos para conseguir determinados fines. Mientras que los segundos representan necesidades o metas que el sujeto intentará conseguir. Además, subrayaba algunas características
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En este sentido cabe aclarar que según Maslow (1968) tampoco resultaba imprescindible que una necesidad fuese cubierta al 100% para que surgiese la necesidad superior, sino que la aparición de necesidades nuevas era gradual a medida que las necesidades anteriores iban siendo satisfechas.
diferenciales de los valores: son duraderos, son creencias, abarcan modos de actuar o fines, implican preferencias o un concepto de lo preferido y están referidos a algo que es personal o socialmente preferible. Finalmente, será importante tomar en cuenta que, para este autor, el valor es un concepto central que a su vez determina las actitudes y acciones del sujeto. Según Rokeach (1968b, p.160): “una vez que el valor es internalizado se convierte, consciente o inconscientemente, en un estándar o criterio para guiar la acción, para desarrollar o mantener actitudes hacia objetos o situaciones relevantes, para justificar las acciones o actitudes de uno u otros, para juzgarse moralmente a uno mismo o a otros y para compararse con los demás”.
Basado en una muestra razonablemente representativa de la sociedad norteamericana, Rokeach (1973) también desarrolló un instrumento para la medición de valores: el Rokeach Value Survey (en adelante RVS). El cuestionario estaba dividido en dos partes: una exploraba valores instrumentales y otra valores terminales, contando cada parte con 18 ítems (ver Tabla 2.1.). La forma de ser aplicado consistía en solicitar a los sujetos que arreglaran, según sus prioridades, el orden de los valores que se les presentaban en dos listas. Siendo una de las principales limitaciones de este cuestionario la complejidad y esfuerzo que puede implicar la tarea de ordenamiento de los valores.
Tabla 2.1. Valores medidos en el RVS
Valores Terminales Valores Instrumentales
1. Tener una vida cómoda 2. Tener una vida excitante 3. Tener un sentido de realización 4. Tener un mundo en paz 5. Tener un mundo hermoso 6. Tener igualdad entre todos 7. Tener seguridad familiar 8. Tener libertad
9. Tener felicidad 10. Tener armonía interna 11. Realización del amor 12. Tener seguridad nacional 13. Tener placer
14. Lograr la salvación
15. Tener respeto hacia uno mismo
16. Tener respeto y admiración de los demás 17. Tener verdadera amistad
18. Tener sabiduría 1. Ser ambicioso 2. Ser liberal 3. Ser capaz 4. Ser alegre 5. Ser limpio
6. Tener valor (para realizar lo que uno quiere) 7. Ser capaz de perdonar a los demás
8. Ser servicial 9. Ser honesto 10. Ser imaginativo 11. Ser independiente 12. Ser intelectual 13. Ser lógico 14. Ser cariñoso 15. Ser obediente 16. Ser educado 17. Ser responsable 18. Ser controlado Rokeach, 1973.
Por último, otra importante contribución de este autor al desarrollo teórico y tecnológico de la Psicología Social fue su Teoría del Sistema de Creencias y el método de la “Auto-confrontación” que de ésta deriva (Grube, Mayton y Ball-Rokeach, 1994; Rokeach, 1973). La Teoría del Sistema de Creencias (Belief System Theory) es una teoría que trata de explicar como las creencias y las conductas están interrelacionadas y bajo qué condiciones los sistemas de creencias permanecen estables o sufren cambios. Como se puede observar en la Figura 2.2, esta teoría localiza en el nivel central el auto- concepto. Para Rokeach (1973), este es la totalidad de todas las cogniciones que una persona tiene de sí misma, negativas y positivas, y las connotaciones afectivas que aparecerán cuando responda a la pregunta “quién soy yo”. El auto-concepto que, según McCrae y Costa (1999), guarda relación con los rasgos de personalidad que después se analizarán, será seguido en importancia por los valores del sujeto, que a su vez determinarán las actitudes y éstas los comportamientos. De esta manera, aunque en un principio Rokeach (1968a) se adhirió a las teorías de la consistencia cognitiva (Festinger, 1968; Heider, 1946) para explicar el cambio de las creencias y comportamientos, posteriormente (Grube et al., 1994; Rokeach, 1968b), amplió su posición subrayando la existencia de una “necesidad” de mantener un auto-concepto positivo y auto-representaciones de moralidad y competencia, lo cual aumentaría la auto-satisfacción y evitaría la auto-insatisfacción.
El método de auto-confrontación (Rokeach, 1973) tiene por objetivo la modificación de valores, actitudes, creencias y comportamientos, introduciendo estados de insatisfacción en los sujetos. El procedimiento para llevarlo a cabo consiste en aplicar un cuestionario de valores a un grupo de sujetos (o a un sujeto) y mostrarles los resultados comparándolos con los de un grupo ideal, relacionado con el comportamiento que se quiere obtener. Posteriormente, después de un periodo de reflexión, se vuelven a repartir los cuestionarios de valores y los resultados obtenidos, dándoles la oportunidad de que vuelvan a contestarlos según su grado de satisfacción. Este método ha sido empleado en diferentes ámbitos y para distintos propósitos: Ros, Grad y Martínez (1999) se valieron con éxito de esta técnica para mejorar el rendimiento académico de un grupo de 301 alumnos de diferentes institutos madrileños; Schwartz y Bilsky (1987) lo utilizaron con buenos resultados para ayudar a bajar de peso a 155 sujetos con sobrepeso; y Ball-Rokeach, Rokeach y Grube (1984) promovieron los valores políticos (libertad e igualdad) y valores de cuidado ambiental (vida confortante y mundo de
belleza) en ciudadanos estadounidenses, a través de un programa televisivo retransmitido en el este del estado de Washington. Este último estudio reveló un incremento en los valores libertad e igualdad y actitudes más favorables hacia los negros, mujeres y el medio ambiente, en los televidentes que no interrumpían la retrasmisión del programa (estos sujetos también respondieron más favorablemente a quienes les solicitaban dinero y presentaron más comportamientos de ayuda contra el racismo, el sexismo y causas pro-ambientales).
Figura 2.2. Esquema de la Teoría del Sistema de Creencias, (Grube, Mayton y Ball- Rokeach, 1994) Comportamiento Actitudes Valores Auto- concepto
En España, Rojo, Valdemoro y Cervera (1994) utilizaron este marco teórico para su investigación en drogodependencias. Estos autores aplicaron una variación del RVS a 39 toxicómanos dependientes de heroína intravenosa, con un rango de edad de 17 a 36 años, siendo 11 mujeres y 28 varones. Su cuestionario se diferenciaba del RVS original por no emplear el método de ordenamiento sino una escala de 6 puntos, en la que se hacía una valoración gradual desde “muy importante = 6” a “nada importante = 1”. Así, encontraron que de los valores instrumentales puntuaban con una media mayor: tener libertad (5,79), tener seguridad familiar (5,74), tener un mundo hermoso (5,74) y tener verdadera amistad (5,74), mientras que el valor con menos puntación fue: lograr la salvación (3,13). Por otro lado, el valor terminal que destacaba con mayor puntuación era el de ser limpio y aseado (5,77), mientras que los valores con menor puntuación
(considerados únicamente como “algo importante”) eran ser ambicioso (4,18) y ser obediente (4,21). Para Rojo et al. (1994), el conocer los valores de los sujetos drogodependientes permitiría, no sólo evaluar la situación inicial del paciente en tratamiento, sino además pronosticar y facilitar la relación médico-paciente. Sin embargo, este estudio posee importantes limitaciones. En primer lugar, lo reducido de la muestra; y en segundo lugar, el no continuar aplicando la prueba de manera longitudinal, ya que esto hubiese posibilitado conocer la evolución real de las prioridades valorativas de los sujetos.
Finalmente, aun reconociendo la gran relevancia del modelo de los valores de Rockeach (1973), según Schwartz (2001), éste posee algunas limitaciones. Por una parte, a pesar de sus intentos por organizar una tipología de los valores, su autor no llegó a desarrollar una teoría completa sobre la estructura y organización de los valores. Mientras que por otra parte, la distinción entre valores instrumentales y finales no resultaba consistente empíricamente.
Teoría de los valores personales de Schwartz
Una teoría de los valores personales que ha mejorado las limitaciones de sus antecesoras (Maslow, 1968; Rokeach, 1973) y que cuente, posiblemente, con el mayor apoyo empírico y solidez teórica de las que actualmente existen, es la elaborada por Schwartz y Bilsky (1987, 1990) y revisada posteriormente por Schwartz (1996, 2001). Este autor ha logrado establecer una estructura dinámica de tipos motivacionales de valores que comprende el conjunto total de valores encontrados en diferentes culturas.
La definición de Valores Personales para Schwartz (2001) es: “metas deseables y transituacionales, que varían en importancia, que sirven como principios guía en la vida de una persona o de otra entidad social”. Es decir, los valores implican fines deseables, son generalizables a distintas situaciones, se organizan de forma jerárquica y guían la conducta de las personas. En cambio, la definición que el mismo autor (Schwartz, 1999) ofrece para los Valores Culturales enfatiza nociones más amplias y abstractas: “los valores culturales representan las ideas abstractas compartidas, implícita o explícitamente, acerca de lo que es bueno, correcto y deseable en una sociedad (...)
Las formas en que las instituciones sociales funcionan, sus objetivos y sus modos de operar, expresan prioridades de valores culturales”.
Así como Maslow (1968) identificaba los valores con necesidades personales, Schwartz (2001) localizó el origen de los valores en tres necesidades universales para la existencia humana: biológicas, de interacción social coordinada y de supervivencia de los grupos. Por ejemplo, para este autor, el valor “Placer” deriva de una necesidad biológica, el valor “Poder social” implica una necesidad de interacción social, mientras que el valor “Mundo en paz”, asegura la necesidad de supervivencia de la especie. En este sentido, lo que distingue a un valor de otro es el tipo de metas motivacionales que persiguen, además son jerarquizados según su importancia y la configuración de valores resultante es una característica distintiva de los individuos.
Precisamente de estas tres necesidades universales, Schwartz (2001) derivó diez tipos motivacionales de valor, los cuales se describen a continuación, seguidos entre paréntesis por valores específicos que los representan:
1)Poder; estatus social, control sobre las personas y recursos (poder social, autoridad, salud). 2)Logro; éxito personal mediante la demostración de competencia según criterios sociales (éxito, capacidad, ambición). 3)Hedonismo; placer y gratificación sensual para uno mismo (placer, disfrutar la vida). 4)Estimulación; entusiasmo, novedad y reto en la vida (vida variada, vida estimulante). 5)Autodirección; pensamiento independiente y elección de la acción, creatividad, exploración (creatividad, libertad, independencia). 6)Universalismo; comprensión, aprecio, tolerancia y protección del bienestar de todas las personas y de la naturaleza (sabiduría, justicia social, igualdad, mundo en paz). 7)Benevolencia; preservación e intensificación del bienestar de todas las personas con las que uno está en contacto personal frecuente (honestidad, lealtad, responsabilidad). 8)Tradición; respeto, compromiso y aceptación de las costumbres e ideas que proporcionan la cultura tradicional o la religión (devoción, respeto por la tradición, moderación). 9)Conformidad; restricción de las acciones, inclinaciones e impulsos que pudiesen molestar o herir a otros y violar expectativas o normas sociales (obediencia, autodisciplina, educación). Y 10)Seguridad;
armonía, estabilidad y seguridad en la sociedad, de las relaciones y de sí mismo (seguridad familiar, seguridad nacional, limpieza).4
Figura 2.3. Modelo teórico de las relaciones entre los tipos motivacionales y dimensiones de valores bipolares (Schwartz, 2001)
AUTOTRASCENDENCIA AUTOPROMOCIÓN Universalismo Benevolencia Tradición Autodirección Conformidad Estimulación Seguridad Hedonismo Logro Poder CONSERVACIÓN APERTURA AL CAMBIO
Otro elemento importante de la teoría de Schwartz (2001), es que establece la existencia de una serie de relaciones dinámicas entre los valores, considerando que algunos de ellos son compatibles entre sí mismos, mientras que otros son incompatibles. Esta relación entre los valores conforma una estructura coherente y ordenada que se expresa gráficamente de forma circular, y tal y como se observa en la Figura 2.3, permite la localización de las distintas relaciones de compatibilidad, entre valores cercanos, y de conflicto, entre los valores opuestos.
Por otra parte, el presente modelo posee la particularidad de ofrecer dos dimensiones bipolares básicas que organizan cuatro tipos de valores. La primera dimensión incluye: “Apertura al cambio (autodirección y estimulación) versus Conservación” (tradición, conformidad y seguridad). Estos valores se agrupan según si
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Un onceavo tipo de valores sería el grupo de “valores espirituales”, sin embargo, según Schwartz (2001), los requisitos de universalidad aplicados al resto de los valores serían cuestionables para este último grupo de valores.
comparten una cierta inclinación al cambio, oponiéndose a aquellos valores que se interesan por conservar el status quo. La segunda dimensión comprende: “Autopromoción (poder y logro) versus Autotrascendecia” (universalismo y benevolencia), e incluye aquellos valores que benefician al individuo frente a otros que benefician sobretodo a la colectividad. Hedonismo está relacionado tanto con Apertura al cambio como con Autopromoción.
Una ventaja de proponer su modelo de forma circular radica en que resulta más sencillo de esta manera vincularlo con los comportamientos. Así, mientras que Rokeach (Grube et al., 1994; Rokeach, 1973) propuso que los valores influían en la conducta a través de las actitudes (ver Figura 2.2), Schwartz (2001) consideró que también podrían hacerlo directamente, guardando una estrecha relación la conducta con el tipo de valor. Por ejemplo, conductas de participación en voluntariado podrían ser motivadas por valores de Universalismo o Benevolencia, mientras que las conductas de consumo de drogas podrían estar determinadas por valores de Estimulación y Hedonismo. No obstante, dado que la mayor parte de los estudios que abordan el binomio valores- conducta son correlacionales, sólo recientemente se ha podido precisar la manera en que los valores causan el comportamiento. Verplanken y Holland (2002), por medio de una serie de estudios experimentales, demostraron que los valores pueden afectar directamente al comportamiento. Así, en su estudio número 6, los autores aplicaron el SVS (que se detalla más abajo) y un cuestionario de actitudes proambientales a un grupo de 140 estudiantes universitarios, tres semanas antes de las elecciones nacionales holandesas, para registrar el día posterior el voto emitido por cada uno de ellos (129 alumnos). Con esto pudieron encontrar que tanto las actitudes (p<0,03) como los valores proambientales (Universalismo) (p<0,04) predecían el comportamiento del voto a partidos ecologistas.
El instrumento que utilizó Schwartz (2001) para probar su teoría fue el Schwartz Value Survey (en adelante SVS). En su formato original, el SVS estaba compuesto por 56 elementos divididos en dos listas por separado. Los primeros 30 estaban redactados como valores terminales (nombres), mientras que los 26 restantes eran valores instrumentales (adjetivos), además, cada uno estaba seguido por una pequeña frase explicativa. Estos 56 elementos representaban las 10 motivaciones de valor expresadas en la Teoría de los Valores Personales del mismo autor (Tradición, Hedonismo,
Estimulación, Poder, Autodirección, Universalismo, Benevolencia, Conformidad, Seguridad y Logro). Los participantes evaluaban cada valor en una escala de 9 puntos “Como principio guía en mi vida”, desde 7 (de suprema importancia) a -1 (opuesto a mis valores), pasando por 6 (muy importante), 3 (importante), 0 (no importante), etc. La muestra a la que se aplicó este cuestionario fue de un total de 25.863 sujetos procedentes de 44 países, entre los años 1988 y 1993.
La validez transcultural de este instrumento ha sido revisada en numerosas ocasiones. Ros y Gouveia (2001) destacan su validez de constructo (conceptual, funcional y métrica), su validez convergente (especialmente con el modelo de Rokeach y el de Hofstede) y su validez discriminante (especialmente en comparación con el modelo de Triandis y el de Hofstede). De forma resumida, de entre los procesos de validación a los que ha sido sometido caben destacarse los siguientes tres:
En primer lugar, Schwartz y Sagiv (1995) aplicaron el SVS a 88 muestras en 40