el día a día, desde la perspectiva de la persona afectada.
Ni que decir tiene que se ha avan- zado desde el experimento de Rosen- han. Schweitzer, director del proyecto Sympa, recuerda que “desde mediados de los años noventa se estableció en la psiquiatría la idea del triálogo: el médico, el paciente y sus parientes analizan en conjunto la terapia adecua- da al caso”. Con el proyecto se busca ampliar los límites de participación del paciente en las decisiones.
De este modo el enfermo se trans- forma en el experto que decide junto a los médicos, terapeutas y cuidadores las medidas adecuadas a seguir. Cada paciente participa en la discusión de su caso y compara las impresiones de los especialistas con su propia visión del caso.
Drama
A través del diálogo con Agnes Sper- ling, conocen médicos, terapeutas y enfermeros el funcionamiento del proceso entero. Schweitzer comienza por explorar la vida de la paciente, desde su infancia expósita. Asegura que “fue fantástico, como el cielo en la tierra”. Trabajó de dependien- ta y se casó. Vivía en casa de sus suegros. El marido, profesional de montajes, viajaba mucho, por lo que fue ella quien crió a su hijo y dos hijas. Tras el fallecimiento de los suegros el primo empezó a restaurar la casa, sin pedirle nunca opinión. Así acabó por convencerse de que “éste me quiere echar de casa por todos los medios, y para ello busca la complicidad de mi marido”. La situación se le hace exasperante, lo que no quiere decir que por esa razón se haya vuelto loca.
Satisfecha por la atención y el in- terés hacia su persona, la mujer res- ponde a las preguntas de Schweitzer. Este ilustra en un mural el sistema familiar con un árbol genealógico en el que se ubica toda la familia, un llamado genograma. Se marcan las “lí- neas fronterizas” del confl icto, tanto entre los parientes y Agnes Sperling como también entre ella y su mari- do. Los hijos están de su lado. Y la paciente contempla, tensa, el drama familiar que se presenta ante sus ojos de manera clara y gráfi ca. El principio
fundamental de Sympa consiste en crear ópticas comunes. Los genogra- mas contribuyen a ilustrar la situación y permiten a los pacientes aumentar su confi anza en el tratamiento.
Schweitzer quiere saber “cómo se puede vivir con el enemigo en casa (su marido)”. Sperling, desconcertada, esboza una sonrisa irónica: “Ah, a veces muy bien. El domingo pasado me vino a buscar y me estuvo mi- mando todo el día. Ha dado un giro de 180 grados”. Pese a todo, desea divorciarse. Schweitzer le pregunta: “Imagínese que se hubiese consumado el divorcio. ¿Dónde va usted a vivir?” A lo que Agnes responde: “En un piso propio, cerca de mis hijos para que los pueda visitar con frecuencia”. Pero también el hijo vive con su mujer en
un piso del inmueble de los Sperling. Por ello la partida le resultaría difícil, y ése es su dilema.
No es la primera que nuestra pa- ciente experimenta sorpresas en tales viajes mentales. El milagro deseado no suele presentarse, sino que la salida posible plantea otros problemas dife- rentes. En la terapia sistemática las cuestiones hipotéticas valen no sólo para aumentar la información. Pueden ayudar a las personas a despertarse de su “trance problemático” en el que todo parece enmarañado y sin visos de esperanza. De ahí que en ocasiones se exhorte a los pacientes, casi como tarea doméstica, a que se comporten un cuarto de hora por semana como si ya hubiese aparecido la esperada solución del confl icto.
INTERCAMBIO DE ROLES. El paciente actúa como profesional de la medicina. Hasta los que sufren problemas psiquiátricos agudos pueden colaborar en el diagnóstico e intervenir, de forma activa, en la elección de la medicación y otros recursos terapéuticos.
La creación de nuevas perspectivas constituye el objetivo de una “nueva interpretación”, que es otro méto- do terapéutico sistemático. Se trata aquí de dar un nuevo sentido a las vivencias. Lo que se presente como negativo y amenazador debe adquirir un sentido positivo. A este respec- to, Schweitzer introduce la imagen del campo de batalla en la casa de los Sperling. “Usted es una especie de desertor. Los desertores buscan asilo. ¿Es el hospital de Gummers- bach sólo un mal asilo o quizá puede serlo bueno?” La pregunta provoca la risa de la paciente, que nunca ha visto su estancia en el centro psiquiátrico con este enfoque. Y al final responde que la institución es “un centro óptimo”. A ella le gusta estar acompañada por mucha gente y todos son muy simpáticos. “Me siento aquí protegida.”
Schweitzer se dirige entonces al equipo terapéutico para que mani- fi esten qué vivencias compartieron con la paciente cuando ésta llegó al departamento psiquiátrico. Una parti- cipante declara que su comportamien- to era agresivo. Sperling la contradice enérgicamente: “No es cierto, yo sólo estaba enojada”. Subraya que la in- gresaron sin motivo alguno. A lo que
la terapeuta accede con la fórmula: “¿Digamos entonces que usted esta- ba enfadada y excitada?” Descripción que Agnes ve acertada.
Schsweitzer prosigue su labor. “¿Cabría la posibilidad de que usted se presentase más enfadada y excitada que los otros, de manera que la policía la considerase siempre la agresora?” Sperling duda en la respuesta, para terminar por declarar: “Los otros son más sutiles, se comportan de manera tranquila y amable, como si me quisie- ran ayudar”. Entonces el psicólogo le hace una propuesta: “Quizá le pueda aportar algo la psiquiatría. Los es- pecialistas podrían buscar estrategias terapéuticas para evitar que usted sea internada”.
La nueva interpretación del psiquia- tra como amigo y como ayuda resulta un enfoque acertado. Y la directora de la estación clínica le ofrece una argucia: “Usted podría hacerle una jugada a su primo en la próxima crisis y acudir aquí voluntariamente. Así podríamos comentar el confl icto sin aspavientos”. Una idea feliz, admite la interesada, quien, en combinación con el equipo médico, se plantea trasladarse al coche caravana situado ante la vivienda hasta que se calme el oleaje.
¿Sería ésa la solución del problema de Agnes Sperling? No parece. Elisa- beth Nicolai, entrenadora en solidari- dad y psicoterapeuta, expone que “lo que cuenta al principio es que ella deje de verse sólo como víctima”. La paciente ha alcanzado una nueva perspectiva de su situación y puede refl exionar sobre diferentes estrate- gias que le faciliten el contacto con la familia.
El proyecto prevé también conver- saciones con los parientes. En este proceso de depurar el proyecto, los cónyuges y los parientes próximos deben proponer formas de superar u orillar las situaciones críticas. A ellos se les ofrece también ayuda para su propia descarga psíquica. Para Cornelia Oestereich, directora del hospital de la región de Wuns- dorf, “lo más difícil es mantenerse siempre abierto a todas las pro- puestas, así como respetar siempre las soluciones que uno en el fondo rechaza”.
Terapia acreditada
¿Qué es lo que aporta Sympa a los pacientes? ¿Puede este método mejorar su situación a largo plazo? Schweitzer asegura que nos hallamos todavía en fase de evaluación del estudio. Pero adelanta que “el pasado ha mostrado el éxito incuestionable de la terapia siste- mática para distintos tipos de enferme- dad”. Asimismo, habrían mejorado los síntomas agudos de los pacientes en el marco de este proyecto de investiga- ción. La “catámnesis” —seguimiento de la observación del paciente después de ser dado de alta— debe aportar más información en este campo.
Los alumnos de psicología han ob- servado el proceso cotidiano de las estaciones clínicas correspondientes y lo han grabado en vídeo. Con el mismo número de personal ha aumen- tado el número de diálogos de “ne- gociación” para llegar a soluciones con los pacientes, sus familias y con asesores externos. Se han situado en el centro del interés las preocupaciones y la comprensión de los problemas de los pacientes. Y se dedica una mayor atención a las facultades de éstos, para aprovecharlas en la superación de las crisis psiquiátricas.
Las primeras experiencias en el proyecto Sympa muestran también los efectos positivos en médicos, te- rapeutas y personal sanitario. Según una encuesta entre los colaboradores han disminuido los síntomas de ago- tamiento. Una cuidadora hizo constar que “nosotros ya no somos ahora los animadores que lo saben todo”.
CORINNA KLÜNSCH trabaja en la diná- mica de sistemas.
LEHRBUCH DER SYSTEMISCHEN THERA-
PIE UND BERATUNG. A. von Schlippe, J. Schweit zer. Vandenhoeck & Ruprecht; Göttingen, 1996.
WENN KRANKENHÄUSER STIMMEN HÖREN. LERNPROZESSEIN PSYCHIASTRISCHEN ORGA-
NIZATIONEN. J. Schweitzer et al. Vanden- hoeck & Ruprecht; Göttingen, 2005. LEHRBUCH DER SYSTEMISCHEN THERAPIE UND BERATUNG II. J. Schweitzer, A. v. Schlippe. Vandenhoeck & Ruprecht; Göttingen, 2006.
Bibliografía complementaria
L
os humanos realizan con su cerebro muchas cosas. Por ejemplo, conducir, limpiarse los dientes o preparar un pudin de vainilla. Algunos lo utilizan también para componer música, pintar cua- dros o escribir poemas. Los logros culturales están, pues, sujetos a las condiciones neuronales marginales; dicho en lenguaje llano: si tuvié- ramos otros cerebros, pintaríamos otros cuadros y escribiríamos otras poesías. Por no hablar del pudin de vainilla.Amplio y trivial. Considerando que en los últimos años los neurólogos no dejan de hablar de sí mismos y gozan de gran prestigio, otras disci- plinas se proponen beneficiarse de esa mina y abordar las cuestiones propias desde una óptica biológica. Kay Young, catedrática de filología inglesa, y Jeffrey L. Saver, neuró- logo, ambos de la Universidad de California, bosquejaron, en un ar- tículo conjunto de 2001, los rasgos fundamentales de una “neurología de la narración”.
En su opinión, en nuestras estruc- turas cerebrales actuaría un sistema narrativo que sería responsable de la capacidad de crear relatos auto- biográfi cos. Si se daña este sistema, los afectados no podrían conectar a tiempo los contenidos mentales entre sí. Las ideas y sucesos del pasado no conformarían un todo con sentido, una historia del yo.
Hace unos años, Karl Eibl lanzó su teoría evolutiva de la cultura. Resumi- da, la tesis del germanista muniqués afi rmaba: la enorme capacidad de adaptación de los humanos se basa en su idoneidad cultural. Cuanto más fl exible es una conducta tanto más im- portantes son las “memorias del saber externo”, tales como leyendas, mitos y narraciones, frente a los patrones de acción genéticamente fi jados.
Eibl considera a esos géneros lite- rarios los hitos de la humanización, pues sólo ellos habrían posibilitado a nuestros antepasados, por medio del lenguaje, referirse a lo ausente para
“hacer presentes” recuerdos, pensa- mientos y sentimientos. ¿De qué sirve esto? Según Eibl, para confi gurar, jun- to al mundo real, un segundo mundo invisible. Para percatarse de que todo podría ser muy distinto y pensar en opciones alternativas. ¿Hay otra solu- ción distinta de la comprobada? ¿Son irrevocables las normas y los valores? ¿Qué pasa, si no lo son?
Lamentablemente, los enfoques teóricos de este tipo resultan meros fuegos de artifi cio. Se abren muchas puertas abiertas, pero somos incapa- ces de abrir las cerradas. Nadie pone en cuestión que cuentos, canciones y dramas representan logros cogniti- vos especiales. ¿Cuál es el benefi cio que logramos de esa constatación? Por ejemplo, ¿comprendemos por eso mejor los relatos de Homero? ¿Alcan- zamos un conocimiento más profundo de la obra de Proust En busca del tiempo perdido?
Aun cuando los neurólogos consi- guieran describir los pormenores de
los procesos neuronales que se de- sarrollan en el cerebro al narrar o crear un poema, ello resultaría irrelevante para la interpretación de las obras artísticas que han surgido de ellos. La neurobiología no proporciona nin- gún tipo de ayuda a la interpretación. Eibl, que lo sabe, se limita a explicar para qué sirve el arte y en especial la literatura. Pero lo que de ahí se deduzca apenas supera los tópicos o lugares comunes.
ALEXANDER GRAU, doctor en fi losofía, investiga sobre los fundamentos cognitivos de la formación de teorías en fi losofía.
¿Hacia una “neurohermenéutica”?
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THE NEUROLOGYOF NARRATIVE. K. Young y J. L. Saver en Substance, vol. 94/95, págs. 72-84; 2001.
ANIMAL POETA. BAUSTEINEEINER BIOLO-
GISCHEN KULTUR- UND LITERATURTHEO-
RIE. K. Eibl. Mentis; Paderborn, 2004.
Matthew P. Walker
ecuerda sus tiempos de estudiante? Al día siguiente debía enfren- tarse con un examen importante; le urgía aprender algo rápidamente, quizás un capítulo del Quijote o unos difíciles compases de clarinete. Tras largas horas de estu- dio llegaba la medianoche y no había conseguido el objetivo. ¿Qué hacer? ¿Sacrifi car una noche de sueño para seguir estudiando?
La mayoría contestaría afi rmativa- mente. Pero si nos basamos en cómo trabaja nuestro cerebro, la respuesta sería, a buen seguro, negativa. Desde hace tiempo, los psicólogos vienen sos- pechando que el sueño guarda relación con la formación de la memoria, aunque los mecanismos no estén todavía claros. Las pruebas conductuales muestran que un período adecuado de sueño antes y después de una sesión de entrenamiento resulta determinante para el aprendizaje, hablemos de álgebra o de tenis.
Desde distintas disciplinas se ha confi rmado esa tesis en el transcurso de los últimos diez años. Ante la con- gruencia de los datos disponibles, la mayoría de los neurocientífi cos creen que el sueño forma parte integral de los procesos de aprendizaje y me- moria. Sin embargo, existen algunas sutilezas que cabe aclarar en enuncia- do, pues ni la memoria ni el sueño son procesos simples en términos de función y estructura. Aún más, la in- tersección entre los diversos tipos de memoria y las diversas fases del sueño está regida por variables que a veces se muestran un tanto crípticas.
Pese a las inevitables discrepancias que surgen en las áreas de estudio
complejas, la mayoría de los traba- jos existentes —conductuales, neu- roanatómicos, fi siológicos, celulares o moleculares— apoyan la tesis de que algunos períodos del ciclo de sueño generan activamente cambios en cier- tas categorías de memoria.
Sueño y memoria
La signatura eléctrica del cerebro durmiente difi ere de la dibujada por un cerebro despierto. Existen tam- bién notables diferencias durante las diversas fases del sueño. El sueño de movimientos oculares rápidos (REM, de Rapid Eye Movement) se asocia a los sueños más vívidos y produce ondas cerebrales similares a las que se observan en los sujetos despiertos. (Las ondas quedan registradas en un encefalograma.) A lo largo de la no- che, el sueño REM se alterna con su antítesis, el sueño no-REM (NREM), aproximadamente cada 90 minutos en los humanos.
En los primates, hombre incluido, el sueño NREM consta de 4 subfases. Los psicólogos se refi eren a las subfa- ses más profundas y eléctricamente distintivas, NREM 3 y NREM 4, como sueño de ondas lentas (SOL) por sus características ondas de alta amplitud y baja frecuencia.
De forma similar a lo que pasa con el sueño, existen diversos tipos de memoria. La clasifi cación más exten- dida se basa en la distinción entre la que puede relatarse verbalmente y la que se manifi esta a través de la ejecución. Los psicólogos llaman a estas categorías memoria declarativa y no-declarativa, respectivamente.
La memoria declarativa se basa en hechos e incluye las respues- tas a preguntas del tenor siguiente:
“¿Cuál es el valor de la constante de Planck?” “¿Dónde he dejado las llaves?” La información disponible so- bre neuropatología y neuroimágenes coincide en señalar que la memoria declarativa requiere la participación del hipocampo, que se encuentra en la parte medial del lóbulo temporal. Esta estructura almacena y recupera información desde la neocorteza; por lo que parece, interviene también para mantener unidos diferentes aspectos perceptivos de una misma situación (“Ah sí, he dejado las llaves para coger el último dónut”).
En contraposición a la anterior, la memoria no-declarativa es la del “sa- ber cómo”, no la del “saber qué”. Se manifi esta a través de una acción o una conducta. La categoría se subdi- vide en la memoria procedimental y la memoria implícita.