2.5 Estimation of pulmonary O 2 uptake in a normobaric hypoxic
3.4.3 tHb and race performance correlations
Elliot Turiel (1983/1984), que, al igual que Rest, comenzó su trabajo en este campo como colabora- dor estrecho de Kohlberg, ha desarrollado poste- riormente un programa de investigación propio en reacción a ciertos rasgos de la teoría kohlbergiana. Veamos de forma muy sintética los planteamientos de este autor y sus implicaciones en relación con las teorías del desarrollo moral.
Turiel sostiene que los juicios sociales se organi- zan dentro de distintos dominios de pensamiento, distinguiendo —entre otros— dos dominios funda- mentales: el de la moralidad y el de la convención. La diferenciación de estos dos dominios emerge muy tempranamente, a partir de las diferentes ex- periencias e interacciones sociales asociadas a los distintos tipos de acontecimientos. Las interaccio- nes asociadas a acontecimientos como infligir daño a otros, robar, mentir o no compartir son diferentes a las que tienen lugar en acontecimientos como, por ejemplo, comer en la mesa con los dedos o no dar las gracias. Las interacciones asociadas a situa- ciones del primer tipo estimulan la construcción de juicios morales; las asociadas a situaciones del se- gundo tipo, juicios convencionales.
Los juicios morales se refieren a aspectos de las interacciones sociales que implican daños intrínse- cos para las personas (daño físico, engaño, viola- ción de derechos...). Los juicios convencionales ha- cen referencia al funcionamiento de la organización social. Cuando una conducta afecta a los demás, generalmente, tiende a percibirse como moral y a juzgarse en tal sentido. Cuando la conducta tiene implicaciones para el buen funcionamiento de la organización social, tiende a juzgarse como una cuestión de educación, costumbre o convención so- cial. (Cuando la conducta parece afectar única- mente a la persona, cuando es vista como una cues- tión de preferencia y autonomía personal o una expresión de la propia identidad, tiende a conside- rarse una cuestión personal, no sujeta a ninguna prescripción moral ni regulación social.)
Cada dominio de juicio tiene no sólo diferente origen sino también un desarrollo relativamente in- dependiente. En otras palabras, el desarrollo del juicio moral y el desarrollo del juicio convencional discurren por dos vías diferenciadas. A lo largo de todo el desarrollo los criterios referidos a la mora- lidad son diferentes a los referidos a la convención. Esto no cambia. Lo que cambia es el modo de ra- zonamiento dentro de cada dominio.
Turiel y colaboradores, para entrar en contacto
con los criterios de los niños en sus juicios sobre diversos actos, les plantean básicamente las si- guientes preguntas: 1) ¿Sería malo (estaría mal) el acto si no hubiera una regla? 2) ¿Qué está peor?, ¿cuál merece más castigo? 3) ¿Sería correcto (esta- ría bien) el acto en otro lugar, en un país diferente? 4) ¿Es el acto una decisión personal? A partir de las respuestas de los niños a dichas cuestiones, Tu- riel concluye que los criterios referidos a cada uno de los dominios son los de la tabla 6.2.
TABLA 6.2
Criterios de juicio
Moralidad Edades* Convención
1. No contingencia de la regla (el acto estaría mal aunque no hu- biera regla). 2. Más grave, más castigo. 3. Generalización. 4. Impersonalidad. 23/ 4-33/4 años. 3-4 años. 33/ 4-43/4 años. 6 años.
1. Contingencia de la regla (el acto está bien o mal en función de la regla).
2. Menos grave, menos castigo. 3. Relativismo.
4. Impersonalidad.
* Edades para las cuales se ha observado que los niños utilizan los criterios de juicio correspondientes.
Como decimos, Turiel diferencia entre el desarro- llo de los conceptos de convención y el desarrollo del juicio moral. No nos detendremos a presentar su descripción del primero de ellos. Respecto al desa- rrollo del razonamiento moral, en el cual se centra nuestro interés, Turiel realiza una crítica a las des- cripciones cognitivo-evolutivas previas, señalando que en las investigaciones anteriores sobre dicho de- sarrollo se han utilizado acontecimientos de lo más diversos, todos ellos de naturaleza social, pero no siempre moral (por ejemplo, el juego, en el caso de Piaget); como consecuencia, se ha descrito el desa- rrollo moral con trazos que no le corresponden. Tu- riel no ha elaborado una descripción completa del desarrollo moral alternativa. No obstante, de su tra- bajo se derivan importantes conclusiones que exigen revisar los planteamientos de Piaget y Kohlberg.
Como se puede apreciar en la figura 6.1, tanto en
la teoría de Piaget como en la de Kohlberg el desa- rrollo de la moral autónoma supone el despegue de ésta respecto de la moralidad convencional. Según Piaget, dicho proceso no se produciría hasta alrede- dor de los 11 años. Según Kohlberg, aunque el esta- dio de moral heterónoma, el estadio 1, rara vez con- tinúa más allá de la primera adolescencia, la auténtica autonomía moral, claramente diferenciada de la convención, no aparece hasta el nivel poscon- vencional y sólo lo alcanza una minoría. Frente a tales planteamientos, Turiel sostiene que el desarro- llo moral no implica un proceso gradual de separa- ción entre los conceptos morales y los no morales.
Los niños pequeños poseen ya un razonamiento mo- ral diferenciado de la pura convención. Ésta es la tesis central de Turiel, una tesis que merece especial atención, por sus importantes implicaciones. En de- finitiva, aquí se nos está revelando la existencia de
una sensibilidad especial en los humanos, muy tem- prana, para aquellos acontecimientos que implican daños para las personas.
Estos planteamientos, además, han encontrado amplio apoyo empírico (Lapsley, 1996). Numerosos estudios apoyan la idea de que, efectivamente, los niños (y los adultos) distinguen entre la moralidad y la convención social. Por otra parte, diversos estu- dios realizados en distintas culturas sugieren que la distinción entre los dominios moral y convencional no sería únicamente característica de la sociedad norteamericana. No obstante, la generalidad trans- cultural de dicha distinción es cuestionada por algu- nos autores. Sea como fuere, tal distinción ha sido también confirmada en niños españoles de distintas edades (Carranza, Brito de la Nuez y Pérez, 1991).
3. las tEorías dEl aprEndizajE