SURFACE TEMPERATURE
3.3 General satellite remote sensing applications
El mensaje populista entonces es un discurso, en el sentido de
que le da a dicho término Oliver Reboul:
Entre la lengua y la palabra, se admite hoy día una realidad intermedia que es el discurso (cf. R. Robín, 1973, p. 20, y Gre- imas, 1976, p. 11). El discurso es un tipo de palabra común a un número de individuos y regido por un subcódigo.91
Este subcódigo que contiene las leyes del discurso populista, como veremos de inmediato, es enteramente susceptible de análisis, e incluso de replicación. No obedece, como él mismo querría apa- rentar, a alguna esencia “telúrica” inaprensible. Asesores extraños al contexto cultural venezolano aprendieron a manejar sus leyes y hasta pueden aconsejar sobre la mejor manera de aplicarlo. Las campañas de AD son asesoradas por los expertos Joe Napolitan, Clifton White y Bob Jane Squier. Las de Copei, por el norteamericano David Garth.92 Los artistas pueden aprender las leyes de este código y replicarlo en acabadas parodias. Para poner al descubierto las leyes internas que rigen ese discurso, o subcódigo, conviene analizarlo empleando las categorías esenciales de la teoría de la comunicación.93
91. Reboul, Olivier. Langage et ideologie. p. 40.
92. Ver: Martz y Baloyra. Electoral Mobilization and Public Opinión. pp. 167-178; Imperio
Rodríguez. “La estrategia de una campaña”. El Nacional. Caracas, 10/11/1986. p. D-4. En la
campaña de 1988, aparte de las firmas mencionadas, Carlos Andrés Pérez es asesorado por Reinaldo Figueredo Planchart, y Eduardo Fernández por Rafael Salvatierra. “Los candidatos y su hombre atrás”. El Nacional. Caracas, 21/02/1988. p. F-6 y 7.
La comunicación supone, por lo menos, la existencia de los si- guientes elementos:
1) Un emisor, que envía el mensaje.
2) Un mensaje, el cual requiere, tanto de la existencia de señales, como de un código para interpretarlas.
3) Un medio, el cual es el vehículo, instrumento o canal a
través del cual se difunde el mensaje. 4) Un receptor del mensaje.
A los efectos de nuestra exposición seguiremos, en líneas generales, el esquema anterior. Por ello, la organizaremos de la manera siguiente:
1) El emisor del mensaje: Es el conjunto de personas e
instituciones que constituyen la fuente del mensaje populista (líderes, autores, productores, partidos, ad- ministración, grupos de presión). Usualmente, en el propio mensaje hay una autocaracterización de tales emisores: se representan de una manera determina- da. Prestaremos particular atención a este aspecto. 2) Los códigos del mensaje: El mensaje populista em-
plea diversas señales que al ser integradas dentro de
un código devienen signos y símbolos. Estos pueden
ser icónicos (que constan esencialmente de imágenes
plásticas), lingüísticos (que constan esencialmente de
señales lingüísticas), e incluso rituales (que constan de conjuntos de prácticas que devienen señales). 3) El mensaje propiamente dicho consta a su vez de un
primer nivel explícito, o denotado —lo que el mensaje
declara de una manera primaria e informativa—, y de comunicación tal como ha sido expuesto por Ferdinand de Saussure en su Curso de lingüística general. Capítulo. II pp. 49-62; Spa, Moragas. Teoría de la comunicación. pp. 26-47; Bisbal,
Marcelino y Jesús María Aguirre. La ideología como mensaje y masaje. pp. 71-92; Antonio
Pasquali. Comunicación y cultura de masas. pp. 39-104.
un segundo nivel profundo o connotado, que compren-
de la dimensión retórica de los significantes, así como la ideología contenida en ellos. Nos aproximaremos a ambos niveles examinando en el nivel explícito diver- sos textos donde las organizaciones populistas defi- nen sus ideas y programas.
En el estudio del nivel profundo o latente o connotado
del mensaje populista, trataremos de discernir tres problemas:
a) Quiénes aparecen como actores sociales y políticos dentro de dicho mensaje, y con cuáles funciones. b) Qué valores transmite dicho mensaje, y cuál rango
se establece entre ellos.
c) Cuál visión de la historia propone.
Para el primer tipo de análisis emplearemos el mé- todo de los “roles actanciales” propuesto por Greimas.
Para el segundo, una variante del método de “apreciación de los valores en el discurso político”, postulado por Rokeach. Para el tercero, intentaremos organizar en un plano diacrónico, es decir, sucesivo, el conjunto de apreciaciones del mensaje populista relativos al papel en la historia venezolana de la orga- nización que lo emite.
4) El receptor del mensaje será estudiado de dos formas.
En primer lugar, mediante la caracterización que de él hacen los emisores en su mensaje. Es decir, verificare- mos cómo representan al pueblo los líderes populis- tas (V. 5.1).
En segundo lugar, trataremos de determinar lo que ha sido genéricamente llamado identidad del recep-
tor —que, en nuestro concepto, no es más que la personalidad básica del venezolano—. Ello, a fin de verificar cuál relación puede existir entre el mensaje populista y su destinatario.
En un lenguaje más sencillo, trataremos entonces de discernir
quién emite el mensaje —y sobre todo cómo se califica a sí mismo
en dicho mensaje, y cómo califica a su destinatario—. Intentaremos describir cómo comunica dicho mensaje —es decir, qué tipo de se-
ñales, signos y códigos estima más convenientes para transmitirlo—. Trataremos de determinar qué comunica realmente —deteniéndonos
en los actos mencionados en el mensaje, en los valores que figuran en éste y en la función histórica que se atribuye a los mismos—. Inten- taremos, en fin, dilucidar a quién se transmite el mensaje, basándonos
para ello tanto en el contenido del mensaje mismo como en estudios que refieren a la identidad del pueblo al cual está destinado.
Empecemos por el estudio del emisor.