Sin querer explicar todo lo concerniente a este tema, consideramos necesario aclarar algunos aspectos que ayudarán a comprender el enfoque socioformativo de las competencias, el cual retoma esta
línea del constructivismo. Esto se verifica en el presente libro en el énfasis que hay en las secuencias didácticas en torno al abordaje
de problemas y la construcción del conocimiento como un aspecto esencial para aprender a actuar en la realidad.
Mucho se podría hablar acerca de este paradigma, teoría, con- cepción epistemológica, perspectiva o punto de vista acerca de cómo se construyen los conocimientos, etc., cuestión que no realizaremos; sin embargo, creemos conveniente referirnos a tres estudiosos con- temporáneos del tema: Juan Delval, César Coll y Mario Carretero.
En su excelente libro Aprender en la vida y en la escuela, Juan Delval plantea: “Hay que señalar claramente que el constructivismo es una posición epistemológica y psicológica y que no se trata de una con- cepción educativa. Por ello no tiene sentido hablar de una educación constructivista, ni las explicaciones constructivistas sobre la forma- ción del conocimiento pueden traducirse directamente al terreno de la práctica educativa.” (Delval, 2000, p. 8; citado por Pimienta,
2007, p. 7).
César Coll dice: “Su utilidad reside [refiriéndose al constructivis- mo], nos parece, en que permite formular determinadas preguntas nucleares para la educación, contestándolas desde un marco explica- tivo, articulado y coherente, y nos ofrece criterios para abundar en las respuestas que requieren informaciones más específicas.” (Coll, 1999, p. 34; citado por Pimienta, 2007, p. 8).
Mario Carretero, al responder la pregunta ¿qué es el constructi-
vismo?, aclara: “Básicamente es la idea de que el individuo (tanto
en sus aspectos cognitivos y sociales del comportamiento, como en los afectivos), es una construcción propia.” (Carretero, 1997, p. 10; citado por Pimienta, 2007, p. 8).
Como podemos ver, no es un tema fácil de abordar; sin embargo, entre ellos existe un acuerdo implícito que nos lleva a plantear que los seres humanos construimos activamente nuestro conocimiento, basados en lo que sabemos y en una relación también activa con los “otros”, con los que interactuamos.
Las teorías constructivistas se fundan en la investigación de Piaget, Vygotsky, los psicólogos de la Gestalt, Bartlett, Bruner, así como en la del filósofo de la educación John Dewey, por mencionar sólo
algunas fuentes intelectuales. Tal como sucede con las posturas acer- ca de cómo se aprende, no hay una sola teoría constructivista del aprendizaje. Por ejemplo, existen aproximaciones constructivistas en la educación de la ciencia y las matemáticas, en la psicología edu- cativa y la antropología, lo mismo que en la educación basada en las computadoras. Algunas corrientes constructivistas destacan la cons- trucción social compartida del conocimiento; otras piensan que las fuerzas sociales son menos importantes.
En la actualidad parece una moda autodenominarse constructi- vista y pareciera que, o todos lo somos, o que muchos usamos tal teoría, y también que es algo muy fácil de llevar a la práctica; sin embargo, desde nuestro punto de vista no hay nada más alejado de la realidad, porque ni es algo que sencillamente se pueda aplicar como simple receta, ni tampoco se puede emplear como si se tratara de un traje fácil de usar.
Para aclarar un poco más el asunto, diremos que el tema de cómo se forman los conocimientos ha sido apasionante para el ser huma- no desde tiempos inmemoriales, por lo que buscar los orígenes de la concepción constructivista nos remontaría a muchos años atrás. Sólo diremos que hay dos corrientes que dominaron durante mucho tiempo: a) la idea de que los conocimientos estaban dentro del ser humano y que sólo había que activarlos para que afloraran (innatis- mo) y b) el pensamiento que consideraba que el conocimiento estaba afuera y había que llevarlo como si fuera una copia que se debía im- pregnar en el cerebro humano (empirismo).
Desde nuestra perspectiva, el constructivismo no es tan innatis- ta ni tan empirista; un término medio sería lo deseable, haciendo justicia al padre del cognoscitivismo, el gran Jean Piaget (1968; re- ferencia en Pimienta, 2007, p. 8). Esto se retoma en la mediación del aprendizaje de las competencias, pues se parte de la idea de que una competencia se aprende sobre aspectos que en alguna medida pudieran ser incluso heredados.
Las teorías constructivistas del aprendizaje y la enseñanza han adquirido una influencia considerable. Las voces a favor del método
constructivista no sólo provienen del campo de la psicología, sino también de la filosofía, la antropología, la enseñanza de las ciencias y las matemáticas y la tecnología educativa. Las posturas constructi- vistas del aprendizaje tienen implicaciones decisivas para la enseñan- za; aunque hay varias interpretaciones de lo que significa la teoría (constructivista), casi todas coinciden en que supone un cambio no- table en el interés de la enseñanza al colocar en el centro de la em- presa educativa los esfuerzos del estudiante por entender (Woolfolk, 1999; citada por Pimienta, 2007, p. 9).
Si se analizan un poco los elementos del planteamiento constructi- vista, veremos que muchos ideólogos (Piaget, Vygotsky) recomiendan: • Entornos complejos que impliquen un desafío para el aprendi-
zaje y tareas auténticas.
• Negociación social y responsabilidad compartida como parte del aprendizaje.
• Representaciones múltiples del contenido. • Comprensión de que el conocimiento se elabora.
• Instrucción centrada en el estudiante (Woolfolk, 1999; refe- rencia en Pimienta, 2007, p. 9).
Y en este marco, el maestro debiera presentar una situación proble- mática o una pregunta desconcertante a los alumnos, para que:
• Formulen hipótesis buscando explicar la situación o resolver el problema.
• Reúnan datos para probar la hipótesis. • Extraigan conclusiones.
• Reflexionen sobre el problema original y los procesos de pen- samiento requeridos para resolverlo.
La metodología de las secuencias didácticas que se aborda en el pre- sente libro retoma las enseñanzas del constructivismo y por ello se insiste en la necesidad de tener problemas retadores, que sean identi-
ficados en el contexto (personal, familiar, comunitario, laboral-pro- fesional, ambiental-ecológico, político, cultural, artístico, etc.), para que de esta forma los estudiantes tengan un escenario complejo que lleve al análisis, la comprensión y la interacción de variables, pero también a tener una mayor vinculación con la realidad y a generar el compromiso de buscar que el mundo sea mejor.
2.3 El aprendizaje cooperativo en las secuencias didácticas