Agrandir Original (jpeg, 24k)
Leopoldo Trejo
Conclusiones
38 Lo extraño es que tantosacahuil como taqolu’ son comida ritual por derecho propio, caso contrario (...)39Terminado nuestro recorrido por los vértices del triángulo del tamal, es tiempo de adelantar conclusiones. Como todos los tamales comparten ingredientes, formas de cocción y contexto ritual, además de aparecer como cuerpos muertos, y por lo tanto, consumibles, será necesario contrastarlos atendiendo a otras de sus cualidades relacionales. Pensados como continuo corporal, en un extremo vemos al tanqolu’ afirmando la completitud, mientras que en el otro permanece el puleij, máxima expresión de la fracción. A medio camino entre los ambos se encuentra elsacahuil, fracción y complemento de los puleij, pero al mismo tiempo individuo como el tanqolu’. Pero si ahora pensamos los contrastes atendiendo las relaciones de comensalidad y ofrenda, descubrimos que, mientras los puleij suponen ambas, el tanqolu’ las niega; quedando el sacahuil a medio camino entre ellas, pues aunque no es ofrenda inaugura la comensalidad. Si sobreponemos ambos campos de relaciones, el sacahuil se ofrece como el término intermedio a partir del cual alcanzamos los extremos de nuestro sistema. Con el puleij se establecen la fracción y la comensalidad como principios de la ofrenda, mientras que el tanqolu’postula la completitud y la autofagia como criterios de la no ofrenda.38 Llevando al campo de los tropos, el puleij es una metáfora del cuerpo ―dice la totalidad en otro registro―, el sacahuil es sinécdoque ―la cabeza como el cuerpo entero― mientras que el tanqolu’ es un ícono ―el cuerpo entero como tal. Al final, mediante un complejo sistema de sustituciones, el triángulo del culinario del tamal totonaco plantea un tránsito de la totalidad a la fracción.
Agrandir Original (jpeg, 13k)
Haut de page
Bibliographie
Des DOI (Digital Object Identifier) sont automatiquement ajoutés aux références par Bilbo, l'outil
d'annotation bibliographique d'OpenEdition.
Les utilisateurs des institutions abonnées à l'un des programmes freemium d'OpenEdition peuvent télécharger les références bibliographiques pour lesquelles Bilbo a trouvé un DOI.
Baudez, Claude-Françoise, “Sacrificio de „si‟, sacrificio del „otro‟”, El sacrificio humano en la tradición
religiosa mesoamericana, México, Universidad Nacional Autónoma de México-Centro Francés de
Estudios Mexicanos y Centroamericanos, 2010, p. 431-452.
Descola, Philippe, La selva culta. Simbolismo y praxis en la ecología de los achuar, Quito, Ediciones Abya/Yala, 1996.
Duran, Diego de, Historia de las indias de Nueva España e islas de la tierra firme,México, Editorial Porrúa, 2006.
Govers, Cora, Performing the community. Representation, ritual and reciprocity in the totonac
Highlands of Mexico, Lit Verlag, Berlin, 2006.
Ichon, Alain, La religión de los totonacas de la sierra, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/ Instituto Nacional Indigenista, 1990.
Leach, Edemund, Claude Levi-Strauss, [en línea] Chicago, University of Chicago Press, consultado 28 septiembre 2011 URL. www.colorado.edu/envd/.../Levi-Strauss.pdf
Lévi-Strauss, Claude, “El triángulo culinario”, Lévi-Strauss. Estructuralismo y dialéctica, Buenos Aires, Editorial Paidós, 1968, p. 39-57.
Mintz Sidney and Christine M Du Bois, “The Anthropology of Food and Eating”,Annual Review of
Anthropology, 2002, vol. 31, p. 99-119.
Sahagún, Bernardino, Historia general de las cosas de Nueva España, México, Consejo Nacional para
la Cultura y las Artes, 2000.
DOI : 10.1017/CBO9780511792892
Trejo, Leopoldo, La fiesta del Santoro. Todos Santos y Fieles Difuntos entre lostotonacos de la
Huasteca, México, Museo Nacional de Antropología, 2006.
Trejo, Leopoldo, “El papel de los gatos en el carnaval totonaco de Pantepec, Puebla”, Los rostros de la
alteridad. Expresiones carnavalescas en la ritualidad indígena, México, Consejo Veracruzano de Arte
Trejo, Leopoldo. “Arte y oficio de nombrar con números. El código numérico de los totonacos de la Huasteca”, México, en prensa.
Trejo, Leopoldo et al, Sonata ritual. Cuerpo, cosmos y envidia en la Huasteca meridional, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, en prensa.
Haut de page
Notes
1 Mintz Sidney and Cristine M Du Bois, “The Anthropology of Food and Eating”,Annual Review of
Anthropology, 2002, vol. 31
2 En este contexto, México puede ser identificado e identificarse como nación frijolera, taquera, molera, tamalera etcétera; de la misma forma en que el sur de los Estados Unidos (y norte de México) se asumen y son asumidos como tierra del “burrito” y del “nacho”.
3 Leach, Edemund, Claude Levi-Strauss, [en línea] Chicago, University of Chicago Press, consultado 28 septiembre 2011 URL: www.colorado.edu/envd/.../Levi-Strauss.pdf
4 Este escrito es resultado del trabajo de campo realizado en distintos periodos entre 2004 y 2011 en las comunidades totonacas de La Ceiba Chica, Ejido Cañada, Cañada Colotla, Pacífico, Buena Vista y Nuevo Jardín, todas pertenecientes al municipio poblano de Pantepec. Gran parte de la información sobre la lógica culinaria se obtuvo mediante entrevistas y el registro de al menos 20 rituales decostumbre. Si bien cuento con numerosas exégesis relativas a distintos actos y episodios rituales, las he limitado pues lo que pretendo mostrar en este texto es el sistema que he podido inferir de la observación y análisis de la práctica ritual y de las exégesis. Debo apuntar, además, que el recurso al “triángulo culinario” no supone necesariamente una aplicación directa de las propuestas levistraussianas, sino un ejercicio que la naturaleza de los datos etnográficos permite y que arroja mucha luz sobre la lógica concreta de la ritualidad totonaca.
5 Dentro de los rituales terapéuticos considero a aquellos que tienen como finalidad iniciar a los especialistas, así como a “pagar” a las potencias por el favor recibido. Dado que estos “costumbres” implican la enfermedad del especialista como señal del don o como castigo por su desconsideración, los incluyo dentro de la categoría.
6 Trejo, Leopoldo et al, Sonata ritual. Cuerpo, cosmos y envidia en la Huasteca meridional, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, en prensa.
7 Con menor carga simbólica e impacto sobre el cosmos, pero de gran peso social, están las fiestas patronales, los bautizos, matrimonios y las cada vez más importantes graduaciones escolares. Estrechamente vinculados con la iglesia católica o con las autoridades civiles y sus ministros, su práctica no hace sistema con los complejos carnavalesco y de costumbre, sino que se inserta como línea ritual paralela. No es el caso de los rituales funerarios, los cuales han fundido las formas de hacer de los mestizos católicos con las prácticas tradicionales dando como resultado un tipo de ritual que de alguna manera permanece a medio camino entre un costumbre propiamente dicho y un velorio mestizó genérico. Obviamente, la estrecha relación entre los rituales mortuorios y la celebración de Todos Santos y Carnaval vuelven a estos ritos difíciles de inscribir dentro de grandes categorías. 8 Govers, Cora, Performing the community. Representation, ritual and reciprocity in the totonac
9 Dicha jerarquía sigue el siguiente orden: 1) res, 2) cerdo, 3) borrego, 4) guajolote, 5) gallos y gallinas. Las posiciones tercera y cuarta no son del todo claras, el guajolote, a pesar de tener menos carne que el borrego, llega a alcanzar precios sumamente altos. La carne de los animales del monte como el armadillo no forman parte de esta jerarquía, mientras que el pescado y el camarón parecen oponerse a las carnes.
10 Aunque carezco de información al respecto, a partir del modelo que describo, es teóricamente imposible un tamal con carne de animal del monte como el tejón o el armadillo. Aunque el venado desapareció hace más de seis décadas, no he recogido información sobre tamales con su carne. 11 Trejo, Leopoldo, “El papel de los gatos en el carnaval totonaco de Pantepec, Puebla”, Los rostros
de la alteridad. Expresiones carnavalescas en la ritualidad indígena, México, Consejo Veracruzano de
Arte Popular, 2010.
12 En contraste con los pueblos zoques de Oaxaca, donde los cerdos vagan por el poblado comiendo lo que se encuentren, en las comunidades totonacas de la Huasteca permanecen en chiqueros ubicados en el patio trasero, o en cualquier otro espacio dentro del patio. Aunque no son lugares precisamente limpios, los chiqueros, quizá por su cercanía a las casas, son limpiados con relativa frecuencia.
13 La dieta a base de maíz sirve también para distinguir a los pollos de rancho de los de granja. Los primeros son aquellos que crecen libres en los patios de las casas, mientras que los segundos son los que se compran en los mercados. La alta valoración de los primeros es tal que la gente, cuando tiene posibilidad, paga el doble por un pollo de rancho. Esta misma lógica se aplica para los huevos. En el caso de los cerdos el ideal es comprar al animal vivo, pero sobre todo, comprarlo a algún conocido pues así se tiene certeza de que fue alimentado con maíz.
14 En realidad los borregos tienen una dieta variada, toda vez que consumen pastos y maíz. Cabe destacar que el maíz que se les entrega es aquel que ya no es considerado óptimo para consumo humano.
15 La última secuencia ritual del Carnaval se llama “descabezada” y consiste en colgar por las patas a varias aves para que los enmascarados jueguen a arrancarles las testas. Con los cuerpos decapitados se prepara un mole que será servido a todos los danzantes en casa del Capitán o responsable de la comparsa.
16 Trejo, Leopoldo, La fiesta del Santoro. Todos Santos y Fieles Difuntos entre los totonacos de la Huasteca, México, Museo Nacional de Antropología, 2006.
17 Trejo, en prensa, op. cit. 18 Ibidem
19 Por esta misma razón, en la clasificación de los difuntos tanto los niños como los solteros ocupan la categoría de “angelitos”, seres incompletos que, aunque comieron maíz, no conocieron el sexo. 20 Trejo en prensa, op. cit.
21 A pesar de compartir el nombre con su congénere teenek y nahua, éste no es cocinado al horno sino al vapor.
22 Sería poco práctico sacrificar 25 marranos o pollos sólo para poder ajustar sus cabezas y cuerpos a la fórmula canóniga de los conjuntos sexuados 12 y 13.
23 Descola, Philippe, La selva culta. Simbolismo y praxis en la ecología de los achuar, Quito, Ediciones Abya/Yala, 1996.
24 Ichon, Alain, La religión de los totonacas de la sierra, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/ Instituto Nacional Indigenista, 1990, p. 172.
25 Chocolate, pan, cerveza, refrescos, mole, cigarros, aguardiente y velas.
26 En este contexto, el uso de ropa de novio o novia no es accesorio, sino que reafirma la importancia que tiene la sexualidad, y por lo tanto la fertilidad, en la ofrenda.
27 Trejo, Leopoldo et al, Sonata ritual. Cuerpo, cosmos y envidia en la Huasteca meridional, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, en prensa.
28 Sahagún, Bernardino, Historia general de las cosas de Nueva España, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2000.
29 Duran, Diego de, Historia de las indias de Nueva España e islas de la tierra firme, México, Editorial Porrúa, 2006.
30 Baudez, Claude-Françoise, “Sacrificio de „si‟, sacrificio del „otro‟”, El sacrificio humano en la
tradición religiosa mesoamericana, México, Universidad Nacional Autónoma de México-Centro Francés
de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, 2010, p. 434. 31 Ibidem
32 Ibidem
33 Anteriormente el quechquemitl no sólo era una prenda que signaba a las mujeres en oposición a los varones, sino que en realidad distinguía a las casadas de las solteras. En cierta manera era el vestido de las novias y esposas, traje que debía ser usado también al momento de la muerte. Hoy en día, esta lógica se ha mantenido, así, en lugar de los quechquemitl se usan trajes de “novia” al estilo urbano.
34 Ichon, Alain, op. cit. p. 355
35 Tanto las vísceras, la piel vuelta chicharrón, la sangre hecha embutido, como las patas delanteras, son puestas sobre la mesa de ofrenda durante el transcurso del segundo día del ritual. Como puede observarse, dejando a un lado los huesos y el pelo, el cerdo es presentado ante la mesa íntegro pero como comida.
36 Ichon, Alain, op. cit. p. 175 37 Ibid., p. 176-177
38 Lo extraño es que tanto sacahuil como taqolu’ son comida ritual por derecho propio, caso contrario al puleij, que es el único que se puede ingerir en cualquier otra ocasión, pero es el único que es ofrenda.
Haut de page