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Leopoldo Trejo

25En este contexto cobra sentido llamarlo “completo”, pues lo mismo que la estrella ―que es “individuo”― el tanqolu’ funciona como el equivalente o doble del paciente. Por eso no forma conjuntos, sino tan sólo marca el género a partir del ave y del número de bocados. Doble mortecino y estelar de los humanos, eltanqolu’ sugiere la existencia de un tipo de necrofagia (autofagia) ritual estrechamente vinculada con el nacimiento, pues todo indica que mediante esta compleja secuencia de flechamiento, los totonacos no sólo matan la enfermedad del paciente en el cuerpo de su estrella compañera, sino que además ingieren su cuerpo muerto como parte de un proceso de sanación y renacimiento. El tanqolu’es el cuerpo “comestible” de la estrella, siendo la muerte y la cocción, los mecanismos de transformación del cuerpo en comida.

26Por otro lado, tanto el sacahuil como el puleij apuntan hacia la misma lógica necrófaga aunque de manera diferente. En ocasión de costumbres grandes, últimas en el largo camino para convertirse en especialista ritual, el marrano ocupa un lugar central. Durante la primera noche, alrededor de las dos de la mañana, el animal es tendido en el patio de la casa y, al son de la música, se le baila y canta. Una de las mujeres encargadas de moler y preparar las ofrendas baila con un plato lleno de granos de maíz, alimento del marrano. Una vez que está tendido y listo para ser ejecutado, el o la paciente coloca sobre el cuerpo del animal una muda de ropa nueva según sea el género. Acto seguido, el sacrificador corta la carótida del cerdo y este muere desangrado. Su sangre es colectada en una bandeja para posteriormente cocinarla.

25 Chocolate, pan, cerveza, refrescos, mole, cigarros, aguardiente y velas.

27Al amanecer, el mismo hombre que mató al animal debe destazarlo, tarea nada sencilla, pues además de desprenderle la piel, cabeza y patas, debe cortar la carne en tantos trozos como puleij serán cocinados y ofrendados. Vemos aquí una primera correspondencia entre el cuerpo completo “vivo y crudo”, y el mismo cuerpo completo “muerto y cocido”. Ahora bien, entrada la segunda noche, música y baile se suceden alrededor de la mesa de ofrendas. Pasada la medianoche comienzan las ofrendas y súbitamente la mesa se cubre de diferentes viandas,25destacando por su

enorme número, los puleij. Ichon comenta que el número más alto registrado por él fue de 300 tamales, por mi parte he registrado hasta 500.

26 En este contexto, el uso de ropa de novio o novia no es accesorio, sino que reafirma la importancia (...)

28Una vez dispuesta la ofrenda, se suceden diferentes secuencias donde la intención central es alimentar a la estrella compañera. En este punto, el eje vertical que marcan la estrella y el tanqolu’ es interrumpido espacialmente por el conjunto de tamales que, dicen los totonacos “son el alimento de la estrella”. Posteriormente tiene lugar el flechamiento, seguido del baño del paciente. A partir de aquí la persona deja de tener voluntad, pues permanece inmóvil y simplemente deja que las molenderas y encargadas de contar y disponer las ofrendas lo laven y vistan con la ropa que, en el momento del

sacrificio, vistió el marrano. Es fundamental señalar que estas prendas son de “novia” o “novio”.26 Paso seguido, el tanqolu’es consumido únicamente por el paciente (autofagia).

27 Trejo, Leopoldo et al, Sonata ritual. Cuerpo, cosmos y envidia en la Huasteca meridional, México, I (...)

29A pesar de lo apretado de la descripción, es claro que entre el marrano sacrificado y el paciente se establece una identidad corporal mediada por la ropa y garantizada por el cuerpo de maíz. No obstante, como la ropa que los identifica es nueva, y por lo tanto no está cargada de la agencia del paciente27, al momento del sacrificio la continuidad corporal entre animal y persona es mínima (sólo

son homólogos), pues son dos cuerpos-agencia distintos, uno de los cuales, el animal-persona, será presentado en sacrificio “en lugar” del otro humano-persona. Una vez consumado el sacrificio, es decir, ya entregada la vida y sangre, la piel-ropa es vestida por el paciente, quien entonces, ahora sí, se “llena” de la gracia y de la agencia del ser sacrificado.

28 Sahagún, Bernardino,Historia general de las cosas de Nueva España, México, Consejo Nacional para l (...)

29 Duran, Diego de,Historia de las indias de Nueva España e islas de la tierra firme, México, Editori(...)

30 Baudez, Claude-Françoise, “Sacrificio de „si‟, sacrificio del „otro‟”, El sacrificio humano en la t(...)

31 Ibidem

30En muchos aspectos y detalles esta lógica sacrificial recuerda lo descrito por los cronistas Sahagún28 y Durán29 respecto a la fiesta de tlacaxipehualiztli o “desollamiento de hombres”, donde la identificación se daba entre el guerrero cautivo y su captor. Siguiendo lo expuesto por Baudez30, al

momento de la muerte, lo mismo el guerrero prehispánico que el cerdo contemporáneo, dejan de ser, enemigo y animal respectivamente, para identificarse plenamente con el captor o paciente. Quizá esto explique la presencia y consumo del tanqolu’, tamal que únicamente ingiere el paciente justo después de vestir la ropa; no debemos olvidar que en la fiesta de tlacaxipehualiztli el único que no participaba de la carne del cautivo era precisamente el captor, pues ambos eran la misma carne. Sobre el asunto Baudez comenta: “El señor del captivo no comía de la carne porque hacía de cuenta que aquella era su misma carne, porque desde la hora que le captivó le tenía por hijo, y el captivo a su señor por padre, y por esta razón no quería comer de aquella carne. Empero, comía de la carne de los otros captivos que se había muerto”.31

32 Ibidem

31Aunque la comparación y análisis detallado de estas ceremonias es material de un trabajo posterior, quiero comentar que, detalles a un lado, la diferencia más marcada entre los rituales de desollamiento antiguos y el contemporáneo totonaco no es la sustitución del guerrero por el cerdo (hasta cierto punto sencilla de justificar), sino la total identificación del paciente con el animal sacrificado, pues aquél viste la ropa de éste mientras que en los rituales antiguos los xipeme eran mancebos o jóvenes que vestían las pieles de los sacrificados y no el captor, quien tenía prohibido vestir él mismo las pieles de los ejecutados.32 Luego entonces, los puleij con que se ofrenda a la estrella, que son el cuerpo fraccionado del marrano-persona, son también el cuerpo del paciente-persona, pero no su cuerpo individual, sino su cuerpo sustituto o cuerpo ofrenda. Comenzamos a ver cómo la ofrenda está estrechamente vinculada con los cuerpos fraccionados, mientras que aquellos otros que se presentan enteros parecen quedar al margen de la comensalidad. Por eso, de manera simétrica pero inversa al tanqolu’, lospuleij son el cuerpo del marrano pero vuelto fracciones, es decir, no son un cuerpo “completo” e individual, sino un cuerpo que mediante la fórmula 12 y 13 es capaz de construir varios otros “completos” dividuales y de ofrenda que son la réplica a escala del marrano.

33 Anteriormente el quechquemitl no sólo era una prenda que signaba a las mujeres en oposición a los v (...)

34 Ichon, Alain, op. cit. p. 355

32Por otro lado, llama la atención que los puleij sean ofrecidos a la estrella, pues como sabemos, ésta habrá de convertirse en el cuerpo muerto que da vida. Una vez más nos enfrentamos a un juego de

sustituciones sumamente complejo donde los totonacos parecen identificarse con el marrano para luego sacrificarlo, hacerlo tamal y alimentar a su estrella compañera; misma estrella que matarán, cocinarán y consumirán en forma de tanqolu’.33 Pero antes de enredarnos con tanta sustitución,

regresemos con el tercer tamal en cuestión. Según Alain Ichon, “la comunión en torno a la cabeza del animal sacrificado debía coronar toda ceremonia importante”.34 No obstante, hoy en día sólo la he

podido registrar en costumbres terapéuticos. A partir del contraste de registros, lo que no ha sufrido modificación en los últimos cincuenta años es el momento en que entra a escena. Ya que el paciente fue lavado, ha comido el tanqolu’ y ha sido bailado, sólo falta esperar a que el alba despunte para terminar el ritual. La aparición del gran tamal o sacahuil marca el término de las ofrendas y, como comenta Ichon, el inicio formal de la comensalidad.

33Desde la cocina llega una de las molenderas con el sacahuil sobre la cabeza; los músicos entonan los sones específicos mientras los asistentes cantan. Después de un breve baile, la molendera entrega el tamal al hombre que mató y destazó al marrano, pues él es también el encargado de abrir y repartir el contenido a la concurrencia. Poco a poco, conforme se sirven las raciones de masa y carne, los cansados asistentes se relajan y el ánimo ritual decae. Para aquellos que así lo deseen, habrá mole y entonces los puleij podrán ser consumidos. La ofrenda ha terminado, las estrellas ya comieron y ahora sí los humanos pueden hacerlo.

35 Tanto las vísceras, la piel vuelta chicharrón, la sangre hecha embutido, como las patas delanteras,(...)

34Párrafos arriba comenté que el sacahuil, lo mismo que el tanqolu’, no hacen conjunto, sino se ofrecen en unidad. Sin embargo, después de conocer el proceso de sacrificio, segmentación, cocina y ofrecimiento del cerdo, todo indica que la cabeza no es sino una fracción del mismo, es decir, tanto puleij como sacahuilforman parte de un mismo completo. De hecho, si el sacahuil clausura elcostumbre esto se debe a que con él el cuerpo del animal sacrificado es reintegrado entero, ya que sus fracciones se reincorporan reconstituyendo la unidad primigenia (cuerpo completo y vivo).35 Esta circunstancia modifica el juego de oposiciones, pues detrás del triángulo del tamal se percibe una oposición entre dos formas de hacer lo completo, una fraccional (¿fractal?) y diferida, la otra individual e inmediata. Cualquiera que sea el caso, el énfasis en la homología y sustitución corporal erige al cuerpo como el límite de la ofrenda.

36 Ichon, Alain, op. cit. p. 175

37 Ibid., p. 176-177

35Queda por abordar el problema de la cabeza, es decir, la razón por la cual el ritual totonaco eligió a esta parte del cuerpo para cerrar el tiempo de costumbre. Las concepciones totonacas del cuerpo reconocen dos diferentes entidades anímicas: el li-katsín y li-stákna. El primero es único y se relaciona con la capacidad de discernimiento, con el pensamiento, razón por la cual se localiza en la cabeza. Por su parte, el li-stákna, o fuerza vital, es “un alma múltiple que se sitúa en todos los puntos del cuerpo en que se ve batir el pulso. Según uno de mis informantes [de Alain Ichon] existen doce li-stákna en la mujer y trece en el hombre”.36 La primera entidad funciona como una suerte de alma individual, mientras que la segunda ―signada por los géneros y el conjunto― actúa como fuerza corporal o de equivalencia. Es por eso que, durante el sueño, la entidad que abandona el cuerpo es el li-katsín, mientras que en la pérdida de sombre en realidad es pérdida de li-stákna.37

36Bajo esta óptica, el sacahuil, aunque fracción, es también individuo pues dentro de sí contiene a la fuerza de unicidad. Esto explica por qué no acompaña a los puleijen las ofrendas, sino que es reservado para el cierre del ritual. Lo mismo que eltanqolu’, el sacahuil no es ofrenda. Para las estrellas la identidad del sacrificado no es un factor a considerar, ellas son la alteridad ―real y efectiva― y lo que demandan es la fuerza del cuerpo, el alimento, no el pensamiento ni la persona. Por eso las ofrendas van signadas por la fracción y el conjunto ―12 y 13― mismos conjuntos que definen a la fuerza vital li-stákna. Las ofrendas son cuerpos genéricos, completos sin identidad.

37En este contexto, no extraña que al momento de que el sacahuil es llevado a la mesa ésta se encuentra vacía, incluso sin mantel. Contrario al momento de la ofrenda, donde es preciso un mantel nuevo e inmaculado sobre el que se colocan todas las viandas y atados antropomorfos, llegado el cierre lo único que permanece sobre ella es el sacahuil. Este contraste no sólo le niega el estatuto de

ofrenda, sino que apunta al hecho de que, en realidad, no cierra el costumbre en general ni las ofrendas en particular, sino el acto sacrificial.

38Hay que recordar que la misma mano que horas atrás cercenó la carótida del animal volviéndolo fracción, ahora se dispone a herir y destazar el tamal: la misma mano y cuchillo se arrojan sobre el mismo cuerpo. Se trata de la misma secuencia de sacrificio, con la salvedad de que ahora el cuerpo que se sacrifica ya no es vivo y completo, sino muerto y fracción: la cabeza es la identidad de la persona y el sinécdoque del cuerpo. A partir de lo anterior, todo parece indicar que la comensalidad a la que convoca el sacahuil tiene como finalidad dar por terminada la identidad entre el animal y el paciente, restableciendo así el tiempo y espacio cotidianos.