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4.4 MULES methodology

4.4.2 Generating MULES parameter files

Desde finales del siglo XIX, el discurso hegemónico en Europa Occidental y América del Norte ensalza la familia nuclear tradicional como modelo de sistema funcional de organización

del parentesco1. Así mismo, Sir Henry Maine (1861) ya señaló cómo los supuestos enraizados en

la base del imaginario occidental que derivan de nuestra creencia etno-epistemológica que coloca “la sangre” (y los lazos biológicos) como elemento simbólico central en el sistema de

organización de las relaciones de parentesco Occidental2

, se han infiltrado en la regulación que hacemos de las prácticas adoptivas desde tiempos inmemoriales. Éstas se han regulado social y legalmente mediante una serie de procedimientos que reflejan el proceso de reproducción biológica, central en el concepto de filiación biológica que contemplamos en el contexto

sociocultural euro-americano3

. Es decir, la adopción a la Occidental, imita lo que se considera natural, las vías de ingreso en el universo de parientes por la reproducción de las relaciones

consanguíneas, como mínimo en tres aspectos centrales4.

En primer lugar, la consideración del hijo o hija adoptivo/a como si fuera biológico respecto a sus padres adoptivos en todos los sentidos, premisa que en Estados Unidos se

1 Gillis (1996); Melosh (2002) y Rose (1999) en Howell (2009:150) 2 Schneider (1968 [1980]:107; 1984)

3

Martínez de Aguirre (2001:177, 178 y 179) y Berebitsky (2000:3); ambos en Grau, (2004). Ver también Strathern, (1992a). Marre y Bestard (2004:38-39) al analizar la Llei d’Adopció catalana (Llei 37/1991, de 30 de desembre y Llei 9/1998, de 15 de juliol, del Codi de Família) añaden que el concepto de biología tiene dos sentidos diferentes en relación a la adopción: por un lado, entendida como naturaleza, representa el modelo general de la adopción, pero entendida como términos de relaciones genealógicas, toma el sentido de los derechos y deberes relacionados con la conexión genealógica.

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materializa en la expresión as-if-begotten5

(como si el bebé hubiese estado concebido por los adoptantes).

Segundo, el desarrollo jurídico relacionado con la adopción se encamina a asimilar el proceso con la familia de procreación biológica. Esto se percibe en la diferencia que se marca entre generaciones, en la delimitación de los grados de consanguinidad prohibidos para adoptar, en la consideración de las personas capaces de realizar la adopción y en términos de dar los mismos derechos por filiación y por naturaleza. En este sentido, Martínez Aguirre (2001:177- 179) establece que, según las leyes del Estado Español:

“(…) La filiación natural determina las condiciones de posibilidad de la filiación adoptiva. La filiación biológica constituye el modelo a cuya imagen se crean los vínculos artificiales de filiación adoptiva: para crear una situación semejante a la jurídico-natural, la relación creada debe ser semejable a la natural”6

Por último, la desvinculación jurídica (y psicológica) de los progenitores biológicos - e incluso del resto de parientes vinculados consanguíneamente7

- respecto a el/la adoptado/a. Es

decir, deben romperse los lazos de sangre con una “fractura limpia” (clean break)8

que permita rehacer las relaciones y empezar “de nuevo”. De esta forma, si biológicamente “madre no hay más que una”, este principio también se traslada al vínculo adoptivo, convirtiéndolo en permanente e irreversible en términos de filiación legalmente instituida. En Estados Unidos, como en España, la disolución de los nexos previos llega hasta el punto de emitir un nuevo

certificado de nacimiento a la criatura en el que sólo constan los padres adoptivos9

. El silenciamiento de la familia biológica tanto a nivel práctico como legislativo, así como la

completud y la irreversibilidad del acto, ya estaban contempladas en la legislación romana10

. Es

una práctica se conoce como adopción plena o total11

y se ha justificado como una realidad que teóricamente responde al mejor interés del menor.

5

Terrell y Modell (1994:158); Modell (2002:5)

6

En Grau (2006:153) Cursiva en el original.

7 Ver los estudios de Hegar y Scannapieco (1999) sobre los parientes que declinan cualquier tipo de guardia, custodia o adopción legal hacia una criatura que ya es pariente suyo.

8

Yngvesson (2003:7, 2007:564) toma prestado este concepto que Duncan (1993) utiliza para definir la premisa exclusivista por la cual, la adopción nacional en los contextos Euro-norte-americanos supone “the complete integration of the child into the adoptive family and the severance of ties with the biological family” (1993:51; Hollinger 1993). Otras autoras citan a Yngvesson cuando recurren a este concepto, pero en realidad, Yngvesson (2000) sólo lo traslada al ámbito de la adopción internacional para expresar la idea de que no se rompe únicamente con las familias biológicas sino también con el contexto de origen del/la menor. Esta idea y las consecuencias que desencadena, son desarrolladas en Yngvesson y Mahoney (2000), Yngvesson (2005), Yngvesson y Coutin (2006).

9 Modell (2002:5-6, 179) 10 Goody (1969:59-60)

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En nuestro marco socio-cultural, la ecuación entre familia y biología no sólo ha moldeado la regulación de las prácticas de la adopción, sino que además repercute en la construcción que hacemos del concepto, las actitudes hacia el fenómeno y otros imaginarios respecto a la feminidad y las mujeres, que las vincula indefectiblemente con su biología y su supuesto

instinto. Por ejemplo, tal y como sintetiza la cita de Wadia-Ellis (1995:ix)12

, estos constructos

sociales han empañado el campo adoptivo y lo ha feminizado13

:

“Adoption, like motherhood, has always been a woman’s issue. It is women who give birth, and women who have had their birth children taken from them because of cultural, political or economic forces; and it is women who sometimes feel they must relinquish their birth child in order to protect that child. It is also predominantly women who choose or agree to take the work of mothering another woman’s child as her own.”

En general, a una opinión pública favorable a la adopción, se suman una construcción social y una definición cultural si no desfavorables, sí cuanto menos ambivalentes, que se evidencian en multitud de situaciones cotidianas, como por ejemplo, en la centralidad de esta

temática en historias mitológicas de diferentes períodos y lugares (Sargon14

en la cultura Mesopotámica, la historia de Moisés en la cultura hebrea, Edipo en Grecia, Rómulo y Remo en Roma) y en historias literarias (Oliver Twist en Dickens, Quasimodo en Victor Hugo, Perdita en Shakespeare). En tiempos recientes, esta ambivalencia se ha visto fortalecida por el interés mediático suscitado hacia el tema y en el dramatismo que tiñe las narraciones de periódicos, revistas, webs y otros medios. También se destila de la curiosidad –a veces morbosa – de las preguntas que personas ajenas al proceso adoptivo hacen a los padres y madres adoptantes acerca del pasado incierto del/la menor.

Debido a los presupuestos y riesgos que tácitamente envuelven un proceso adoptivo, hay personas o parejas involuntariamente sin hijos que prefieren recorrer a vías biológicas alternativas para formar su familia antes que recurrir a la adopción. Telfer (1999) en su estudio con familias adoptivas de Australia, ha establecido que existe un orden de preferencia de los métodos reproductivos que ha bautizado con el nombre de “jerarquía biogenética”. Esta escala de preferencias parte de la procreación biológica no-asistida y transcurre por la reproducción asistida con substancias (óvulos o esperma) de los genitores, pasando por la asistida con donación de sustancias, hasta llegar a la adopción, y en último caso, el acogimiento. La mayoría de estos métodos, además de ofrecer la posibilidad de criar un bebé neonato, permiten que al menos una de las personas (en el caso de parejas) sea portadora genética, mientras que la otra,

12 Citada en Grau (2004)

13 Ver los estudios realizados sobre madres biológicas y la desaparición de los padres biológicos como sujetos sociales de estos mismos estudios en el apartado X. Telfer (2004:248) también habla de que la adopción en Australia es un campo feminizado, porque se presupone que las mujeres no sólo están mejor informadas sino que son más competentes a la hora de realizar las tareas y están naturalmente más interesadas en el tema. De ahí, que tanto en el discurso que se elabora alrededor de las prácticas siempre gira alrededor de mujeres que sufren (madres adoptivas, madres adoptantes) y las personas que trabajan en este campo son casi todas mujeres.

14 Brian Lewis (1978), en el libro The Sargon Legend recoge y analza los componentes de 72 historias sobre “exposición de menores” y “adopción” que van del período anterior al nacimiento de Jesús hasta el siglo XVIII y suceden en gran variedad de localizaciones.

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estaría adoptando al/la bebé15

. Los mismos medios de comunicación y expertos que enfatizan los peligros genéticos y psicológicos que supuestamente entraña la adopción de un/a menor de origen desconocido, sobre todo de un fenotipo visiblemente diferente, olvidan mencionarlos en cualquier caso de reproducción biológica alternativa donde al menos uno de los padres no sea el/la progenitor/a. Tampoco lo hacen en el caso de hijos o hijas criados por padres que no son sus padres biológicos sin saberlo. Sin embargo, la única diferencia es que ni el hombre, ni los hijos ni el público en general son conscientes de este hecho, por lo que al no colocar la etiqueta de “adoptado” en estos menores les evita todo un conjunto de consecuencias emocionales, psicológicas y sociales derivadas de nuestras concepciones y definiciones culturales.

Esta construcción social ambivalente sobre la adopción, va en detrimento del bienestar psicológico y emocional de las familias biológicas, las adoptivas y, particularmente, de los

menores (la llamada tríada adoptiva)16

. Sin embargo, la estigmatización de la comunidad hacia la tríada adoptiva no suele tenerse en cuenta, en la asistencia psicológica que se ofrece a las familias adoptivas.

Lallemand (1993:16) proponía que una de las tareas de los etnógrafos debería ser la de justificar los procesos de transferencia de menores en diferentes partes del mundo y la de analizar las prácticas que facilitan psicológicamente este proceso de transmisión para ayudar a desestigmatizar la carga que recae sobre la tríada adoptiva en el mundo Occidental. En la misma línea, Bartholet (1993) abogaba para que:

“Birth parents, adoptive parents, and adoptees should know that people elsewhere in the world may look on adoption in a variety of ways that do not resemble our assumptions and biases about this form of kinship. They need to know that what adoption means, and what it signifies for participants, is malleable, contingent, pragmatic: a social construction, not a natural fact or a universal cultural given”17

Sin embargo, hasta muy recientemente estas proyecciones etnocéntricas han trascendido al ámbito de la investigación y han teñido análogamente las formas de indagar, describir y abordar tanto el fenómeno como los problemas supuestamente derivados del hecho de ser adoptado/a o adoptante. De ahí la importancia de conocer con exactitud nuestras propias proyecciones biogenéticamente centradas y analizar cómo sesgan cada ámbito, el privado y el investigador. Este será el objetivo en los puntos que siguen.

15 En el caso en que tanto el esperma cómo los óvulos provengan de dadores desconocidos, los hijos serían igualmente adoptados, pero el hecho de que la “madre adoptiva” cargue el feto durante los nueve meses de embarazo modifica de algún modo nuestras percepciones al respecto.

16

En la vida de un niño/a que ha sido adoptado/a participan varias personas que, en la literatura especializada, suelen describirse como la “tríada adoptiva”. Dentro de este término se incluyen las familias adoptivas, los hijos/as adoptados/as y las familias biológicas o de nacimiento, normalmente olvidadas como veremos en el próximo punto. Aunque normalmente tampoco se incluye a los profesionales y técnicos encargados de los procesos adoptivos, Palacios (2009:82) propone el término de “cuadrilátero adoptivo” (adoption quadrangle) para incluirles en el foco de investigación, juntamente con las intervenciones que realizan.

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