Chapter 3: Facing an Uncertain Future: A prospective analysis of CETA on
3.6 Governing System
* Germani, G. 1942 “La clase media en la ciudad de Buenos Aires. Estudio Preliminar” en Boletín del Insti-
tuto de Sociología (Buenos Aires) Nº 1, pp. 105-126.
E
n los últimos cincuenta años la clase media y su posición en la estructura social ha ido despertando siempre mayor interés. El hecho se debía no solamente al conflicto de teorías sobre su porvenir, sino también a ciertas mo- dificaciones que llegaban a afectar, en mayor o menor medida, la composición y la estabilidad de esa clase. En diversos países, especialmente en los de Europa central, surgieron organiza- ciones de defensa de la clase media, algunas de ellas de carácter internacional, y, por otra par- te, no falló la acción de los partidos políticos y del Estado. Después de la guerra de 1914, el profundo desequilibrio que se produjo en vas- tas capas de las clases medias fue sin duda un factor no despreciable en las transformaciones políticas y sociales que experimentaron algu- nas naciones (Vermeil, 1939; Frank, 1939). Lasociografía de este grupo es pues algo más que un tema de interés científico: aun en nuestro país, donde el llamado “problema de la clase media” no presenta la gravedad que llegó a al- canzar en otras partes, no podría desconocerse la utilidad del estudio de sus condiciones rea- les de existencia.
La expresión “clase media” proviene del len- guaje común. No es una noción científica y, si bien existe ahora un acuerdo casi general so- bre su composición, no se ha logrado una de- finición teórica satisfactoria. Por otra parte, la misma noción sociológica de clase es una cues- tión muy debatida en la sociología contemporá- nea. Sin entrar en problemas especulativos que no corresponden a la índole de este trabajo, es preciso, sin embargo, enunciar las premisas que han de constituir una primera orientación en el examen de los hechos.
1º- La clase no es simplemente un nombre co- mún para designar un grupo de individuos re-
unidos de acuerdo con ciertas características: constituye un conjunto con una cierta unidad interna, representada en primer lugar por la existencia de ciertos contenidos de concien- cia presentes en las conciencias individuales de sus miembros y capaces de manifestarse en determinados tipos de conducta (Halbwachs, 1913). ¿Qué es lo que distingue la clase de to- dos los demás grupos sociales? La existencia de clases implica la existencia de una sociedad jerarquizada: la clase es un grupo social que ocupa una cierta posición relativa de superio- ridad o inferioridad que confiere a sus compo- nentes, en cuanto tales, con abstracción de sus calidades individuales, un puesto determinado dentro de la jerarquía de posiciones producto de la diferenciación social. Estas expresiones de superioridad, inferioridad, jerarquía, no tie- nen naturalmente ningún alcance moral o inte- lectual, sino que se refieren a una situación de hecho que, como tal, llega a afectar de algún modo las conciencias y las conductas de todos
los individuos. La posición relativa importa un juicio de valor y este a su vez un criterio de va- lorización: una escala de valores; ahora bien, siendo la clase una de las articulaciones funda- mentales de la estructura social, el principio so- bre el cual descansa la diferenciación en clases se halla íntimamente relacionado con el tipo de sociedad (Halbwachs, 1913 y 1940: 329). De ahí pues que las transformaciones experimentadas por este, han sido siempre acompañadas por modificaciones de la estructura de las clases. Así los profundos cambios que se han opera- do en la sociedad occidental desde el fin de la Edad Media, han producido también un nuevo tipo de estratificación social, variando no solo el régimen legal de las clases, sino modificán- dose sustancialmente sus características. Las castas indias, los “états” del antiguo régimen, las modernas clases, mientras constituyen en el fondo un fenómeno social del mismo orden, presentan desemejanzas muy profundas; por otra parte, aun dentro de un mismo tipo cultu-
ral y en la misma época, los factores históricos y sociales de carácter local producen amplias divergencias en la estructura de las clases. 2º- En la sociedad contemporánea ha desapa- recido todo régimen legal de las clases; sin embargo, estas se mantienen como unidades colectivas reales y se extienden a toda la socie- dad, de manera que ningún individuo escapa a sus vínculos. Las clases son estructuras suma- mente complejas y podría distinguirse en ellas un gran número de grupos menores; sin embar- go, solamente algunos se destacan sobre todos los otros, pues con sus características contribu- yen a formar la fisonomía particular de la clase. Esto acontece porque en realidad el juicio de valor, en la que descansa la clase, se ejerce so- bre esas características: las clases resultan así integradas por todos aquellos grupos que ocu- pan un mismo nivel social. Se crea así, entre todos sus miembros, un vínculo especial que indicaremos provisoriamente, y para evitar pe- rifrasis, como “nexo jerárquico”. No puede em- plearse en este caso la expresión “conciencia de clase”, pues esta tiene un contenido mucho más amplio que se halla en relación con la com- posición de la clase. En efecto, todo sistema de representaciones colectivas propio de sus gru- pos representativos se transfiere, por decir así,
a la conciencia de clase: solidaridades econó- micas, vínculos profesionales y el conjunto de tendencias, costumbres, ideas, que nacen de la comunidad de vida. En la realidad todos estos elementos y el “nexo jerárquico” se fusionan en un solo haz de representaciones colectivas, del mismo modo que la clase no pierde su carácter de unidad real a causa de su complejidad. Sin embargo cabe recordar que esta pluralidad de elementos, unida al alto grado de complicación social (Bouglé, 1925; Simmel, 1939) si no llega a atenuar los efectos de la diferenciación, por lo menos la hace menos evidente, en el compli- cadísimo tejido de relaciones que caracteriza la sociedad actual.
3º- Las clases se hallan integradas por grupos funcionales que resultan de la conjunción de un cierto tipo de actividad profesional y del puesto ocupado en la producción. Desde este punto de vista toda la población se diferencia en los di- versos grupos, pues las familias pertenecen a la clase de sus miembros económica o profesio- nalmente activos. Sin embargo ni la profesión, ni la posición económica se confunden con la clase. Esta resulta de la existencia de un juicio de valor acompañado por un género concor- dante de vida, instrucción, educación, gustos, modales, costumbres, ideas y tendencias, es
decir, por un conjunto de condiciones objetivas y subjetivas que llamaremos más brevemente “tipo de existencia”. Estos elementos, que son también el resultado de la comunidad de vida creada por la igualdad de funciones, represen- tan al mismo tiempo atributos de la clase, pues también ellos son objeto del juicio de valor. Se debe a esta peculiar relación, que los grupos funcionales hayan sido frecuentemente confun- didos con las clases. Es verdad que la profesión tiende a crear un tipo social homogéneo: “por la fuerza de las acciones repetidas cada día y durante largos años engendra hábitos que, mo- dificando en el mismo sentido las naturalezas primitivamente dispersas, las conduce a reali- zar una suerte de tipo común en lo físico y en lo moral” (Bauer, 1902: 57), pero el grupo profe- sional no se erige de por sí en clase. Lo mismo podría decirse cuando al puesto ocupado en la producción; es evidente que existen nexos de solidaridad económica que, especialmente cuando abarcan todos los grupos que integran una clase, contribuyen potentemente a su co- hesión, pero el sentimiento de esa solidaridad no agota el contenido de la conciencia de clase: por otra parte, los vínculos funcionales a veces eran conflictos en el seno de una misma clase y en otros casos unen a grupos de clases diver- sas; recuérdese a este propósito la importancia
del cruce de los círculos sociales. Sin embargo, si las clases mantienen una relativa cohesión, debe suponerse que el sistema de vínculos pro- fesionales, económicos, de comunidad de vida y de igualdad de nivel, tienden a cubrir con igual intensidad un mismo sector social. Nóte- se bien que se trata de una tendencia, pues la correlación entre los diversos nexos no es es- tricta. En particular las situaciones materiales de la profesión y de la posición económica no siempre se hallan unidas al “tipo de existencia” que según el juicio social le correspondería. Las manifestaciones objetivas y especialmente subjetivas de aquel, hasta cierto punto, evolu- cionan independientemente de las demás con- diciones y, en general, es necesario un tiempo más o menos extenso antes que el “tipo de exis- tencia” se ajuste a nivel social correspondiente a las otras situaciones.1 Esta posible falta de correlación entre los varios elementos de la clase tiene una particular importancia. Donde las clases son de formación reciente por el rá- pido ascenso de un gran número de individuos. la diferenciación social se torna más borrosa y el juicio social tiende a tener en cuenta las situaciones objetivas, más que las sutiles mani-
festaciones del “tipo de existencia”. Cuando en cambio se trata del movimiento de descenso de vastas capas de la población, las derivaciones adquieren una amplitud y gravedad que puede trastornar profundamente el equilibrio social.2
El “nexo jerárquico”, producido por la igual- dad de nivel, señala el límite exterior de la cla- se: si por un lado vincula a sus componentes, por el otro tiende a separar los individuos de clases diversas (distancia social). Es así como el efecto más característico (que se ha perpe- tuado a través de tantas transformaciones so- ciales) es la tendencia a limitar el matrimonio y el trato social a los individuos de la misma cla- se (connubium y convivium). Evidentemente este fenómeno es a la vez el efecto de la comu- nidad de vida creada por los grupos funciona- les, pero en cuanto se erige en prohibición o prejuicio, constituye una manifestación de la desigualdad social.
4º- Grupos e individuos se ordenan en capas su- perpuestas en función de la actividad profesio- nal, posición económica y “tipo de existencia”. Si bien en la sociedad actual las desigualdades
2 A propósito de la grave crisis de la clase media ale- mana después de la guerra de 1914 y sus repercusiones psicológicas, véase Vermeil, op. cit.
se esfuman en una gama de matices que pare- ce contradecir toda separación neta, las clases se destacan por su estabilidad y cohesión como unidades colectivas reales. Es evidente que su número y composición solo podría determinarse en base a la observación de los hechos, pero, a su vez, la observación requiere una orientación previa: es necesario adoptar pues, como hipóte- sis, la composición que generalmente se atribuye a la clase media.3 Los grupos funcionales que la integran presentan características heterogéneas, a veces antagónicas; en cambio, el tipo de exis- tencia tiende a ser uniforme, por lo menos en ciertas manifestaciones. A causa de esta hete- rogeneidad se ha llegado a negar su carácter de clase. A menudo se habla de “clases medias” en plural, indicándose con esto su falta de unidad
3 Cf. por ejemplo: Simiand, F. 1928-1929 Cours
d’économie politique (París: Domat-Montchrétien)
Año II, pp. 440 y sigs.; Mahain, E. 1936 “Les consom- mateurs, les classes moyennes et les formes modernes du commerce de détail” en Revue économique Interna-
tionale (París) noviembre, p. 227; Muffelmann, L. 1926 Orientación de la clase media (Barcelona: Labor S.A.)
Introducción; Lynd, R. S. y Lynd, H. M. 1929 Middle-
town (Nueva York: Harcourt, Brace and Company) pp.
22 y 23. También pueden consultarse los numerosos estudios incluidos en la ya citada obra, Inventaire III,
Classes Moyennes.
y sin embargo no deja de admitirse que “estos grupos heterogéneos manifiestan a veces, con- tra otros grupos, contra ciertos peligros, una comunidad de actitudes y de deseos” y que los antagonismos económicos existentes en su seno no destruyen la unidad creada por la igualdad de valoración social. En realidad, es justamente el objeto de la investigación establecer el grado de cohesión y la existencia misma de una clase media en el ambiente social estudiado. Se ha ob- servado también que la clase media presenta en forma más o menos atenuada, las características de la clase superior; de ahí la dificultad de una determinación precisa. Como se halla integrada por elementos medios de categorías que encon- tramos también en la clase alta, los intentos de definirla en función de un solo carácter han fra- casado generalmente (Aaron, 1939: 26).
5º- Los sectores urbanos de la clase media pue- den dividirse en dos grupos principales:
Personas económicamente autónomas, con a.
actividad profesional o sin ella.
Dependientes cuya actividad profesional se b.
dirige a las cosas o a las personas, pero que requiere en todo caso el empleo prevalente de facultades intelectuales (aun en trabajos automáticos o sin funciones directivas). A
esta determinación, forzosamente impreci- sa, de los grupos funcionales, ha de añadirse la nota común de un tipo de existencia que, aun en los niveles inferiores de la clase, pre- senta ciertas manifestaciones ostensibles.45 En su límite inferior encontramos la clase obrera cuya determinación sociológica es más fácil, pues responde a tipos definidos de activi- dad profesional. En su límite superior, la clase alta constituye en la realidad un grupo bien de- finido, pero presenta mayores dificultades para su separación de la clase media en cuanto a la actividad social, se aceptará la hipótesis de una clase alta constituida por los núcleos diri- gentes políticos y económicos6 (altos funcio-
4 Halbwachs (1939: 28 y sigs.) ha intentado definirla en función de la actividad (funciones meramente técni- cas) y del objeto de la actividad misma (una “humani- dad materializada”).
5 Como se sabe, aun a igualdad de recursos econó- micos, los presupuestos de empleados y obreros pre- sentan una directa jerarquización de las necesidades. La reciente investigación realizada en Estados Unidos sobre presupuestos familiares ha mostrado fenómenos de esta especie. Cf. USDL (1939: 53-56).
6 En Inglaterra, según Beatriz Webb (1939: 69) la per- tenencia a la sociedad está asegurada por el ejercicio de alguna especie de poder.
narios y directores de grandes empresas, etc.), parte de la élite cultural, grupos hereditarios y grandes fortunas (especialmente propiedad inmobiliaria).
Los grupos de la categoría A reciben la co- mún designación de antigua clase media, en tanto que la segunda constituye la nueva clase media. Estos últimos grupos han ido adquirien- do un gran desarrollo en los últimos tiempos gracias al aumento de la burocracia pública y a la difusión de las grandes empresas.7 La dife- rencia entre antigua y nueva clase media no es solamente de carácter histórico; se trata de dos tipos sociales que, si bien se hallan unidos por la valoración social por otros vínculos, poseen caracteres propios e incluso tienen intereses económicos antagónicos.
Integran la antigua clase media varios gru- pos: artesanos, pequeños y medios comercian- tes, agentes auxiliares del comercio (corredo- res, comisionistas e intermediarios) profesio- nales libres, pequeños y medios rentistas.
El término artesano, que corresponde a los antiguos oficios corporativos, en las condicio-
7 En cuarenta años, el número de empleados en Londres aumentó un 255%, mientras la población activa había aumentado solamente un 50% (Smith, 1920-1936).
nes contemporáneas, se confunde con el de pequeño industrial, que muchos emplean como su sinónimo. Qué deba entenderse técnicamen- te por taller artesano, pequeña y media explo- tación industrial, es un problema de difícil so- lución; cantidad de obreros, empleo de fuerza motriz o de maquinarias y otros criterios, se emplean generalmente para establecer clasi- ficaciones. Sin embargo parece que no pueda darse en esta materia ninguna norma a priori. En el límite inferior del grupo encontramos el obrero a domicilio, con el que a veces se con- funde: “Dos tipos sociales muy diversos pero económicamente muy próximos y de hecho con frecuencia indistinguibles: el mismo hom- bre es a la vez ambas cosas es, por decirlo así, anfibio y por lo tanto la línea de demarcación es muy difícil de trazar” (Brants, 1911: 11). En el límite superior se sitúa la gran empresa, que se destaca ante todo por su régimen jurídico –sociedad anónima– y por su tendencia a inte- grarse en grandes coaliciones. Si bien ninguna de estas dos características son del todo deci- sivas (pues existe la gran empresa individual) tienen mucha importancia porque correspon- den a una constelación de intereses económi- cos a menudo en contraste con la pequeña y media industria que, en cierto sentido, señalan los límites de la concentración económica. Es
probable que en parte esta línea de demarca- ción corresponda al desnivel jerárquico entre las dos clases. En el límite inferior es frecuen- te que la posición de autonomía económica no corresponda al “tipo de existencia”: como se ha visto hay un gran número de trabajadores libres que, por su nivel de vida y su mentalidad, pertenecen a la clase obrera.
En las actividades comerciales encontramos el mismo cuadro, si bien aquí los efectos de la concentración económica son quizá menores o, en todo caso, adquieren caracteres diversos.
Pequeños y medios comerciantes al detalle forman el núcleo de este grupo de la clase me- dia; grandes almacenes y cadenas de negocios representan el equivalente comercial de la gran empresa; por otra parte tampoco aquí falta la tendencia hacia la concentración y el monopo- lio. Las profesiones liberales, es decir el grupo de profesionales que ejercen con autonomía su especialidad, integran (salvo un pequeño núme- ro que puede pertenecer a la clase alta) la clase media. Y por último encontramos el grupo de los rentistas, categoría muy heterogénea en cuanto a la magnitud y a la naturaleza de la renta, cuyos límites con el grupo correspondiente de la clase superior son de muy difícil determinación.
Una gran variedad de grupos compone la nueva clase media: empleados de todas las ca-
tegorías, funcionarios, profesionales, técnicos. Una parte de ellos corresponde a los núcleos de la clase alta: se trata de personas cuya de- pendencia es más nominal que efectiva (diri- gentes de sociedades anónimas, bancos, altos funcionarios del Estado); además existe toda una serie de distinciones según la actividad (trabajo creador, de disposición, de dirección, responsable, trabajo ejecutor, automático) y según el nivel económico, que pueden traducir- se en desigualdades sociales.
6º- Es imposible trazar un plan detallado de la investigación. La realidad es tan compleja y las dificultades tan imprevisibles que solo a través del contacto con los hechos se irán delineando los métodos y la marcha del trabajo. Debe recor- darse que, mientras no faltan estudios sobre la clase obrera, en la Argentina no hay anteceden- tes sobre el problema que nos ocupa. Por otra parte, la experiencia de otros países, aun cuan- do puede proporcionar una ayuda muy valiosa, debe ser adaptada a las condiciones locales; no sería posible extender sin modificaciones, mé- todos aplicados con éxito a ciertos ambientes, a otro medio social, quizás muy diverso.
La investigación deberá realizarse a través de un cierto número de estudios de carácter general y parcial según los casos, pero siempre
conducidos con criterios uniformes, que permi- tan llegar a una síntesis de los resultados. Así ciertos temas requerían la realización de mo-