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Chapter 4: Community Responses to International Trade

4.5 Initial Responses to Change

4.5.2 Minimum Processing Requirement

La separación de esta clase en dos niveles –su- perior o inferior– se arraiga en características de la estructura económica y se justifica además en función de los criterios de “prestigio”, “tipo de existencia” y tipo de “personalidad social de status”, que contribuyen a la determinación de la clase. Sin embargo como ya hemos podido comprobar, se presentan varias dificultades para una discriminación cuantitativa precisa. Ello nos obligará a realizar para ciertos aspec- tos un examen conjunto de los dos niveles.

El Cuadro 2 muestra la composición del ni-

vel superior. Según nuestras estimaciones, la burguesía media, que es la denominación ge-

neralmente empleada para designar a este gru- po, representaría un 6,6% sobre el total de la población activa. Su composición difiere con- siderablemente de la que hemos observado en la alta burguesía. Aquí el sector primario –las actividades agropecuarias– pasan a segundo o tercer término. Entre los autónomos, son los propietarios y patronos de comercios y servi- cios los que ocupan el primer lugar; y el sector

(sobre un plano nacional e internacional), alcance del control ejercido, y otros datos.

industrial numéricamente guarda una propor- ción poco inferior a las de los patronos del agro. Todo el resto de este nivel está compues- to por los que, dentro de una aceptación am- plia, se suele denominar “profesionales” y, en ciertos casos, “intelectuales”. Si computamos conjuntamente los “autónomos” (“profesiona- les liberales”) y los “dependientes”, este grupo resulta ser el más numeroso de la clase media superior, pues alcanza al 45% del total de la población activa incluida en este nivel. Obser- vamos además, que en gran mayoría se arrai- ga en el sector terciario, que en consecuencia aparece como la fuente generadora de un tipo de burguesía profesional e intelectual carac- terístico de la sociedad actual. Tiene mucha importancia destacar, por último, que más de la mitad de esta parte de la burguesía media aparece trabajando en relación de dependen- cia (27%) está compuesta de “funcionarios” (en sentido amplio) y que incluso aquellos que formalmente se consideran “autónomos” (las profesiones liberales propiamente dichas), es decir el 18%, gozan acaso de una independen- cia en cierta medida ficticia, por lo menos en tanto su actividad se relacione con cierto tipo de “público” o con organizaciones vinculadas a determinados sectores de la estructura eco- nómica.

Cuadro 2. Composición de la clase media superior (cifras por 100 personas económicamente activas inclui-

das en esta clase)*

Sectores de Actividad

Autónomos Dependientes

Total Categorías % Categorías %

Primario Propietarios y patronos

agropecuarios 16,0 Jefes, técnicos y universitarios 1,0 17,0

Secundario Propietarios y patronos industriales 14,0 Jefes, técnicos y universitarios 7,0 21,0

Terciario Propietarios y patronos del comercio y servicios 21,0 Jefes, técnicos y universitarios, públicos y privados 19,0 58,0

Profesiones liberales 18,0

Sin especificar Rentistas 4,0 4,0

Total 73,0 27,0 100,0

Estimaciones. Véanse Capítulos 10, 11 y 12.

La composición social del nivel superior de la clase media tiene cierta importancia para la di- námica de aquello que los escritores liberales del siglo pasado acostumbraban denominar “la opinión pública”. Antes de la actual época de “democracia de masas” –según la terminología y el significado que la asigna Mannheim (1945: Parte I, Párr. 2º)–, es decir antes que aparecie- ran como factores significativos en la vida polí- tica y social los grandes núcleos de la clase me- dia inferior y sobre todo de las clases popula- res, esta burguesía media sintetizaba realmente toda la “opinión pública”, contribuyendo a for- mar a veces de manera decisiva la orientación

política y social de su país. En la actualidad no puede negarse que su influencia en este sentido (como síntesis de la “opinión pública”) ha dis- minuido, o que por lo menos ha llegado a ser compartida con las masas,5 sin embargo, aun cuando en un sentido más limitado que en el

5 Esto no significa que en la “democracia de masas (en el sentido que aquí se le da) la influencia que estas ejercen se verifique en beneficio de las masas mismas: determinados grupos pueden utilizar para otros fines esa base humana. Es lo que ha ocurrido en las varias formas de totalitarismo, fundado en las masas pequeño- burguesas o en las proletarias.

pasado, subsiste su importancia como “círculo de opinión” dotado de un notable peso dentro de la sociedad, un peso por cierto superior al de su mera proporción cuantitativa e incluso de su poder económico. Por ello insistimos en seña- lar la contrastante composición que esta clase posee en nuestro país, en comparación con la clase alta: trátase de una burguesía media com- puesta en sus cinco sextas partes por industria- les, comerciantes, profesionales, funcionarios y altos técnicos, y tan solo en un sexto por pa- tronos agropecuarios, que en cambio son el nú- cleo más poderoso de la alta burguesía. No hay duda de que este hecho tiene gran importancia en la historia política y social del país, sobre todo cuando se piensa que la composición de la pequeña burguesía, cuya acción y orientación en ciertos casos suele identificarse con la de la burguesía media, es también muy similar: tres cuartas partes corresponden a los sectores de la industria, comercio y servicios, y un cuarto a la agricultura y ganadería. Agréguese que este sector es más débil económicamente, y se ha- llan disperso en zonas rurales. (ver cuadro en página siguiente).

La característica esencial del nivel inferior

de la clase media es el predominio absoluto de

los grupos dependientes (más del 50%) y el he- cho que más de la mitad se origine en el sector

terciario. La pequeña burguesía, en las socieda- des industriales de la actualidad, y por lo tan- to también en la Argentina, se compone sobre todo de empleados y una buena proporción de ellos corresponde a las entidades públicas. Es- tos “proletaroides” y “obreros de cuello duro”, como se los suele llamar, constituyen, justamen- te a causa de su ambigua posición dentro de la sociedad, un grupo de difícil ubicación. Conjun- tamente con otros grupos de la pequeña burgue- sía llegaron a constituir en ciertos países la masa de maniobras de movimientos totalitarios con signo antiobrerista; su evolución más reciente, especialmente en la segunda postguerra, parece en cambio llevarlos a la adopción de actitudes similares a las de los obreros (especialmente en lo relativo a organización sindical, legislación del trabajo, etc.).6 De cualquier manera, en las varias –y a veces opuestas– manifestaciones de la crisis de estado liberal burgués, este grupo (y en parte todo el nivel de la “pequeña burguesía”)

6 Esta evolución es perceptible en muchos países y también en la Argentina. Por ejemplo, el recurso a la huelga, anteriormente casi desconocido o muy raro, se ha hecho bastante frecuente en Europa. Hasta en los Estados Unidos, donde la ideología individualista y el mito del self made man representaba el ethos caracte- rístico de este grupo, se observan cambios radicales. Véase por ejemplo Shkarman (1952: 1-25).

Cuadro 3. Composición de la clase media inferior. Cifras por 100 personas económicamente activas inclui-

das en este nivel*

Sectores de Actividad

Autónomos Dependientes

Total Categorías % Categorías %

Primario Pequeños propietarios y patronos

agropecuarios 23,9 Empleados subalternos 1,2 25,1

Secundario Pequeños industriales y artesanos 7,1 Empleados subalternos 6,0 13,1

Terciario Pequeños comerciantes y patronos de empresas de servicios 14,3 Empleados subalternos (públicos y privados) 37,2 51,5

Patronos varios y pequeños rentistas 3,1 Jubilados y varios 7,2 10,3

Sin especificar

Total 48,4 51,6 100,0

* Léanse estimaciones en Capítulo 10, 11 y 12.

puede llegar a desempeñar papeles estratégicos (aunque pasivos o por lo menos no necesaria- mente activos), y por lo tanto su volumen numé- rico dentro del conjunto de la población tiene considerable importancia. Además, es esencial advertir que su concentración en las zonas ur- banas le otorga un peso mucho mayor de lo que haría suponer su mera proporción dentro del total. Después de los obreros, son el grupo más numeroso y, conjuntamente con ellos, repre- sentan casi el 80% de la población activa de las zonas urbanas. Si a esto se agrega el hecho de su concentración preferente en ciertas regiones geográficas (Gran Buenos Aires y Litoral), su

significado dentro de la estructura social se des- tacará con mayor claridad. Recordemos por úl- timo que, como se verá, el grupo de los emplea- dos (en ambos niveles) es el que experimenta el mayor incremento desde comienzos del siglo. (ver gráfico en página siguiente)

Las clases populares

Las clases populares representan el 60% de la población activa o con recursos propios; son, por lo tanto, la categoría social más poderosa desde el punto de vista numérico. Hablamos

aquí también de clases populares, más que de clase popular al singular, para subrayar cier- ta heterogeneidad que existe o puede existir en su seno. Por cierto se trata de una masa más homogénea de las que hemos encontra- do en los otros niveles sociales. Sin embar- go, es necesario advertir que tal homogenei- dad surge en parte de nuestra incapacidad para poner de relieve con mayores detalles sus diferenciaciones reales. No poseemos medios para discriminar entre obreros es- pecializados y semiespecializados, y peones o personal no especializado, tampoco pode- mos discriminar entre el personal obrero con funciones de supervisión y el resto. Algunas de estas subdivisiones las hemos podido esti- mar para el sector industrial, pero carecemos de datos para los demás. Es posible que en la Argentina las diferencias de nivel económico y de tipo de ocupación no se traduzcan de

manera apreciable en el orden del psicoso- cial, con actitudes y formas de obrar y pensar muy distintas para cada estrato de las clases populares, sin embargo no dudamos de que ciertas diferencias deben existir y que sería posible observarlas en su historia política y gremial, aun cuando sus efectos sean menos claros y marcados que los provocados por las diferenciaciones existentes en las otras cla- ses sociales.

Uno de los atributos que posee mayor importancia para la correcta ubicación de las clases populares dentro de la estructu- ra social del país, es, conjuntamente con su volumen numérico, el grado y la forma de su concentración, no solo en determina- das regiones geográficas del país, o en las zonas urbanas más que en las rurales, sino también en cuanto a las dimensiones de las unidades económicas en que desempeñan

Gráfico 2. Distribución de la población activa en cuatro niveles económico-sociales.

Las clases populares representan el 59,8% de la población activa; las clases medias el 39,5 y la clase alta el 0,7.

Clase Alta Clase Media Sup. Clase Media Inf. Clases Populares

sus actividades. Lo que interesa aquí, es su

densidad dinámica,7 es decir la intensidad de sus contactos e interacción, traducibles en una conciencia y en una acción comu- nes, menos fácilmente inducibles donde la dispersión material y psicosocial impide o dificulta los contactos.

La densidad dinámica tiene por supuesto importancia en la morfología de todas las cla- ses sociales, y en este sentido no hemos dejado de tenerla en cuenta en cada caso; sin embargo, en las clases populares este hecho representa el eje de una verdadera transformación cualitativa: grupos dotados de diferente densidad dinámica son sociológicamente muy distintos; su con- ciencia y su acción variarán notablemente en función de esa característica.

Con respecto a este rasgo, nos hallamos una vez más con el hecho que la diferenciación en los tres grandes sectores de actividad –pri- maria, secundaria y terciaria– tiene un papel esencial. La densidad dinámica es, en efecto, mínima en el caso de los trabajadores del agro y máxima en los obreros industriales, o por lo menos cierta parte de ellos. Desde este punto de vista hemos tratado de clasificar a las varias

7 Según la terminología de E. Durkheim.

categorías de las clases populares, de acuerdo con el grado de concentración en cada empre- sa. (ver cuadro 4 en página siguiente).

Solamente para el sector industrial se poseen da- tos precisos (ya indicados en el capítulo II); para los demás es necesario valerse de estimaciones basadas sobre el promedio general de obreros por empresa (donde se conoce su número) o por patrón. El cuadro, en el que se resumen es- tas estimaciones, ofrece una visión muy clara del grado y la forma de concentración de las clases populares. De los tres grandes sectores, el indus- trial proporciona la mayor cantidad de obreros, y es también el que posee el núcleo con más alto grado de concentración (más de 100 obreros por empresa), que solo comparte con una pequeña proporción de obreros del sector secundario (fe- rroviarios, comunicaciones y dependencias na- cionales en general). A poco más de una décima parte de los obreros puede atribuirse una concen- tración media (10 a 100 por empresa), y también aquí son las industrias que dan el mayor contin- gente, seguidas por otros obreros del transporte y dependientes municipales); todo el resto de las clases populares trabaja en pequeña empresas artesanales o en forma casi individual; poco más del 8,3% ejerce oficios “por cuenta propia”.

Aunque no poseemos datos que nos permitan estimar la concentración de los trabajadores, la

considerable proporción de personal transito- rio y su dispersión geográfica, le corresponde un grado bajo de “densidad dinámica”.

De este modo, más de un 70% de las clases po- pulares trabajarían en condiciones de baja o nula concentración por empresa, mas el hecho de su distribución geográfica y su residencia urbana o rural modifica de manera decisiva el significado de estas proporciones. En efecto, no olvidemos que el 70% casi de las clases populares se condensa

en zonas urbanas, y que –especialmente para las actividades industriales– una altísima proporción se condensa en la zona del Gran Buenos Aires. Por ejemplo, la Capital Federal y la Provincia de Buenos Aires reúnen el 75% de los trabajadores industriales correspondientes a los establecimien- tos con 100 o más obreros; y por lo que se refiere a los trabajadores de servicios y transporte tienen valor análogas consideraciones. No hay duda de que la densidad dinámica es mayor que la mera

Cuadro 4. Grado de concentración de los trabajadores en los tres grandes sectores de actividad. (Cifras por

100 personas incluidas en las clases populares)*

Grado de concentración

por empresa Industria

Prevalentemente urbano Comercio y servicios Total Pervalentemente rural agropecuarios Sin determinar Total Alta (100 o más obreros aprox.) 11,4 7,4 18,8 ? – 18,8 Media (de 10 a 200 obreros aprox.) 8,5 3,5 12,0 ? – 12,0 Baja (menos de 10 obreros aprox.)

Único dependiente (aprox.) 4,3 8,8 3,0 16,0 7,3 24,8 25,0 3,8 60,9 “Cuenta propia” 3,7 2,7 6,4 1,7 0,2 8,3 Total 36,7 32,6 69,3 26,7 4,0 100,0

concentración demográfica, y este hecho otorga a las clases populares pertenecientes a los sectores más “densos”, ubicadas en la zona del Gran Bue- nos Aires, un particular significado dentro de la estructura social del país.

Variaciones regionales en la estratificación social

La estructura de clases presenta marcadas di- ferencias en las diferentes zonas del país. Este hecho introduce cierto carácter de irrealidad en las cifras que se refieren a todo el territorio, y es por ello que, neesariamente, hemos debido aludir con mucha frecuencia a las variaciones regionales de la estratificación social. Tales va- riaciones no son sino otro aspecto de esa dife- renciación que ya estudiamos en el orden de- mográfico, y en parte en el económico, al exa- minar la distribución de la población activa.

En este análisis debemos renunciar a las dis- criminaciones más finas que hemos realizado al estudiar la estratificación social del país en conjunto. Utilizaremos, pues, el esquema más somero de la diferenciación en dos grupos (cla- ses medias, incluyendo alta, y clases populares), esquema suficiente a los fines de una caracteri- zación de las diferencias regionales. El elemento

diferencial, en efecto, es la presencia o la ausen- cia de una clase media dotada de suficiente vo- lumen numérico dentro de la población activa.

Coexisten en la Argentina a este respecto tres tipos de estructura social: uno más evolu- cionado (en el sentido de más próximo al tipo de las sociedades urbanas occidentales) en que las clases medias poseen un volumen numérico elevado; y otro menos evolucionado en el que prácticamente no cabría hablar de “clases me- dias” pues estas, a pesar de su existencia formal, no alcanzan todavía el límite crítico que las co- loca entre los grupos socialmente significativos. Además hay un tercer tipo, en el que se da una notable proporción de clase media, pero cuya composición –prevalentemente rural– difiere de la del primer tipo. Los casos extremos de la pro- vincia de Córdoba y de Jujuy ilustran las dos for- mas indicadas en primer término: en la prime- ra las clases medias representan el 43,8% de la población activa, en la segunda el 21,2. También podría tomarse como ejemplo la Capital Fede- ral, pues justamente esta oposición correspon- de también al contraste entre estructura urbana y estructura rural. En esa ciudad las clases me- dias alcanzan su máxima proporción (45%) con el característico predominio de los “empleados” públicos y privados, que se acercan a casi una tercera parte de la población activa. Es en esta

ciudad y en general en la región urbana del Gran Buenos Aires, que se da también la más alta can- tidad de obreros industriales.

Con una alta proporción de clases medias (más de las dos quintas partes de la población activa) siguen las provincias del Litoral (ex- cepto Corrientes), Mendoza, y luego un grupo de provincias y territorios más bien rurales: Eva Perón, Misiones, J. D. Perón, Río Negro y Formosa. Estas últimas zonas corresponden al tercer tipo, con un fuerte núcleo de patro- nos agropecuarios, cuya proporción supera en todos los casos el 20% de la población activa, mientras en las provincias del Litoral y en Men- doza tal categoría es muy reducida y el volu- men que alcanzan las clases medias se debe a

la más alta proporción a patronos industriales y de comercio y servicios, y, sobre todo, a los fuertes núcleos de “empleados” y otros depen- dientes (que oscilan alrededor del 15%). El vo- lumen de esta categoría, que tanto gravita en la formación de las clases medias, se halla en estrecha correlación con la importancia de las actividades secundarias y sobre todo tercia- rias. El índice de correlación entre porcentajes de clase media dependientes y población ocu- pada en la industria es de 0,66 y con respecto a la actividad terciaria de 0,84. No olvidemos que en este sector se cuenta la administración pú- blica, cuya proporción (empleados y obreros) en cada provincia es muy considerable, como ya se vio en un capítulo anterior.

Cuadro 5. Composición de las clases sociales en provincias y territorios. 194712

Regiones

Clases Sociales Patronos sociales

Total Clases populares Medias (y alta) Populares Agrope- cuarios Industria- les Comercio y servicios Profesio- nes liberales Clase media depen- diente Agrope- cuarias Ind., Com. y Servicios Capital Buenos Aires 45,4 54,6 0,3 3,7 7,5 11,5 2,2 30,0 0,2 54,4 Gran Buenos Aires 41,9 58,1 0,6 3,8 7,1 11,5 1,9 27,0 0,8 57,3 Litoral 41,5 58,5 13,7 3,3 6,6 23,6 1,0 15,5 21,6 36,9

Regiones

Clases Sociales Patronos sociales

Total Clases populares Medias (y alta) Populares Agrope- cuarios Industria- les Comercio y servicios Profesio- nes liberales Clase media depen- diente Agrope- cuarias Ind., Com. y Servicios Buenos Aires 41,2 58,8 12,7 3,5 6,7 22,9 0,9 16,1 23,7 35,1 Santa Fe 41,6 58,4 13,0 3,3 6,1 22,4 1,6 16,5 21,1 37,3 Entre Ríos 40,7 59,3 16,6 2,6 6,5 25,7 0,8 13,3 20,6 38,7 Corrientes 35,8 64,2 16,8 2,1 5,2 24,1 0,5 10,7 27,5 36,7 Córdoba 43,8 56,2 14,5 3,7 7,6 25,8 1,2 15,3 17,2 39,0 Noroeste 29,9 70,1 9,6 2,0 4,2 15,7 0,6 13,4 24,6 45,5 Catamarca 29,1 70,1 10,8 1,9 3,0 15,7 0,5 12,6 26,1 44,8 Tucumán 28,0 72,0 5,6 1,4 4,1 11,1 0,8 15,8 23,2 48,8 Santiago del Estero 33,6 66,4 14,3 2,4 5,1 21,8 0,5 11,1 25,8 40,6 La Rioja 35,0 65,0 12,8 1,9 4,4 19,1 0,3 15,1 24,1 40,9 Salta 32,8 67,2 12,1 2,9 4,3 19,3 0,2 12,7 24,9 42,3 Jujuy 21,2 78,8 5,0 1,2 3,2 9,4 0,2 11,2 25,6 53,2 Centro y Oeste 39,6 60,4 11,8 3,8 6,2 21,8 0,8 16,4 20,3 40,1 San Juan 37,6 62,4 11,6 3,0 5,6 20,2 0,2 16,4 23,3 39,1 San Luis 34,8 65,2 10,6 2,2 5,0 17,8 0,9 15,4 24,1 41,1 Mendoza 41,6 58,4 12,2 4,5 6,7 23,4 0,6 16,7 18,1 40,3 Nordeste 37,4 62,6 21,2 2,5 3,7 27,4 0,4 9,2 34,2 28,4 J. D. Perón 35,9 64,1 20,2 2,2 3,6 26,0 0,4 9,3 39,0 25,1 Misiones 39,6 60,4 23,2 3,1 3,9 30,2 0,4 8,7 26,8 33,6 Formosa 38,3 61,7 21,0 2,6 3,9 27,5 0,4 10,2 31,4 30,3 Sur 40,0 60,0 16,1 2,7 5,3 24,0 0,7 14,8 26,2 33,8 Regiones

Clases Sociales Patronos sociales

Total Clases populares Medias (y alta) Populares Agrope- cuarios Industria- les Comercio y servicios Profesio- nes liberales Clase media depen- diente Agrope- cuarias Ind., Com. y Servicios Eva Perón 44,9 55,1 21,6 3,7 6,3 31,6 0,8 11,7 28,8 26,3 Neuquén 33,4 66,6 12,1 1,8 4,0 17,9 0,3 15,0 26,4 40,2 C. Rivadavia 32,0 68,0 6,1 1,4 5,1 12,6 0,6 18,3 12,9 55,1 Río Negro 39,6 60,4 18,9 3,2 5,6 27,7 0,7 10,7 26,4 34,0 Chubut 50,4 49,6 15,9 1,8 4,7 22,4 0,7 26,9 27,4 22,2 Santa Cruz 32,3 67,7 8,6 1,5 5,1 15,2 0,7 16,2 33,7 34,0 Tierra del Fuego 21,9 78,1 2,6 1,1 3,0 6,7 0,2 14,8 29,2 48,9

El aumento de las clases medias que se regis- tra a medida que se pasa de las zonas más ru- rales a las más urbanas e industrializadas, se debe entonces a esta categoría de dependien- tes, cuya posición ambigua dentro de la es- tructura social no hemos dejado de destacar. Debido a este hecho es importante insistir sobre la opuesta composición de las clases medias en las zonas prevalentemente rurales y en las urbanas. Mientras en las segundas, el núcleo más numeroso está compuesto por “dependientes”, en las primeras se integra por “patronos”. Por ello se puede observar el