Definición
El crup es una infección vírica pediátrica de las vías respiratorias superiores e inferiores que ocasiona inflamación del área subglótica y un cuadro llamativo de disnea que se acompaña de las notas estridentes características del crup durante la inspiración. El crup es un trastorno frecuente entre los pacientes ambulatorios, y actualmente se hospitalizan pocos casos. (Mandell, Douglas y Bennett, 2012).
Etiología
En los niños con crup evaluados en una sala de emergencias, se identificaron uno o más microorganismos víricos en el 80% de las muestras mediante reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa; los virus que se detectaron con más frecuencia fueron los virus de la parainfluenza. Una pequeña proporción
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de los casos de gripe en los niños se asocia al crup. De forma parecida, aunque las infecciones por el Virus Sincitial Respiratorio son especialmente prevalentes entre este grupo de edad, relativamente pocos casos se manifiestan como crup. Las coinfecciones con rinovirus son especialmente frecuentes. También se identificaron adenovirus y metaneumovirus humanos. Entre los casos de crup se detectó Mycoplasma Pneumoniae con muy poca frecuencia. (Mandell, Douglas y Bennett, 2012).
Cuadro Clínico
La mayoría de los niños pasa por una fase de pródromo con signos leves de las vías respiratorias superiores, como rinorrea, tos y, a veces, fiebre, horas antes de que aparezca la tos << áspera y estridente >> distintiva del crup. El aumento de intensidad de la tos y la ronquera anuncian la aparición de los estridores respiratorios. La tos no es productiva, pero tiene un tono estridente muy profundo
como “ladridos de foca”. El estridor respiratorio puede acompañarse de
retracciones de la pared torácica, generalmente más notables en las áreas supraclavicular y supraesternal. Algunos niños pueden evolucionar hasta tener estridores espiratorios e inspiratorios. Generalmente, los estridores aparecen por la noche y, en los casos leves, pueden mejorar por la mañana sólo para empeorar otra vez por la noche. El crup se caracteriza por aparición brusca durante la noche tras un pródromo corto de infección de las vías respiratorias, seguido por mejoría durante el día, suele denominarse <<crup espasmódico>>. En la mayoría de los niños, el curso del crup dura menos de 3 o 4 días. Aunque la tos puede durar más tiempo, en la mayoría de los niños el tono de ladrido característico se resuelve en 2 días. (Mandell, Douglas y Bennett, 2012).
Diagnóstico
El diagnóstico del crup puede basarse casi siempre en las características epidemiológicas típicas, las manifestaciones clínicas y los antecedentes, especialmente en los niños de 6 meses a 3 años de edad. Generalmente, los análisis de laboratorio deben limitarse a las pruebas necesarias para el tratamiento de los niños con enfermedad más grave. El recuento de leucocitos y la fórmula leucocitaria no suelen ser útiles ni distintivos para el diagnóstico del
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crup. No suele ser necesario identificar el microorganismo vírico específico, y es probable que obtener muestras de las vías respiratorias y de las secreciones aumente la disnea del niño. En cuanto a los hallazgos radiológicos, generalmente, la evaluación radiográfica no es necesaria para el diagnóstico del crup y, como se ha mencionado antes, debe realizarse con cuidado y hay que vigilar cuidadosamente al niño. Sin embargo, en los casos atípicos el cuadro radiológico suele ser útil para el diagnóstico diferencial. La manifestación característica del crup vírico que se observa en las radiografías anteroposteriores del cuello es una sombra estrecha de 5-10 mm de la tráquea en el área subglótica, que suele describirse como el signo del <<reloj de arena>> o del <<campanario>>. El valor diagnóstico de estos hallazgos radiográficos es cuestionable. No se observan consistentemente en todos los casos del crup vírico, y en algunos estudios se ha demostrado que la especificidad y la sensibilidad son muy bajas para confirmar o descartar el crup vírico. (Mandell, Douglas y Bennett, 2012).
Tratamiento
El tratamiento adecuado para el crup depende de la gravedad de la enfermedad del niño. La evaluación precisa del estado clínico del niño es esencial, pero las fluctuaciones naturales del curso del crup suelen confundir esta evaluación y también el juicio del éxito del tratamiento. La mayoría de los niños con crup leve pueden tratarse en la casa. Es muy importante que el niño con crup esté cómodo y evitar que se altere, porque la ansiedad y el llanto pueden aumentar la disnea. Hay que administrarle los líquidos adecuados y medicamentos antipiréticos si es necesario. A pesar de que existe una gran cantidad de tratamientos caseros para el crup, no se ha demostrado de forma consistente la eficacia de ninguno de ellos. Se han recomendado mucho las vaporizaciones y otras formas de producir vapor en casa. Sin embargo, no se han demostrado los efectos beneficiosos del vapor. El tratamiento recomendado varía según el nivel de gravedad evaluado, pero el pilar del tratamiento, además de los cuidados de apoyo, es la Dexametasona. Se ha demostrado que la administración de una dosis de este medicamento oral o, si es necesario, intramuscular a los pacientes ambulatorios o a los que están en urgencias es eficaz para reducir la necesidad de hospitalización. En los niños con
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crup grave pueden añadirse nebulizaciones de adrenalina, adrenalina rasémica o L- adrenalina a la dexametasona. Hay que observar al niño durante al menos 2 horas, porque la mejoría tras la nebulización con adrenalina es transitoria. Las mezclas de helio y oxígeno se han utilizado mucho en varios trastornos obstructivos de las vías respiratorias superiores e inferiores para mejorar el intercambio de gases, pero existen pocas pruebas de que la administración de helio sea beneficiosa para los niños con crup. (Mandell, Douglas y Bennett, 2012).