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Presentaros a un pueblo no es cosa baladí, sobre todo si sobre él han sido escritas tantas cosas. Desde pueblo primigenio hasta pueblo bisagra, todo ha sido dicho sobre el pueblo

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Si son muchas las personas y entidades a las que les estamos agradecidos y por tanto difícil de enumerarlas todas, sin embargo, no quisiéramos pasar por alto la deuda moral que tenemos con las comunas de Caguanapamba y Sisid, así como el reconocimiento al equipo del CEDIR, cuyo apoyo en todo momento nos resultó inestimable.

Cañari: origen, casta y carácter han ocupado miles de páginas. Se podría decir que el sustrato de todo ello tiene más de lo mítico religioso que del pueblo vivo, sometido a múltiples contradicciones, olvidando que como todo viejo pueblo, amén de un núcleo societal sólido, existen personalidades múltiples, ambos atravesados por intereses y conflictos de todo orden.

Por desgracia, como de todo "pueblo elegido", de los cañari se habla más en pasado que en presente. Pero ellos existen, más allá y más acá de los discursos; se confrontan con la realidad día a día: una naturaleza agreste, un clima rudo, una sociedad de mercado. No pretendemos aquí detallar su larga trayectoria histórica, sino esbozar la consistencia de dos comunidades indígenas. Las Comunidades de Caguanapambapamba y Sisid, sobre las que se centra este informe, están situadas en la provincia de Cañar entre la parroquia de Ingapirca y el cantón El Tambo; en el corazón de los Andes Ecuatorianos, al suroeste del país. Su territorio aproxima las 7.500 hectáreas –Sisid, unas 4.500 hectáreas y Caguanapamba unas 3.000; delimitación un tanto conflictiva, pues entre lo que la costumbre y los viejos documentos fundamentan y lo que las prácticas de ocupación de los hacendados establecieron existen interpretaciones divergentes. Cuestión nada banal en una país con un Estado débil, con serios procesos de privatización acelerada en el que la ley del más fuerte tiende a funcionar en detrimento de la "res publica".

La altitud media de ambas comunidades es de unos 3.500 m/s.m., pero esto no es más que un espejismo estadístico, pues el territorio se establece sobre cuatro pisos ecológicos y fuertes pendientes que van desde la parte baja, situada a 2.300 m/s.m., hasta la más alta de las cumbres del páramo a 4.500. Tan solo por las altitudes señaladas cualquier lector puede darse cuenta de que el término es eminentemente montañoso, superando en lomas y terrazas, más o menos pronunciadas, unos dos mil metros de desnivel en pocos kilómetros. Varios barrancos marcados por caudalosas quebradas separan los distintos sectores y forman los límites entre Caguanapamba y Sisid y entre ambas comunas y las otras de El Tambo o Ingapirca. Altas cumbres forman el límite superior con Chimborazo, pero hay cerros intermedios de considerable altura entre cuyos circos se encuentra la laguna de Culebrillas. El agua abunda –lagunas, ríos, quebradas así como una notable red de acequias y canales– e incide en la vida de la comunidad en su triple dimensión: física, económica y simbólica.

Las dos comunidades forman un todo peculiar, no solo por estar situadas en parroquias y cantones distintos sino por sentirse parte de una misma entidad histórica. El hecho singular que las caracteriza es que si bien se constituyen una y otra como comunas

autónomas mantienen un mismo pasado histórico y un amplio territorio comunitario. Ambas forman dos comunidades distintas y dos comunas territoriales que comparten gran parte del territorio y ambicionan un proyecto de parroquia conjunta.

Distinción compleja, pues conforma sus diferentes modos de presentarse. Unidas ante el conflicto sobre la gestión del sitio arqueológico de Ingapirca35, o ante el conflicto territorial que les enfrenta con Chimborazo, discrepan sobre el uso y la propiedad de lindes internas del páramo. Pugna tanto más paradójica cuanto que les unen tantas otras cosas (redes, intereses, etc.), amén de un mismo proyecto de parroquialización. Dicha discrepancia no les impide compartir mingas para la conservación del territorio comunitario que comparten, en especial todo lo que concierne al canal de Mangán, el manejo del páramo, así como la concreción de proyectos comunes: el reservorio de La Picota, la crianza de alpacas o el proyecto de desarrollo turístico.

Caguanapambapamba está poblada por unas 250 familias y unos 1.200 habitantes; Sisid por 500 familias y 2.300 personas. Unos 3. 500 habitantes en total entre las dos comunidades. Cifras tanto más difícil de establecer cuanto que el índice de emigración representa una verdadera sangría para unos y otros. Las dos comunidades funcionan de forma autónoma, con la singularidad de que históricamente provienen de un mismo reparto territorial. Ambas parten de la disposición testamentaria de María Inga Gañalshuc, en 1603 (Mayancela 2002, 4). El nombre de la comuna hasta los años treinta del pasado siglo fue el de Sisid. Hoy día cada comuna pertenece a cantones distintos (Sisid a Cañar y Caguanapamba a El Tambo); aun si Caguanapamba no tiene todavía una atribución cantonal jurídicamente reconocida (otro de los conflictos que mueve buena parte de la energía de la junta comunal36). Caguanapambapamba y Sisid comparten un entramado complejo de redes familiares, laborales, comerciales y políticas. Aun sintiéndose dos comunas diferenciadas ambicionan una unidad humana y territorial; incluso llegar a ser una sola unidad administrativa: parroquia de Caguanapambapamba-Sisid, que formaría parte del cantón de El Tambo. La forma de gobierno se asienta en un Congreso que elige anualmente un Consejo de gobierno (presidente, vicepresidente, secretario, tesorero, síndico y secretarios de las

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Conflicto central en el caso que nos ocupa, que enfrentó a mestizos e indígenas, y del que se hablará más detalladamente en la descripción del proyecto turístico y sus fases (epígrafe 3).

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De facto la segregación de Caguanapambapamba ya es real, pues amén de encontrarse parte de la comunidad histórica de Caguanapamba en territorio de El Tambo, eclesiásticamente Caguanapamba pertenece a la parroquia de El Tambo, y electoralmente Caguanapamba cuenta con dos concejales indígenas, en el municipio de El Tambo.

comisiones37). Amén del Consejo comunal, cada sector elige un representante e incluso su propia junta. Si cada comunidad organiza mingas colectivas, a las que debe participar un miembro al menos de cada familia, para llevar a cabo obras o proyectos que conciernen a la comunidad en su conjunto; cada sector puede a su vez organizar mingas, y las dos comunidades lo hacen conjuntamente para mantener el territorio que comparten. Una de las expresiones más esclarecedoras del funcionamiento de la vida comunitaria es la asamblea, esta es el fundamento del gobierno de la comunidad. La asamblea funciona para dirimir asuntos excepcionales o corrientes que el consejo de gobierno se encargará de ejecutar. El congreso38 no es más que la asamblea anual en la que se debate el conjunto de los problemas de la comunidad y se definen las líneas directrices que regirán las acciones de gobierno. La asamblea se reúne con periodicidad irregular, aun si durante el año se dan tantas como el sector o la comunidad consideren necesarias39.

Pero, ¿quiénes son estos hombres y mujeres? Seres que sienten, gozan y padecen como otros tantos hombres y mujeres de pueblos atropellados por un lucro reductor y la ganga de múltiples engañifas. Pueblo llano preocupado más de su gente, de sus bestias y su campo que de perpetuar un discurso identitario. Sin embargo, y remitiéndonos a la pregunta, podríamos decir que se llaman cañaris, se identifican por cierta forma de vida comunitaria, su lengua kichwa-kañari, sus lugares de residencia –más que su ascendencia40–, sus viejas leyendas de un pasado radiante e impoluto y ciertos rasgos en

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En Caguanapamba funcionan en 2007 cuatro comisiones: mujer, salud y familia; recursos naturales y medio ambiente; educación, cultura y deportes; turismo y promoción. El consejo elegido a finales de diciembre de 2006 lo forman seis hombres y tres mujeres (tesorera del consejo y secretarias de las comisiones: mujer, salud y familia; turismo y promoción).

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El congreso anual suele durar dos días. Pueden darse congresos extraordinarios para esclarecer asuntos estructurales o determinar las grandes líneas políticas de la comunidad; tanto Sisid como Caguanapamba examinaron y redefinieron sus metas prioritarias e incluso sus propias formas de gobierno para la primera década del siglo XXI, en seminarios excepcionales que se extendieron durante meses. En cuanto a la asamblea, dura varias horas o un día entero. A veces se reúne in situ, finalizada una minga, para esclarecer una cuestión ardua: pago excepcional o diferencias de criterio. Presenciar la negociación durante una asamblea resulta para un europeo una lección sobre el valor del razonamiento: ni tiempo, ni palabra están sometidos a una lógica restrictiva. La decisión se toma cuando las argumentaciones han sido expuestas exhaustivamente, aun si estas se manifiestan por una simple invocación. Todo pesa en la decisión final que se intentará consensuada.

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Son trece los sectores. Caguanapambapamba cuenta con cinco: Cruzloma, Bolsillo, Zharo, Caguanapamba centro, Naunag. En cuanto a Sisid está conformada por ocho sectores de los que siete participan en la organización comunitaria: Atulavirgen, Galway, Cullcaloma, Sisid Centro, Churuwayco, Sisid añejo, San José de Culebrillas, Huertaswayco. Este sector, habitado en su gran mayoría por mestizos no participa en la organización comunitaria y tiene la intención de formar una comunidad propia

juntándose con los mestizos de Sisid Centro, que tomaría el nombre de San Juan Bosco.

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Como bien muestra Lyn Hirschkind, más que su ascendencia genealógica importa la residencia (1995, 41-42).

su atuendo41. Mayoritariamente son agroganaderos y son la agricultura y la ganadería la base de sus sustento, aun si no faltan artesanos, enseñantes, tenderos, chóferes...42 Comparten el sentimiento de sentirse miembros de una comunidad, aun si esta no se da del mismo modo para todos –en especial mestizos de Sisid o habitantes de algún sector "desgajado"– comparten un mismo sistema de prestaciones, una misma noción de autoridad y liderazgo43, una misma cosmovisión. Comunidad no solo por detener un territorio y bienes comunes o por constituir una organización comunitaria precisa sino por sentirse partícipes de una misma realidad social y compartir un sistema de prestaciones totales –tal y como Mauss lo entiende (1991, 160). Sistema de prestaciones cuyo campo sobrepasa los bienes materiales, y supone todo ese magma de atenciones, festejos, ritos, afectos... Dones plurales que vinculan al ser asumidos, compartidos y retornados.

Las dos comunas están bien comunicadas, amén de la carretera que va de El Tambo a Ingapirca, cuentan con un sistema de caminos relativamente bien cuidados y un buen servicio de transporte público. Todos los sectores están dotados de energía eléctrica y, la mayoría, están abastecidos por agua entubada y tratada (aun si su tratamiento es un tanto somero, cloración); los sectores de Churuwayco y San José de Culebrillas solo tienen un servicio de agua entubada. Ningún sector tiene alcantarillado aun si existen algunos pozos sépticos. No existe un sistema de recogida de basuras; estas se queman o

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Hombres y mujeres suelen llevar trenza y sombrero blanco en lana prensada (muchiku), con borlas de color y una cinta que varía de tamaño; ellas portan pollera, zarcillos de oro o plata, collares de varios colores y atuendo más o menos completo (blusa y reboso o “liklla”) –los bordados femeninos

especialmente los de la pollera son los churucos que en la cosmología cañari significaba el ciclo de vida el que iniciaba y no tenía fin, pues el ser humano nace, crece... En cuanto a los hombres, a veces, visten un poncho corto con colores peculiares a la comunidad (el poncho rayado es propio para los días festivos y el poncho llano es el de trabajo).

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Además de la actividad agroganadera, buena parte de los hombres se dedican a la construcción para aportar un suplemento económico. Las mujeres contribuyen considerablemente al mantenimiento de la casa con los trabajos agrícolas, el hilado y el cuidado del ganado menor. Un grupo de tejedoras de Galway elaboran tejidos con lana de alpaca y no son pocas las mujeres jóvenes que bordan y confeccionan polleras; algunos hombres y mujeres tejen para el consumo propio. Existen cuatro comercios en Caguanapamba y Sisid cuenta con varios en Sisid Centro y algún que otro en los distintos sectores; así como un banco comunitario en Sisid Añejo.

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Alberto del Campo, desarrolla de forma elocuente lo que en una comunidad indígena o campesina se entiende y no se entiende por líder. «El líder no es un jefe, no tiene un poder que le permita ni individual ni colectivamente tomar decisiones de obligado cumplimiento para el resto». Un líder es un igual investido de un capital social reconocido. Un joven responsable de una asociación cantonal indígena me decía sobre poco más o menos, hasta qué punto para él, Alfonso Mayancela era un ejemplo, «el ejemplo de lo que debe ser un líder indígena. Respeto a Alfonso por que él apunta por el fortalecimiento de los indígenas y, al mismo tiempo, sabe ocuparse de su familia y de su comunidad». Le admiraba por no haber privilegiado sus intereses, por haber sabido respetar a los suyos y no olvidar a la comunidad a la que pertenece, anteponiendo esto incluso a la línea política de su propia Iglesia.

se tiran en cunetas y cursos de agua. Ambas comunas mantienen establecimientos escolares y dispensarios de salud.

2. Discursos

2.1 ¿Qué es la verdad?

No es algo obvio hablar de verdad no solo en estos tiempos en los que se relativiza todo conocimiento especulativo, sino en todo momento. Tan solo la propia se percibe como tal. Ahora bien, en nuestra época hemos caído en la trampa de confundir verdad con neutralidad.

¿Qué es la verdad? Gadamer, en el volumen segundo de su obra Verdad y método, pone la frase de Pilatos como exergo de su ensayo sobre el tema, y no es nimia la alusión a la pregunta del gobernador de Judea, pues ejemplifica bien lo que se suele juzgar como tal: «Entendida directamente a partir de la situación histórica, viene a resumir el problema de la neutralidad» (2006, II: 51). La cuestión de la verdad en las ciencias sociales no nos deja mayor margen. Nos preguntaríamos con Gadamer cuando interroga a las ciencias del espíritu, ¿satisfacen estas «eso que las hace tan relevantes: el ansia de verdad del corazón humano?» (2006, II: 44). A modo de elusión de la pregunta proponemos otra reflexión del mismo Gadamer:

«la idea de condicionamiento de todo saber por las fuerzas históricas y sociales que mueven el presente no constituye solo un debilitamiento de nuestra fe en el conocimiento, sino que supone una verdadera indefensión de nuestros conocimientos frente a las voluntades de poder de la época» (2006, II: 45).

La pregunta queda abierta.

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