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Human-Robot Interaction for Robot Learning

3. Robot Learning of Object Manipulation Tasks from Human

3.2 Human-Robot Interaction for Robot Learning

39 La corriente de asalariados migratorios internos de jornaleros indígenas puede considerarse como parte de la sobrepoblación relativa (estancada y latente) que detenta un carácter nacional y que se despliega por medio de flujos o corrientes de migrantes internacionales e internos, como en el caso de los jornaleros migrantes mexicanos que fluyen en el interior del país y hacia Estados Unidos, de norteafricanos y de europeos orientales en Europa Occidental y en otros continentes del orbe (Calva; 1988).

El sistema de trabajo migratorio jornalero acarrea muchas ventajas para los empleadores en muchos lugares del mundo. En primer lugar, porque este sistema pone a disposición una enorme reserva de fuerza de trabajo no calificada entre la que se puede seleccionar a la más apropiada para ciertas actividades. La lógica de la selección está determinada por diversos criterios que llevan a elegir adultos, hombres o mujeres de ciertas edades, o bien ocupar a familias enteras en las que se incluye el trabajo de niños de ciertas edades que por sus cualidades físicas son considerados apropiados para algunas actividades o tareas si el sistema legal es permisivo y displicente en este sentido (y la realidad muestra que lo es en muchos lugares). En segundo lugar, por las características de los circuitos migratorios y la precariedad de los trabajadores migrantes, éstos se configuran como una fuerza de trabajo poco organizada y muy inestable que ofrece poca o nula resistencia y presión hacia las condiciones de trabajo, formas y remuneraciones, así como poca presión en los conflictos que surgen entre éstos y los patrones con desventajas usuales para los primeros.

Por esta razón, el proletario con tierra es la forma más extendida del trabajador agrícola en la transición del campesino minifundista al proletario rural en el caso del capitalismo subdesarrollado, especialmente en países cuyas zonas campesinas en declive hicieron emerger trabajadores migrantes que se empleaban en las minas o en cultivos extensivos (de los más variados) como jornaleros temporales, desplazándose de forma regular hacia regiones productoras especializadas. En estos lugares, muchos de estos trabajadores temporales practican también la agricultura de subsistencia, pero las necesidades de una economía monetaria introducida en sus pueblos, los obliga a buscar regularmente fuentes de ingreso como trabajadores asalariados fuera de los límites de sus comunidades, regiones o provincias e, incluso de sus países. Algo que también es muy característico hoy en día, es que ocurra en regiones con una población activa de reservas indígenas que hasta antes no se habían incorporado de forma notable, confirmando con ello la tesis que sostiene Calva de que “el proceso de formación de semiproletarios o proletarios

40 con tierra que resulta de la disolución de las economías campesinas, es un fenómeno de incidencia universal” (Calva; 1988:432).

En sus términos, la proletarización que resulta de la descomposición de las economías campesinas avanza de la mano de la migración en la medida en que las actividades alternativas en las que se puede obtener un ingreso complementario o supletorio se localizan fuera de la comunidad de asentamiento. Así, en esta perspectiva, es poco relevante la denominación de “semiproletarios” que se les adjudica a todos los asalariados del campo o la ciudad por tener un pedazo de tierra pues, en la mayoría de los casos, ha dejado de ser el medio de subsistencia primario para convertirse sólo en un lugar donde estar (en la comunidad), en una mera residencia nominal que sin embargo, puede ser ahora estratégica en el objetivo de mantener los lazos comunitarios, de identidad y familiares, pero también como punto de espera y partida en las estrategias de migración. En tal sentido, estas comunidades se vacían o se llenan, transformándose a menudo en el centro alrededor del cual se tejen las estrategias de cada temporada, se deciden los destinos, se establece el arreglo familiar migratorio teniendo en cuenta la experiencia acumulada, se saldan las cuentas y se hace la pequeña “inversión” que el exiguo ahorro permite.

Entonces, el modo en que los campesinos se proletarizan queda definido por un conjunto de procesos que sólo bajo ciertas circunstancias abren la posibilidad para que éstos se sustantiven como la parte activa del ejército de fuerza de trabajo disponible. Y siendo así, resulta comprensible que la población pauperizada monte diversas estratégicas para no “quedar fuera” del sistema en tanto también están en juego sus posibilidades de reproducción. Precisamente porque la desarticulación de la economía campesina que los ubica en la ambivalencia de la sobrepoblación absoluta y relativa, se constituye en el factor que los presiona a establecer formas de reproducción diversas y estrategias que forman parte de una escalera sobre la que se apuesta a no bajar o bien a remediar en la medida de lo posible la precaria situación.

Por otro lado, en la medida en que la desmejorada explotación de la parcela ya no permite la sostenibilidad de la unidad doméstica, los miembros de ésta se ven impelidos por fuerza a migrar para encontrar otras ocupaciones o bien, a aglutinar los esfuerzos en una ocupación conjunta con la cual garantizar la subsistencia fuera de la parcela, por más que esta estrategia pueda ser incluso irrelevante desde la perspectiva de la reproducción del sistema capitalista por no contribuir, o hacerlo en un nivel irrisorio, a la valorización del capital.

41 En este sentido, el caso de los jornaleros migrantes indígenas ilustra así una situación en la que el sostenimiento de la familia ya no es posible en la parcela, y aunque efectivamente, ésta presta todavía muchas utilidades, llegado un cierto punto, ésta deja de ser el centro de la reproducción económica e incluso el centro de gravedad de la vida familiar.

En síntesis, la discusión en torno al carácter absoluto o relativo de la sobrepoblación campesina tiene muchas aristas que resultan de la ambigüedad en la que viven y se reproducen amplios grupos de población (no sólo los jornaleros) y de las estrategias que se construyen como formas de garantizar la subsistencia.

Desde nuestro punto de vista, los jornaleros agrícolas migrantes son la evidencia más palpable de la forma en que esta población confronta un dilema de ambivalencia y exclusión que se transforma en pieza clave de los proceso de transformación y valorización de la agricultura capitalista.

Finalmente, en un debate reciente entre Boltvinik y Bartra a propósito de la persistencia del campesinado que fue reproducido entre mayo y junio de este año en el diario La Jornada, el primero de ellos sostiene la fuerte relación que hay entre la persistencia del campesinado y la viabilidad de la explotación capitalista en la agricultura, y entre éstas dos y la pobreza de los campesinos. Para Boltvinik, existe un problema de raíz que no ha podido ser superado del todo por la agricultura capitalista y que se refleja en una diferencia muy marcada entre el tiempo de trabajo y el tiempo de producción característico de un tipo de actividad que es fundamentalmente estacional. Sostiene que la pobreza campesina está determinada por la estacionalidad agrícola que

se manifiesta en requerimientos de trabajo desiguales en el año, concentrados durante la siembra y cosecha. Así, debido a que en el capitalismo los precios incorporan (como costos) sólo los salarios de las jornadas efectivamente laboradas y pagadas, el costo social de la estacionalidad es absorbido por los campesinos mediante una pobreza permanente que los convierte en proletarios

errantes en busca de ingresos adicionales (La Jornada; 5/May/2010). Entre tanto, la contratación

estacional de fuerza de trabajo que deriva de la no identidad entre tiempo de trabajo y tiempo de producción, implica dificultades para que el capitalista contrate y reclute temporalmente fuerza de trabajo, por lo que, como comprador, tiene que atraer y sostener la fuerza de trabajo ofreciendo salarios elevados, o bien, “depender de los elementos más desesperados y marginales en la sociedad como la fuerza de trabajo rural migratoria”.

42 En tal sentido, el capitalismo no puede existir de forma pura en la agricultura, pues sin la oferta campesina de mano de obra estacional y barata, la agricultura capitalista sería imposible, por lo que la presencia campesina no sólo es funcional, sino indispensable para el capitalismo agrícola. El problema, afirma Boltvinik, es que el campesino sólo se verá obligado a vender estacionalmente su fuerza de trabajo (y estará dispuesto a venderla barata) si es pobre 14. Es decir, el capitalismo agrícola sólo puede existir en simbiosis con campesinos pobres, urgidos de vender su fuerza de trabajo temporalmente durante el año. Así, una teoría que explique la sobrevivencia campesina debe explicar también su pobreza.

Hasta aquí la polémica está así centrada, con sus matices, en la perspectiva de la modernización, misma que evoluciona hacia la consolidación de sus propias condiciones; sin embargo, a esta discusión hay que hacerle un matiz; el campesino con frecuencia entra y sale del mercado de fuerza de trabajo asalariado; cuando migra se convierte en proletariado, cuando retorna nuevamente en campesino. En tal sentido, es posible que esta no sea sólo una fase transitoria en la que finalmente se convertirá en proletario, sino una forma persistente que se mantiene y perdura. Por supuesto, está es una lógica compleja que supone la dialéctica y que se coloca más allá de la mirada evolucionista y unidimensional que caracteriza a la mayor parte de los análisis en este ámbito (Moctezuma; 1999).