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THEORETICAL FRAMEWORK AND RESEARCH METHODOLOGY

4.6 Hypotheses Development

4.6.2 Hypothesis Two: Board Size

Tanto los fracasos como los esfuerzos llevados a cabo para establecer una regulación sobre el uso de la radio, no eran temas nuevos en el continente americano. Las interferencias entre las estaciones gubernamentales, las comerciales y las de aficionados continuaron aumentando de forma exponencial. Los operadores de las diferentes emisoras comerciales se esforzaban por impedir el tráfico mutuamente. Muchos aficionados interfirieron intencionadamente en la recepción de los mensajes gubernamentales y comerciales; un caos. La idea de una nueva regulación volvió a estar presente. Tras un altercado del presidente Roosevelt al no poder recibir comunicaciones en altamar debido a las interferencias en el área de Boston, se llevó a cabo un memorándum sobre radiotelegrafía y recomendaciones sobre su control. Según la fuente consultada, el documento recogía las siguientes premisas (Howeth, 1963, págs. 117- 118):

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1. Las estaciones inalámbricas gubernamentales en la costa del mar fueron colocadas bajo el control del Departamento de la Marina por orden ejecutiva del 29 de julio de 1904. 2. Hay muchas estaciones comerciales a lo largo de la costa que son más poderosas que las que ahora se usan en barcos navales: si sus instrumentos tienen aproximadamente la misma longitud de onda que la nuestra, interfieren hasta tal punto que impiden completamente el envío o recepción de mensajes oficiales. Muchos de ellos darán paso a los mensajes oficiales, pero hay estaciones inalámbricas (las estaciones de Marconi en particular) que no dan paso a los mensajes oficiales.

3. Cuando dos o más empresas comerciales tienen estaciones inalámbricas en la misma vecindad interfieran entre sí, y sólo mediante un acuerdo común cada una puede llevar a cabo su actividad.

4. En términos generales, las estaciones que utilizan instrumentos de longitud de onda larga no interfieren con las que utilizan ondas más cortas. Tan pronto como las estaciones de larga distancia naval se instalen en la misma vecindad, que pronto será necesario, estas estaciones también interferirán a menos que, como todas las demás en la costa, estén bajo un control común.

5. El Servicio Naval, así como los intereses comerciales, exige el uso de la telegrafía inalámbrica para todas las distancias posibles a través del agua. Como es impracticable impedir la interferencia inalámbrica, cuando cualquiera que así lo desee establezca una estación de cualquier potencia o cualquier longitud de onda y envíe mensajes en cualquier momento del día, deberá ser el Gobierno el que controle su tráfico

6. Por lo tanto, tengo que recomendar lo siguiente:

(A) Que todas las estaciones inalámbricas costeras estarán bajo el control del Departamento de la Marina.

B) Que estas estaciones se pueden conectar mediante cables especiales a las líneas telegráficas comerciales y se utilizarán para mensajes comerciales entre la costa y los buques en el mar; bajo las regulaciones que el secretario de la Marina pueda prescribir.

C) Que no se permitirán en el interior de las estaciones inalámbricas privadas, cuya potencia sea suficiente para enviar un mensaje a la costa marítima. (D) Que el Secretario de la Marina estará facultado para hacer inspeccionar cualquier estación inalámbrica privada y, en caso de que se encuentre por esta inspección que esta ley ha sido desobedecida, tomará medidas inmediatas para cerrar la estación por el debido proceso de ley hasta que el aparato sin hilos se haya traído para conformarse a la ley.

Poco después tendría lugar la celebración de la II Conferencia Internacional de Radiotelegrafía, para lo cual se estableció una delegación, a la que le dieron instrucciones detalladas sobre su posición:

- Abogaban por las Secciones 2 y 3 del Artículo I del protocolo de la I Conferencia. Ésas hacen referencia a la necesidad de estaciones costeras que se comuniquen cos naves en alta

60 mar, sin distinción del sistema usado y que los avances técnicos obtenidos han de hacerse públicos. (Ver ANEXO III)

- Como ayuda a la navegación, recomendaban la extensión de los servicios de información meteorológica de todos los países.

- Recomendaban la utilización del Libro Internacional de Señales de Radiotelegrafía, y hacer un verdadero uso del Código Internacional.

Durante la Conferencia, Estados Unidos se mantuvo firme, defendiendo la libertad de intercambio de comunicaciones sin restricciones, sin importar el origen del aparato. Por entonces, países como Inglaterra e Italia, ya habían firmado contratos con Marconi, que establecían su exclusividad. Tras varias sesiones la propuesta fue aprobada, aunque con un pequeño matiz. Los países que se encontrasen en esa situación debían construir otras estaciones costeras que se comunicaran con cualquier barco, y en cuanto fuese posible, establecer de igual forma las demás. Otro hecho estuvo a punto de que Estados Unidos se abstuviera del acuerdo. Si era obligatorio la comunicación entre buque y costa, también debía serlo entre buque y buque, todas las embarcaciones deberían tener libre comunicación, los mensajes podrían salvar vidas y bienes en alta mar. La respuesta de prácticamente todas las delegaciones fue un rotundo no. Finalmente su obstinación fue ganando apoyos, y fue aceptada.

La gran ventaja con la que jugó la delegación estadounidense es que tenían claro cuál era su objetivo en esa conferencia. Sus intereses se centraban en extender la radio a tantas personas como fuese posible, bajo un control adecuado. En contraposición con los intereses de privatización y secretismo de otras naciones.

61 Los años previos a la guerra son muy importantes en cuanto a desarrollo y expansión se refiere. Es de todos sabido que una guerra no explota de un día para otro. Sino que un conjunto de situaciones y enfrentamientos previos son su detonante. En cierta medida, una guerra no suele comenzar en la fecha que podamos encontrar en los libros o documentos, sino que existe una guerra previa, en la sombra, que cuando ya no se puede mantener en el anonimato, explota.

Esta recapacitación nos permite entender mejor la obsesión por las grandes potencias de extenderse, aumentar sus posesiones y mejorar y desarrollar cualquier instrumento que pueda dar ventajas en tiempos de guerra. Esta situación no iba a ser diferente con la radio.

Usada para el comercio y como defensa, desde casi sus orígenes. La magnitud de este instrumento no pasó tampoco desapercibida en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial. El interés británico por conectar su imperio no era meramente comercial, pero en tiempos de paz es mucho más fácil y los obstáculos encontrados son muchos menores. Además, la gran fama de su Armada Real justificaba de cara al resto del mundo su afán porque el sistema Marconi se extendiese por todos los mares.

Alemania, por su parte, siempre había seguido muy de cerca los avances de radio británicos. Y la idea de una red imperial no era de su agrado. Su solución era hacer lo mismo e instalar su propia red. Los avances que se habían realizado en el país, tanto en aparatos como en instalaciones, eran importantes, y el hecho de que su principal campo de actuación fuese gubernamental ayudaba. Las restricciones internas con las que se encontró la radio en el país fueron casi inexistentes. El apoyo total de la Marina y el Ejército, permitió su rápida aplicación en la inteligencia militar.