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La buena acogida que la I-A ha tenido a lo largo de su breve historia ha generado multitud de experiencias, convirtiéndose en una corriente de investigación potente; por esta razón ya pueden diferenciase distintas tendencias. Arnal y otros (1992) aluden a varias modalidades:

Modalidades vigentes Investigación

participativa Investigación-acción crítica Investigación cooperativa manifestaciones Otras Vinculación de la investigación con procesos de transformación social económica y política. Se necesitan promotores. La investigación debe hacerse sobre la práctica, siendo el investigador sujeto y objeto de la investigación Propugna nuevos modelos de educación para cuya creación deben colaborar a partes iguales investigadores y docentes. Ligados a colectivos con intereses concretos y particulares que trabajan en aras del cambio social. p.e. el feminismo. Tabla 11: Modalidades de Investigación-acción (a partir de Arnal y otros, 1992) A partir de estas generalidades de la I-A, las particularidades de estas modalidades, de las que podría hablarse mucho más, serían las siguientes.

3.3.3.1 La investigación acción participativa

Surge tras la primera crisis de la I-A y se asienta principalmente en Latinoamérica. Este movimiento se identifica con la necesidad de la investigación social genere procesos de transformación social, política y económica. Se critica el sistema y el saber establecido y, sobre todo, sus consecuencias; se asienta en las realidades populares, la cultura de la diversidad y el protagonismo de los pueblos o comunidades. Se intenta hacer participar a las comunidades en las decisiones políticas elaborando alternativas, justificando las propuestas y poniéndolas en marcha. La ciencia debe ser democrática, comprometida, participativa, emancipatoria y se debe revelar contra la injusticia y la desigualdad. La transformación social es objetivo mediato e inmediato.

La educación de adultos, la alfabetización y las campañas de promoción cultural fueron las situaciones propiciatorias de este movimiento –recordemos a Paulo Freire (1978 y 1991)-; normalmente este tipo de investigación necesita de promotores o de facilitadores que propicien y dinamicen el inicio, se comprometa a actuar como un participante más integrándose en su comunidad, aceptando algunas de sus normas, aprendiendo sus significados para poder comunicarse y sentir mejor tales necesidades. Fuera de ese ámbito geográfico y de ese momento, pero también en él, esta metodología puede ser aplicada en programas de entrenamiento, en el desarrollo de programas escolares y extraescolares, en programas de educación y animación social, en comunidades empresariales (cooperativas) y en programas de desarrollo comunitario principalmente.

Tipos de investigación -acción

El modelo de proceso, con algunas particularidades señaladas, es muy similar al comentado genéricamente. Le Boterf (1980) presenta, tras algunos estudios y experiencias uno en cuatro grandes fases:

1) Montaje institucional y metodológico de la investigación participativa que conlleva desde la discusión del proyecto hasta elaborar un calendario de acciones;

2) Estudio diagnóstico previo de la zona y de la población, incluye desde la identificación de la población hasta el censo de recursos y datos socioeconómicos;

3) Análisis crítico del problema: desde exposición del problema, cuestionamiento del mismo y reformulación de acciones;

4) Elaboración y aplicación del plan de acciones incluyendo las formativas. Todas estas fases están englobadas en la crítica, la reflexión participante y en la acción como forma de acceso al conocimiento.

De Miguel (1989: 73) comenta que la investigación participativa “se caracteriza por un conjunto de principios, normas y principios metodológicos que permiten obtener conocimientos colectivos sobre una determinada realidad social”.

Los fines y objetivos señalados por Arnal y otros (1992: 257) son:

• “El fin último de la investigación participativa es la transformación de la realidad social y promoción del desarrollo comunitario. • Crear en los participantes autoconciencia de su realidad social y

capacidad para tomar decisiones y mejorarla.

• Activar a los participantes. Capacitar a la gente para movilizar los recursos humanos para la solución de los problemas sociales. • Concienciar, actuar, liberar son ideas que presiden la actuación

de la investigación participativa.

• El desarrollo de la sociedad. Puede contribuir a su desarrollo en más de un sentido: 1) desarrollando las capacidades de sus miembros; 2) analizando sus necesidades, fines, demandas, problemas y oportunidades; 3) encontrando soluciones a algunos problemas; y 4) iniciando otras actividades sociales”.

3.3.3.2 La investigación-acción crítica

Se fundamenta en las aportaciones de la Escuela de Chicago y en la teoría crítica de Habermas; su traslación a la educación se debe principalmente a Kemmis, McTaggar, Carr. Es de destacar la aportación británica tanto de J. Elliott como de Adelman, McKernan o Ebbutt y, de forma muy significativa a Stenhouse.

La finalidad es transformar las prácticas educativas, institucionales, curriculares y de aula, fundamentalmente, a partir de un análisis reflexivo de la realidad y en la que el docente es el investigador.

Elliott (1990: 73) nos presenta la investigación acción en la escuela señalando ocho características, de las que subrayamos que, mediante este tipo de indagación, se posibilita una mayor comprensión y transformación de situaciones experienciales problemáticas susceptibles de ser analizadas con profundidad y en grupo; es un plan sistemático de trabajo comprometido y activo desde la perspectiva de los agentes implicados mediante diálogo libre y aportaciones consensuadas que incrementan su formación.

La mayoría de los principios generales antes apuntados son coincidentes con esta línea de trabajo en la que se pretende responsabilizar (concienciar) más al profesorado. El cambio y la transformación no deben ser esperados, debe ser generados, propiciados, racionalmente desde dentro, desde las aulas, desde las escuelas. Es el profesor, mejor dicho, los grupos de profesores son quienes se deben conformar en comunidades críticas, analizar su realidad y sus problemas, criticar la realidad, conocer sus posibilidades y formular propuestas de cambio con acciones concretas, que han de ponerse en marcha y ser investigadas con rigor y sistematismo.

A pesar de su potencialidad, las expectativas generadas y de haberse realizado múltiples, valiosos y variados intentos de generar procesos de cambio, parecen no haberse cumplido los augurios. Los centros, su estructura de poder y las relaciones jerárquicas y organizativas, el desarrollo curricular y la formación del profesorado, sobre todo continua – para lo cual la I-A es un gran medio- no parecen haber “sentido” este vendaval; más al contrario, las fuerzas institucionales del sistema manifestándose a través de leyes, reformas o adaptaciones curriculares han impuesto su modelo, mucho más generalista, centralizado y uniformador. Por otra parte, en la mayoría de procesos de I-A, el grupo estaba constituido por un número reducido de profesores, una minoría en los centros, con lo cual las posibilidades de cambio real se veían muy mermadas y reducidas a espacios de acción e influencia casi minúsculos.

3.3.3.3 La investigación acción colaborativa

En cierto modo puede considerarse esta una aplicación de la corriente

sociocrítica en los Estados Unidos a partir de los trabajos de Ward, Tikunoff, Oja, Pine y otros. También las bases ontológicas, epistemológicas y axiológicas son coincidentes con los planteamientos arriba descritos. No obstante, la fórmula aplicativa, es algo distinta.

Ward y Tukinoff (1892: 5) proponen seis elementos para valorar el proceso interactivo de la investigación-acción colaborativa:

1. Un equipo formado al menos por un investigador, un profesor y un técnico en desarrollo.

2. Todas las decisiones de investigación son fruto del esfuerzo colaborativo.

3. Los problemas emergen, fundamentalmente, a partir de las preocupaciones de los profesores.

4. El proceso de investigación está relacionado con la producción de conocimiento y su utilización.

5. Se contempla la complejidad de la clase manteniendo su integridad.

6. Se reconoce y utiliza el proceso de investigación como una estrategia de intervención que facilita el desarrollo profesional ya que se lleva a cabo una rigurosa y útil técnica de investigación y desarrollo.

Los elementos básicos de la I-A colaborativa (cooperativa, interactiva interinstitucional son otras denominaciones consideradas equivalentes) pueden resumirse en los siguientes seis puntos:

1. Los problemas de investigación han de ser definidos conjuntamente por los investigadores y los docentes.

2. Los investigadores universitarios y los docentes colaboran en la búsqueda de soluciones para los problemas que les afectan a estos últimos.

3. Los resultados de la investigación se utilizan para resolver los problemas.

4. Los docentes desarrollan competencias, habilidades y conocimientos de investigación al tiempo que los investigadores se reeducan utilizando metodologías de investigación naturalistas y estudios de campo.

5. Los prácticos, como resultado de su participación en el proceso de adaptación, son más capaces de resolver sus propios problemas y renovarse profesionalmente.

6. Docentes e investigadores son coautores de informes de investigación”.

Dejo constancia, por último, de algunas consideraciones que son importantes a la hora de abordar un proyecto de investigación acción cooperativa en el ámbito escolar de la mano de Bartolomé (1997: 28 y ss.):

1. El diálogo entre instituciones, es decir, contacto entre los dos grupos (universidad y escuela, normalmente; aunque pueden ser otras); ambas instituciones deben conocerlo, aunque, por supuesto no participen todos sus integrantes. Considerar de quien ha partido la iniciativa.

2. La conformación del grupo en plano de igualdad.

3. La manera de iniciar la investigación y planteamiento de objetivos.

4. La elaboración y desarrollo del plan.

5. El proceso formativo que implica y los compromisos 6. El tiempo disponible, medios y recursos.

7. La formación inicial de los integrantes y su experiencia en trabajo en grupo.

8. Las motivaciones de sus miembros.

9. Las reacciones de la institución o del contexto en el que se enmarca el proyecto.

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