4.2 Robot path planning based on GA-ACA
4.3.2 The Implementation Steps of ACA-GA on Robot Path Planning
El antropólogo y filósofo del lenguaje Luis Cencillo, propone un análisis del tema de lenguaje partiendo de la comprensión inicial de la noción de mundo, de realidad y de la relación con el lenguaje. Se deben prefigurar estas tres definiciones para luego ahondar en su estudio.
Inicialmente, “el mundo es una unidad de sentido condicionante de otros sentidos parciales, en cuanto su sentido total no se cierra sobre sí mismo”68, es decir, el todo condiciona la parte, y el todo no se tiene a sí mismo como meta inmediata ya que necesita de la parte; y “lo que constituye la realidad para el hombre no son las materias, las cosas, sino los símbolos”69. En el intento de establecer una relación entre este concepto de mundo y la idea de realidad con la noción de lenguaje, éste se podría entender, al menos básicamente como “la gran unidad orgánico-expresiva, encarnada en diversos códigos signitivos –uno de los cuales es el fonético–, desde la cual los hombres piensan y conocen”70.
Se está, pues, ante una comprensión de ‘mundo’ que no se limita a la materia, sino que la fuerza de su entidad la encuentra en lo que éste significa para el hombre. Sin embargo, se hace necesario evitar confusiones que conduzcan al riesgo de entender la realidad al modo idealista que fue considerado el criticismo kantiano. Es así que Cencillo, siguiendo la lógica de tal riesgo y adelantándose a ella, aclara que el mundo de la materia existe, que la realidad material existe. “El mundo es algo perfectamente objetivo; el mundo se nos insinúa, pero nunca nos viene fatalmente dado”71. Advierte así, la necesidad de rescatar la idea de mundo, diferenciada, de la del idealismo como proyección de la mente. Se podría decir en primera instancia que el mundo existe con independencia del sujeto. Pero las mismas realidades objetivas, es decir cósicas y naturales (in rerum natura), comienzan a cargarse de significados. Es en este punto del proceso donde se configura la otra noción de mundo. Claro es que el hombre carga de sentido esta realidad por su misma actividad cognoscitiva, en la que posee ya por sí misma e incoativamente, una orientación radical a las realidades en su verdad. La reflexión humana y los saberes que dimanan de ella se van
68 Cencillo. Op. cit., p. 388. 69 Ibídem.
70 Ibídem, p. 345.
71“El mundo es algo perfectamente objetivo y sus elementos vienen dados u ofrecidos en una
multiplicidad de vertientes que, precisamente por ello, ha de ir seleccionando el hombre-en-sociedad, de acuerdo con diversos niveles de normatividad, para configurarse, físicamente incluso, una realidad objetiva que responda además a la dinámica de su vida concreta y realizadora de sentidos: la praxis”. Ibídem, pp. 389-390.
formalizando diversamente, y van formalizando esta comprensión. El hombre configura, entonces, una realidad de signos objetivos que le sirvan de respuesta y elementos a la dinámica de su vida concreta. Esta realidad cósica que constituye el mundo objetivo, no viene totalmente dada. En palabras de Cencillo, este mundo se nos insinúa. Esta dación
ha de ser definitivamente formalizada según un proceso selectivo, constituyendo así una
zona medial entre la realidad (material), y el lenguaje (psíquico) cargada de sentido, transmaterial y transpsicológica, que constituye la realidad en y desde la cual el hombre vive, actúa y piensa72.
La forma de entender esta convivencia del mundo objetivo, con la compresión del mundo signitivo, es reconociendo que en un primer acercamiento se dan diversos niveles de significatividad a la realidad, como existen distintos modos de lenguaje, y modos de expresión. Se puede partir desde una comprensión aislada de un código, (una palabra cualquiera, ejemplo: caballo) el cual no signifique más que un objeto; sin embargo, al posicionarlo y relacionarlo con otros códigos de la misma especie, se obtendría un significado más profundo que el que posee en sí mismo (caballo, caballo salvaje, caballo de madera e incluso caballo de Troya difiere de este último). De este modo se llegaría a otro nivel de complejidad de lenguaje como la que presenta el lenguaje simbólico. Están dadas algunas consideraciones elementales, para acercar el análisis a una comprensión más acertada del concepto de lenguaje, expresado por Cencillo, como la “gran unidad orgánico-expresiva desde la cual los hombres piensan y conocen”73. Dicha definición constituiría su unidad básica de comprensión de la idea de lenguaje. De partida, se intuye una función instrumental del lenguaje, su función expresiva. Quedarse en esta funcionalidad, sería admitir que, con la sola idea referida por un diccionario, hubiese bastado para el estudio; no se justificaría la evocación anterior de los conceptos de mundo y realidad.
¿Es posible intuir y comprender una realidad más profunda en la idea de lenguaje que no se agote en la mera expresividad, en la pura lógica de la expresión, en su estructura, o en su instrumentalidad? Pues sí. El lenguaje no se agota en una mera funcionalidad práctica, expresiva, sino que, como afirma Cencillo,
[...] él mismo posee un contenido propio, el contenido de ser un trasunto de la
realidad en la intimidad de la especie humana o, más exactamente, otra
72 Cfr. Ibídem, p. 389.
hipóstasis de la trama de símbolos que constituyen la realidad para el hombre, análoga a la del mundo, aunque más desmaterializada y fundida con la intimidad74.
Cencillo llega a esta comprensión de lenguaje, partiendo de un cuestionamiento clave a la hora de comprender el mundo. Afirma que lo primero por preguntarse al intentar una definición de lenguaje, es si el mundo y el objeto le vienen al sujeto dados de una vez para siempre (in facto esse), de modo tal, que sobre su superficie cerrada, la mente deba hallar su intelección; o si el Mundo en el que los objetos vienen dados no deban recibir una última formalización, para quedar constituidos en tales objetos y en mundo75. La respuesta, que ya fue aducida en los párrafos anteriores, consiste en la afirmación de que el mundo “nunca nos viene fatalmente dado”76. Si esto no fuera de este modo carecería de sentido toda la actividad cultural y cognoscitiva, por la cual el hombre puede vivir permanentemente abierto a un futuro siempre desformalizado. Este proceso selectivo de formalización del mundo, se halla constituido por diferentes formas y modos de lenguaje: lenguaje vulgar, lenguaje conceptual, lenguaje simbólico, lenguajes técnicos, entre otros. A partir de lo dicho, se concibe una nueva percepción del lenguaje, se accede a un concepto más apto para definirlo como mediación, y que Cencillo reconoce como el lenguaje en sí mismo77. Sostiene que este modo de realidad aparece ya como categoría fundamental, bajo la denominación de metaxý (µεταξύ), en el Banquete de Platón para caracterizar la naturaleza demónica de Eros, cuya función es servir de mediación vinculante entre todos los planos cósmicos, entre los dioses y los hombres, y puesto que se halla a media distancia entre ambos planos, colmar el vacío de modo que vincule el Todo a sí mismo78. Cencillo comprende que esta función vinculante establece una circularidad dinámica totalizante que hace de la realidad un organismo sintácticamente coherente y al mismo tiempo vivo79.
Por lo que realiza el metaxý su función específica y dialéctica ‘colmando el vacío’ de un modo eminente en cuanto lleva a la plenitud vital suprema al Todo y a las partes, trabándolas, y a la vez diferenciándolas, haciendo ubicuamente presente al Todo en cada una de las partes (περιχώρησις), y presentes a éstas en el Todo80. 74 Ibídem, p. 389. 75 Cfr. Ibídem. 76 Ibídem, p. 390. 77 Cfr. Ibídem, p. 401. 78 Cfr. Ibídem. 79 Cfr. Ibídem. 80 Ibídem.
Esta distancia que media entre el hombre y la realidad de su circunstancia, la distancia que hace que el hombre sea tal, viene ‘colmada’ por el lenguaje que crea una zona de significaciones totalizantes, en conjuntos orgánicos sintácticamente trabados, y que orientan la actividad misma de la conciencia. De este modo se “abre el sentido de cada objeto, mediante su integración en un contexto significativo, que los comprende a todos (los ausentes y los presentes, los actuales, los posibles y los irreales) más allá de la facticidad de cada momento concreto”81.
El lenguaje, en este sentido, es llevado más allá de la forma, del fenómeno, hacia su aspecto constitutivo, ser realidad, ser realidad mediadora. El lenguaje no es mera lógica, estructura, e instrumento, sino “totalidad hecha conciencia gravitando ausentemente, canalizadora de expresividad (imitativa y proyectiva)”82. Lo físico, en este caso, pasa a ser un soporte material de una constelación de sentidos transmateriales. En esta zona medial, constituida por el lenguaje, el hombre ha de comportarse como un ente ‘articulante’ del espacio, el tiempo, la materia, de las relaciones humanas y de su propia intimidad83, de realidades siempre nuevas. Estas articulaciones se reflejan y producen por y en el lenguaje, hasta presentar la realidad mundana, en todos sus niveles.
Retomando la idea de totalidad hecha conciencia, Cencillo adjudica al lenguaje un ser distinto de su instrumentalidad. El lenguaje es la realidad hospedada en la conciencia. En razón de que el hombre trasciende sus condicionamientos circunstanciales y temporales, le es necesario este modo de existir de la realidad, el conocimiento exige la presencia mental de otros contextos poniéndolos en relación con aquello que en cada momento viene dado o propuesto84, es decir,
le es indispensable estarse sirviendo continuamente y de un modo inconsciente de sustituciones y de símbolos que suplan las ausencias reales por vinculaciones signitivas transtemporales y transespaciales, es imposible que se hallen realmente presente al sujeto todos los objetos, por lo que han de hallarse simbólica y signitivamente85.
De Wilhelm von Humboldt, Cencillo, comprende que el lenguaje es una totalidad orgánica (ὄργανον); la gran unidad orgánico-expresiva, desde el primer momento de su existencia. 81 Ibídem, p. 402. 82 Ibídem, p. 389. 83 Cfr. Ibídem, p. 390. 84 Cfr. Ibídem, p. 391. 85 Ibídem.
Esta totalidad “es ya por sí misma la configuración dinámica y susceptible de múltiples enfoques de la mente y del espíritu humano”86. “Sin el lenguaje el hombre perdería su poder trascender el tiempo y el espacio, se hallaría bloqueado en el momento presente, sin poder elevarse a ninguna síntesis totalizante y transpresencial”87.
Desde luego, advierte Cencillo que, a partir del análisis del lenguaje no se prueba únicamente que todo sea referencial y, usando su terminología, medial en sí mismo, es decir que cumpla una función instrumental de pura mediación –que es en lo que se hace siempre hincapié–, sino además, y en igual grado, que el lenguaje –sus contenidos significativos– en su totalidad, es en sí mismo, un absoluto; absoluto entendido como esa totalidad, aunque no cerrada necesariamente, gracias a la apertura histórica del hombre, sin la cual todos sus elementos y partes integradas en él, se vaciarían inmediatamente de sentido y se harían imposibles aún, como partes y realidades mediales88. En palabras textuales de Cencillo,
Es el absoluto lo que el lenguaje manifiesta, aunque no al nivel de lo óntico- ontológico, sino al de las significaciones y al de la organicidad de los contextos semánticos. Pero un absoluto provisorio que no puede acabar de cerrarse sobre sí mismo o, si se prefiere, un absoluto dialéctico, que se trasciende a sí mismo en su propia negación. Y esta negación del lenguaje en cuanto estructura lógica, en la línea de la expresividad totalizante, sería precisamente el mito89.
Es conveniente destacar que avanza a una comprensión del lenguaje no acabada, por lo que introduce la idea de absoluto dialéctico, abriendo la puerta a la dinámica propia del mismo hombre que crece en su manera de comprender y significar la realidad que lo circunda decodificando, o mejor expresado ‘codificando’, el mundo sobre las experiencias de la humanidad. Metodológicamente hegeliano, Cencillo aporta la posibilidad de la negación del lenguaje como superación de la tesis primera. Pero, sorprendentemente, la superación de esta totalidad que es el lenguaje, es el mito, como expresión que comprende en sí más que lo puramente lógico y conceptual del lenguaje.
No es éste el momento de cuestionar la lógica del mito, pero cabe señalar, que a partir de esta otra lógica que lo constituye, valorada como un camino divergente que apunta a lo emocional, y que desemboca en el intelecto propiamente dicho, se puede acercar al hombre, hacia aspectos de esta realidad que lo circunda y lo cuestiona, y que son de difícil comprensión. 86 Ibídem, p. 397. 87 Ibídem, p. 398. 88 Cfr. Ibídem, p. 406. 89 Ibídem.
Es importante rescatar esta última afirmación ya que actúa como una bisagra, une la realidad del lenguaje con la expresión del mito. El lenguaje se trasciende a sí mismo en su propia negación. Según la línea hegeliana, es necesaria esta superación de la realidad por la antítesis, la cual es identificada por Cencillo como el mito. La negación del lenguaje lógico, lógico conceptual, es ciertamente el mito, al parecer entendido como lenguaje simbólico.