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Nitrogen use and crop performance of rice (Oryza sativa L.) under aerobic conditions in a semi-arid subtropical environment *

3.2. MATERIAL AND METHODS

3.4.2. Implications

LA FRASE NO TIENE DESPERDICIO. Es un alegato contra la pequeñez de miras, el dogmatismo y la ignorancia atrevida. Este riesgo lo tenemos todos. Muchas veces por profesar una ideo- logía o una creencia, nos hace que ab- solutamente toda la realidad sea inter- pretada según esas ideas. No significa que las ideas o creencias estén  equi- vocadas, sino que no se les reconoce sus limitaciones y se convierten en criterio único para evaluar o interpre- tar la existencia, los acontecimientos e incluso en clave para las relaciones personales.

Cuando ocurre esto, el diálogo sincero y abierto es imposible. La vida es como uno la cree y no hay posibilidad alguna de que esté equivocado. Mi martillo sabe de clavos.

Todos los asuntos, acontecimientos, desafíos, novedades encajan perfecta- mente en esta clave interpretativa, y si no es así, se hace que encaje. Ya los antiguos griegos recogieron este tema en el mito de la cama de Procusto.

Hay frases que realmente nos invitan a pensar y a reflexionar en profundidad. Siempre hay alguien que lanza al ruedo una auténtica genialidad.

En este caso, me referiré a la profesada por Bernard Baruch: "Si lo único que tienes es un martillo, todo te parecerá un clavo".

Procusto construyó una cama para dar descanso a los caminantes que pasa- ban por delante de su casa. Los invita- ba a entrar y descansar en esa cama que había construido con tanto esmero. Pero a veces el caminante era demasiado bajito, y no encajaba bien. Así que Procusto ideó la manera de estirarle las piernas. Ahora bien, se podía dar el caso contrario de que al- gún invitado fuese demasiado alto. Los pies se salían de su amada cama. ¿Qué hacer entonces? ¡ Sencillo! Pro- custo cortaba lo que sobraba de esas piernas y de esa manera el invitado "entraba bien" en las dimensiones re- queridas. 

No deja de tener un sabor humorísti- camente amargo, pero nos muestra perfectamente este fracaso de la inte- ligencia como diría Jose Antonio Ma- rina.

La realidad o la verdad debe encajar como sea en lo que de antemano ya se ha establecido como correcto. Si el asunto no "entra bien", entonces hay

que modificarlo aunque se trate de da- tos comprobados o hechos históricos verídicos.

Este tipo de razonamiento lo encon- tramos en todas las actividades huma- nas, sean políticas, religiosas, deporti- vas o de otra índole. 

El problema estriba en que la realidad o la vida es más esquiva, más comple- ja, más difícil de definir en ideologías totalizadoras. Existen esas ideologías o creencias que pretenden explicarlo todo. Lo cierto es que no explican nada. Lo que en este caso se busca es la sumisión a una determinada manera de ver. Se acepta la investigación sólo si es para confirmar lo previamente establecido y nunca para cuestionarlo o ir más allá de los límites estableci- dos. A veces se piensa que son las sectas las que practican este modo de control. Es cierto, pero este rasgo se puede dar en cada uno de nosotros sin que seamos conscientes. Está claro que un iluminado lo expresa de una forma extrema, que por otro lado se hace fácil de detectar. Sin embargo la psicología conoce lo que se llama el

sesgo de confirmación.

"El sesgo de confirmación es la ten- dencia de una persona a favorecer la información que confirma sus supo- siciones, ideas preconcebidas o hipó- tesis, independientemente de que és- tas sean verdaderas o no. El fenó- meno también es conocido con el nombre de sesgo confirmatorio o ses- go de mi punto de vista".

¿Quién puede decir de que está exento del peligro de este sesgo?

Se leen los libros en los cuales se en- cuentran el eco de la propia voz. O si se quiere saber una opinión diferente o contradictoria, se lee un libro de al- guien que opina igual pero en el que se ataca al autor disidente. Rara vez se lee al "otro" en su propia versión. Y aún así cuando se decide a hacerlo, ya se prepara uno para que no le afecte lo expuesto por el autor. Entonces se busca al "error", alguna cosa no acep- table que anule todas las otras páginas leídas anteriormente y que podrían suscitar las dudas.

Si aún así, los argumentos del contra- rio son poderosos, siempre queda el recurso del ataque ad honimen. Si no se puede vencer las razones diferentes entonces hay que desacreditar al oponente. Algo debe de haber indigno en él que invalide toda argumenta- ción. Lo importante es mantener el martillo, no modificar la cama.

Vemos personas muy comprometidas con ciertas ideologías políticas ha- blando siempre de lo mismo o refi- riéndose constantemente a su clave in- terpretativa. Si se habla de algún tema que no esté relacionado con esa ideo- logía, al poco, el sesgo aparece y se acaba hablando de esas ideas, o creen- cias aunque al principio la conversa- ción pretendía desarrollarse por otros caminos. ¡Todo son clavos!

Quizás deberíamos reflexionar si no padecemos de algún modo ese sesgo. Lo más probable es que todos lo prac- tiquemos con mayor o menor intensi- dad. Buscamos lo que nos confirma, lo que nos da seguridad. Y en el fondo, si tenemos buenos argumentos, exigimos que la idea contraria o dife- rente tenga mejores razones que las propias. Eso está bien. El sesgo de confirmación se manifiesta cuando no contemplamos la posibilidad de estar equivocados. Puede ser que la otra persona, la otra idea, sea más sólida que la mía, más verdadera o verifica- ble.

Una manera de limitar ese riesgo sería la práctica del libre examen. Intentar que los prejuicios que tenemos no nos condicionen totalmente. Mantener una mente abierta, y exigirnos un rigor en la investigación o la reflexión. No de- terminar de antemano el resultado deseado, sino aceptar las consecuen- cias a posteriori , como resultado del esfuerzo personal. Es muy importante ser honesto con uno mismo, estar vi- gilante de no ser un Procusto, aceptar la propia ignorancia sin convertir to- das las cosas en "clavos". Se necesita ser valiente para incluso cambiar la posición personal como si fuera una especie de respeto a la propia persona. Es posible que al final vuelva a pensar o creer lo mismo. Pero en este caso será tras una apropiación personal de la reflexión abierta y rigurosa.

Además que se comprenderá mejor que otras personas tengan sus propias formas de aprehender la realidad sin necesidad de criminalizarlas. Así se mantendrá el debate abierto en un es- tado permanente de verificación.

Es más prudente tener más de un ins- trumento, que nos ayude a compren- der las diferentes situaciones. No todo son clavos, ni se necesita siempre el mismo martillo.

Pero claro, la pegunta final sería:

¿Qué contiene nuestra caja de herra- mientas? R

Espiritualidad Espiritualidad

DE MARTILLOS

Y CLAVOS

Julián Mellado

LA FRASE NO TIENE DESPERDICIO. Es un alegato contra la pequeñez de miras, el dogmatismo y la ignorancia atrevida. Este riesgo lo tenemos todos. Muchas veces por profesar una ideo- logía o una creencia, nos hace que ab- solutamente toda la realidad sea inter- pretada según esas ideas. No significa que las ideas o creencias estén  equi- vocadas, sino que no se les reconoce sus limitaciones y se convierten en criterio único para evaluar o interpre- tar la existencia, los acontecimientos e incluso en clave para las relaciones personales.

Cuando ocurre esto, el diálogo sincero y abierto es imposible. La vida es como uno la cree y no hay posibilidad alguna de que esté equivocado. Mi martillo sabe de clavos.

Todos los asuntos, acontecimientos, desafíos, novedades encajan perfecta- mente en esta clave interpretativa, y si no es así, se hace que encaje. Ya los antiguos griegos recogieron este tema en el mito de la cama de Procusto.

Hay frases que realmente nos invitan a pensar y a reflexionar en profundidad. Siempre hay alguien que lanza al ruedo una auténtica genialidad.

En este caso, me referiré a la profesada por Bernard Baruch: "Si lo único que tienes es un martillo, todo te parecerá un clavo".

Procusto construyó una cama para dar descanso a los caminantes que pasa- ban por delante de su casa. Los invita- ba a entrar y descansar en esa cama que había construido con tanto esmero. Pero a veces el caminante era demasiado bajito, y no encajaba bien. Así que Procusto ideó la manera de estirarle las piernas. Ahora bien, se podía dar el caso contrario de que al- gún invitado fuese demasiado alto. Los pies se salían de su amada cama. ¿Qué hacer entonces? ¡ Sencillo! Pro- custo cortaba lo que sobraba de esas piernas y de esa manera el invitado "entraba bien" en las dimensiones re- queridas. 

No deja de tener un sabor humorísti- camente amargo, pero nos muestra perfectamente este fracaso de la inte- ligencia como diría Jose Antonio Ma- rina.

La realidad o la verdad debe encajar como sea en lo que de antemano ya se ha establecido como correcto. Si el asunto no "entra bien", entonces hay

que modificarlo aunque se trate de da- tos comprobados o hechos históricos verídicos.

Este tipo de razonamiento lo encon- tramos en todas las actividades huma- nas, sean políticas, religiosas, deporti- vas o de otra índole. 

El problema estriba en que la realidad o la vida es más esquiva, más comple- ja, más difícil de definir en ideologías totalizadoras. Existen esas ideologías o creencias que pretenden explicarlo todo. Lo cierto es que no explican nada. Lo que en este caso se busca es la sumisión a una determinada manera de ver. Se acepta la investigación sólo si es para confirmar lo previamente establecido y nunca para cuestionarlo o ir más allá de los límites estableci- dos. A veces se piensa que son las sectas las que practican este modo de control. Es cierto, pero este rasgo se puede dar en cada uno de nosotros sin que seamos conscientes. Está claro que un iluminado lo expresa de una forma extrema, que por otro lado se hace fácil de detectar. Sin embargo la psicología conoce lo que se llama el

sesgo de confirmación.

"El sesgo de confirmación es la ten- dencia de una persona a favorecer la información que confirma sus supo- siciones, ideas preconcebidas o hipó- tesis, independientemente de que és- tas sean verdaderas o no. El fenó- meno también es conocido con el nombre de sesgo confirmatorio o ses- go de mi punto de vista".

¿Quién puede decir de que está exento del peligro de este sesgo?

Se leen los libros en los cuales se en- cuentran el eco de la propia voz. O si se quiere saber una opinión diferente o contradictoria, se lee un libro de al- guien que opina igual pero en el que se ataca al autor disidente. Rara vez se lee al "otro" en su propia versión. Y aún así cuando se decide a hacerlo, ya se prepara uno para que no le afecte lo expuesto por el autor. Entonces se busca al "error", alguna cosa no acep- table que anule todas las otras páginas leídas anteriormente y que podrían suscitar las dudas.

Si aún así, los argumentos del contra- rio son poderosos, siempre queda el recurso del ataque ad honimen. Si no se puede vencer las razones diferentes entonces hay que desacreditar al oponente. Algo debe de haber indigno en él que invalide toda argumenta- ción. Lo importante es mantener el martillo, no modificar la cama.

Vemos personas muy comprometidas con ciertas ideologías políticas ha- blando siempre de lo mismo o refi- riéndose constantemente a su clave in- terpretativa. Si se habla de algún tema que no esté relacionado con esa ideo- logía, al poco, el sesgo aparece y se acaba hablando de esas ideas, o creen- cias aunque al principio la conversa- ción pretendía desarrollarse por otros caminos. ¡Todo son clavos!

Quizás deberíamos reflexionar si no padecemos de algún modo ese sesgo. Lo más probable es que todos lo prac- tiquemos con mayor o menor intensi- dad. Buscamos lo que nos confirma, lo que nos da seguridad. Y en el fondo, si tenemos buenos argumentos, exigimos que la idea contraria o dife- rente tenga mejores razones que las propias. Eso está bien. El sesgo de confirmación se manifiesta cuando no contemplamos la posibilidad de estar equivocados. Puede ser que la otra persona, la otra idea, sea más sólida que la mía, más verdadera o verifica- ble.

Una manera de limitar ese riesgo sería la práctica del libre examen. Intentar que los prejuicios que tenemos no nos condicionen totalmente. Mantener una mente abierta, y exigirnos un rigor en la investigación o la reflexión. No de- terminar de antemano el resultado deseado, sino aceptar las consecuen- cias a posteriori , como resultado del esfuerzo personal. Es muy importante ser honesto con uno mismo, estar vi- gilante de no ser un Procusto, aceptar la propia ignorancia sin convertir to- das las cosas en "clavos". Se necesita ser valiente para incluso cambiar la posición personal como si fuera una especie de respeto a la propia persona. Es posible que al final vuelva a pensar o creer lo mismo. Pero en este caso será tras una apropiación personal de la reflexión abierta y rigurosa.

Además que se comprenderá mejor que otras personas tengan sus propias formas de aprehender la realidad sin necesidad de criminalizarlas. Así se mantendrá el debate abierto en un es- tado permanente de verificación.

Es más prudente tener más de un ins- trumento, que nos ayude a compren- der las diferentes situaciones. No todo son clavos, ni se necesita siempre el mismo martillo.

Pero claro, la pegunta final sería:

¿Qué contiene nuestra caja de herra- mientas? R

Espiritualidad Espiritualidad