• No results found

Implications of Streamlined Visa Processing

In document International Education Services (Page 81-96)

The use of education agents is extensive and risky

3 Student visa policy settings

3.2 Implications of Streamlined Visa Processing

población de Caldono1. Don Agustín Calambás fue el último cacique en el actual departamento del Cauca.

En 1825, el gobierno de Colombia decide eliminar los cacicazgos imponiendo el cabildo como forma de organización política y gobierno local. Durante la Re- pública se trató de abolir los resguardos en los dife- rentes departamentos del país, pero en el Cauca este proceso encontró una fuerte resistencia por parte de los indígenas quiénes, gracias a los títulos y otras herramientas jurídicas, lograron mantener parte de sus territorios ancestrales.

A finales del siglo XIX empiezan a verse los bro- tes de La República; el panorama no es consolador: los resguardos estaban bajo la amenaza de desapa- recer. Los nasa, quienes habían participado activa- mente en la guerra por la independencia y en las posteriores luchas políticas, convencidos de que era la alternativa para defender sus resguardos y acabar con el sistema tributario, se ven defraudados por los gobiernos criollos, que olvidaron sus promesas una vez ganada la independencia frente a España.

La Independencia significó para este pueblo la usurpación de tierras por parte de los nuevos co- lonos. Los nasa, algunos de ellos conservadores aunque en su mayoría liberales, jugaron un papel importante en las guerras civiles de finales del siglo XIX en el suroccidente del país, tomando posiciones políticas diversas que les llevaron a descuidar los derechos que habían logrado conquistar: no sólo perdieron grandes extensiones de tierras, sino que, además, el carácter del resguardo cambió: de ser colonial pasó a la modernización, perdiendo auto- nomía y otros privilegios.

A diferencia del resguardo colonial, el moderno (siglo XX) está supeditado en gran parte a los mo- vimientos políticos externos, quienes intervienen en algunos de los manejos de los cabildos que se dejan influenciar —la famosa politiquería y los intereses de las administraciones municipales frenan la libre ejecución y autonomía de los cabildos—; además, las mejores tierras de algunos resguardos fueron titula- das para ser adquiridas por familias terratenientes.

Los distintos intereses económicos tuvieron una fuerte incidencia en el intento por destruir los res- guardos, entre ellos, el de los propietarios particula- res de las haciendas de terraje, cuya estructura com- binó la explotación de los indígenas y el saqueo de sus territorios. Por su parte, el Estado Soberano del Cauca no sólo pretendía despojar a los indígenas de sus derechos territoriales, sino de las riquezas con-

1Fundación Colombia Nuestra. Archivo. “Escuela del pensa-

miento Nasa. Resguardo indígena de Pitayó”. Memoria del pri- mer y segundo encuentro, 1 de abril de 1996, pp. 12, 13.

tenidas en ellos. Esto sirvió de pretexto para exigir a los indígenas títulos de propiedad, queriendo de paso darle a sus territorios el tratamiento de simples baldíos.

Por fortuna para el momento, pese a las inclemen- cias y las fragmentaciones individuales y de sectores, entre 1910 y 1920 surge un movimiento liderado por un cacique sin cacicazgo, cuyo objetivo es la reivindi- cación del ser indígena: Manuel Quintín Lame. Quin- tín Lame animó a los suyos a defender sus derechos, a mejorar las paupérrimas condiciones de trabajo y a recuperar las tierras hurtadas y mantener las exis- tentes. El movimiento Lamista logró en Tierradentro, entre 1914 y 1918, grandes avances como “la abo- lición del terraje, la defensa y ampliación del res- guardo, la aplicación de una legislación favorable al indígena que reconociese plenamente la autoridad del cabildo”2. Pero quizá uno de sus aportes más sig- nificativos es haber dejado sembrada la conciencia de lucha como pueblos indígenas. Lame trabajó con los distintos pueblos del Cauca, mostrándoles que como indígenas son muchos los objetivos comunes; de esta manera, “contribuyó a la creación de una identidad indígena”3.

Hacia 1920, el interés de los colonos y mestizos por las tierras hace que se disparen en el departa- mento del Cauca decretos y reglamentos que bus- can promover el mestizaje, es decir, introduciendo colonos blancos y mestizos, gozando de la propie- dad privada en áreas de resguardo.

En las décadas de los 30 y 40, los indígenas con- tinuaron resistiéndose al terraje; como consecuencia hubo varios enfrentamientos, en los cuales murieron centenares de nativos; a esto se sumó la ola de violen- cia que se desató en Colombia a finales de la década de los cuarenta y durante los cincuenta, en la que los conservadores —poder en mano— arremetieron con- tra los liberales, comenzando una masacre entre am- bos bandos, que se extendió por más de una década. Como siempre, los que respiran a diario el conflicto son los pobladores rurales, sobre todo el campesina- do y la población indígena, en su mayoría liberales para aquel entonces.

En Tierradentro, el 28 de enero de 1950, alrede- dor de 600 indígenas nasa pertenecientes a la parcia- lidad de Tálaga se levantaron contra la administra- ción municipal, impulsados por los atropellos de los que eran víctimas:

2 Gálvez, Aida Cecilia. “Tradición y cambio en el Cabuyo, una

comunidad Páez de Tierradentro Cauca”. Popayán: Universidad del Cauca, 1980, p. 12.

3 Rappaport, Joanne. “Tierra Páez: la etnohistoria de la defen-

sa territorial entre los Paeces de Tierradentro, Cauca”. Maryland. University of Illinois at Urbana Champaing, Baltimore, 1982, p. 218.

Los indios eran cazados como fieras. Asesinados en los campos, en los poblados, sobre las labranzas, con los más ruines pretextos. En la mayoría de los ca- sos por tratar de impedir la violación de sus mujeres, el atropello de sus hijas. Cogidos por la policía, eran encerrados en los calabozos durante más de 72 horas sin comer, padeciendo el agudo y horrible tormento de la sed hasta que, poniendo la mano sobre la Biblia, juraban abandonar al partido liberal para ingresar al conservatismo. Garrotes, culatazos, heridas de bayo- neta era el tratamiento obligado4.

Un grupo de furibundos arremetió en Belalcázar, dando muerte a cinco conservadores, dos de los cua- les ocupaban importantes cargos administrativos en el pueblo. Después de este ataque, se desató una masacre de indígenas nasa, liderada por el alcalde militar Santos Rincón. Los capturados fueron lleva- dos hasta el puente de Cuetando, sobre el río Páez, y después de torturarlos, obligaban a los parientes a arrojarse entre ellos al río, donde eran rematados a tiros: al final, casi todos murieron fusilados. La ima- gen de Santos Rincón se ha perpetuado como un ser muy malo y despiadado en los relatos míticos de los mayores de distintos resguardos de Tierradentro.

Esta ola de conflic- tos, masacre y violen- cia, mengua con el pac- to político del Frente Nacional. El liberalis- mo permite que surjan grupos socialistas en el país. En el Cauca, los dirigentes de izquierda apoyaron las reivindi- caciones indígenas a través del movimiento de solidaridad con sus luchas en el que parti- ciparon intelectuales, estudiantes, obreros, maestros, artistas y

amas de casa, apoyando a la organización de los pueblos indígenas y su “proceso de recuperación de tierras”. Algunos miembros del movimiento, como María Teresa Findji y Víctor Daniel Bonilla, se dieron a la búsqueda del título de los cinco pueblos acorda- do por la Corona Española con Don Juan Tama de la Estrella en el archivo de la Real Audiencia de Quito, documento que se había refundido y que, una vez localizado se constituyó en la base legal para la recu- peración de tierras5.

El movimiento indígena se consolida con el sur- gimiento, en los años setenta, del Consejo Regional

4 Asociación Universitaria Protierradentro. “Agenda Protierra-

dentro”, No. 3, diciembre de 2005.

5 Álvarez, Gineth Andrea. “Historia de la relación del Fondo

Páez y la Fundación Colombia Nuestra”. En: Archivo Fundación Colombia Nuestra, Cartilla No. 1, 1999.

Indígena del Cauca (CRIC), una organización que, si- guiendo los preceptos de Manuel Quintín Lame, en- foca su lucha principalmente en la defensa del terri- torio, de los derechos indígenas y el fortalecimiento de los cabildos.

El movimiento indígena se mueve con fuerza en la actualidad y aunque ha obtenido muchos logros, aún no han conseguido que el gobierno nacional cumpla los acuerdos que prometió después de haber desencadenado la masacre del Nilo:

Según la Agenda ProTierradentro6, el día 16 de diciembre de 1991, alrededor de ochenta indígenas nasa fueron citados en una finca con el pretexto de negociar sobre tierras; pero al llegar allá, recibieron una lluvia de balas que dio como resultado el ase- sinato de 20 comuneros del resguardo de Huellas, corregimiento El Palo, municipio de Caloto – Cauca. Este crimen fue ordenado por el mayor de la policía de ese municipio, lo cual se corroboró mediante la investigación correspondiente. El Estado reconoció su responsabilidad por los hechos alegados.

Ante esta masacre, la Comisión Interame- ricana de derechos Hu- manos (CIDH), el 7 de septiembre de 1995, dio inicio a un proceso de solución amistosa, guiado por un comité conformado tanto por el Estado como por los representantes de las víctimas. El comité de- claró que era obligato- rio proteger los dere- chos fundamentales de los pueblos indígenas, priorizando el derecho a la vida, a la reproducción étnica y cultural, el dere- cho al territorio y el derecho a la autodeterminación. El gobierno se comprometió con los siguientes con- venios:

• Convenio del 23 de diciembre de 1991, celebra-

do en Santa Fe de Bogotá entre el INCORA y el CRIC, donde se comprometían adquirir y entregar 15.663 hectáreas de tierras.

• Acuerdo del 14 de mayo de 1992, celebrado en

Jambaló – Cauca, entre la secretaría de integración popular de la presidencia de la República y el CRIC, en el cual se elaboraría un Plan de Desarrollo Alter- nativo compuesto por 16 proyectos a ejecutarse en el Norte del Cauca.

• El 1 de septiembre de 1995 se celebró un acuer-

do adicional en La María de Piendamó, entre el Mi- nisterio del Interior y el CRIC, en el que se reiteraron los compromisos adquiridos por el gobierno nacio- nal y los pueblos indígenas del Cauca (incluyendo los acuerdos del 23 de diciembre de 1991 y el 14 de mayo de 1992).

• El 28 de septiembre de 1999 la Comisión Inte-

ramericana de Derechos Humanos aprobó el infor- me 114/99, conforme al Art. 50 de la Convención Americana concluyendo que el Estado colombiano era responsable de la masacre de 20 indígenas nasa por haber faltado parcialmente a su obligación de garantizar varios derechos contemplados en la Con- vención y tomar medidas para prevenir su violación. Así mismo recomendó, entre otros aspectos, adoptar las medidas necesarias para cumplir con los compro- misos relativos a la reparación social a favor de la comunidad indígena nasa del Norte del Cauca.

De las 15.663 hectáreas a que se refiere el com- promiso del 23 de diciembre de 1991, tan sólo se han adquirido y entregado a los indígenas 5.296, fal- tando por adquirir 10.367 hectáreas. De igual ma- nera, de los 16 proyectos contemplados en el Plan de Desarrollo Alternativo convenido el 14 de mayo de 1992 y que deberían ejecutarse en el Norte del Cauca, sólo se ha obtenido financiación para dos proyectos.

Ante el reiterado incumplimiento estatal, la lucha indígena continúa: en el Norte del Cauca los nasa, apoyados por las comunidades de Tierradentro, des- de el 12 de octubre de 2005 en la Hacienda El Japio, dan inicio a un proceso denominado “Liberación de la Madre Tierra”. Inconformes por la violación e in- cumplimiento de acuerdos y convenios por más de catorce años por parte del Gobierno nacional y ante su negativa de diálogo, tomaron posesión de varias fincas para reclamar los compromisos adquiridos y buscar soluciones.

No es gratuito que los indígenas peleen por tierra; la historia muestra cuánto significa la tierra para el indio: por ella y para ella han vivido, han peleado, han muerto: “Lo que define su territorio no son los linderos que se hayan trazado o que se les pueda trazar, sino el sistema de relaciones que permite el movimiento dentro de un espacio territorial”7.

El concepto cobra mayor importancia cuando nos adentramos en la cosmovisión nasa, porque no se trata simplemente de un receptáculo donde vivir. “Yat Wala”, o “casa grande” es la naturaleza, el cos- mos, con elementos corpóreos e incorpóreos, un uni-

7 Findji, María Teresa y Rojas, José María. Territorio, economía y sociedad Paez. Cali: Editorial CIDSE – Universidad del Valle, 1985.

verso que necesita del equilibrio y armonía para su mantenimiento.

Para vivir en armonía con la Madre Tierra y sus espíritus, los nasa —entre muchos otros rituales— realizan a un recién nacido lo que suele llamarse “el primer bautizo”, que es la unión del hombre con la tierra. Consiste en el corte del cordón umbilical con remedios que previamente el Thë’ Wala8 ha prepara- do; posteriormente es enterrado en un sitio sagrado o al lado del fogón, con el fin de que la persona que- de estrechamente ligada a la tierra. Cuando el Thë’ Wala entierra el cordón, dice a los seres espirituales: “Aquí aparece otro personaje en este planeta tierra, ustedes mayores Tay y Uma acompañen a este bebé y que no lo hagan enfermar tanto que desde ahora se va a quedar enraizado”9.

El ser que ha nacido es entregado a Uma y Tay, la madre y el padre cósmicos, para que esa perso- na luche y permanezca en el territorio, considerado como el regazo de esos seres; es por esto que los co- muneros en las luchas por la recuperación de tierras dicen que si es necesario se hacen matar, porque en la tierra está parte de su ser, está su ombligo, el que en el vientre los unía a su madre fisiológica y ahora los une a su madre espiritual y corporal ya que Kiwe, la tierra, es quien brinda el alimento.

Para los nasa, la tierra es un ser vivo; por eso an- tiguamente, después de sembrar y cosechar un te- rreno, se le dejaba descansar por más de diez años para que la madre tierra no se desgastara y recobra- ra fuerzas. Con el paso del tiempo y la escasez de te- rrenos, los nasa ya no pueden dejar reposar la tierra tanto tiempo, ni siquiera por un año. Por esta prácti- ca denominada “sistema de barbecho”, que consiste en permitir que la tierra sola recupere sus nutrien- tes por acumulación de materiales orgánicos prove- nientes del rastrojo y bosque secundario —ya que antiguamente los nasa no usaban abonos—, se han ganado la fama de perezosos, porque “no trabajan la tierra” y la dejan llenar de maleza. Apreciaciones semejantes surgen del desconocimiento de la cultu- ra nasa, de la cosmovisión indígena y de su historia. El cansancio ante los continuos incumplimientos de lo pactado por el gobierno, sumado al espíritu rebelde y aguerrido de los nasa, ha hecho que el pro- ceso de recuperación de tierras continúe vigente. Aunque la lucha siempre ha sido su escudo y espa- da, anteriormente se valieron de los títulos de los resguardos coloniales que consiguió Juan Tama, qui- zás el estratega político más grande que ha existido entre los nasa.

8 Hombre sabio, médico tradicional nasa.

Desde décadas atrás y aún en la actualidad, los nasa se han visto obligados a recurrir a métodos como la toma de fincas de terratenientes y el blo- queo y marchas por carreteras importantes, que desembocan en enfrentamientos violentos con la fuerza pública. Mientras no se cumplan los pactos establecidos y continúen las políticas represivas, los pueblos indígenas seguirán luchando por recuperar y conservar sus derechos y su territorio, que no es sólo un componente espacial: es allí donde se gesta su pensamiento, donde se desenvuelve y fortalece su identidad. ■

Bibliografía

ALVAREZ, Gineth Andrea. “Historia de la relación del Fondo Páez y la Fundación Colombia Nuestra”. En: Archivo Fundación Colombia Nuestra, Cartilla No. 1, 1999.

ASOCIACIÓN UNIVERSITARIA PROTIERRADENTRO. “Agenda Protierradentro”, No. 3, diciembre de 2005.

BERNAL, Villa Segundo. “Bases para el estudio de la or- ganización social de los Paez”. En: Revista Colombiana de Antropología, Bogotá, vol. IV, 1955.

DUCEL, Enrique. El encubrimiento del otro. Quito: Edicio- nes Abya-Yala, 1994.

FINDJI, María Teresa y ROJAS, José María. Territorio, eco- nomía y sociedad Paez. Cali: Editorial CIDSE – Universidad del Valle, 1985.

FUNDACIÓN COLOMBIA NUESTRA. Archivo. “Escuela del pensamiento Nasa. Resguardo indígena de Pitayó”. Memoria del primer y segundo encuentro, 1 de abril de 1996.

GÁLVEZ, Aida Cecilia. “Tradición y cambio en el Cabuyo, una comunidad Páez de Tierradentro Cauca”. Popayán: Uni- versidad del Cauca, 1980.

GONZALEZ, David. Los paeces o genocidio y luchas indí- genas en Colombia. Editorial Rueda Suelta, 1975.

LÓPEZ, Cristabell. El Saakhelu como parte del proceso de recuperación y fortalecimiento cultural del pueblo indígena nasa de Tierradentro, Cauca. Popayán: Universidad del Cau- ca, 1998.

RAPPAPORT, Joanne. “Tierra Páez: la etnohistoria de la defensa territorial entre los Paeces de Tierradentro, Cauca”. Maryland. University of Illinois at Urbana Champaing, Balti- more, 1982.

SEVILLA CASAS, Elías. Estudios antropológicos sobre Tie- rradentro. Cali: FES, 1976.

SISCO, Manuel. Despertar y uso de la palabra tradicional. Cosmogonía y cosmovisión de la cultura nasa. Tierradentro (Cauca): Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), 2001.

Geopolíticas: espacios de poder y

In document International Education Services (Page 81-96)