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6importance of team involvement, and not only when problems have occurred.

El Grupo Editorial Estampa apareció en los últimos años de la dictadura de Primo de Rivera, cuando el declive era inequívoco. Luis Montiel182 se convirtió en uno de los empresarios importantes del sector periodístico español con la revista Estampa y, sobre todo, con el ya mencionado diario Ahora, creado en 1928. Estampa fue una de las dos revistas por excelencia durante la II República junto a Crónicas, de Prensa Gráfica (de La Papelera Española), que se vio obligada a lanzar tal cabecera para afrontar la competencia del grupo de Luis Montiel183. Montiel, por cierto, tenía una empresa anterior al diario Ahora, Sucesores de Rivadeneyra, del sector de la imprenta184.

Compartieron, ambos (Estampa y Ahora), línea ideológica, un centro-derecha consecuente con el momento que vivía el país. Sin estar polarizado, recibió ataques desde los extremos como tantos otros sectores durante la II República. El diario Ahora supuso un gran éxito hasta ser un quebradero de cabeza para ABC185 y alcanzó una posición relevante en el panorama periodístico nacional. Se mostró moderado en todas las posturas con una advertencia a lo que pudiera suponer cualquier desviación pronunciada a cualquiera de los dos lados del espectro político. Contó con otras publicaciones como As (semanario, el diario apareció en 1967 para recordar al anterior) o La Farsa.

Las dos cabeceras de Juan March anduvieron “ausentes” de su figura durante la II República, principalmente por el encarcelamiento del empresario balear. La Libertad dejó de estar en sus manos en 1934 y vivió un vaivén continuo de ideas sin encontrar una posición estable. Mantuvo su posición de izquierdas (aunque cuando aún pertenecía

181 IGLESIAS, Francisco, op. cit., 1980, p. 297. 182

No confundir con Luis Miquel, el empresario del trust azañista. Además de lo parecido de los nombres, Miquel tenía un 25% del accionariado del diario Ahora, del que Montiel era propietario.

183 CRUZ SEOANE, María y SÁIZ GARCÍA, María Dolores, op. cit., 1996, pp. 499-500. 184

MARTÍN DE LA GUARDIA, Ricardo (1989). Reseña: La posición centrista durante la Segunda República (el periódico Ahora, 1930-1936). Investigaciones históricas: Época moderna y contemporánea. Nº9. p. 326.

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a Juan March se le achacaba, precisamente, este hecho186), alejada del centro político y con un aumento de capital importante con respecto a la etapa de March: pasó de 2.800.000 pesetas a 4.500.000 pesetas en su nueva empresa, Prensa Republicana Independiente S. A.187.

De Informaciones también se deshizo Juan March, aunque sí retuvo la propiedad de las instalaciones donde se cuajaba el periódico. Mantuvo su posición de derechas, y aunque Seoane y Sáiz y Fuentes y Fernández Sebastián arguyen que aceptó la República, su nuevo director, Juan Pujol, participó en el manifiesto de Sanjurjo en Sevilla188. Sus vinculaciones políticas, por otro lado – o por el mismo –, también fueron polémicas con su participación con el periódico al ser diputado independiente por la CEDA en 1933 así como por el Frente Nacional en 1936189. Ejemplo más es la subvención mensual que recibía de la embajada nazi190.

El desmembramiento por el que ambas cabeceras nada tenían que ver ya tiene una triste comprobación en la muerte del redactor Luis Higón Rosell (conocido como Luis Sirval), asesinado en la cárcel tras los hechos ocurridos en Asturias en 1934191.

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FUENTES ARAGONÉS, Juan Francisco y FERNÁNDEZ SEBASTIÁN, Javier, op. cit., 1997, p. 232.

187 CRUZ SEOANE, María y SÁIZ GARCÍA, María Dolores, op. cit., 1996, pp. 423-424. 188

CRUZ SEOANE, María y SÁIZ GARCÍA, María Dolores, op. cit., 1996, p. 349; y FUENTES ARAGONÉS, Juan Francisco y FERNÁNDEZ SEBASTIÁN, Javier, op. cit., 1997, p. 227.

189 CRUZ SEOANE, María y SÁIZ GARCÍA, María Dolores, op. cit., 1996, pp. 426-428. 190

FUENTES ARAGONÉS, Juan Francisco y FERNÁNDEZ SEBASTIÁN, Javier, op. cit., 1997, p. 234; y CRUZ SEOANE, María y SÁIZ GARCÍA, María Dolores, op. cit., 1996, pp. 426-427. añaden, además, que ésta era de 3.000 a 4.000 pesetas al mes, continuando a partir de 1935 ante el contento de los alemanes.

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En la II República la estructura mediática mantiene elementos ya anteriores, pero que se han visto modificados sensiblemente desde el final de la dictadura de Primo de Rivera. Algunos de ellos se han reforzado, pese a sufrir sanciones importantes, como el caso de Prensa Española. Otros perdieron fuelle como La Papelera Española y, en otros casos, no encontraron su posición en el contexto del nuevo sistema política, caso de Editorial Lumen o el conglomerado de Luis Miquel.

Véase que Prensa Española mantiene sus conexiones con la élite ennoblecida y con sectores conservadores. Unas conexiones que llegan, indirectamente, con la banca, la cual conecta con la Agencia Fabra. Pero de Prensa Española lo que más interesa, en este caso, son sus expansiones con otras empresas periodísticas. Por un lado, a través de la Unión de Empresas Periodísticas de Madrid, en la que se integraron otros medios de la capital. Y de otro, a través de la prensa regional, en la que comenzó a participar con sus vínculos en El Diario Vasco y El Diario Montañés, a través de sus empresas, las cuales, bien eran accionistas de la propia Prensa Española y mantenían negocios más que consolidados como Juan March, líder de la Banca March. Éste, además había sido donante de la Fundación Luca de Tena, que obviamente, tenía un vínculo fuerte con Prensa Española.

Es esto último, la colaboración ya directa entre empresas periodísticas la gran novedad que surge en la II República. Anteriormente las conexiones se producían por compartir accionistas, pero ahora eran las propias empresas las que participaban en otras sin intermediación de accionistas, siendo, ellas mismas, las accionistas. No es sólo el caso ya mencionado de Prensa Española o el de la Unión de Empresas Periodísticas de Madrid. Luis Miquel, cuyo conglomerado tenía un perfil ideológico completamente distinto al de Prensa Española, poseía el 25% del diario Ahora, el cual tampoco encajaba en el perfil de los diarios donde Miquel era el propietario máximo, como El

Sol, Luz, Crisol o La Voz. Porcentajes directos, líneas sin recuadros que intermedien.

Al igual que Prensa Española, también es notable que en un contexto, el de la República, en teoría poco propicio para la Editorial Católica, ésta consiguió crecer (no sólo por su cercanía a partidos políticos conservadores, sino por su carácter posibilista). Lo hizo, y notablemente, pues unió un buen cofre de prensa regional, la creación del Centro de Estudios Universitarios (manteniendo la Escuela Oficial de Periodismo) y creando, además, la Agencia Logos. Una agencia que, por otro lado, conectaba con el

sector de la banca que, a su vez, se repetía hasta la Agencia Fabra y la Agencia Febus, de La Papelera Española. El panorama, pues, de las agencias de noticia no había cambiado, aunque sí aumentado.

Al igual que pasara a finales de la década de 1920, también el poder político jugó un papel importante. Los conglomerados mediáticos no fueron ajenos a las fuerzas políticas y casi todos ellos tuvieron vinculaciones importantes, que ya se han citado en este trabajo. Al contrario de lo que ocurría a finales de la década de los veinte, no había un gran partido que aglutinara a varios conglomerados, sino que cada uno se mostraba cercano a uno en concreto. Así, Luis Miquel se puso al servicio de Manuel Azaña, con poca fortuna, lo que al final redundó en su fracaso; la Editorial Católica estuvo realmente cercana a Acción Nacional primero, la CEDA después; y la Editorial Lumen, aunque en el poco tiempo en que pervivió antes de desaparecer, tenía actores dentro de la Agrupación al Servicio de la República.

Finalmente, cabe mencionar tres cuestiones. Por un lado, una Sociedad Editora Universal más estable, con Hermanos Busquets en la propiedad. Por otro, aunque La

Vanguardia no aparezca en el análisis de la II República, su importancia en el

periodismo español era notabilísima, siendo uno de los diarios de mayor difusión. Simplemente no registró grandes cambios empresariales, por lo que se mantuvo intacta. Su situación, por tanto, es parecida a la de la Sociedad Editora Universal, a excepción de que la desaparición de la monarquía le privaba de dicho apoyo, como también a Prensa Española. Por último, la intromisión de la Europa de entreguerras en el sector mediático español, con las subvenciones de la embajada nazi a un diario, Informaciones, cuyo propietario, Juan Pujol, estuvo implicado en el golpe de Estado de 1932, exactamente igual que los propietarios de El Sol y La Voz antes de que pasaran a Luis Miquel. Obviamente, la estructura mediática nunca fue ajena al momento histórico de su día a día.

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