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Aunque en la II República la radio juega un papel más preponderante ante el mayor número de receptores, la radio nace en la década de 1920, en la dictadura de Primo de Rivera. Y, por supuesto, no escapó de las actividades de los conglomerados de la época. Fue Radio Ibérica la primera en emitir, aunque no de manera regular y hasta que en 1924 no se decretó una Real Orden, no hubo licencias para las primeras emisoras. La primera fue Radio Barcelona, a la que se le uniría Radio España de Madrid, que obtendría la segunda licencia142.

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La gran emisora y empresa fue Unión Radio, constituida en 1925. En tiempos donde se mencionaba el fin de la prensa escrita143, nada más lejos de la realidad eran los propietarios de la prensa de papel los que se vieron atraídos y participaron de la radio casi desde su nacimiento. Unión Radio era propiedad de Ricardo Urgoiti, hijo de Nicolás María de Urgoiti, el ya mencionado director general de La Papelera Española y todo su conglomerado mediático. Motivo por el cual, los diarios El Sol y La Voz, recogen Seoane y Sáiz144, se mostraron positivos ante la aparición de esta emisora, con posibilidades de constituirse en monopolio radiofónico.

Unión Radio absorbió a Radio Barcelona y Radio Libertad, que pertenecía al diario La Libertad, de Luis Oteyza (y en el que José Urgoiti, otro hijo de Nicolás María, era miembro del consejo de administración), que sería cabecera de Juan March en años venideros. Las críticas desde la prensa a los negocios de los Urgoiti renacieron como en los tiempos de La Papelera Española145, a lo que se unió la presencia de capital extranjero, como era el caso de AEG e ITT146. El presidente de Unión Radio era Valentín Ruiz Senén, miembro del consejo de administración del Banco Urquijo, que a su vez mantenía con ITT la Compañía Telefónica Nacional, poseedora del monopolio de las comunicaciones147. Un Banco Urquijo que, como se recordará páginas más atrás, apoyó económicamente a la fundación de La Papelera Española, en la que estuvo presente el padre de los Urgoiti, Nicolás María.

Posteriormente, ya en la II República, Unión Radio se constituiría como la Sociedad Española de Radiodifusión (SER).

142 CRUZ SEOANE, María y SÁIZ GARCÍA, María Dolores, op. cit., 1996, pp. 397-398. 143

En CRUZ SEOANE, María y SÁIZ GARCÍA, María Dolores, op. cit., 1996, p. 397; y FUENTES ARAGONÉS, Juan Francisco y FERNÁNDEZ SEBASTIÁN, Javier, op. cit., 1997, pp. 215-216. se recogen las palabras de José Francos Rodríguez, quien en 1924 aludió a la telegrafía sin hilos, a la prensa escrita en el aire en los últimos coletazos de la prensa de papel. Lo hizo el día de su ingreso en la Real Academia Española en noviembre de 1924.

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CRUZ SEOANE, María y SÁIZ GARCÍA, María Dolores, op. cit., 1996, pp. 399-401.

145 FUENTES ARAGONÉS, Juan Francisco y FERNÁNDEZ SEBASTIÁN, Javier, op. cit., 1997, p. 209. 146

GARITAONANDÍA, Carmelo (1988). La radio en España (1923-1939). De altavoz musical a arma de

propaganda. Madrid: Siglo XXI-Universidad del País Vasco. pp. 24-25.

147 DÍAZ HERNÁNDEZ, Onésimo (2005). Los primeros años del Banco Urquijo (1918-1931). p. 2. y

En comparación con la estructura mediática de finales del siglo XIX, a finales de la dictadura de Primo de Rivera se observa una red mucho más compleja y desarrollada. Por lo pronto, dos elementos se mantienen, como son La Vanguardia y la Agencia Fabra (también Diario de Barcelona, de los Brusi, aunque va perdiendo repercusión a nivel nacional), ésta última ya con capital español, del sector bancario, que surge como moneda de cambio para la concesión del monopolio del sector petrolífero a los mismos bancos a través de Campsa. Entidades financieras que, en el caso de la Banca Urquijo, llegan desde dicha Agencia hasta la Editorial Católica, La Papelera Española y Unión Radio. Se trata del principal inversor en el mundo del periodismo español.

Así pues, se puede observar cómo entre los bancos se producen las conexiones indirectas entre los medios de comunicación. Es de destacar que, en este proceso de entramado ya más complejo, no hay vinculaciones directas entre los diferentes conglomerados mediáticos. No hay una colaboración entre ellos, sino que sus nexos provienen de los sectores ajenos que perviven en su día a día.

La estructura, por tanto, cuenta con siete empresas principales: Prensa Española, Sociedad Editorial de España/Sociedad Editora Universal, La Vanguardia, Editorial Católica, La Papelera Española, Agencia Fabra y Unión Radio. Dos de ellas guardan en común (La Vanguardia y Prensa Española) guardan en común su condición de acercamiento a la monarquía en tanto que sus familias propietarias habían sido ennoblecidas por la restauración borbónica. No es la única relación política en la estructura mediática del primer tercio del siglo XX. Obsérvese que el Partido Liberal se muestra cercano hasta a tres conglomerados mediáticos como son los dos mencionados anteriormente y la Sociedad Editorial de España, a través de varios nexos como Miguel Moya, José Canalejas o José Maestre. Ello explica, en parte, que el periódico más combativo en los últimos días de la Restauración fuera El Sol, de La Papelera Española. Bien es cierto que su reacción vino por la Real Orden que fijaba el precio de venta de los periódicos y la limitación del número de páginas, pero no es menos cierto, también, que esa medida favorecía principalmente a Prensa Española y Sociedad Editora Universal, dos conglomerados dentro de su órbita.

La aparición de la Editorial Católica es también importante, sobre todo porque además de integrar a la Iglesia en el debate (nunca mejor dicho) periodístico, el nacimiento de la Escuela Oficial de Periodismo fue una estrategia acertadísima de

formar a periodistas de acuerdo a las posturas de la empresa. De ahí que en dicho cuadro quede reflejada la conexión entre la Escuela y El Debate no sólo como miembros de la misma matriz.

De todos, el conglomerado mediático más grande es el de La Papelera Española. Poseía, como puede comprobarse, todo tipo de ramificaciones. Periódicos diarios, prensa gráfica, talleres de impresión, sociedades para la mejora de la industria del papel, una editorial, una librería, una constructora para la edificación de la misma, una agencia de noticias, etc. Y a ello le añadió una participación en IBYS, en el sector químico. A través de Nicolás María de Urgoiti y su familia, los nexos de La Papelera Española se expanden, pues alcanzan al mundo radiofónico a través de Radio Libertad y, de la principal emisora del momento, Unión Radio. En definitiva, una bestia mediática.

Y es que la intromisión de La Papelera Española en las emisoras de radio revela que la aparición de este nuevo soporte periodístico estuvo sometida, desde su nacimiento, a las dinámicas que se fagocitaban en la prensa escrita. La radio no nació al margen, sino que fue un embrión que rápidamente llegó al mercado de la información. No sólo adaptó géneros periodísticos sino que se hizo, también, con otro tipo de actividades ajenas a la comunicación. En el caso de Unión Radio ha de destacarse la participación de empresas extranjeras como la estadounidense ITT o la belga AEG.

Por último, aunque ya se ha hecho mención, insistir en la situación de las agencias. Tanto Fabra, la principal, como Febus, estaban en manos similares, ya que la participación en ambas de Banco Urquijo y de Banco de Bilbao era clave. Se trata de un proceso de concentración de la información más importante, aún si cabe, dada la relación entre agencias y otros medios de comunicación, muchas veces de dependencia por la información que puedan recibir de las primeras.

6.4 La II República como culmen periodístico español

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