10. The analysis
10.1 Indian English
La salud ha ido evolucionando en cada período de nuestra historia, al igual que se le han ido asignando conceptos, que bien o mal, han tratado de definirla, concretarla (por tratarse de un aspecto que puede llegar a ser abstracto), y enmarcarla en un grupo de acciones y de responsabilidades que sobre ella recaen. Y aunque en la época actual es donde mayor discusión, y por tanto más cantidad de definiciones se han dado de la salud (por tratarse de un tema sobre el que públicamente se trabaja día a día), desde la historia más antigua de la humanidad se han tenido aproximaciones de cómo era definida.
Fernando Marqués, recoge varios de los conceptos más clásicos sobre la salud, que han servido de referente para las conductas de muchos seres humanos y para el establecimiento de políticas sanitarias. La mayoría de estos conceptos acentúan el significado de la salud en términos negativos y en relación directa con la enfermedad, lo que durante muchos siglos fue incuestionable, sobre todo si se tenía en cuenta que se trataba de definiciones de personajes célebres, políticos y poetas (Marqués, 2001: 20):
“Aquello que uno tiene cuando puede moverse sin dolor dentro del programa elegido.” GALENO
“La salud depende del equilibrio y armonía de las fuerzas y de las potencias.” ALCMEON (siglo I a.C.)
“La vida está en la salud y no en la existencia.” ARIFÓN (Siglo V a.C.) “No hay riquezas que sean preferibles a la salud del cuerpo.” Biblia “Consiste en estar robusto, ileso o ausente de malestar, dolor o enfermedad.” S JONSON , 1775
“Tan sólo el hombre completamente estúpido es perfectamente normal (sano).” P BAROJA, 1902
“Es un estado transitorio precursor de nada bueno. Un sano es una persona insuficientemente explorada.” J ROMAINS, 1923
“Nunca me siento peor que cuando estoy saludable y robusto.” A. MACHADO, 1930
“Una gozosa actitud, una alegre aceptación de las responsabilidades.” SIGERIST, 1940
“La salud es todo aquello que todos saben lo que es hasta el momento que la pierden o cuando intentan definirla.” PIÉDROLA GIL, 1979.
Pero como el desarrollo de la salud ha estado siempre ligado al desarrollo social, y éste se ha caracterizado por buscar mejorar la calidad de vida de las personas, en el último siglo surge un gran cambio en la concepción de la salud.
En su Carta Magna, y como preámbulo de su constitución, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades” (OMS, 1946: 1). Este intento por consensuar una definición para la salud que fuera referente para todos los estados miembros de la OMS aportó elementos innovadores a la mirada clásica de la simple ausencia de enfermedad. Entre los elementos que se destacan están: la definición de la salud por primera vez en términos positivos, la inclusión de las áreas mental y social como componentes de la salud, y el hecho de haber
logrado que en términos de jerga se mencionara de forma reiterada este concepto como idea común sobre salud (Gómez y Rabanaque, 2000).
Con respecto a la definición de la salud en términos positivos, ésta se equipara a otros conceptos también abstractos, pues al igual que la paz no es sólo la ausencia de guerra, o la riqueza la inexistencia de pobreza, la salud es algo más que la simple ausencia de enfermedad (Monnier, 1982 y Salleras, 1990).
Pero esta definición de la OMS, que sigue vigente en la actualidad, ha sido fuente de críticas constantes desde su aparición. Las más comunes y destacadas se refieren al carácter absolutista, subjetivo, estático y utópico de la definición. Absolutista al referirse a la idea de completo bienestar físico, mental y social, lo que deja casi en cero el número de personas sanas en el mundo. Subjetivo, ya que se refiere sólo al bienestar, algo difícilmente alcanzable y olvidándose de aspectos más objetivos como la capacidad de funcionamiento. Estático al utilizar el término completo cuando existen diversos grados de bienestar y salud, lo que está en contradicción con cualquier fenómeno biológico. Utópico al considerar que esta definición está formulada más como un deseo que como una realidad, pues parece una declaración de objetivos imposibles de alcanzar y poco operativos a la hora de entrar en acción.
Ante estas críticas y con el advenimiento de una gran cantidad de nuevas experiencias en el tema, surgen nuevas definiciones, más adaptadas a la realidad y a la mirada contemporánea de la salud. Una de las que más ha tenido eco ha sido la expresada por el epidemiólogo norteamericano Milton Terris quien definió la salud como “un estado de bienestar físico, mental y
social, con capacidad de funcionamiento y no únicamente la ausencia de afecciones o enfermedades” (Terris, 1980: 12). En esta definición, que parte de la expresada por la Organización Mundial de la Salud (OMS, 1948) se elimina la palabra “completo” que se había otorgado a la salud, considerando que existen distintos grados o niveles tanto de salud como de enfermedad (se puede estar enfermo o muy enfermo, o sano, muy sano o sanísimo, por ejemplo). Además el concepto determina la existencia de dos aspectos, uno subjetivo (los síntomas, o sensación de malestar) y el otro objetivo (los signos, la capacidad de funcionar).
El mismo Terris (1980), establece el concepto del continuo salud- enfermedad, una definición mas sociológica de la salud, donde se define la salud desde un punto de vista más dinámico. Esta teoría plantea que la salud y la enfermedad forman un continuo con dos extremos: en el uno el óptimo de salud y en el otro la muerte, además de existir una zona neutra en la que resulta difícil distinguir lo normal de lo patológico; esto conduce a una dinámica relación entre salud y enfermedad.
Piédrola et al. (1991), recoge otras miradas más sociológicas para la salud. Destaca por ejemplo la de Sigerist cuando planteaba que “la salud no es sólo la ausencia de enfermedad, sino que es algo positivo, una actitud gozosa ante la vida y una aceptación alegre de las responsabilidades que la vida hace recaer sobre el individuo” (Sigerist, 1946: 4), y la de Gol cuando definía la salud como una forma de vivir autónoma, solidaria y alegre (Gol, 1976).
Otros autores han querido ir más allá de los planteamientos anatómicos, fisiológicos o mentales. Por ejemplo Dubos (1995) definió la salud como la
habilidad de un individuo para funcionar de una manera aceptable para él mismo y para el grupo del que forma parte. Por su parte Illich la relacionó con la capacidad de adaptación al entorno cambiante; con la capacidad de crecer, de envejecer, de curarse; y con la capacidad de sufrir y de esperar la muerte en paz (Illich, 1986); esta autora consideraba la salud como un recurso aplicable a la vida cotidiana y no como el objetivo de esa vida, un concepto positivo que se apoya en los recursos sociales y personales y también en la capacidad física.
Y dado que el panorama de la salud empezó a cambiar en las décadas siguientes a la Segunda Guerra Mundial, gracias a los avances de la terapéutica, a la vigilancia sanitaria continuada y a la mejora en la calidad de vida, fueron apareciendo nuevas patologías, muchas de ellas agrupadas en las llamadas “enfermedades debidas a los estilos de vida” como son los problemas cerebrovasculares, el cáncer, la drogadicción, las enfermedades mentales y los accidentes de tránsito (Romera, 1996). Por eso y a partir de los descubrimientos en el terreno que relaciona la salud con los estilos de vida, se ha acentuado el papel del individuo y de las comunidades en la definición y construcción de su propia salud, y por tanto en la toma de conciencia de su nivel de autocuidado. Al respecto varios autores también han puesto de relieve la importancia de este tema al definir la salud en un marco de la promoción, desde los conceptos positivos y generales que ésta abarca, como se verá más adelante. Epp señalaba a la salud como un estado que tanto individuos como comunidades intentan lograr, mantener o recuperar; como una fuerza básica del vivir cotidiano y como una dimensión esencial de la calidad de vida, y anota: “la calidad de vida supone la oportunidad de elegir y de obtener
satisfacciones por el hecho de vivir. La salud se considera como un recurso que proporciona a las personas la capacidad de manejar e incluso modificar su entorno” (Epp, 1986: 26). Por su parte Perea señala que “el sentido de salud positiva se considera como un referente de acciones dirigidas no sólo al desarrollo de las capacidades de los individuos sino también a favorecer cambios ambientales, sociales y económicos en relación con la salud” (Perea, 2009: 19).
En conclusión, son numerosas las definiciones que en la actualidad se han formulado sobre la salud, unas más generales y otras más específicas, en concordancia con las áreas y con los fines de quienes las estudian y trabajan; pero eso sí, todas con un punto de referencia en el concepto de salud positiva establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS, 1948), el más universalmente citado. En la actualidad la salud no se entiende ya como la ausencia de enfermedad, sino que tiene alcances más profundos, como los establecidos desde la promoción de la salud donde ésta se define como un recurso para la vida diaria y no como un fin en sí misma.
Es así como surgen nuevas ciencias como la Salud Pública, encargada de la protección de la salud a nivel poblacional, y que busca mejorar la salud y erradicar las principales enfermedades que aquejan a las comunidades. Así, unas de las tareas principales de la Salud Pública es la Promoción de la Salud. Por eso en la mayoría de los Sistemas Sanitarios, los asuntos de Promoción de la Salud están encargados directamente a las áreas de Salud Pública, tal y como sucede con el Sistema Nacional de Salud en España donde es a este Departamento Ministerial (de Salud Pública) a quien corresponde las competencias en Promoción de la Salud en asocio directo con las direcciones
de Salud Pública de cada Comunidad Autónoma. En el caso de Madrid, específicamente los Centros de Madrid Salud han sido concebidos desde la función de Salud Pública y con el objetivo de trabajar específicamente la Promoción de la Salud.
Finalmente, es preciso anotar que la Teoría General de Sistemas y el desarrollo de la Ecología especialmente, han dado paso al desarrollo de todo un marco de referencia para la salud. Así, desde el punto de vista operativo, tal y como lo señalan Gómez y Rabanaque: “no cabe la menor duda que los conceptos ecológicos sobre la salud son los que mayor refrendo han obtenido. Además son los que están dando lugar al desarrollo de modelos que permiten conocer y trabajar mejor en el fomento de la salud” (Gómez y Rabanaque, 2000: 11-12). Estos modelos, incluidos en el siguiente subcapítulo, se han convertido en un referente para analizar la salud y sobre todo los factores que influyen en ella, los factores determinantes de la salud.