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Anteriormente se ha observado que este quinto método puede considerarse como una parte del método preterista; y parece que es bueno discutirlo como una división separada, por dos razones. Primera: porque el grupo del ala izquierda ha dejado unas ideas muy indeseables agregadas a todo el sistema preterista. Segunda: porque hasta algunos del grupo del ala derecha, con la cual este método tiene mucho en común, han sostenido que el Apocalipsis no tiene mensaje para nosotros, sino solo para quienes fueron los primeros en recibir el libro. Por lo tanto, parece que es prudente tratar el método de fondo histórico de interpretación como uno diferente, más bien que considerarlo como una división de otra división del método preterista. Considerado el método de fondo histórico como un método diferente de interpretación, merece más consideración que la que se le daría si se le considerara como una división del otro método, es decir, del preterista. Quizás la mejor manera de describir el método de fondo histórico es mostrar cuáles principios de interpretación siguen.

Ninguno de los métodos previamente discutidos tiene el derecho exclusivo sobre la interpretación del Apocalipsis. Cada escuela ha tenido entre sus numerosos defensores algunos que fueron hombres piadosos y eruditos. Cuando estudiamos las opiniones y procuramos seleccionar una que nos parece correcta, nos quedamos perplejos sin saber qué hacer, porque en cada una de ellas hay falacias notables. Los principios asentados aquí tal vez sugerirán un método en el que se combinen una parte del método preterista del ala derecha con una parte del método de la filosofía de la historia.

1. Este método hace recordar que el autor del Apocalipsis escribió su mensaje principalmente para la edificación de los cristianos de su misma época y para infundirles valor. Por lo tanto, quien siga este método debe hacer un cuidadoso estudio de las condiciones en que estaba la iglesia en ese tiempo; debe, además, conocer, tanto como le sea posible, al escritor del libro, las condiciones en que estaba cuando lo escribió, y la relación que tenía con quienes recibieron el mensaje. También, quien siga este método de interpretación, debe conocer la fecha aproximada del escrito; asimismo debe familiarizarse con las condiciones morales, religiosas, sociales y políticas que prevalecían en la época en que el libro fue escrito; por último digamos que debe conocer los pensamientos que el pueblo tenía cuando se enfrentaba a todas las perplejidades de una situación que parecía desastrosa.

Una indicación importante que puede servir como guía al intérprete, puede encontrarse en el propósito del libro y en las circunstancias históricas de su origen. El Apocalipsis está vertido en forma de carta para ciertas sociedades cristianas, y comienza con un relato detallado de sus condiciones y

circunstancias… El libro comienza con una situación histórica bien definida, y al fin se refiere otra vez a ella; y las visiones intermedias, que forman el cuerpo del libro, no pueden en ninguna teoría razonable quedar separadas de sus circunstancias históricas.18

El expositor indica a continuación que el libro proviene de circunstancias locales y temporales, que es la manifestación del Espíritu Santo para disipar los temores de los cristianos que a fines del primer siglo vivían bajo muchos peligros en Asia Menor, y que todo eso que arroja luz sobre Asia Menor desde el año 70 hasta el 100 de ese primer siglo y sobre el cristianismo de esa región en ese período es de primera importancia para el intérprete del Apocalipsis.

aquel en que vivió... Para las iglesias que eran perseguidas y sufrían, a las cuales Juan se dirigió, los meros detalles del futuro eran asuntos sin importancia; lo que los cristianos necesitaban era una nueva confianza en la idea de que el cristianismo tendría un futuro seguro sobre la tierra. Las dispensaciones y las figuras referidas a tiempos remotos no podrían haberlos auxiliado en condición tan desesperada; ellos necesitaban que la luz de la esperanza cristiana iluminara la época en que vivían.19

William Peter King agrega su punto de vista referente al Apocalipsis, junto con el de los escritores citados:

La finalidad del libro era aumentar el valor y la fe de los cristianos, haciendo que en su imaginación se representara vívidamente la caída del Imperio Romano, la victoria final del Reino de Dios y del Cristo triunfante... Uno se sorprende de como los adventistas se han persuadido de que la elevación y la caída de algún moderno papa o dictador podría haber dado algún consuelo y fortaleza a los cristianos primitivos tan severamente oprimidos.20

Al discutir el fondo histórico de este libro serán citadas otras autoridades que se adhieren a esta opinión, las que acabamos de mencionar son suficientes para indicar que el primer paso que se debe dar para entender este libro es entender su fondo.

2. El segundo principio de interpretación que debemos recordar es que este libro en su mayor parte está escrito en lenguaje simbólico. La palabra "símbolo" se deriva de los términos griegos sún que significa ''con", y el infinitivo bállein que significa "tirar", "lanzar", de lo cual se pueden tener las frases "tirar con" o "tirar o lanzar junto con..." Así pues, un símbolo es aquello que sugiere alguna otra cosa por razón de la relación o de la asociación que tiene con ella es un signo visible de algo invisible: como una idea o una cualidad. En este libro se usan los símbolos para describir o representar ideas abstractas que el escritor desea presentar a sus lectores.

El libro del Apocalipsis (después de los tres primeros capítulos) es un álbum de fotografías divinas, un álbum de bocetos espirituales, es una presentación pictórica, por medio de símbolos, de ciertos poderes que son la razón fundamental del desenvolvimiento histórico de la Iglesia Cristiana y de su interminable conflicto.21

Por esta razón no es posible seguir las reglas comunes de interpretación. Por lo general las palabras de cualquier pasaje de la Escritura deben entenderse en su sentido natural y llano, a menos que haya alguna razón por la cual se las deba considerar en sentido figurado. La

presunción es siempre en favor de un significado literal; si alguien lo hace de otra manera, debe declarar la causa para hacerlo. Este no es el caso en el libro del Apocalipsis: al tratar de este libro, que está presentado en forma pictórica, uno debe admitir que los símbolos deben

considerarse figuradamente a menos que haya una buena razón para considerarlos literalmente. Hay pocos lugares donde el lenguaje literal se usa en medio del simbólico; pero estos lugares se destacan como notable auxilio, así como las palabras griegas se destacan en un pasaje escrito en

inglés o en español.

El intérprete del Apocalipsis tiene que hacer frente a un doble deber en lugar de a uno solo. Cuando uno lee la historia bíblica de David y Goliat, puede ver al joven, al gigante, la armadura, la honda, y la victoria. Esta es una historia completa. Pero cuando uno lee en el capítulo doce del Apocalipsis lo referente a la batalla que Miguel y sus ángeles sostuvieron contra el dragón y sus ángeles, debe ver no solamente la historia sino también lo que simboliza. Esto no se debe aceptar como la información referente a la batalla que hubo en el cielo, en la cual Satanás perdió el puesto que tenía en los cielos en los tiempos prehistóricos; sino que se debe notar que el acontecimiento simboliza algún hecho o verdad en la vida espiritual o en la experiencia del cristianismo. El intérprete que empieza a creer que la mayor parte del

Apocalipsis es literal, comienza en el mal camino, y mientras más avanza en esta dirección, menos entenderá el libro.

El escritor usó estos símbolos para comunicar sus pensamientos a los iniciados que podían entender dichos símbolos, pero al mismo tiempo los usó para esconder tales

pensamientos a quienes no pertenecían al círculo de los cristianos. Esto último puede parecer que no es de mucha importancia en los tiempos presentes; pero las condiciones del tiempo en que el libro fue escrito revelan que eso era sumamente importante en aquel tiempo. El

significado de la mayor parte del simbolismo del Apocalipsis es completamente claro para los lectores modernos que desean verlo así. Hay algunos símbolos que no se entienden fácilmente y que se prestan para que haya mucha diversidad de opinión. En cuanto a estos símbolos no puede uno ser dogmático. Lo mejor que se puede hacer es procurar con ahínco descubrir lo que más probablemente significaron aquellos símbolos para quienes fueron los primeros en recibir el libro y aceptar eso como la más adecuada interpretación.

El simbolismo de este libro a menudo es misterioso y grotesco: algunas veces, para representar a los poderes paganos del mundo se usan bestias salvajes con características que por completo son contrarias a la naturaleza. ¿Por qué un animal debe tener siete cabezas, o diez cuernos, o los pies como de oso, y la boca como de león? (13:1, 2). Sin duda, nunca ha existido ese animal real y verdaderamente. Todos los esfuerzos combinados de P. T. Barnum y Robert Ripley no podrían haber producido tal ser viviente. El animal es presentado así para simbolizar que a un poderoso y depravado antagonista se le enfrenta la causa de la justicia en una batalla espiritual. Ningún método de interpretación puede llegar al verdadero mensaje del Apocalipsis a menos que reconozca y siga este simbolismo.

3. El tercer principio importante es que uno debe recordar que el Apocalipsis usa

terminología del Antiguo Testamento con significado especial en el Nuevo Testamento; por lo

mismo algunas figuras y expresiones del Antiguo Testamento pasan a través del libro del Apocalipsis. Algunos expositores han cometido el error de interpretar este lenguaje de la manera en que fue usado en el Antiguo Testamento; piensan que es inevitable que si una expresión significa una cosa en una parte de la Biblia, forzosamente debe significar la misma cosa en todas partes. Esto es una premisa falsa que conduce a incontables errores. Una expresión o símbolo significa lo que el autor quiere que signifique en el lugar donde lo usa. Juan se refiere a algunos de los animales mencionados en la profecía de Daniel y usa mucha terminología de Ezequiel; pero esto no quiere decir que en la interpretación significan la misma cosa: Juan ha adaptado todo eso de manera apropiada a su mensaje. Mucho del

dispensacionalismo que ha estorbado el progreso de la interpretación se debe a la creencia de que el Apocalipsis predice la "septuagésima semana" de Daniel, solo porque algunos de los términos son los mismos. El Nuevo Testamento es principalmente un libro cristiano, no un

libro del judaísmo; el mensaje que presenta es suyo, es propio, ya sea que haya adaptado el lenguaje del Antiguo Testamento, o el de los libros apócrifos, o que todo sea original de Juan.

4. Para descubrir el verdadero significado del Apocalipsis, uno debe procurar

considerar las visiones o la serie de visiones como un todo, sin poner mucho énfasis en los

pormenores del simbolismo. Previamente se ha hecho notar que muchos de los pormenores se usan para producir efectos dramáticos y no para agregar nada al significado de un pasaje. Puede ser que los detalles de una visión tengan algún significado; pero en el mayor número de los casos se usan únicamente para llenar la escena. Este mismo principio se aplica a la

interpretación de las parábolas y frecuentemente a los libros políticos. Por ejemplo, obsérvese en el Salmo 91: 5, 6:

"No tendrás temor de espanto nocturno, Ni de saeta que vuele de día;

Ni de pestilencia que ande en oscuridad,

Ni de mortandad que en medio del día destruya."

Pieters dice acerca de esta exhortación:

Esto es hermoso y cierto si se considera en conexión con todo el propósito del Salmo, y sirve para vigorizar con detalles concretos la idea de que el creyente siempre está bajo el protector cuidado de Dios. Pero, al considerar cada uno de los detalles por sí mismo, se descubrirá que eso no es cierto: pues los creyentes mueren en los campos de batalla, y enferman de enfermedades contagiosas, como otra persona cualquiera. No se quiere decir que es una realidad lo que se dice en los detalles: estos se usan para producir un efecto acumulativo al asegurar a los hombres que Dios tiene cuidado de quienes confían en el.22

De semejante manera en el Apocalipsis se agregan los detalles para hacer una tremenda impresión con las cosas que se discuten. Lo que dice Apocalipsis 6:12-17 produce una

abrumadora impresión de humano terror y de ruina y destrucción inminentes. Esto es suficiente sin inquirir el minucioso simbolismo de las estrellas que caen, del apartamiento de los cielos, ni el del traslado de los montes. La mejor manera de proceder es encontrar la verdad central y dejar que los detalles se acomoden de la manera más natural.

5. El quinto principio de interpretación está sugerido por Pieters al hacer énfasis en el hecho de que el Apocalipsis está dirigido especialmente a la imaginación. Podemos decir que los libros de la Biblia se dirigen a las diferentes facultades del hombre, por ejemplo: la Epístola a los Romanos a la razón, los salmos a las emociones, etc. De un modo semejante, el

Apocalipsis se dirige a la imaginación. A medida que el expositor vaya leyendo el libro del Apocalipsis, debe procurar ver con los ojos de su mente los varios episodios que están avivados con aspectos dramáticos, casi como si estuviera en Patmos con Juan y viera tales episodios; debe rendirse ante la majestad del movimiento de Cristo cuando camina entre sus iglesias destrozadas y tiene posibilidades para sanar las heridas que ellas sufren. Si el lector no puede rendirse, perderá los mensajes más grandes del Apocalipsis. El hombre que no tenga una imaginación fecunda, o que la tenga y se niegue a usarla, hará bien en abandonar este libro. Este libro fue escrito para presentar su mensaje por medio de la creación de una impresión, y esta impresión se realiza cuando uno se doblega ante el drama que se desenvuelve ante él en el

escenario del Asia Menor durante los años 90 al 96 de la era cristiana. Cuando la representación termina y cae el telón después de la reverente oración del escritor sagrado —"Sea así. Ven, Señor Jesús."— uno queda bajo una dominante impresión de majestad, de reverencia, y de temor. Juan siente la seguridad de la victoria a pesar de las aparentemente insuperables diferencias; sabe, sin dudas ni reservas, que, venga lo que viniere, Cristo es supremo, y que ningún poder le quitará la victoria que legítimamente es suya.

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