MALE INFERTILITY IN SCRIPTURE
3.8. Infertility as a couple’s problem
fig. 1. Naturaleza amenazante.
Fondo LMB.
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el colegio de los Marianistas situado en dicho barrio, desde su inicio en Madrid, primero en la calle Goya y después en la de Castelló. Por tanto este barrio y los Marianistas son dos constantes a lo largo su vida. Admiraba el barrio, especialmente antes de que se produjera la invasión del automóvil en los años 1960 y su terciarización a partir de los 1980: su trazado geométrico, sus calles diferenciadas dentro de un conjunto armonioso, y en fin, sus edificaciones individualizadas en cada parcela pero respetuosas con las colindantes y con el contexto general. Por otra parte los Marianistas son probablemente los que más trabajo le encargaron escalonadamente en el tiempo, porque además de la extensa obra del Escolasticado, en dimensiones y en tiempo (1942-1972), proyectó el Colegio del Niño Jesús (1960), el cual marca una nueva tendencia en su vida profesional, además realizó el interesante proyecto del “Pabellón de Preu”, en el Colegio de Castelló (1965), el Colegio Mayor Chaminade (1965), y el Colegio de Enseñanza Media de Ciudad Real.
Moya fue educado en una familia con una ética decimonónica: honradez, seriedad profesional y moral puritana capaz de sublimar su fuerza vital a través de su religiosidad, lo cual explicaría, por otra parte, la prioridad que daba al sentido de la vista por encima de los otros, especialmente el tacto. Desde muy pequeño desarrolló una enorme capacidad intelectual que unida a su laboriosidad, le llevó a su extensa producción, sin repeticiones y muy original. Supo recoger de su familia las componentes, técnica, especialmente constructiva, y artística.1 En él confluían la racionalidad y la intuición, con predominio de la primera sobre la segunda. Por ello sus instrumentos preferidos para pensar eran la geometría y el dibujo constructivo. Su oratoria era clara y sencilla a la par que profunda, basada en un gran conocimiento, por lo que era un buen profesor que sin imponerse dejaba una honda huella intelectual en sus alum- nos. Sólo exponía aquello que estaba claro en su pensamiento. Pero añadamos que al igual que otras personas introvertidas, tenía mucha capacidad para el monólogo y menos para el diálogo. Probablemente la religión era su refugio para la introversión y la reflexión personal, pero sobre todo era su guía espiritual y su fuente de inspiración. Consiguió convertirse en un destacado experto en liturgia. Cuando ésta cambia, de acuerdo a las directrices del Concilio Vaticano II (1962-65), unido a su conocimiento del mundo clásico: filosofía, arte y arquitectura, le procuró la mayor parte de sus encargos provenientes de la Iglesia, con preferencias habitualmente tradicionales.
Nunca se consideró un artista a la manera que tiene su origen en el romanticismo decimonónico, el que procede de la manifestación de los sentimientos, porque aborrecía dicha manifestación, pero además consideraba que si algo de lo que hacía resultaba artístico era como mero ejecutor de Dios. No concebía que se produjera arte más que como decantación del proceso artesanal que constituía la arquitectura, y como tal debía ser útil y bien construida. Podemos decir que es un pensamiento socrático, recogido fielmente en el Renacimiento, de tal manera que la belleza es una sublimación de la función, o en palabras sencillas del arquitecto William Richard Lethaby (1857 –1931), vinculado al movimiento Arts and Crafts, y a las instituciones británicas de protección del patrimonio “El arte consiste en hacer bien aquello que se debe hacer”. Moya se propuso siempre hacer bien las cosas, porque su sentido del deber se lo imponía como una obligación humanista, que él diría religiosa.
1. Nació en 1904 de un padre del mismo nombre, ingeniero de caminos, autor del depósito de Santa Engracia del Canal de Isabel II; Juan Moya, hermano de su padre, era arquitecto conservador del Palacio Real y con obras como el Seminario de las Vistillas; Emilio Moya, hijo del anterior, fue Director de la Academia de España en Roma y especialista en la restauración de monumentos como el Museo de Escultura Policromada de Valladolid; y el pintor Gutiérrez Solana, primo de su madre, le enseñó a pintar. Su hermano Ramiro, arquitecto y con clara vocación artística, trabajó en su Estudio hasta los años 1960 y después se dedicó a la restauración de monumentos; sus hermanos Manuel, ingeniero de caminos y Juan, ingeniero indus- trial con especialidad en el cálculo de estructuras, colaboraron puntualmente con él (este último en la Laboral de Gijón entre otras).
1. Nació en 1904 de un padre del mismo nombre, ingeniero de caminos, autor del depósito de Santa Engracia del Canal de Isabel II; Juan Moya, hermano de su padre, era arquitecto conservador del Palacio Real y con obras como el Seminario de las Vistillas; Emilio Moya, hijo del anterior, fue Director de la Academia de España en Roma y especialista en la restauración de monumentos como el Museo de Escultura Policromada de Valladolid; y el pintor Gutiérrez Solana, primo de su madre, le enseñó a pintar. Su hermano Ramiro, arquitecto y con clara vocación artística, trabajó en su Estudio hasta los años 1960 y después se dedicó a la restauración de monumentos; sus hermanos Manuel, ingeniero de caminos y Juan, ingeniero industrial con especialidad en el cálculo de estructuras, colaboraron puntualmente con él (este último en la Laboral de Gijón entre otras).
Forma-construcción en la arquitectura religiosa de Luis Moya Blanco · 93 Su ideología conservadora tuvo algunos brotes radicales, que dentro de su personalidad
racional, comedida y liberal, resultaban exabruptos intelectuales, con posturas muy reaccionarias que chocan con el uso que habitualmente hacía de la razón. Especialmente ocurría poco después de una Guerra Civil pasada en Madrid en un ambiente de ideología opuesta. Es comprensible que así ocurriera teniendo en cuenta el período histórico que le tocó vivir, y posteriormente una España con un régimen dictatorial en connivencia con la Iglesia claramente alineada con la derecha recalcitrante, con la que él se sentía vinculado vital y laboralmente. Afortunadamente sus posturas más irracionales no se manifestaron en su arquitectura ni sobre todo en la enseñanza que impartió, sin dogmatismos y abierta. Todo ello demuestra su posición intelectual coherente con el talante liberal decimonónico con el que había sido educado en su familia.
Sirvan estas breves notas sobre un carácter tan complejo como el de Moya, para entender o explicar mejor su visión y práctica de ordenación del espacio urbano, propósito de estas líneas.