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Según la Organización Mundial de la Salud, en el siglo XVIII empiezan a aparecer los primeros movimientos humanistas que intentan cambiar el modelo de atención dado a las personas diagnosticadas con trastornos mentales (OMS, 2003). Por su parte, Bertolote (2008), expone que antes del surgimiento de dicho concepto, en los años de 1908 en Estados Unidos se empezó hablar del movimiento de “higiene mental”, concepto acuñado por el autor Clifford Beers, bajo la sugerencia de Adolf Meyer y el cual se popularizó hacia 1909 gracias a la creación del National Commission of Mental Hygiene. Lo que intentaba Beers bajo este modelo, era “humanizar la atención de los locos” por medio de la erradicación de los abusos, las brutalidades y desatención que tradicionalmente se les había causado a los enfermos mentales” (Bertolote, 2008, p.113). Este proceso conocido como desinstitucionalización, provocó que muchos hospitales que funcionaban bajo el modelo manicomial, fueran cerrados hacia los años 50 para dar apertura a un modelo de atención comunitaria que permitiría la reducción de pacientes crónicos en los hospitales de psiquiatría y que por el contrario, pasarían a ser atendidos bajo alternativas de servicios de SM comunitarios. (OMS, 2003).

La British National Association for Mental Hygiene organizó el Primer Congreso Internacional de Salud Mental en Londres del 16 al 21 de agosto de 1948. Se inició como Conferencia Internacional de higiene mental y terminó en una serie de recomendaciones para la SM. A lo largo de las conferencias se aprecia cómo se utilizan indistintamente los términos de higiene y salud, con el adjetivo mental, en ocasiones en el mismo párrafo, sin ninguna distinción conceptual clara. Sin embargo, en las 17 páginas de recomendaciones de la conferencia, apenas se utiliza el término higiene. Al final del congreso, el International

Committee on Mental Hygiene fue reemplazado por la World Federation for Mental Health. (Bertolote, 2008, p.114)

Lo descrito hasta aquí, permite comprender, cómo el concepto de SM se construyó en una época en la que la principal prioridad era instaurar un cambio al modelo de atención basado en la atención psiquiátrica.

Hacia el año de 1961, la SM se incorpora como área de experiencia técnica a la estructura de la Organización Panamericana de la Salud bajo la dirección del especialista Jorge Velasco Alzaga quien en su labor se dedica a conocer la condición de la SM en los países que la integran. Producto de esta tarea se realizan dos encuentros regionales en países como México (1962) y Argentina (1964). Dichos encuentros permiten conocer la situación de la “Salud Mental” en relación a los problemas de atención psiquiátrica en los hospitales de la región, las tasas de mortalidad relacionadas con los trastornos mentales y las admisiones institucionales. Como conclusión de ambos diálogos, se realizan algunas críticas a la hospitalización en instituciones psiquiátricas y se recomienda incorporar la atención psiquiátrica a los sistema y actividades de salud pública” (Organización Panamericana de la Salud, 2016).

En los años posteriores, se siguen realizando diferentes encuentros en los que se critica el modo de atención psiquiátrica y se propende porque se ofrezcan modelos alternativos de tratamiento de las enfermedades mentales como parte de los programas de salud pública. Fue entonces que para el año 1969 en el Grupo de trabajo sobre administración de servicios psiquiátricos y de salud mental convocado por la Organización Panamericana de la Salud (44 participantes, 22 observadores, 22 países de América Latina y el Caribe) se recomendó que:

La integración de los programas de SM en el contexto de la salud pública, la promoción de la participación de las comunidades, la participación de pacientes y familiares en la planificación y prestación de servicios y la modificación de la legislación existente en relación con la salud mental (OPS, 2016: p. 7)

A partir de allí se empieza a percibir la necesidad de un cambio de paradigma en el campo de la SM, pues se reconoce la importancia de la participación de la familia y la comunidad en los procesos de sanación de los enfermos mentales. Por otro lado, empieza a considerarse este como un asunto de Salud Pública.

En los años posteriores, se empiezan a implementar modelos demostrativos de la SM comunitaria con el apoyo de la OPS/OMS en países como Honduras, Brasil, Chile, Panamá, Colombia y Perú. Sin embargo, hasta en 1990 en la Conferencia de Caracas se expide la Declaración, por medio de la cual se enfatiza en que “la atención convencional, centrada en el hospital psiquiátrico, no permitía alcanzar los objetivos compatibles con una atención comunitaria, descentralizada, participativa, integral, continua y preventiva” (OPS, 2016, p. 15). Este hecho marca un precedente importante en la configuración de la SM, pues aunque no se desliga de la enfermedad o trastorno mental, se empieza hablar de prevención, de una atención comunitaria integral y participativa, así como a hacer parte de la agenda gubernamental de los países de la Organización Panamericana de la Salud.

Cabe resaltar, que paralelo a los cambios que se fueron dando a nivel mundial frente al tema de la SM, en Colombia, hacia el año de 1998 se crea la primera Política Nacional de SM, posterior a ello en el año 2013 se crea la Ley 1616 de SM, a partir de la cual se entiende ésta, como “un derecho, prioridad y asunto de interés Nacional” (Ministerio de Salud y Protección Social, 2014, p.2).

¿Qué es entonces salud mental?

Después de lo expuesto anteriormente sobre la transición que ha tenido la SM a lo largo de la historia, es importante mencionar que el concepto de SM es un concepto que aún no está plenamente definido. Según Hernández, Restrepo y Cuartas (2014) aunque teóricamente se hayan desarrollado conceptos integrales de SM, estos no han sido llevados a la práctica de forma masiva generando un desconocimiento. Es por ello que lo que se intenta desde esta investigación, es llegar a una aproximación sobre este, teniendo en cuenta los diferentes planteamientos que surgen desde la OMS y otros autores que han hablado del mismo. Esto, iniciando por una visión amplia del concepto hasta lograr construir una idea del mismo en relación con el campo de lo comunitario, enfoque del presente estudio.

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la SM se entiende como “un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad” (OMS, 2013.p.7) Por su parte, Ortiz (2015) amplía el concepto ya

que entiende la SM como la forma en la que se busca mantener el equilibrio integral en la relación que se tiene con el cuerpo, en lo psicológico, que comprende los pensamientos, emociones, sentimientos, conductas y comportamientos. De igual forma en lo espiritual, donde se ubican las creencias ideologías, cosmovisiones y religión. Al mismo tiempo, comprende una dinámica externa que abarca el área social, donde se ubica la relación con la familia, los amigos, pares, pareja, grupos, comunidad y sociedad en general. En lo espacial, que comprende la relación con el entorno y el medio ambiente y finalmente en lo local y temporal, es decir, dentro de un contexto socio histórico.

Como se puede observar, el concepto de la SM es totalmente amplio y se relaciona con la parte corporal, emocional, psicológica y relacional, las conductas que los sujetos tienen consigo mismos, con otros y con su medio ambiente dentro de un contexto que los condiciona. De aquí que se entienda la SM, no como un concepto general y universalizado, sino que depende de la cultura, de los significados compartidos y de la forma en la que los sujetos ven su propia realidad.

Por otro lado, para aproximarse a un concepto sobre SM comunitaria, las investigadoras se basan en los planteamientos de Gaviria y Munera (2013) para quienes la SM es una condición fundamental para el desarrollo de los individuos como seres sociales y productivos y por ello, del bienestar general de las personas, las sociedades y los países (p.11). En este sentido, las autoras dicen que es necesario que laconcepción actual de SM trascienda de:

La ausencia de enfermedad e implique un concepto positivo que incluye tanto la vivencia intrapersonal como la experiencia interpersonal, intrafamiliar y comunitaria que se da en las relaciones efectivas y armónicas del individuo con los otros y con su ambiente. Una buena SM permite que las personas tengan competencias para manejar su propia vida, abriguen sentimientos positivos de felicidad y autoestima y posean aptitudes para amar y relacionarse armónicamente, disfrutar y divertirse, trabajar productivamente y superar las dificultades y penas que se le presentan en el transcurso de la vida. (p.10)

Desde una visión positivista, exponen que la SM comunitaria está condicionada por diferentes factores que pueden aportar al mejoramiento de aspectos relacionados con:

El bienestar integral individual y colectivo de las personas o grupos poblacionales, su calidad de vida, su capacidad para afrontar la adversidad, la toma de decisiones

constructivas y sentimientos que favorezcan el establecimiento de relaciones satisfactorias y procesos de solidaridad. (Gaviria y Munera, 2013. p.8)

Se puede entender entonces que según dichas autoras, la SM comunitaria se desarrolla teniendo en cuenta los siguientes ámbitos:

- “El ámbito de las vivencias subjetivas (de bienestar y sus múltiples causas). Relacionada con la forma de relacionarse consigo mismo desde sus deseos, habilidades, ideales, creencias, sentimientos, entre otros (p.11).

-El ámbito de las relaciones personales y sociales. (intersubjetividad). Relacionado con la forma y posibilidad de encuentro con otros (p.11).

-El ámbito de la relación con lo otro: el medio ambiente y el entorno sociocultural” (p.11) Finalmente, se exponen los planteamientos de Silvia Berman (citada en Oramas, 2006) quien menciona que “la salud mental consiste en el aprendizaje de la realidad para transformarla a través del enfrentamiento, manejo y solución integradora de conflictos, tanto internos de los sujetos como los que se dan entre él y su medio” (p.34). En un sentido similar, se puede observar lo que dice la autora en la manera en que los líderes hacen frente al diario vivir, desarrollando capacidades que permiten resolver dichos conflictos como se verá más adelante.