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6.5 The Proposed Solution

6.5.3 The Initial Version Of the Protocol

La oración por medio de los Ejercicios no suele ser una progresión lineal en la que se experimenten las gracias en un fluir secuencial y ordenado. Más bien, imagina los Ejercicios como una espiral siempre creciente de gracia. Volvemos una y otra vez a las gracias y percepciones, meditaciones y contemplaciones, deseos y razonamientos clave saboreando cada uno y adentrándonos cada vez más en el misterio de quién es Dios y quiénes somos nosotros ante Dios.

En la Contemplación de la llamada de Cristo, nuestro rey, oímos la llamada de Cristo de trabajar con él en misión. Esta semana seguimos mirándolo, apreciando en qué consiste esa misión. En la Meditación de dos banderas, consideramos cómo Jesús desempeña su misión en pobreza, humildad y autoentrega. En la Meditación de tres clases de personas, reflexionamos sobre la libertad interior y el compromiso necesarios para seguir a Jesús más de cerca. Todas estas meditaciones nos llevan de vuelta al comienzo, al Principio y Fundamento, que nos recuerda que permanezcamos centrados en nuestra misión más básica: alabar, amar y servir a Dios.

Esta semana rezamos por medio de otra meditación, las Tres maneras de humildad, que aumenta las gracias pedidas en las meditaciones anteriores. Recuerda que la humildad cristiana no consiste en despreciarte; odiarse a uno mismo equivale a no hacer honor a la bondad de la creación de Dios que hay en nosotros. La humildad auténtica es una forma de amar a Dios y a nosotros mismos. La persona humilde reconoce su dependencia y necesidad de Dios, y por eso es otra expresión de la pobreza espiritual. La persona humilde acoge la verdad liberadora de nuestra humanidad: nosotros no somos el centro del universo, ¡lo es Dios! La humildad auténtica nos ayuda a gozarnos en lo que somos y en Aquel de quien somos, con todos nuestros dones y limitaciones.

Las tres maneras de humildad no son en realidad más que tres formas o grados de amor a Dios. Recuerda que, para Ignacio, siempre es importante el magis, el «más»: buscamos la manera más grande de amar. En esta búsqueda, averigua si estás resistiéndote a la invitación de Jesús. Si es así, presta atención a las raíces de la resistencia.

Oración para la semana

Pido la siguiente gracia: conocer a Jesús más íntimamente, amarlo más intensamente y seguirlo más de cerca.

Día 1

Lee Lucas 19,1-10 (Jesús llama a Zaqueo). Imagina esta escena. Jesús ama mediante la solicitud por los que están marginados: «Este Hombre vino a buscar y salvar lo perdido». Nota cómo ama Jesús al publicano.

Día 2

Lee Lucas 7,1-10 (curación del criado del centurión). Jesús ama haciéndose cargo de las necesidades de la gente con la que se encuentra. Observa cómo Jesús se hace cargo del centurión y su criado. Trae tus propias necesidades a Jesús. Nota también cuán libre es el centurión: un soldado romano y no judío que es benévolo con su propia autoridad y respetuoso de la autoridad de Jesús.

Día 3

Lee Marcos 5,21-43 (cura de la mujer que padecía hemorragias; resurrección de la hija de Jairo). ¿Cómo ama Jesús a los que encuentra en estas escenas? ¿Te identificas con alguien de las escenas?

Día 4

Repetición de cualquiera de los pasajes bíblicos anteriores. Acuérdate de incluir un coloquio en tu oración.

Día 5

Tres maneras de humildad (EE 165-168). Ignacio nos invita a considerar tres maneras de

humildad, que se sitúan en una gama de grados diversos de amor a Dios:

En la primera manera de humildad, expresamos nuestro amor a Dios cumpliendo nuestro deber y siguiendo la ley de Dios. Evitamos el pecado grave porque no queremos hacer nada que nos separe de Dios. Amamos a Dios como Creador nuestro, como Señor

del universo, pero este amor puede verse entorpecido por el miedo y la cautela excesiva en el obrar.

En la segunda (y «más perfecta») manera de humildad, como en la primera, amamos a Dios cumpliendo la ley de Dios y evitando el pecado. Pero también buscamos la indiferencia. Cultivamos una actitud de libertad interior, encontrando un equilibrio en nuestros deseos y apegos de tal forma que hagamos lo que Dios quiere de nosotros. Usamos nuestro buen juicio y observamos con esmero nuestras motivaciones. Estamos enamorados de la visión de Cristo sobre nosotros y sobre nuestro mundo, pero tendemos a mantener una distancia respetuosa. Somos fervorosos, pero nuestra respuesta, aunque sincera, todavía no es incondicional.

En la tercera (y «perfectísima») manera de humildad, vamos más allá de seguir la ley de Dios y de hacer juicios razonados –buenas cosas ambas– y experimentamos un sentido deseo de imitar a Cristo más estrechamente. No nos contenemos. Sencillamente, queremos estar donde esté Jesús, sea cual sea el precio. En palabras de Ignacio:

«Cuando, incluyendo la primera y la segunda, siendo igual alabanza y gloria de la divina majestad, por imitar y parecer más actualmente a Cristo nuestro Señor, quiero y elijo más pobreza con Cristo pobre que riqueza, oprobios con Cristo lleno dellos que honores, y desear más de ser estimado por vano y loco por Cristo, que primero fue tenido por tal, que por sabio ni prudente en este mundo» (EE 167).

En esta tercera manera de amar, pedimos el deseo de experimentar en nuestra vida lo que Jesús experimentó en la suya. No buscamos la pobreza, el desprecio ni el escarnio por sí mismos, sino para unirnos más a Jesucristo, a quien amamos. Por amor, tanto deseamos estar con Cristo y vivir según sus valores (su «bandera») que aceptamos todo lo que nuestro compromiso conlleve. Nos volvemos indiferentes a los resultados según el juicio del mundo. La tercera manera de humildad nos recuerda lo contracultural que puede ser el Evangelio. Amar de cualquiera de estas maneras –pero, sobre todo, de la tercera– es un don de Dios.

Pregunta: ¿Cómo he amado en los grados descritos en la Meditación de las tres

maneras de humildad? Día 6

Lee Marcos 12,28-34. Escucha a Jesús articular los grandes mandamientos del amor. Repasa la tercera manera de amar. Pide la gracia de amar de esta forma. Pregunta: ¿He

visto semejante forma de amar en mi vida? ¿De qué modo me resisto a amar o ser amado?

Día 7

Repetición de cualquier día.

Para reflexionar más

«El santo no se parece a nadie, precisamente porque es humilde… La humildad consiste en ser precisamente la persona que realmente eres ante Dios, y, puesto que no hay dos personas iguales, si tienes la humildad de ser tú mismo no serás como nadie más en el universo entero…».

«Al hombre humilde no le desconcierta la alabanza. Puesto que ya no se preocupa de sí mismo, y puesto que sabe de dónde viene el bien que está en él, no rehúsa la alabanza, porque pertenece al Dios a quien ama, y al recibirla no guarda nada para sí, sino que se la da toda, y con gran gozo, a Dios».

SEMANA DEORACIÓN 20: