6.7 Secure Vertical Handover in Mobile Ethernet
6.7.2 Protocol Analysis and Security Considerations
Ignacio pretendía que los Ejercicios ayudaran a la gente en la toma de decisiones importantes. Ignacio nos ofrece consejo en la parte de los Ejercicios conocida como «la Elección». En particular, menciona la elección de casarse o de entrar en la vida religiosa. Además de estas decisiones, los Ejercicios han ayudado a la gente hacer muy diversas elecciones relativas a la carrera, la familia, las relaciones y el estilo de vida. Para algunos, puede que la cuestión no sea una decisión concreta. Más bien, es posible que deseen profundizar su identidad en Cristo, un sincero compromiso que influirá en su modo de vida posterior al retiro.
La Elección no es aplicable a elecciones básicas entre el bien y el mal; la persona que hace los Ejercicios ya ha elegido seguir el camino de Cristo. Antes bien, la Elección se aplica a compromisos nobles y a elecciones entre dos o más opciones buenas.
La Elección se hace ya avanzado el retiro, después de haber echado los cimientos. Hasta ahora, nuestra oración nos ha predispuesto a tomar mejores decisiones y elegir los valores crísticos. Poniendo en práctica el Principio y Fundamento, hemos intentado volver a centrar nuestras vidas, fijando nuestros deseos y nuestras intenciones en la alabanza, el amor y el servicio a Dios por encima de todas las cosas. Practicando el arte del discernimiento, hemos adquirido mayor conciencia de cómo actúan en nosotros el espíritu bueno y el espíritu malo. Rezando por medio de la Escritura, hemos pedido ver, oír, pensar, sentir, elegir y actuar como Jesús.
Por todo el camino hemos rogado la indiferencia, es decir, la libertad respecto de cualquier afecto desordenado que obstaculice la llamada de Dios y nuestra sincera respuesta a ella. Hemos aprendido a replantear las preguntas «¿Qué debo hacer? ¿Qué quiero?» y, en su lugar, preguntar «¿Qué desea Dios para mí y para el mundo? ¿Cómo puedo servir mejor a Dios y a los demás? ¿Cómo me está invitando Dios a una vida con más sentido y más alegría?». Nuestra visión miope se transforma así en la visión de Dios nuestro Creador, que mira al mundo necesitado, y en la visión de Jesús, enviado a salvarnos en nuestra necesidad.
No nos apresuremos a contestar a estas preguntas. Esperamos a Dios. Antes de concentrarnos en los detalles de nuestra llamada, dirigimos la atención a Aquel que nos llama, a Aquel que nos crea, ama, perdona y alienta, al Dios cuya revelación más plena es Jesucristo. La base de los Ejercicios es que Dios se comunica con nosotros de forma única y personal y que podemos llegar a conocer a Dios rezando sobre la Escritura, abrazando la tradición y los sacramentos de la Iglesia y valiéndonos de nuestro intelecto y nuestra imaginación. Buscamos a Dios en la creación, en las otras personas y en los deseos más profundos de nuestro corazón. A veces encontramos a Dios de manera muy dramática, pero con frecuencia es en lo más ordinario de la vida cotidiana donde Dios revela lo que él quiere para nosotros.
Tradicionalmente, la Iglesia habla de «encontrar» o «hacer» la voluntad de Dios. Tales expresiones reconocen que Dios es nuestro creador y que la sabiduría de Dios supera la nuestra. La voluntad de Dios, sin embargo, no es algo que se nos imponga desde fuera. Puesto que estamos creados a imagen de Dios, él está presente en el núcleo más profundo de nuestro ser. Así pues, podemos discernir la voluntad de Dios en
nuestros deseos más profundos; esta es la novedosa intuición de Ignacio. Los Ejercicios
nos ayudan a cribar los deseos superficiales y fugaces y quedarnos con los anhelos hondos y santos. Al final, nuestros deseos más profundos y los que Dios tiene para nosotros no son opuestos, sino que son una misma cosa.
Con una visión más aguda, mayor libertad y un corazón que discierne mejor, estamos mejor preparados para las elecciones y compromisos concretos. Ignacio describe tres situaciones en las que se toma una decisión (o se hace una elección):
1. La primera situación es un tiempo de claridad. En circunstancias que pueden ser o dramáticas o muy ordinarias, Dios nos enseña el camino a seguir con una decisión tal que sabemos con gran confianza que estamos siguiendo a Dios. Durante este tiempo, somos incapaces de dudar la certeza de la elección (aunque la duda puede venir más tarde). Damos gracias a Dios por tales tiempos de convicción bendita.
2. La segunda situación carece de esa claridad. Experimentamos movimientos opuestos de certeza y duda, consolación y desolación espirituales, fuerza y debilidad. Tales vaivenes son comprensibles, porque a menudo los tiempos de
elección son momentos de conversión personal que podemos tanto anhelar como rechazar. Aquí aplicamos las Reglas para el discernimiento de espíritus para hacer una elección. Son las reglas que gradualmente hemos aprendido y practicado a lo largo del retiro. Queremos elegir o comprometernos partiendo de la experiencia de la consolación espiritual auténtica y evitar actuar desde la desolación espiritual. Acude a un consejero espiritual de confianza para que te ayude a aclarar esos diversos movimientos interiores.
3. En la tercera situación, no experimentamos ningún movimiento fuerte en un sentido u otro. Estamos tranquilos. Para hacer una elección en esta situación, empleamos nuestra razón, iluminada por la fe e informada por la libertad. Primero pedimos que nos guíe el Espíritu, y recordamos nuestra intención primaria de alabar, amar y servir a Dios en toda decisión que tomemos. Después hacemos uso de los siguientes ejercicios para ayudarnos a tomar una decisión con mayor confianza y claridad:
• Sopesa las ventajas y desventajas de aceptar un proceder sugerido y los pros y contras de rechazarlo.
• Considera qué consejos darías a otra persona que se enfrentara a la misma elección.
• Imagina que estás en tu lecho de muerte, perspectiva cuyo objeto es aportar libertad y claridad a tu decisión. Desde el punto de vista de la muerte, desde donde se ve todo lo demás en su justa medida, considera qué te gustaría haber elegido.
• Imagínate delante de Cristo en el juicio, cuando tu vida haya terminado, hablando con él de la decisión que tomaste. Desde ese punto de vista, considera qué te gustaría haber elegido.
También puedes probar a conducirte durante un día como si hubieras tomado determinada decisión, para ver cómo te sientes.
Después de tomar una decisión, Ignacio insiste en que oremos pidiendo la
confirmación de la decisión. No hay un momento fijado para hacerlo; no podemos
conforme vayamos intensificando nuestro compromiso con Cristo en su pasión, muerte y resurrección.
Una vez ofrecida la decisión a Dios, busca señales de confirmación:
• ¿Experimentas consolación espiritual (por ejemplo, el sosiego de la mente y el corazón o un deseo más profundo de estar con Cristo) cuando consideras el compromiso o la elección?
• ¿Te lleva a la misma conclusión tu razón guiada por el Espíritu? ¿Te da una nueva percepción que aumente tu confianza en la elección que has hecho?
• ¿No ha surgido en tu oración ni en tus pensamientos nada que te haga cuestionar seriamente la decisión?
No actúes si estás experimentando ansiedad, confusión o tristeza indebidas.
Hacer una elección, como el discernimiento de espíritus, es más un arte que una ciencia. Requiere práctica. Es difícil elegir entre dos o más opciones buenas. Las Reglas para el discernimiento de Ignacio y sus métodos de elección nos pueden ayudar a tomar decisiones que conduzcan a mayor fe, esperanza y amor. En una cultura que huye del compromiso y posterga las decisiones, nosotros oramos pidiendo sabiduría, prudencia y coraje para la elección. Aunque sea de sabios tomarse un tiempo para adoptar una buena decisión, no debemos posponer tanto las decisiones que perdamos las oportunidades de crecer. Dios estará con nosotros sea cual sea el camino que elijamos.
Al final, tomamos una decisión en la esperanza. Si hacemos un buen discernimiento y recibimos confirmación, podemos confiar en que esa es la manera en que Dios pide que utilicemos nuestra libertad aquí y ahora. Puede que en el futuro pase algo que requiera otro discernimiento por nuestra parte, pero tales acontecimientos no deben socavar nuestra confianza en el discernimiento inicial.
Una vez hecha una elección, no hay ninguna garantía de que vayamos a tener éxito (como la cruz nos enseña) ni de que en efecto podamos hacer lo que queremos (Ignacio estaba convencido de que había de pasar la vida en Tierra Santa, pero en su primer intento le ordenaron marcharse; y más tarde, con sus compañeros, no consiguió encontrar pasaje seguro hasta allí). Seguimos lo mejor que podemos las pautas de Dios y
luego confiamos en que él esté con nosotros en nuestras tomas de decisiones y nos lleve hasta donde tenemos que ir, aunque sea dando rodeos.
Para reflexionar más
Como hemos visto, la Elección puede ser un ejercicio para determinar tu vocación en la vida. Frederick Buechner, popular teólogo, escritor y ministro presbiteriano, ofrece una de las definiciones más citadas de la vocación: «El sitio al que Dios te llama está donde coinciden tu profunda alegría y la profunda hambre del mundo».
De modo parecido, el reverendo Michael Himes[32], del Boston College, condensa
el discernimiento de la vocación en las tres preguntas siguientes: ¿Qué me da alegría? ¿Se me da bien? ¿Lo necesita el mundo? Este tipo de discernimiento nos obliga a ahondar mucho en nuestro interior, ser sinceros en cuanto a nuestros dones y limitaciones y ser generosos con lo que tenemos.
LA «TERCERA SEMANA»: