5.5 The User-Level AKA Protocol
5.5.3 The Proposed User-Level AKA Protocol
Esta semana rezamos con otro ejercicio clave: las Dos banderas. Ignacio, hombre de su tiempo, se basa en su pasado militar para construir esta meditación. Una bandera es una divisa o enseña bajo la que se concentran los seguidores de un jefe concreto. Ignacio nos pide que consideremos las tácticas y valores opuestos de Cristo y Lucifer (también conocido en el lenguaje de los Ejercicios como «el enemigo de natura humana», «el padre de la mentira», «el malo», «el embustero»). Se nos pide que elijamos bajo qué bandera nos pondremos.
De entrada, parece una elección fácil: ¿quién no elegiría a Cristo? Pero, como hemos aprendido en la Primera Semana de los Ejercicios, las estrategias del enemigo son sutiles. El enemigo empieza por seducirnos con riquezas. Tales riquezas nos pueden granjear honores y la estima de otros, y nos podemos ver deseándolos en exceso. La fijación en los honores y las riquezas se torna en orgullo autocomplaciente y deja poco sitio para Dios o para las otras personas. En Tomar decisiones en Cristo, Joseph Tetlow, SJ, condensa las tácticas del enemigo en estas exclamaciones: «¡Mira todo lo que tengo!» conduce a «¡Mírame con todo lo que tengo!» y, por último, a «¡Mírame a mí!».
La estrategia de Cristo es la contraria. Abrazamos valores contraculturales: la pobreza, la autoentrega y la humildad digna. La pobreza de Cristo es tanto espiritual como material. Pobre espiritualmente, Jesús depende del amor y el apoyo del Padre. Pobre materialmente, elige vivir con pocas posesiones. La pobreza le permite vivir más fácilmente para los demás. Imitando así a Cristo, también nosotros vivimos con sentido, dignidad y alegría.
En sí, la riqueza material no es un mal, pero la sabiduría de los evangelios y los grandes sabios –por no hablar de nuestra propia experiencia– nos enseñan que las riquezas pueden conllevar tentaciones y distracciones. Como revisión personal, podemos preguntarnos: ¿Soy generoso con mis riquezas? ¿Estorban mis riquezas a otras
prioridades de mi vida? ¿Cuánto apego tengo a lo que poseo? ¿Definen mis posesiones lo que soy? ¿Tienen sitio en mi vida los pobres y olvidados?
La palabras orgullo y humildad se pueden aplicar de manera falsa. El orgullo y la humildad falsos son herramientas del enemigo, puesto que fomentan el repliegue sobre nosotros mismos. El falso orgullo me sitúa en el centro del universo, mientras que la falsa humildad me mortifica mediante la vergüenza y el odio a mí mismo. En cambio, el orgullo crístico reconoce la verdad de que toda persona está creada a imagen de Dios y disfruta de una dignidad inherente. Las personas con humildad crística reconocen su valor como seres humanos, pero también reconocen sus limitaciones humanas. Estas personas agradecen los dones de Dios. Saben quiénes son, con toda su hermosura y todas sus máculas.
Al adquirir mayor conciencia de las tácticas del enemigo, agudizamos nuestra comprensión de las Reglas para el discernimiento de espíritus. Tal conciencia nos ayuda a oír y responder la llamada de Cristo, el rey, y fomenta la libertad interior descrita en el Principio y Fundamento.
† Oración para la semana
Pido las siguientes gracias: conciencia de los engaños del enemigo y coraje frente a ellos; comprensión del modo de vivir de Cristo y deseo de vivir así.
Día 1
Meditación de dos banderas (EE 136-148): Comenzamos esta meditación imaginando el
marco de nuestra elección entre las dos banderas. Al final, no hay término medio: debemos elegir.
«Será aquí ver un gran campo de toda aquella región de Jerusalén, adonde el sumo capitán general de los buenos es Cristo nuestro Señor; otro campo en región de Babilonia, donde el caudillo de los enemigos es Lucifer» (EE 138).
En otras palabras, imaginamos un lugar pacífico, justo y bello y otro lugar lleno de corrupción. No dudes en imaginar lugares así del mundo de hoy.
«Imaginar así como si se asentase el caudillo de todos los enemigos en aquel gran campo de Babilonia, como en una grande cátedra de fuego y humo, en figura horrible y espantosa» (EE 140).
«Considerar cómo hace llamamiento de inumerables demonios, y cómo los esparce a los unos en tal ciudad y a los otros en otra, y así por todo el mundo, no dejando provincias, lugares, estados ni personas algunas en particular» (EE 141).
«Considerar el sermón que les hace, y cómo los amonesta para echar redes y cadenas; que primero hayan de tentar de codicia de riquezas, como suele, ut in pluribus, para que más fácilmente vengan a vano honor del mundo, y después a crecida soberbia. De manera que el primer escalón sea de riquezas, el segundo de honor, el tercero de soberbia, y destos tres escalones induce a todos los otros vicios» (EE 142).
El lenguaje de Ignacio refleja su imaginación medieval. Si tales descripciones no te resultan útiles, emplea la imaginación para construir un marco de meditación moderno. Presta atención a las reacciones afectivas o emocionales que experimentas mientras rezas.
Día 2
Meditación de dos banderas (continuación). Ahora consideramos la bandera de Cristo,
que presenta un nítido contraste con Lucifer. Donde el enemigo es repulsivo, duro y solo busca engañar y esclavizar a la gente, Cristo es atrayente, afable y solo desea liberar a la gente para que ame a Dios y sirva a los demás. Ambos quieren regir el mundo, pero de formas distintas y por motivos distintos. Escucha la invitación de Cristo. Míralo hablar a sus discípulos. No dudes en imaginar un marco moderno para la parábola.
«Considerar cómo Cristo nuestro Señor se pone en un gran campo de aquella región de Jerusalén, en lugar humilde, hermoso y gracioso» (EE 144).
«Considerar cómo el Señor de todo el mundo escoge tantas personas, apóstoles, discípulos, etc., y los envía por todo el mundo, esparciendo su sagrada doctrina por todos estados y condiciones de personas» (EE 145).
«Considerar el sermón que Cristo nuestro Señor hace a todos sus siervos y amigos, que a tal jornada envía, encomendándoles que a todos quieran ayudar en traerlos, primero a suma pobreza espiritual y, si su divina majestad fuere servida y los quisiere eligir no menos a la pobreza actual; segundo, a deseo de oprobios y menosprecios, porque destas dos cosas se sigue la humildad. De manera que sean tres escalones: el primero, pobreza contra riqueza; el segundo, oprobio o
menosprecio contra el honor mundano; el tercero, humildad contra la soberbia; y destos tres escalones induzgan a todas las otras virtudes» (EE 146).
Recuerda que todos estamos llamados a la pobreza espiritual, a una mayor dependencia de Dios. En cuanto a la pobreza material y otros sacrificios, incluido el de ser malinterpretados por los demás, no los buscamos ni los aceptamos como fines en sí mismos, sino solo si Dios nos llama a abrazarlos como parte de nuestra vida de fe. Así, Ignacio da la condición: los aceptamos solo «si su divina majestad fuere servido y los quisiere eligir».
Día 3
Repetición. Considera: ¿Cómo se materializan las dos banderas en mi vida o en el
mundo que me rodea, según mi experiencia? ¿Qué papel desempeñan las riquezas y los honores en mi vida? ¿Qué me esclaviza? ¿Dónde se encuentra la invitación a una mayor libertad en mi vida?
Concluye tu oración con un triple coloquio, que subraye lo seria y a veces difícil que es en realidad la elección entre las dos banderas. La gracia que pedimos es un don. Necesitamos la ayuda de Dios para vivir tan centrados en Cristo, para vivir tan contraculturalmente y para vivir de tal modo que aceptemos libremente las riquezas o la pobreza, los honores o los insultos.
En el coloquio, primero pedimos a María, madre de Dios y madre nuestra, «que me alcance gracia de su Hijo y Señor, para que yo sea recibido debajo de su bandera»; luego «pedir otro tanto al Hijo, para que me alcance del Padre» y después «pedir otro tanto al Padre, para que él me lo conceda» (EE 147). Concluye con un avemaría, un padrenuestro o el Anima Christi (pp. 53-54).
Día 4
Lee Mateo 4,23–5,12. Las Bienaventuranzas expresan la bandera de Cristo. Imagina que estés presente entre la multitud o con los discípulos, escuchando y viendo a Jesús. Deja que te afecten su forma de ser y sus palabras.
Lee Lucas 18,18-30 (el peligro de las riquezas y las compensaciones de la generosidad). Recuerda que no son malas de por sí las riquezas, sino el deseo excesivo de riquezas y el mal uso de ellas a costa de los demás. Procura apreciar los efectos que tiene el deseo de riquezas, poder o control en las vidas individuales y en las sociedades donde la distribución de la riqueza es injusta.
Día 6
Repetición de uno de los pasajes bíblicos de un día anterior. O Mateo 11,28-30 («Cargad con mi yugo y aprended de mí»).
Día 7
Saborea las gracias de la semana.
Para reflexionar más
«La solidaridad es el significado social de la humildad. Así como la humildad conduce a los individuos a todas las demás virtudes, la humildad como solidaridad es el fundamento de una sociedad justa. En otras palabras, la bandera de Cristo hoy en día es la movilidad
hacia abajo. Esto quiere decir entrar en el mundo de los pobres, asumir su causa y, hasta
cierto punto, su condición.
La solidaridad configura nuestro estilo de vida, el cual dependerá de la vocación de cada uno. Solidaridad no significa forzosamente indigencia. No tiene nada que ver con negar nuestra formación ni con descuidar nuestras aptitudes. Las obligaciones especiales, por ejemplo para con la familia y los bienhechores, influyen en la elección del estilo de vida. Debemos tener cuidado de no dogmatizar acerca del tener o no un coche o un ordenador, del ahorro de cara a la vejez o de dónde educar a nuestros hijos. Estas son materias legítimas para el discernimiento, pero no para fórmulas que valgan a todos.
Al mismo tiempo, el criterio objetivo de nuestra pobreza es la solidaridad con los
pobres. Nos sentiremos incómodos con las superfluidades cuando los amigos pobres
carecen de lo esencial. El apego a ellos nos desapegará de los lujos, e incluso de lo necesario. Como nos dice la tradición neotestamentaria y cristiana, las posesiones son
recursos encomendados a nosotros, que han de ser administrados en bien de todos, especialmente de los necesitados. Esta lógica se extiende a otros recursos. ¿Qué decir del cursar educación superior en un mundo de hambre? Si tenemos esa oportunidad, estudiar significa almacenar capital cultural para administrarlo más tarde en pro de los que lo necesitan.
¿Cuánto debemos tener? Mejor replantear la pregunta: ¿nos sentimos como en casa entre los pobres? ¿Se sienten cómodos ellos en nuestra casa? ¿O nuestros muebles y nuestras posesiones les hacen sentirse personas sin importancia?
La solidaridad conduce a compartir la oscuridad, la incomprensión y el desprecio experimentados por los pobres. Asumir su causa atraerá a buen seguro la furia y el ridículo del mundo sobre nuestra cabeza. Incluso podemos sentirnos excluidos si nuestros amigos sufren estas cosas y nosotros no».
Texto reproducido con permiso de Dean Brackley, SJ, The Call to Discernment in Troubled Times: New Perspectives on the Transformative Wisdom of Ignatius of Loyola[25] (La llamada al discernimiento en tiempos de aflicción: Nuevas perspectivas sobre la sabiduría transformadora de Ignacio de Loyola). Los subrayados son míos.
SEMANA DEORACIÓN 18: