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In document Symantec NetBackup Installation Guide (Page 130-133)

(Inspirada en la Conferencia de Ralph Martin, Cfr. Koinonía, n. 13, 22-25.)

Nos parece oportuno hacer la siguiente observación ante la definición que intentamos explicar:

Desde luego, y en esto insistimos repetida y fuertemente, no se puede usar en modo alguno la palabra "carismático" como sinónimo de "supercristiano". Sería arrogarse peligrosa, infundada y odiosamente lo que nadie tiene derecho a hacer. Ni siquiera se puede afirmar que "ser carismático" es ser plenamente cristiano.

San Pablo sólo conoce el único superlativo: el que se refiere el amor (1 Cor c. 13):

Lo que se quiere indicar con la definición, que intentaremos explicar, es: La Renovación Cristiana en el Espíritu Santo, pretende, con la gracia del Espíritu, conducir a los hombres a una vivencia y realización cada vez más profunda del ser cristiano. Y esto de tal modo que venga a ser una realidad normal vivir el Evangelio, vivir a ejemplo de Jesucristo. Esto no elimina el hecho ele que también en ella la vida cristiana, como toda vida está sometida a un proceso de crecimiento que abarcará la existencia entera de la persona: hasta la hora de la muerte el cristiano estará en proceso de conversión, de crecimiento, de transformación en Cristo y, por tanto, en intento de vivir normalmente la vida cristiana, como el Señor la vivió y nos la dejó bien definida con su ejemplo y su doctrina.

Entendida así la definición, desaparece toda ambigüedad y el sutil olor a apropiación indebida de lo que a todo cristiano corresponde. La visión qtie el Nuevo Testamento nos da de una vida cristiana, corresponde a una vida cristiana "normal": para todos los bautizados, que se han comprometido, por la recepción del Sacramento del Bautismo (y de la Confirmación), en el seguimiento de Cristo.

Dios está derramando su Santo Espíritu para restaurar la vida cristiana: la vida "normal" de la Iglesia, y de cada uno de sus miembros.

1. Los cuatro elementos fundamentales que en ella se descubren a través del Nuevo Testamento

Io Aceptar a Cristo como Salvador y someternos a Él como nuestro Señor -La vida normal cristiana significa:

• Reconocer a Cristo como nuestro Salvador, el que quita nuestros pecados y restablece nuestra unión con el Paclre.

• No basta esto y gozar de la alegría de saberlo: Hay que someterse a Él como Señor: ser conscientes de que somos suyos (Col 1, 15ss.):

• Fuimos creados por Él y para Él. No nos pertenecemos; pertenecemos al Elijo de Dios: Fuimos comprados y rescatados del pecado y de la muerte por el precio de su sangre. Por estos dos motivos le pertenecemos. (lPeclr 1,18; ICor 6,20; 7,23).

-Someternos a Jesús como Señor quiere decir:

• Entregarle cuanto somos y tenemos: nuestro tiempo, dinero, deseos, relaciones, decisiones... • Han de ser usados para el Reino de Dios.

® Amar a Dios con todo nuestro corazón..., significa someternos a Jesús como Señor y dejar que Él use nuestras vidas como Él quiera.

-Por tanto:

"Vida cristiana normal quiere decir: reconocer a Jesús como nuestro Salvador y someternos a Él como Señor".

"El descubrimiento del Señorío de Jesús (descubrirlo, vivirlo, proclamarlo) es el elemento, no único, sí el primero y el más importante en la Renovación Carismática".1

Es, pues, convertirnos a Él, adherirnos a Él, dos aspectos de la misma realidad.

2o Una vida vivida en el poder y la fuerza del Espíritu

-Si el Espíritu Santo es invisible, los resultados de su presencia y de su acción son muy visibles. Donde no vemos los frutos de su presencia, tal vez es porque no actúe allí como debería actuar si se lo permitiéramos.

» Se nos ha dado el Espíritu para que se manifieste en nuestras vidas, cambiar las cosas, dar testimonio y hacer a Jesús visible en el mundo. Jesús habló de cosas concretas que el Espíritu iba a hacer en él. "Lo que la Renovación puede y debe enseñar a un cristiano, es a que deje que en su vida ocupen todo su lugar normal el Espíritu Santo y, por tanto, Maria".23 En Rom 8, 26-27 se nos dice que el Espíritu Santo, suple nuestra debilidad para orar y nos ayuda con gemidos inefables.

Jesús vino a hacer de su pueblo el nuevo templo de Dios. (ICor 3, 16). Nosotros somos este pueblo y este templo que puede dar culto a Dios en espíritu y en verdad, (Jn 4, 23).

Una de las cosas más importantes en la Renovación Carismática, es la oración de alabanza y la adoración: Dios es adorado en espíritu y en verdad. No dejemos de alabarlo sin interrupción.

•Jesús nos da el Espíritu para que podamos dar testimonio de Él. La promesa del Espíritu y el fin (Hech 1, 8). No dijo, seréis testigos de una institución, de una moralidad, sino de mí, del Hijo de Dios vivo que habéis encontrado. Podréis decir: Jesús vive!

3o Una vida de relación fraternal en comunidad

II.

Y dio los dones carismáticos para fortalecer nuestra mutua relación de comunidad (ICor 12, 4-7).

Las relaciones de la comunidad, según nos dice San Pablo en ICor c. 12, deben ser como las relaciones de los miembros del cuerpo humano entre sí.

• La conversión cristiana no es sólo conversión a la persona de Cristo, a una vida en el Espíritu.

-Es también conversión a nuestros hermanos en Cristo: •Aceptar no sólo a Cristo, sino también a nuestros hermanos. La primera no será completa hasta que no entremos a una relación de hermanos y hermanas en Cristo. No sobre la base de la propia conveniencia; sino fundados en un compromiso: es la prolongación del que hemos hecho con Cristo. No sólo relación con los que nos llevamos bien: somos amigos... (Sería una relación en la Renovación Carismática muy superficial a nivel de como se relaciona el mundo). Sino como nos ama y amó Cristo. También, como Jesús en la respuesta de sus discípulos, de los que no recibió apoyo: no nos comprenden, y nos decepcionan. Él siguió amándolos. Este es el amor que Jesús quiere que tengamos unos con otros. Amar, no sólo porque recibimos algo en retorno, sino por el poder y el Espíritu de Jesús que está en nosotros.

 Por tanto, ser hermanos y hermanas es preocuparse no sólo de mi bien, sino del de los demás.

 Orientar mi vida, mis decisiones no sólo en lo que es bueno para mí, sino en lo que es bueno para "nosotros". (Muchas de mis decisiones personales tienen que dejar de serlo, por ejemplo, cuando se trata de tomar unas vacaciones, etc.)

 El Cuerpo de Cristo sufre muchos problemas porque no nos hemos preocupado de las necesidades de los demás. Jesús nos dice que este amor a los hermanos es la señal y el secreto para atraer a aquellos que no creen en Él (Jn 13, 34- 35). Si nos preocupamos de recristianizar el mundo, tenemos que preocupamos de nuestras relaciones de hermanos.

- Por esto, por ser una vida de relación en comunidad, la "experiencia de Dios", tan fundamental en la Renovación Carismática, es una

experiencia social o comunitaria, principalmente por eso, los elementos fundamentales de la Renovación, son comunitarios:

Los grupos de oración: donde las personas oran y crecen en la fe, la esperanza y el amor unidos en Cristo y entre sí.

El Bautismo en el Espíritu Santo: donde la comunidad ayuda a las personas que lo desean, a prepararse para recibir la Efusión del Espíritu y oran por ellas y con ellas para suplicar a Jesús el cumplimiento de sus promesas. Los carismas: cuya finalidad es "edificar" la comunidad en el amor de Cristo, y equiparla para evangelizar y dar testimonio de Cristo resucitado, el Señor, con la fuerza del Espíritu. Pero estos elementos comunitarios, lejos de apagar lo personal, fortalece y hace crecer lo individual. El doble elemento de persona: lo comunitario y lo personal se apoyan y se complementan mutuamente.

4" Una vida cristiana que produzca fruto

-Jesús murió en la Cruz, resucitó y envió su Espíritu para que nosotros nos hiciéramos sus discípulos y diéramos fruto: • El fruto de su Espíritu en nuestras vidas.

• En nuestras relaciones.

• El amor de Cristo en todas nuestras obras.

• El fruto de que nuevos hermanos lleguen a Él por la obra de la evangelización:

La voluntad de Dios es que crezca la Iglesia, que el mundo llegue a la fe; que la Iglesia evangelice al mundo y no al revés. -Se necesita una profunda renovación en la Iglesia, en las diócesis, parroquias, comunidades.

Mayor amor, más preocupación por integrarse a los trabajos parroquiales. -La Iglesia necesita ser restaurada a una vida cristiana normal:

• Una relación más personal con Cristo;

• Una mayor necesidad y éxito en la oración (con una nueva libertad para alabar la bondad y lo maravilloso de Dios); • Un hambre por entender la Palabra de Dios;

• Un amor más universal y ecuménico; • Un corazón apostólico generoso.

Junto con dones especiales que contribuyen a la edificación de comunidades y a la evangelización. Los dones, en general, conducen a una profunda y auténtica vida cristiana y a una mayor unidad de aquellos que los poseen.

Con el tiempo, han surgido miles de grupos de oración altamente comprometidos y aun comunidades de alianza que han desarrollado una sólida sabiduría pastoral.

-La insistencia de la Renovación Carismática en la revita- lización de los Carismas es legítima, y está totalmente dentro de la doctrina y de los deseos del Vaticano II. Pero el discernimiento tanto de su autenticidad como de su buen uso, debe ser una realidad siempre presente.

La misión es abrumadora; los problemas enormes; la fuerza del secularismo muy fuerte.

La misión que nos presenta el Nuevo Testamento, puede parecer demasiado excelsa; podemos sentirnos abrumados.

El secreto: es ser fieles a lo que el Señor nos confía hoy; aunque sean cosas pequeñas; si no lo somos, no nos confiará cosas grandes

(Mt 25, 21). Por tanto: nuestra fidelidad o falta de fidelidad tienen consecuencias importantes para nosotros y para los demás. Es estrecho y costoso el camino que conduce a la vida y pocos lo encuentran. Jesús nos da hoy la luz y las inspiraciones del Espíritu Santo: Puede movernos a orar por los miembros de nuestras familias.4

2. Vivir la plenitud del amor, íntesis de la vida cristiana normal

-Si tratáramos de sintetizar lo que debería ser una vida cristiana normal, es decir, de una persona que ha sido sumergido en Cristo en su Bautismo (Rom 6, 3ss.); se ha revestido de Él (Gal 3, 27), y ha llegado a ser hijo de Dios (Rom 8, 26- 27); (Gal 4, 4-7), creo que se podría

II.

resumir en la expresión de vivir la plenitud del amor. Por el amor hemos sido creados (IJn 4, 8-16) y al amor se nos destina como la vida más alta a que podemos aspirar (ICor c. 13). Por encima de él no hay nada, sólo Dios que es Amor.

Y para eso Él, en su plan eterno nos conoció, nos amó, nos destinó en su Hijo, Cristo Jesús (Ef 1, 3ss.).

-Para recordamos esa orientación definitiva de nuestro ser al amor, el plan personal del Padre sobre cada uno; el fruto definitivo de su Muerte y Resurrección (Rom 5,8), Jesús promulgó su ley del amor en un momento solemne de su vida como si quisiera manifestar toda la importancia de su precepto (Jn 13, 34-35; Col 3, 1-4; Ef 1,18-20). Éste en definitiva, es el pacto de toda la Nueva Alianza en su Sangre: el pacto del amor de Dios con nosotros en su amor y la respuesta con que respondemos a él y se lo manifestamos amando a nuestros hermanos (1Jn 4, 7; 5, 2).

-Para eso: para vivir en creciente plenitud el amor a Dios y al prójimo, se nos ha dado en abundancia el Espíritu Santo. Amor personal del Padre y del Hijo. De ese modo expresa, realiza, lo más íntimo de su Persona lo que le es tan propio que no puede faltar en su obra en la Iglesia y en cada alma, pues sería negar su realidad esencial.

Hacia ahí, hacia el "vivir la plenitud del amor" se orienta toda la acción de Dios en nosotros: "En Él, (en Cristo Jesús) estaba la plenitud de Dios (del Amor) y todos la hemos recibido de Él"(Jn 1, 16).

Esta es la vida cristiana normal, a la que somos llamados y a la que Dios nos quiere ir conduciendo progresivamente por la acción del Espíritu.

-Esta es la finalidad de la Renovación Cristiana en el Espíritu Santo. Suscitada por Él, no puede tener otro fin sino hacernos vivir el designio salvífíco del Padre a ejemplo de Jesucristo. Hacia ahí se orientan todos y cada uno de los elementos, que, aun siendo opcionales, son los canales por donde corre la gracia de Dios; los instrumentos, las ocasiones en que se inserta la acción del Espíritu para realizar su obra.

-Vivir la plenitud del amor de un modo progresivo más profundo en la fuerza del Espíritu que nos va asemejando a Cristo en su acción íntima en nosotros, es la Renovación Cristiana en el Espíritu Santo como vida normal del cristiano. Se identifica con el vivir el compromiso del Bautismo y de la Confirmación, pues el que vive verdaderamente en Cristo, no puede menos que amar a sus hermanos y trabajar en su Reino. Para eso, le confiere sus carismas el Espíritu para construir la Iglesia en el Amor.

Así la renovación surge como el fruto del Espíritu en el corazón pobre, no como algo que se comunica a los demás. La renovación es algo que se recibe, algo que engendra el Espíritu del Señor en lo más profundo de los corazones, como un don humilde y gratuito".5'6 —Notas

1 Monseñor Uribe Jaramillo, Obispo de Sonsón-Ríonegro (Colombia).

2 J-C. Sagne y otros, María, morada del Espíritu Santo, Presencia de la Renovación Carismática, Edit. Roma, Barcelona, 1981, l6l. 3 Lejos, pues, de quedarse [la Renovación Carismática], meramente en una especie de devoción privada al Espíritu Santo, la

Renovación Carismática se orienta en sentido trinitario y con marcada dirección cristocéntrica, como lo hacen el Nuevo Testamento y los Ejercicios Espirituales. Lo propio y peculiar de la Renovación consiste en tomar en serio a Jesús como Señor, el Señor de todas las cosas, mi Señor personal, el Señor que me llama a la continua conversión a Él, el Señor que me envía como su testigo. Esta prominencia del Señorío de Jesús viene directamente de la teología del Nuevo Testamento. R. Faricy y otros autores, LosJesuitasy la

Renovación Carismática, Centrum Ignatianum Spiritualitatis, Roma, 1984, n. 46, p. 76. 4 Cfr. Ralph Martin, "La Renovación Carismática es la vida normal", Koinonía, n. 13, 22-25.

R. Puigcloller, Koinonía, n. 65, mayo-junio, 1987, 2.

6 Cristiano es el que cree en Jesucristo y vive sólo de Él y para Él, aquel que, tras las huellas de Jesús e impulsado por la amistad que

le une con Él, se entrega sin restricciones, con todo su pensar, su querer y su obrar, al Dios de Jesucristo en el servicio a los hombres. Cristiano es el que cree que en Jesucristo apareció la plenitud de los tiempos y el que interpreta la totalidad de lo real desde Él y para Él. Él cristianismo, en consecuencia, no es principalmente una suma de doctrinas y mandamientos, instituciones y estaicturas. Todo esto tiene también importancia en su lugar. Pero por encima de todo, el cristianismo es Jesucristo y la comunicación con Él, en el poder del Espíritu Santo.

Catecismo Católico para adultos, Conferencia Episcopal Alemana, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1998, 154. Cfr. S.

Lyonnet, "La vocación cristiana a la perfección según San Pablo", en La vida según el Espíritu; I. de la Potterie, S. Lyonnet, Edic, Sigueme, Salamanca, 1967, 225-247.

II.

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