NOTAS: En la parte izquierda se indica el consumo de kilocalorías per cápita diarias respecto de la dieta de referencia y de distintas dietas que promueven el consumo de vegetales, así como la contribución de las diferentes categorías de grupos de alimentos. En la parte derecha se muestra la huella de GEI relativa al consumo de distintas dietas y la contribución por categoría de alimentos. Por “IQR” se entiende la amplitud intercuartílica, y la línea discontinua indica la meta relativa a las emisiones de GEI per cápita diarias para 2050. La dieta de referencia alude al consumo actual calculado en los Balances alimentarios de la FAO; las demás dietas son distintas dietas que promueven el consumo de vegetales en función del grupo de alimentos. Véase el Anexo 8 para obtener una descripción completa de esas dietas.
FUENTE: de Pee, S., Hardinsyah, J.F., Kim, B.F., Semba, R.D., Deptford, A., Fanzo, J.C., Ramsing, B., Nachman, K., McKenzie, S. y Bloem, M.W. De próxima publicación. Balancing nutrition, health, affordability and climate goals – the case of Indonesia (Equilibrio de los objetivos de nutrición, salud, asequibilidad y clima: el caso de Indonesia).
de las dietas saludables constituye un obstáculo importante para la mayoría de los indonesios, ya que su costo es superior al gasto medio actual en alimentación del país. Podrían desprenderse conclusiones similares para los países en los que una gran parte de la población no cumple las recomendaciones dietéticas mínimas.
Evidentemente, el proceso de transformación de los sistemas alimentarios no será fácil, por lo que los países deben evaluar cuidadosamente los obstáculos específicos de su contexto y
gestionar las posibles compensaciones y sinergias. Por ejemplo, cuando el sistema alimentario no solo provea alimentos, sino que también impulse la economía rural, un cambio hacia dietas saludables podría significar la pérdida de los medios de vida o de ingresos de los pequeños agricultores y la población rural pobre. En estos casos, se debe actuar con cuidado para mitigar las repercusiones negativas en los ingresos y los medios de vida a medida que se vayan transformando los sistemas alimentarios para propiciar dietas asequibles y saludables. Es posible que muchos países de
dietas que ayudan a reducir los costos relacionados con el cambio climático), serían necesarios aumentos de las emisiones de GEI relativas al consumo de alimentos en Indonesia con el fin de cumplir las recomendaciones dietéticas mundiales44,127,128,129,130,131,132,133 (Figura B). Los resultados indican que los hábitos actuales de consumo de alimentos (“dieta de referencia”)127 aportan 2 607 kcal y 56 g de proteínas per cápita diarios. La reducción de la energía hasta alcanzar una cantidad que se ajuste más a las necesidades estimadas para una dieta saludable (es decir, 2 300 kcal/per cápita diarias, garantizando que el 12% de la energía provenga de proteínas [69 g/per cápita diarios] mientras se mantienen los aportes relativos de las actuales fuentes de proteínas dietéticas) provocaría un aumento del 15% de las emisiones de GEI en Indonesia (“dieta de referencia ajustada”; véase la Figura B).
La reducción recomendada del consumo de arroz es sustancial y precisaría de cambios importantes en las prácticas dietéticas y los hábitos de producción de alimentos. En comparación con los hábitos actuales de consumo de alimentos, las dietas “sin carne roja”, “a base de pescado”, “del eslabón bajo de la cadena alimentaria” y “vegana” producen menos emisiones de GEI (Figura B). Aunque solo las dos últimas producen emisiones de GEI por debajo de la meta establecida para los sistemas alimentarios sostenibles44,126. Por lo que se refiere a la suficiencia de nutrientes, la dieta optimizada ha obtenido la mejor puntuación, aunque también es la que produce más emisiones de GEI.
En resumen, los indonesios han de consumir dietas más diversificadas para satisfacer las necesidades de
nutrientes, prevenir la desnutrición y sus consecuencias para el desarrollo del capital humano, así como los riesgos de ENT en etapas posteriores de la vida, y promover una vida saludable en general. La dificultad radica en que una dieta más diversificada con menos arroz es más costosa y produce más emisiones de GEI que las dietas que se consumen hoy en día, incluso cuando se limite el aumento del consumo de alimentos de origen animal y se concentre en especies no rumiantes y productos alimenticios marinos en cuanto fuentes de proteínas y micronutrientes de origen animal. Salvo dos excepciones: la dieta del eslabón bajo de la cadena alimentaria y la dieta vegana, aunque no satisfacen las necesidades de nutrientes.
Las políticas para mejorar el acceso a dietas saludables más diversificadas, y su asequibilidad, que satisfagan las necesidades de nutrientes, mientras posiblemente contribuyen a reducir las emisiones de GEI, tendrían que centrarse en la reducción del costo de los alimentos nutritivos, la adición de valor nutricional y el fomento del uso de prácticas agrícolas sostenibles. Esto podría lograrse mediante la producción de alimentos, la optimización de la cadena de valor alimentaria, la fortificación de los alimentos y la creación de entornos alimentarios saludables. Para ello, se precisarían asimismo políticas para mejorar el acceso de los consumidores con menos ingresos a los alimentos nutritivos mediante instrumentos de protección social, como los programas de alimentación escolar y las políticas de adquisición pública saludable. Más adelante, en este documento, se presentan más recomendaciones de política.
RECUADRO 15
(CONTINUACIÓN)
ingresos más bajos cuyas poblaciones sufran carencias de nutrientes también tengan que aumentar sus emisiones nacionales de GEI para cumplir, en primer lugar, sus metas nutricionales. En cambio, en los países de ingresos medianos altos y altos, donde los hábitos alimenticios superan las necesidades energéticas óptimas y las personas consumen más alimentos de origen animal de los necesarios, será preciso realizar cambios importantes en las prácticas dietéticas y en todo el sistema en relación con los hábitos de producción de alimentos para reducir sus efectos sobre el medio ambiente.
Conclusión
En la Sección 2.1 del presente informe se pone de relieve que el costo de una dieta saludable debe disminuir hasta alcanzar un nivel asequible para todos a fin de permitir que las personas consuman una dieta saludable. Pero debe tenerse en cuenta otro aspecto más amplio de la cuestión del costo. En la Sección 2.2 se ha indicado, además, que las dietas tienen costos ocultos, cuya consideración no solo es crucial para la consecución de las metas del ODS 2 de poner fin al hambre y la inseguridad alimentaria y todas las formas de malnutrición para 2030, sino también de otros ODS. En concreto, esta sección ha puesto de manifiesto las consecuencias para la salud (ODS 3) y para el clima (ODS 13) de nuestros hábitos alimenticios y de los sistemas alimentarios que suministran los alimentos.
Utilizando distintas variantes de dietas saludables como referencia, en la presente sección se ha mostrado que un cambio hacia dietas saludables puede tener como resultado unos ahorros que está previsto que superen los 1,3 billones de USD al año para 2030, al evitarse los costos sanitarios directos e indirectos asociados con enfermedades no transmisibles relacionadas con la dieta. Asimismo, los cambios en la
alimentación en favor de dietas saludables pueden desempeñar un papel importante en el aumento de la sostenibilidad ambiental de los sistemas alimentarios. Por ejemplo, se estima que los costos sociales relacionados con la dieta (derivados de las emisiones de GEI asociadas a los hábitos alimenticios actuales) superarán los 1,7 billones de USD al año para 2030, lo que podría reducirse considerablemente mediante un cambio hacia dietas saludables.
Sin embargo, no existe una única dieta saludable ni, menos aún, una que incluya consideraciones de sostenibilidad para todos los contextos. Además, podría haber otros avances tecnológicos y de productividad que, tal vez, resulten más eficaces en función de los costos a la hora de abordar las preocupaciones de sostenibilidad y mitigar el cambio climático. Cada país tendrá que tener en cuenta las posibles compensaciones y sinergias derivadas de las transformaciones necesarias en su transición hacia dietas saludables que incluyan consideraciones de sostenibilidad. Como se observa en el análisis de los costos totales de la presente sección, los países de ingresos altos y medianos altos son los que más se benefician de los cambios a dietas saludables, ya que en ellos los dos costos ocultos considerados constituyen casi la mitad del costo total de sus hábitos actuales de consumo de alimentos (es decir, el 47% y el 44% del costo total, respectivamente). De hecho, al examinar las emisiones per cápita en el contexto de los hábitos actuales de consumo de alimentos, se prevé que las principales cantidades se produzcan en los países de ingresos medianos altos y altos. Por consiguiente, es importante señalar que el mayor cambio hacia dietas saludables que incluyan consideraciones de sostenibilidad tendrá que darse en los países de ingresos más altos y altos.
Por otro lado, como se observa anteriormente en la distribución regional y por países de los ingresos en relación con el costo social de las emisiones de GEI, en los países de ingresos medianos bajos puede marcarse verdaderamente la diferencia dado que, para 2030, representarían más de la mitad (52%) del costo social de las emisiones de GEI en el contexto de los hábitos actuales de consumo de alimentos debido a que albergan a la mayoría de la población mundial. Los pequeños cambios en estos países pueden suponer una diferencia notable, y el cambio que deben realizar en la dieta es mucho menor que los cambios necesarios en los países de ingresos medianos altos y altos.
Sin duda, el paso a dietas saludables que ayuden a mitigar los efectos del cambio climático puede asimismo crear un círculo virtuoso , por ejemplo, limitando las repercusiones de las dietas en el medio ambiente mediante avances tecnológicos y de productividad y la utilización sostenible e
integrada de la tierra y los recursos naturales. Otros ejemplos son los aumentos de la eficiencia y las innovaciones a lo largo de la cadena de suministro de alimentos, en particular si el objetivo es reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos, junto con medidas de política concretas, como políticas fiscales. El paso hacia dietas
saludables mediante esas mejoras contribuirá a la reducción del costo derivado de la producción y el consumo de alimentos nutritivos debido a que, como veremos en la sección siguiente, aborda simultáneamente algunos de los factores que determinan el costo de los alimentos. Los años restantes del Decenio de las Naciones Unidas de Acción sobre la Nutrición, para el que la creación de sistemas alimentarios sostenibles y resilientes en favor de dietas saludables es una prioridad, presentan una oportunidad para acelerar las medidas de ámbito nacional en este sentido. n
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