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5. ITS DEPLOYMENT CONSIDERATIONS 1 ITS PROJECT INTEROPERABILITY

5.3 INTER-AGENCY AGREEMENTS

Para descubrirla

Tienes muchas ganas de ver a un amigo tuyo, de reírte un poco con él, pero es imposible porque te evita, no hay forma de establecer contacto ya que parece tener pánico a la intimidad, a cualquier forma de compromiso, aunque sea al amistoso. Se pone tenso e incómodo cuando sale una conversación sobre temas privados, incluso se marcha en cuanto puede. Te sientes impotente porque una parte de ti quisiera animarlo a hablar y compartir pero también es muy duro el peso de tener la responsabilidad de su vida entre tus manos. Te dará mucha rabia su indecisión, sus dudas, sus incertidumbres y su conformismo. Tímido e introvertido, provoca deseos de protegerlo o, al contrario, de plantarle cara. Se dice de él que sufre timidez patológica o que es tan educado que no habla por no ofender. En ocasiones, resulta incómodo porque no hay forma de que se exprese.

Hay momentos en que te gustaría obligarlo a abrirse, a que cambiara porque no aporta gran cosa a la relación, pero intuyes que si hablara sería un tipo estupendo y parece que no habla para no se use nada en su contra. No tiene un punto de vista definido sobre nada –o no lo quiere dar a conocer–, no tiene opiniones y parece que el mundo tenga que hablar por él. En la mayoría de casos vive solo y tiene pocos amigos. Te parece que es una persona susceptible y sientes que relacionarte con ella es como ir pisando huevos.

Si se obtiene un total de 0 a 5, se trata de una actitud social adaptada. La persona se pone demasiados límites en sus relaciones. Un cierto nivel de inhibición permite mantener la distancia necesaria para que las relaciones no se vuelvan asfixiantes. De 6 a 10 podríamos decir que la persona es muy tímida. Intenta pasar desapercibida y eso tampoco es malo. Puede triunfar en un trabajo solitario porque necesita pocos contactos, tendrá una vida social limitada aunque le gustaría tener más amigos y salir más. De 11 a 14, el sujeto es un evitador enfermizo, se pone enfermo con la sola idea de pertenecer a un grupo. Se siente amenazado por todos y en cada reunión, en cada cena, en cada salida, en cualquier acontecimiento no planificado ve una posibilidad de ser humillado.

Las personas evitativas muestran falta de apego al mundo de las relaciones. Están motivadas por una hipersensibilidad al rechazo y la humillación. Tienen una conducta socialmente inhibida. Se diferencian de las personas dependientes por el miedo a las relaciones y porque las evitan. Son campeonas de la evasión y de las fugas, están permanentemente alerta a todo lo que pasa, como a la defensiva. Son muy tímidas y quieren pasar desapercibidas. Lo que intentan evitar, en realidad, es que su «verdadero yo» pueda ser cuestionado y que su comportamiento y actitudes puedan desencadenar reacciones negativas. Evitar comportamientos «diferentes» es propio de las personas conformistas, apegadas a convenciones e inhibiciones. Pueden ser presa fácil para personas un poco sádicas que disfruten metiéndose con ellas.

Para que una persona se comporte de este modo, pueden haber intervenido en su infancia o en su pasado dos factores. Uno es un entorno lleno de reproches, de críticas, de humillaciones, que conducen a la interiorización de dichos mensajes y a evitar situaciones que consideran arriesgadas. Otro factor puede ser el hecho de haber vivido repetidas situaciones de rechazo, en la escuela, por ejemplo, quizá por un defecto físico. Así, se desarrolla en esa persona una total falta de confianza en sí misma y en la gente. Por esa razón desarrolla la tendencia a descalificar lo positivo: no creerse la veracidad de los cumplidos, no saber cómo reaccionar ante algo bueno, no saber qué decir.

El evitador también tiende a exagerar lo negativo: percibe los movimientos de irritación e impaciencia como críticas feroces que refuerzan la débil imagen que tiene de sí mismo. Se lo toma todo muy a pecho y de manera personal. En las relaciones interpersonales, el evitador es hipersensible y teme, en todo momento, ser rechazado, ridiculizado o humillado: recrea situaciones amargas de su pasado. Sólo tiene en cuenta las experiencias negativas y considera todas las interacciones como potencialmente nocivas. Antes de implicarse con alguien, tiene la necesidad visceral de estar completamente seguro de los sentimientos de la otra persona. Aunque sueña con mantener relaciones enriquecedoras y plenas, evita todo contacto como mecanismo de defensa. Privilegia el aislamiento: el miedo a una relación negativa le impide vivir relaciones positivas. Por eso quiere pasar desapercibido. Si se le pone contra las cuerdas, reaccionará con fuerza en un primer momento, pero saldrá corriendo en cuanto pueda y abandonará la relación: además, está seguro de haberlo fastidiado todo con su comportamiento. Funciona mejor en entornos que le resulten familiares porque los conoce y sabe cómo gestionar las situaciones para no sufrir. Los cambios importantes en la vida, como el matrimonio, el nacimiento de niños, la muerte, las rupturas, afectan considerablemente a sus actitudes. Aun los cambios menores en la vida, como una mudanza, un ascenso o un cambio de trabajo, tienen en estas personas un impacto muy superior a lo normal.

Jocelyne se casó y tuvo dos hijos. No tenía ninguna vida social fuera de casa. Hacía recortables de papel y participaba en talleres escolares, con sus hijos. Una educadora llamada Marie, se dio cuenta de que Jocelyne hacía cosas muy bonitas, que era amable y considerada con los niños. En una ocasión, se acercó a Jocelyne para hacerle cumplidos al respecto pero ésta se puso a la defensiva, sin saber cómo tomarse ni cómo reaccionar ante los cumplidos que le hacía Marie en relación a los recortables. Jocelyne se fue corriendo en cuanto acabó el taller y no regresó a la escuela en mucho tiempo, hasta que sus hijos se lo pidieron. Ese día, se presentó en el taller con ellos pero no consintió en cruzar ni una palabra con las educadoras, ni siquiera las miraba. Una de las educadoras, ya harta, le soltó a la cara lo maleducada y desagradable que estaba siendo. Marie salió en su defensa y comentó lo bonitos que eran los recortables, lo bien que se llevaba con todos los niños y pidió a su compañera que la dejara en paz. Después volvió a aproximarse a Jocelyne que, esta vez, no huyó. Marie estaba interesada en su talento artístico. Se convirtieron en «compañeras para ir de museos» y establecieron un débil vínculo que, con el tiempo, fue una auténtica amistad. Jocelyne dejó de desconfiar en Marie y llegaron a ser amigas íntimas, todo lo íntimas que permitían los límites que ponía Jocelyne, claro. El hermano de Marie tenía la misma personalidad y ésta supo ser empática con Jocelyne y ganarse su confianza; como la comprendía, pudo establecer con ella un nexo saludable y enriquecedor.

Para decidir y reaccionar

Quizá tú también tengas rasgos de carácter complementarios con un evitador. Incluso en tu personalidad puede haber rasgos evitativos: en ese caso, comprenderás inmediatamente su necesidad de espacio y soledad. Serás capaz de establecer de forma natural con él una relación que no le resulte amenazadora. Si tienes tendencias histriónicas, te apetecerá contar con un público sin necesidad de establecer lazos íntimos con él. Si tienes rasgos pasivo-agresivos, nunca verás a un evitador como una amenaza porque jamás te pedirá nada ni despertará en ti sentimientos de incompetencia. Pero si tienes rasgos dependientes será mejor que no te acerques a un evitador: ante tus deseos de fusión él huirá despavorido. Si presentas rasgos narcisistas, el comportamiento del evitador te resultará irritante hasta el insulto y te costará mucho contener las ganas de partirle la cara, irracionalmente.

Si decides que no quieres seguir una relación con una persona de rasgos evitativos, lo mejor que puedes hacer es explicárselo simple y llanamente. No le sorprenderá. Si,

además, le dejas claro que el problema es tuyo, se sentirá aliviado, sobre todo si se trata de una amistad reciente. En caso de una vieja amistad, no habrá forma de romper la relación sin que se produzca algún daño: invariablemente causaremos una herida narcisista en el evitador y su anticipación del rechazo quedará justificada. Puedes empezar por preguntarte qué fue lo que te atrajo de esta persona cuando la conociste: ¿era un desafío, te resultaba misteriosa? Si la relación ha durado bastante tiempo, pregúntate cómo has podido aguantarla durante tanto tiempo. Y de cara al futuro, plantéate si merece la pena iniciar una relación con otro evitador, sabiendo que le harás daño y que te sentirás mal.

Si no quieres que nada cambie, asume tu decisión y mantenla con conocimiento de causa. Céntrate en los puntos positivos de la relación y acepta que el resto es de buena fe. De hecho, los evitadores desean ser aceptados por sí mismos a condición de no tener que entregarse en exceso. Acepta, pues, esa parte misteriosa del evitador: a veces el misterio resulta más estimulante que lo previsible. Respeta su deseo de mantener la distancia y su propio espacio. En su caso, el espacio es vital.

Pero si lo que quieres es cambiar algunas cosas de la relación, sin romperla, manifiesta empatía y respeto por el otro. Empieza por respetar su espacio y su deseo de estar solo: recuerda que éste es su principal mecanismo de defensa. No te amargues si cancela una cena, por ejemplo, ni insistas para que cambie de opinión. Sé consciente de tus propias exigencias y realista en relación con las capacidades relacionales de tu amigo. Eso implica no mostrarte impaciente por la lentitud con la que se forja la amistad. Antes de intentar conocer su lado íntimo, hay que constituir una alianza que fundamente el camino. Revelarse a uno mismo poco a poco es una forma de hacer frente a las mismas cosas y la amenaza será menos presente: estamos en el mismo punto, en el mismo momento y nos mostramos de acuerdo. Manifiesta tu aprecio y alegría cuando te haga partícipe de sus emociones o de gustos diferentes a los tuyos. Cuidado con la dependencia afectiva: no eres ni su padre ni su terapeuta. Eso no significa que te debas mostrar indiferente. El equilibrio se impone. Explícale tu impaciencia cuando la sientas, en el caso de que se deba a otras personas o cuando provenga de frustraciones que no le conciernen en nada. Tu apertura le tranquilizará, le permitirá conocer tus emociones y tu personalidad, lo que constituirá el mayor regalo que puedes hacerle. Con el tiempo, te sentirás más a gusto en esta relación pero nunca pierdas de vista los límites y la frecuencia con que se deberán llevar a cabo los encuentros.

CAPÍTULO 11